Torres de Bolonia

Cuando llegas a Bolonia y entras en el centro histórico hay dos visitas que hay que hacer: La catedral de San Pietro en la Piazza de Neptuno y las Dos Torres, o Due Torri como dicen los italianos.

Nada más llegar, te darás cuenta de que estas dos torres son uno de los edificios históricos de los cuales están más orgullosos sus habitantes. Sin ir más lejos, te acercas a un puesto de recuerdos para turistas y casi todas las postales que hay o son de las Due Torri, o son de la catedral.

Hay que decir que aunque la ciudad es bastante grande, el centro de Bolonia no lo es excesivamente, y se puede ver perfectamente en un día, mañana y tarde. Sin embargo, como te alojes en las afueras vete con tiempo, porque el tráfico hasta llegar al centro es bastante intenso, y ya no digamos si vas en coche y tienes que aparcar…

Las Dos Torres es un monumento singular, nunca había visto uno parecido, ni en su aspecto ni en su función. Como su nombre indica son dos torres,una al lado de la otra, pero lo extraño de ellas es que son muy estrechas, apenas siete u ocho metros de ancho y largo, y muy altas, tranquilamente medirán más de 100m, no sé la cantidad exacta. Son tan altas que una vez has llegado a su «cumbre» puedes ver Bolonia entera, y desde allí no se aprecia un solo edificio que se le acerque en altura.

Además de su enorme tamaño, están situadas muy cerca una de la otra, apenas las separaran quince metros, lo que da una sensación a «torres gemelas», aunque nada más lejos de la realidad, como luego explicaré.

Otra característica que las hace únicas es su emplazamiento. No están en el medio de un jardín, ni de una gran plaza, ni nada parecido. Están edificadas en el medio de la ciudad, en un cruce de varias de sus calles principales, y los coches cirulan por su lado, casi rozándolas. Forman una especie de «glorieta», y son rodeadas por el tráfico.

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Pero para mí ésto, en vez de parecerme un inconveniente, pienso que le da más encanto. Vas por la calle, giras, y de repente ves esas dos enormes torres. Te paras y tienes que levantar bien la cabeza, porque como te las encuentras tan cerca te queda muy alta su último piso.

Una vez las tienes delante te das cuenta que no son iguales, si no que están construidas de forma ligeramente diferente, y lo más importante: ¡No son igual de altas!. Una de ellas es unos 15 o 20 metros mayor. Para esto hay una explicación, que viene dada por la historia:

¿Por qué se construyeron?

Pues según parece la razón principal no fue ni la defensa de la ciudad ni nada parecido. Se hicieron gracias a la rivalidad que existía en la Edad Media entre dos adineradas familias boloñesas. Una de ellas empezó a construir una torre y la otra inició a su lado otra y al poco se convirtió en una competición para ver qué familia tenía más dinero y podía construir la torre más alta. Por tanto las torres no empezaron siendo así, en un principio eran más bajas y a medida que la rivalidad crecía se iban añadiendo sucesivas ampliaciones a ver qué torre resistía más y llegaba más alto.

Al final parece que se llegó al límite y la torre que estaba mejor construida desde su base fue la que llegó más alto. Eso sí, para construir esas torres tuvieron que pagar el coste de la gran cantidad de dinero que se despilfarró en ellas y las decenas de obreros que murieron en esos peligrosos trabajos. Aunque por otra parte, en esa época era lo habitual.

La visita a las dos torres de Bolonia

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Cuando las has encontrado la primera pregunta que te haces es si se podrá entrar y subir hasta lo más alto. La respuesta es sí, aunque sólo en una de ellas, la más grande. La otra está cerrada al público, quizás porque está peor conservada.

Su visita en sí no tiene nada de especial, incluso deja bastante que desear, ya que no hay absolutamente nada dentro, sólo algún viejo texto colgado en la pared de la entrada y una taquilla justo al inicio de la escalera.

Te acercas a la taquilla y pagas para poder subir: 3 euros, un poco excesivo si tienes en cuenta que es una visita corta y que tienes que patearte un montón de escalones.

La escalera es la típica de caracol, como cabía esperar. A tramos muy estrecha, pegada a la pared de piedra, y a otros más abierta y con un espacio en el medio de la escalera bastante amplio desde el que puedes mirar hacia abajo y ver todo lo que llevas subido. Durante la «escalada» también ves algunas ventanas por las que entra la luz, pero que no te puedes asomar ya que están completamente rejadas y desde las que únicamente ves el cielo.

Luego de estar unos 10 o 15 minutos subiendo a un ritmo tranquilo, y de cruzarte con algunos turistas que hacían el camino de bajada, llegas a donde querías: el último piso. Desde ahí coges una escalera de madera y apareces en lo que sería la azotea, desde donde se divisa toda la ciudad. Una vez has llegado te quedas un rato, sacando fotos y viendo el paisaje, además… después de subir tanto hay que descansar un poco, ya que llegas algo hecho polvo.

Una vez has descansado y lo has visto todo, pues a empezara bajar… con un poco de paciencia llegas abajo y sales por donde entraste, en mi caso contento de haber estado en un sitio tan original. Luego, te vuelves y miras hacia arriba para verla de nuevo y te da la impresión de que incluso es más alta de los que parece desde abajo.

Lo dicho, si vas a Bolonia es una visita que tienes que hacer y que te gustará, eso sí, lleva ropa y calzado cómodo.

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