Catedral de Turín

Como es natural, durante mi viaje a Turín visité varias iglesias. Y es que en las ciudades de Italia hay muchas cosas interesantes que ver y claro, con tantos y tan bonitos templos religiosos, hay que hacer una pequeña criba y decidirse por unos cuantos, los que se consideren más interesantes.

Obviamente, el Duomo fue una de las elegidas para ser visitadas ya que no puede uno dejar de ver la catedral de una ciudad puesto que suele ser el templo más representativo de la misma.

La situación del Duomo de Turín es privilegiada, en pleno centro y en la Piazza de San Giovanni, o sea, Plaza de San Juan. Está abierta al público todos los días de la semana y la entrada es gratuita.

Esta catedral fue construida entre los años 1497 y 1498, y está dedicada a San Juan Bautista, aunque el mayor atractivo que alberga en su interior, que es a la vez el mayor reclamo para los turistas, es la Sábana Santa.

Se trata del único edificio de estilo renacentista de Turín y cuenta con un campanario, de color bien distinto al de la catedral, que no forma parte del edificio en sí, sino que esta a unos pocos metros, separado por una calle.

Este campanario es de construcción anterior a la catedral (1468) y contrasta enormemente con los típicos edificios barrocos de la ciudad de Turín.

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En el interior del templo, que no es de muy grandes dimensiones, podemos ver una gran cantidad de altares con pinturas e iconos.

Pero, como he dicho antes, el mayor reclamo del Duomo el que en él está la reliquia más famosa de todas: el Santo Sudario o “Sacra Sidone” como lo llaman en Italia. Nada más entrar, a mano izquierda podemos ver una reproducción del mismo en un panel luminoso con carteles en los que se pueden leer diversas informaciones sobre el mismo. Cuando yo lo visité, había una visita guiada en italiano, con lo que hube de conformarme con un folleto explicativo que, afortunadamente, estaba en español.

Un poco más al fondo, y a mano izquierda, se encuentra la Capilla del Santo Sudario, que está unida al Palacio Real. Esta capilla fue diseñada por Guarino Guarini y tiene una bella cúpula en forma de red. En lo alto del altar se encuentra la urna que contiene el Sudario, en un cofre de plata dentro de una caja de hierro que a su vez están dentro de un cofre de mármol; total, que con tanta protección resulta que no se puede ver.

A pesar de que en 1988 una prueba de carbono 14 demostró que esta reliquia no es anterior al siglo XII, resulta espectacular ver la cantidad de gente que se congrega frente al altar para rezar ya sea de pie o de rodillas. En realidad, lo importante es la fe y da igual sentirse cerca de Dios frente a una sábana, una imagen o en el salón de casa.

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Junto a la entrada hay un pequeño puesto de recuerdos regentado por una anciana en el que se pueden adquirir postales, estampas, escapularios… Como recuerdo yo compré un pequeño rosario con cuentas de madera que me costó tan solo 2.5 euros.

En fin, que seáis o no creyentes, la visita a la Duomo o Catedral de San Juan Bautista, es una de esas visitas que no debéis de hacer si viajáis a Turín. Os lo recomiendo.

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