Recuerdo haber visitado directa o indirectamente en un par de ocasiones este pazo situado junto a la catedral compostelana. Sí, bien digo, directa o indirectamente, pues en una ocasión visité el pazo en sí, por sí mismo en cuanto museo, y en otra indirectamente, pues es desde él desde donde comienzan las visitas a las cubiertas de la catedral.

Se trata del edificio que albergaba el palacio episcopal, mandado construir por el arzobispo Diego Xelmírez, cargado de ostentosidad con múltiples salas como la cocina, la sala de armas, el salón ceremonial.

Palacio de Gelmirez

Es de las visitas que más me han gustado siempre que he ido a Compostela, por sus empinadas y estrechas escaleras que le daban a la vivienda arzobispal un aire defensivo, por su exquisita decoración, por la cantidad enorme de elementos expositivos. Pero lo curioso es que, según nos explicaron en la visita, el carácter defensivo no era ante ataques exteriores, sino del propio pueblo compostelano ante la opresión de impuestos eclesiásticos.

Y además se encuentra en un lugar privilegiado, pudiendo acceder al Pazo por la propia plaza del Obradoiro. Incluso, hay una entrada conjunta para el pazo y el museo catedralicio de Santiago si no recuerdo mal.

De las cubiertas de la catedral, una maravilla de visita. Sólo se permite la visita guiada, no libre, y aunque me parece un tanto caro, pues son aproximadamente unos diez euros por persona, la visita es sencillamente alucinante.

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Las vistas de la ciudad son geniales, las explicaciones, con todo lujo de detalle, con anécdotas, historia de la construcción tanto de la catedral de Santiago de Compostela como del palacio, historia de la ciudad.

En definitiva, que si tenéis oportunidad de ir a Santiago de Compostela, es vuestro cuaderno de viaje debe haber un apunte para visitar el Palacio Xelmírez. Acompañado de las múltiples posibilidades monumentales que permite el casco histórico compostelano o una ruta gastronómica por las rúas cercanas.