Ruinas de Pompeya

Hace ya dos días que he vuelto de mi viaje por tierras italianas. Una semana intensa, pero inolvidable, en la que he podido disfrutar de las maravillas de Roma, de la ciudad del Vaticano y de la mágica (a la vez que trágica) Pompeya. Hoy os voy a hablar de ésta última, que bien merece no una opinión, sino todo un libro e incluso una enciclopedia, me aventuraría a decir…

Todo empieza el segundo día que estamos en Roma. Ya nos habíamos planteado en dejar un día para dirigirnos a visitar las ruinas de Pompeya, y así es como hicimos.

Nada más llegar a Roma, a la estación de Termini, fuimos directos a las ventanillas para comprar los billetes de tren hacia Pompeya. El tren, que salía a las 6:45 de la mañana, nos costó 60 euros (ida y vuelta)….pero os aseguro son unos 60 euros más que rentables, al igual que el madrugón que nos dimos (dicho sea de paso, jeje).

Pues bien, tras dos horas de viaje en tren, llegamos a Nápoles y de ahí a Pompeya, que está en la misma zona. El tren nos dejó en la estación de la ciudad, llamada Estación de Pompei. Una vez en ésta, ya empezamos a vislumbrar aquella montaña que tanto se enfureció en su momento, el Vesubio….Lo que nos introduce de lleno en una ciudad con historia y con magia, y en un ambiente increíble (a diferencia de Roma, en la Pompeya actual encontrareis un ambiente típico de un pequeño pueblecito…..pequeñas calles, pequeños edificios, un olor increíble a bollería italiana -aprovechamos por cierto para comernos un delicioso croissant relleno de chocolate nada más llegar-, en cuya “estampa” lo más alto es la basílica y el Vesubio que se divisa a lo lejos -aunque con respeto-).

Antes de continuar con lo que es la visita, os contaré un poco sobre la historia de Pompeya por si queréis conocerla. Sino, saltaos este punto y os empezaré a hablar de la visita a las ruinas y lo que debéis saber antes de ir.

Historia de Pompeya

El 29 de Agosto del año 79, Pompeya iba a pasar a la historia, aunque sus habitantes no lo sabían y hubieran preferido no tener que hacerlo. En aquel día, los dioses de la montaña, (porque para los 20.000 habitantes de Pompeya el Vesubio solo era una montaña y desconocían que era un volcán) se enfadaron y el suelo empezó a temblar.

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Los habitantes de Pompeya ya sabían lo que era un terremoto, porque 17 años antes ya había tenido lugar otro, del que la ciudad estaba todavía recuperándose y restaurándose (en las ruinas pueden verse las reparaciones que se habían hecho y que en algunos casos aún continuaban).
La última erupción del Vesubio había tenido lugar 1500 años antes, cuando la ciudad ni siquiera existía, por lo que para sus habitantes, el Vesubio era una gran montaña. No sabían ni siquiera lo que era un volcán ni como funcionaba este en concreto.

Por eso tras el primer susto inicial en que huyeron despavoridos de sus casas, volvieron a las mismas para recoger sus cosas o para comprobar que todo estaba bien. Fue entonces cuando el Vesubio se manifestó con toda su crueldad.

Pensad que es un tipo de volcán distinto, muy diferente a los hawaianos en que la lava corre más o menos rápida como un río, o distinto del Etna siciliano, en que la lava aunque más lenta también avanza y el hombre intenta encauzar su camino. La lava del Vesubio en cambio es tan densa, que se solidifica con mucha facilidad, por lo que ante el empuje de la que viene detrás, termina rompiendo por el lado más débil.

Y eso fue lo que sucedió en aquel día. El monte explotó con la fuerza equivalente a 100 bombas nucleares, elevando una columna de más de treinta kilómetros en el cielo. A continuación una nube piroclástica, de gases tóxicos y altísimas temperaturas se abalanzó sobre la ciudad de Pompeya, matando a todos los seres vivos que se encontraban en la misma, por más que intentaran ocultarse de la misma en los sótanos.

A continuación, los dioses de la montaña, compadecidos de todo el mal que habían hecho, decidieron enterrar a los habitantes de Pompeya con una lluvia de cenizas piedra pómez y restos volcánicos, conservando sus cuerpos (ver Foto 1 de la mujer embarazada), sus casas y sus pertenencias hasta que 18 siglos después fueron desenterradas y sacadas a la luz.

Oficialmente en 1748, Pompeya fue descubierta y sus restos empezaron a ser sacados a la luz. Pero en realidad, ya se sabía de su existencia desde el año 1550. De hecho se ha descubierto que algunos sitios estaban desenterrados y vueltos a enterrar. Los ricos señores de la nueva Pompeya, tienen a buen seguro, parte del material que fue allí desenterrado.

Entre la ceniza, se encontraban huecos en las cenizas que habían contenido restos humanos. Lo que se hizo fue rellenarlos con yeso, obteniéndose así la forma de un gran realismo en la que habían muerto protegiéndose, o incluso suicidándose los habitantes de la ciudad. Dos mil de estas figuras se han encontrado ya.

Pompeya era la clásica ciudad romana, con la gran avenida de norte a sur y la gran avenida de este a oeste, juntándose en la parte central en el foro. El resto de las calles forman una gran cuadrícula, que hoy puedes pasear.

Las calles estaban pavimentadas con grandes piedras, con sus aceras y sus pasos de cebra. Si, no penséis que esto de los pasos es un invento moderno. Las aceras estaban más elevadas, y el sistema de limpieza era regando las calles con todas las porquerías que a ellas se arrojaban. Por eso entre las aceras, unos grandes bloques rectangulares con espacio entre las mismas para que pudieran pasar los carruajes, las unían de manera que se pudiera pasar de una acera a otra sin ensuciarse los pies. (Foto 2. Los puntos que se ven al fondo de la calle son lo que os he denominado el paso de cebra)

Pompeya era un puerto de mar. De hecho una de las primeras cosas que te enseñan son los aros de piedra del puerto para atar las embarcaciones. Evidentemente tanto material arrojado por el volcán (pensad que de 3.000 metros pasó a los 1.300 actuales), hizo que la orilla del mar retrocediera varios kilómetros.

Era una ciudad para el ocio y el negocio, con calles llenas de comercios. Aún puede apreciarse en el suelo los raíles para los cierres de las tiendas. ¿Os habías pensado que los cierres metálicos eran un invento moderno?

Y hablando de inventos modernos, los establecimientos de comida rápida, también existían en el pasado, pues el día había que dedicarlo al negocio, con lo cual la comida fuerte era al final del día. Pero para poder aguantar, había locales de “comida rápida” (y en el recorrido nos enseñaron varios), dotados con huecos para poner hornillos con brasas y mantener las comidas calientes.

Y para poder dotar de comidas a esos establecimientos, casi como si se tratase de franquicias, grandes hornos destinados as la fabricación de la comida, con su rueda para moler el grano y su gran horno.

Ocio y negocio, así que como se encontraban muchos fuera de sus casas, también había lupanares, o casas de citas para entendernos. Se distinguían por el pene que había en el quicio de las puertas, para que el personal supiera a que atenerse.

Una de ellas se encuentra en muy buen estado de conservación con grandes frescos de escenas eróticas en su interior.

En el centro como os decía antes, se encuentra el foro, el centro de toda la actividad política, social y religiosa de la ciudad. Es un gran rectángulo de 38 metros de ancho por 142 de largo en el que podemos encontrar la basílica, el templo de Apolo, el templo de Júpiter, el mercado, el templo de los lares, el templo de Vespasiano y el edificio de Eumaquia (albergaba el gremio de los lavanderos y tintoreros.

Ocio y negocio, así que a falta de uno había dos teatros. El teatro grande destinado a los más cultos, pues en el se interpretaban las obras clásicas, más del gusto de los ricos que del gusto popular.
Construida aprovechando el declive de una ladera. Y junto a él lo que luego sería el cuartel de los gladiadores.

Y como los romanos eran muy limpitos, no pueden faltar unas buenas termas, que se encuentran muy bien conservadas. Termas tanto masculinas como femeninas, con su sala de vestir, su sala de piscina de agua fría, sala de agua templada y finalmente el calidarium, una sala muy caliente con su bañera de agua caliente y una fuente de agua tibia.

Podemos ver edificios también muy bien conservados como la casa del Fauno, (Foto 6) por la estatua que adorna el jardín de entrada.

Se ha reconstruido el jardín con las mismas plantas y el mismo estilo que tenía en aquellos años.

El agua corriente, tampoco es un invento actual. Además de tener las casas preparadas para recoger en sus patios toda el agua de la lluvia procedente de los tejados y almacenarlas en un aljibe, perdón, en una cisterna (que la palabra aljibe es de origen árabe), los romanos llevaban el agua a la ciudad mediante acueductos.

Luego en su interior se canalizaba a las casas de los ricos (que eran los que podían pagarlas, mediante tuberías de plomo que son visibles actualmente. Claro, que eso les provocaba problemas, pues el plomo que se desprendía de ellas es muy tóxico y les provocaba enfermedades (enfermedad de ricos, claro).

Un último detalle. En la entrada de unas de las casas podemos encontrar en el suelo un mosaico con la figura de un perro y un aviso en latín: Cuidado con el perro. ¿O pensabais que esos avisos son algo nuevo?

La visita a las ruinas de Pompeya

pompeya

Pues bien, el recorrido que va desde la estación hasta la plaza central (en la que está la basílica), y de ahí hasta las excavaciones es bastante reducido, con lo que no hace falta ningún transporte que nos lleve desde la estación de tren hasta las excavaciones. Además, una vez allí, hay cartelitos que nos van indicando lo siguiente “Scavi di Pompei” (excavaciones de Pompeya), con lo que no tiene ninguna pérdida.

Una vez llegáis a las excavaciones, hay varias entradas a las mismas. Para mi gusto, y es la mejor si vamos desde la estación a la plaza y de la plaza a la antigua ciudad, es la entrada principal, que queda en la Via Plinio, en la Plaza del Anfiteatro. Se llama así, ya que éste se encuentra nada más entrar a la derecha en las excavaciones. Pues bien, una vez estamos ante la puerta de la antigua ciudad de Pompeya, nos dirigimos a las taquillas para comprar la entrada y para recoger la información.

En la taquilla te dan la entrada (que no debes perder en ningún momento, más allá del recuerdo), un mapa* (en el que se incluye un plano de las excavaciones e información acerca de los puntos de más interés) y te recuerdan la que tienes la opción de coger una audioguía (por un precio de unos 5 euros, sino recuerdo mal), un guía local o bien ir por libre (en cuyo caso os recomiendo mirar un poco la historia de Pompeya y algún que otro artículo). Si escogéis tener un guía, debéis saber que en cada una de las entradas hay varios (de todos modos se le dice al/a la que está en taquilla y ella te busca un guía que hable español……de todos modos os aconsejo llaméis con antelación para reservarlo o al menos avisar, pues de lo contrario os podéis llevar la sorpresa de no tener guía en español), y si decidís la opción de la audioguía deciros que ésta está disponible en la entrada de Porta Marina.

El mapa que nos dan, para que lo sepáis, está en italiano y en inglés.

Para plantearos la visita os recomiendo antes pasaros por la siguiente web dónde encontramos los precios, el horario, posibles itinerarios**, etc.

Respecto al horario deciros que más o menos es el mismo durante todo el año y cierran tan sólo el 1 de enero, el 1 de mayo y el 25 de diciembre. La única diferencia radica en la temporada alta, en cuyo caso las excavaciones están abiertas hasta las 7 de la tarde (hasta las 5 en temporada baja). Para mi gusto, lo mejor es ir en temporada baja puesto que hay menos gente (un pelín menos, nada más), abre a la misma hora (a las 8:30) y nos da tiempo a ver casi todo hasta las 5 que cierran y después podemos darnos una vuelta por la Pompeya actual.

En cuanto al precio, deciros que es más que simbólico. Para tratarse de unas excavaciones de tal magnitud (tanto en extensión, como en importancia e historia), está muy bien de precio. La entrada normal, sin ningún tipo de descuento, cuesta 11 euros. Ahora bien, hay descuentos por ser de la UE y menor de 25 años y mayor de 18(como nosotros, en cuyo caso cuesta sólo 5.50 euros) y también es gratuita para ciudadanos de la UE menores de 18 y mayores de 65 en el caso de la entrada para 5 sitios (Pompeya, Herculano, Oplonti…) que normal cuesta 20 euros y reducida 10 euros. Como veis no se trata de precios desorbitados y merece la pena gastarse tal cantidad, que desde mi punto de vista es más que simbólica.

Respecto a lo de los itinerarios, es recomendable le echéis un vistazo ya que os saldrá la visita redonda. Hay itinerarios cortos (de 1 o dos horas) y otros más largos (de 3 a 4 horas), que podemos escoger según vayamos de tiempo. De todos modos, si vais con tiempo y lleváis la audioguía siguiendo un itinerario, va a ser una visita perfecta. Lógicamente podéis o no ajustaros al tiempo de cada itinerario, pero eso ya depende de cual sean vuestras prioridades.

Y bien, una vez tenemos las entradas, el mapa y el resto de “herramientas”, ya podemos entrar cual arqueólogos a lo que antes fue uno de los puntos más sobresalientes de la zona, y porque no decirlo, de todo Italia. La sensación que debieron tener los arqueologos y demás personal que descubrieron la ciudad debió de ser impactante, y más aún cuando hoy día aún queda por descubrir y por desenterrar otra gran parte de la antigua Pompeya…

Si hoy día ya nos parece enorme la zona, no quiero imaginar de aquí a unos años, cuando se termine de excavar y se descubra la total inmensidad de la urbe.

Desde luego, quien les iba a decir a los pobres habitantes que cientos de años después, miles de turistas de todos los rincones del planeta pisarían sus calles, se meterían en sus casas y hasta contemplaran las “dantescas” figuras humanas que se esculpieron con motivo de la erupción del Vesubio, al que ellos consideraban como un dios y que un día, por arte de magia, se despertó y la pagó con todos ellos. Si todo esto lo hubieran sabido….

Mi sensación al entrar en la ciudad y pisar sus calles es casi indescriptible. El turista que va y todos los visitantes, la mayoría, no logran entender como algo así pudo desaparecer de un día para otro, mostrándose respetuoso por sus antiguos habitantes, a la vez que sorprendido por lo avanzado de su sistema de convivencia (al menos en la época en la que estaban). Con deciros que en las ruinas podemos ver especies de puestos dónde estuvo el mercado y así como “bares” o puestos de “comida rápida”, ya os podéis imaginar hasta que punto llegó a ebullir la ciudad.

Podría, como he dicho al comienzo, pasar horas y horas, describiendo cada una de las calles, de las casas, de las sensaciones que fuimos teniendo…..pero no es plan de pasarme aquí una eternidad. Por ello, os diré los rincones de la ciudad que más me han impresionado y que se conservan casi a la perfección (eso sí, tened en cuenta que muchos de estos rincones han sido medio reconstruidos, lo que no quita que sean monumentos vivientes y llenos de magia e historia…). Entre dichos rincones, destacaría:

  • Foro. El destino de las vías principales de la antigua urbe y lugar de reunión de los habitantes, y así como de los edificios más importantes, como el de la administración de justicia o la basílica (uno de los más grandes y bonitos de la ciudad). En esta zona de las excavaciones, que es una de las partes más grandes, es donde se concentra mayor número de visitantes y donde hay un restaurante y varias tiendas de recuerdos.
  • Anfiteatro. Como un coliseo, pero en pequeñito (muy pequeñito en comparación), pero mejor conservado. La verdad es que impresiona, tanto interior como exteriormente. La zona de la arena, las graderías…..está casi perfecto (lógicamente ha sufrido alguna remodelación y rehabilitación, pero como casi todos los edificios de las excavaciones). Sorprende, eso sí, lo bonito que se ve desde el centro de la “arena” y echar un vistazo a las graderías, donde actualmente ha crecido un gran manto de hierba y césped que le da un toque todavía más bonito.
  • Villa de los Misterios. En la vía que nos lleva a la Necrópolis de la Puerta de Herculano. Es una edificación misteriosa, eso sin duda, que aún conserva parte de las pinturas de las paredes y que hoy día podemos ver como se organizaba en su estructura, llegando a tener una especie de balcón-mirador (por desgracia no pudimos entrar, pero desde fuera se ve también muy bien y se distinguen casi a la perfección las pinturas y mosaicos).
  • Templo de Apolo. El que fue punto álgido religioso de Pompeya, y uno de los rincones más bellos y mejor conservados de las excavaciones. Se trata de una especie de altar y un patio interior bastante grande, en el que aún se conservan, a cada lado, las estatuas de Apolo y Diana como lanzando una flecha (hoy día ya no se conserva ni el arco ni la flecha, aunque en las estatuas se distingue perfectamente la postura en la que están). También allí está el que antes fue una especie de reloj de sol.

….y son muchos más, pero ya os digo que me pasaría horas hablando de cada uno de ellos. Para mí estos son los rincones que debéis no intentar perderos.

Cosas que podrían mejorar

ruinas de pompeya

La información

Durante todo el recorrido por las ruinas de la antigua ciudad italiana nos encontramos varios carteles informativos, aunque no los suficientes. Dichos carteles están ubicados en los lugares estratégicos de las excavaciones (véase las vías principales, el foro, el anfiteatro, algunas casas…), sin embargo falta un poco más de información acerca de determinadas edificaciones o ruinas. En algunos casos, tan sólo hay un número identificativo en la edificación/ruina, para que aquellos que lleven la audioguía puedan acceder a la información. Es por ello, y es mucho más que un consejo, que si vais por allí, no dudéis en coger la audioguía, ya que es la principal fuente de información, junto a posibles guías locales que tenéis la opción de contratar (respecto a esto último deciros que, personalmente, prefiero la audioguía, ya que los guías, como ahora os comentaré, van con bastante celeridad y no se disfruta tanto de la visita, a pesar de estar más informados).

También debería haber más información en cuanto a que lugares están cerrados o lo van a estar. Con ello quiero decir, para que lo sepáis, que no todo está abierto, sino que hay algunos edificios o zonas que hay días que no se puede visitar o simplemente que las están rehabilitando o arreglando. Pues bien, falta información en cuanto a esto. Y es que fue precisamente por esta falta de información, por la que nos faltaron algunas cosillas por ver, como la famosa Casa del Fauno.

Los guías locales

Como os he dicho al principio, nada más entrar a las excavaciones, nos dan la opción de coge un guía local para que nos vaya informando de los lugares de más interés de la antigua ciudad, y así como para hacernos el principal recorrido o ruta por la misma. Pues bien, se podría decir que ésta es la opción paralela a la audioguía, aunque cuesta un poquillo más cara. Sale más rentable, lógicamente, si vamos en grupo, en cuyo caso aconsejo contratéis al guía. Sin embargo, si vais pocas personas lo mejor es la opción de la audioguía. También ésta es la mejor opción si vais con tiempo a la ciudad, ya que disfrutaréis mucho más de la visita.

Por tanto, respecto a contratar o no a un guía, mi consejo es que lo hagáis si sois un grupo grande o cuando no gocéis de mucho tiempo. Con esto último me refiero a que con los guías la visita se hace bastante rápida, ya que sólo muestran la parte de la ciudad más conocida y los lugares más importantes. Son visitas normalmente de una hora o dos (sobretodo), en las que el guía nos llevará y nos mostrará lo que eran las vías principales, el foro, el anfiteatro, el estadio, etc. En cuanto a los guías, por cierto, no os preocupéis por el idioma, ya que hay guías que hablan perfectamente el español.

Lo malo de ir con el guía, al menos para mi gusto, es que no se disfruta tanto de la visita, ya que es el/ella quien nos lleva por todo el recorrido. Cierto es que vamos a tener mayor información, pero a mi entender es mejor que vayáis con tiempo y os perdáis por las ruinas y por las distintas calles, ya que toda la ciudad en sí es (o mejor dicho, era) importante y merece ser vista en cada una de sus calles y casas. Además, de ese modo, podéis pararos el tiempo que queráis en cada uno de los sitios y gozar aún más de todos los detalles…..cosa que con el guía es casi improbable, pues la visita se debe adecuar al recorrido y al tiempo que vayamos con el mismo/a.

La ambientación y las instalaciones

Vamos con lo primero, con la ambientación. Además de faltar bastante información en las propias calles y edificios (me refiero sobretodo a pequeños cartelitos que nos describan un poco como era antes, y lo que era…), también falta bastante ambientación (respetando las ruinas, claro está). Para mi gusto, debería haber algún que otro espectáculo en alguno de los rincones de las excavaciones (que os aseguro hay espacio de sobra), lo que le daría el toque final a una visita inolvidable. Pero además de ambientación, también debería haber una mejora en cuanto a instalaciones.

Con ello me refiero a mayor vigilancia para con la ciudad (hay partes de la ciudad, como alguna que otra casa, en las que las paredes de las mismas están llenas de pintaditas o ralladas, o incluso algún que otro desperdicio de restos de comida, papeles y demás…), mayor limpieza (como os acabo de decir, llega a sorprender la poca vergüenza de algunas personas que arrojan la basura o pintan paredes…….por ello debería haber más vigilancia, más cubos de basura y sobretodo, aunque esto más bien depende del visitante, mayor respeto por la historia y lo que antaño fue una ciudad) y mayor atención por parte del personal.

Consejos para que la visita a Pompeya sea perfecta

En primer lugar, que vayáis bien informados. No quiero decir que os estudiéis toda la historia de la ciudad, pero si que le echéis un vistazo, pues os aseguro cambia mucho la perspectiva si conocemos como era antes la ciudad, como se organizaba, como eran los habitantes….con ello, a medida que vayamos recorriendo las excavaciones, iremos descubriendo por nosotros mismos hasta que punto es cierta la historia y las leyendas que hemos podido escuchar.

En segundo lugar, que llevéis, claro está, ropa cómoda (abrigaditos en invierno, y de manga cortita en verano….lógico, pero conviene recordarlo) y una botellita de agua y algo para picar. Respecto a ésto último, deciros que en la parte de lo que antes era el foro de la ciudad, hay un restaurante, pero con unos precios un poco altos. Éste ofrece bocadillos, bebidas, menús (normalmente con plato de pasta), pero un pelín caros y si vais con el dinerillo justo, es mejor ahorrarnos ese dinerito.

Ahhh……pero si lleváis comida, por favor, guardar los restos o la basurilla en la mochila hasta que encontréis una papelera o salgáis de las excavaciones. También es lógico, pero ya digo que sorprende la suciedad (y también la dejadez de los responsables de las excavaciones) que se encuentra en algunos de los rincones de la ciudad.

El tema de los aseos es quizá una de las desventajas de las excavaciones. Al ser tan inmensa (y eso que aún no está descubierta ni la tercera parte de la antigua ciudad), si os entran ganas de ir al servicio os va a resultar más que complicado encontrarlos. Así que mi consejo es que primero los localicéis bien en el mapa, y que o bien vayáis una vez entrado a las excavaciones o bien a mediodía, puesto que sino la visita y el recorrido se os puede ir al garete.

Los aseos están en las tres entradas a la ciudad y así como en la zona del foro (en el restaurante) y en las cercanías de la Porta di Nola. Son 4 aseos en total para una ciudad entera y que se llena de cientos de visitantes cada día.

Ahh, por cierto. Que sepáis que el aseo del restaurante, cuesta 0.20 céntimos entrar (para todos, seas consumidor o no en el mismo). Eso sí, y he de admitirlo, la verdad es que están limpitos los aseos (los del restaurante, ya que el resto dejan un poquillo que desear).

Después de ver las Ruinas de Pompeya os recomiendo…

…una visita a la actual Pompeya. Las excavaciones están en la ciudad, con lo que la comunicación con la Pompeya moderna es excelente. Para ello, como os he dicho al principio, al haber varias entradas y salidas de las ruinas, saber que debéis salir por la que se supone es la entrada principal, en la Plaza del Anfiteatro (Vía Plinio). Una vez fuera tan sólo hemos de dirigirnos hacia la izquierda y llegamos a la plaza principal de la ciudad, dónde está la basílica (que bien merece una visita a su interior), una fuente, puestecitos de recuerdos, etc…….y sobretodo un ambiente magnífico.

Os lo recomiendo, ya que si vais a pasar un día en Pompeya, como hicimos nosotros, os sobrará tiempo por la tarde (al cerrar pronto las excavaciones) para poder dar una vuelta por la ciudad moderna y traer algún recuerdo de la misma.

Pues bien, poco más puedo deciros acerca de esta visita que para mí ya es inolvidable y que guardo entre mis recuerdos. Tan sólo pensar que algún día he de volver, para poder disfrutar también de las ruinas de Herculano, me da la energía suficiente como para no olvidarme de tan bella cuidad que antaño fue una urbe reluciente y organizada, pero que por la furia de los dioses quedó sepultada para siempre jamás….

No dudéis, si vais a viajar a Italia, en dejar un día para visitar Pompeya, pues merece y mucho la pena! Una maravilla arqueológica a la que aún le queda mucho por desenterrar a pesar de los años que llevan haciéndolo. No puedes perdértela y espero desde aquí, con las curiosidades que he contado, haberte despertado el interés por conocerla.

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