Oviedo es una ciudad pequeña y coqueta, quizá no demasiado monumental si la comparas con los cascos históricos de otras ciudades españolas, pero no por ello pierde un ápice de encanto. Es una ciudad bonita, ordenada, limpia, llena de rincones con muchísimo encanto. Además, gran parte de su estructura urbana es peatonal, lo que facilita que te puedas dar un paseo tranquilamente y disfrutar de todos esos rincones.

Y de uno de ellos es del que me gustaría hablar en esta ocasión. Concretamente es de la Plaza Trascorrales, una plaza coqueta y pequeña situada en el corazón de la ciudad, en el casco histórico comúnmente denominado «El Oviedo Antiguo». Una zona muy bonita y tranquila para pasear cualquier día entre semana y que los fines de semana se ve atestada de gente por los numerosos bares y pubs de la zona.

Cómo llegar

La zona donde se encuentra la Plaza de Trascorrales es totalmente peatonal; salvo algún taxi o algún furgón de reparto de alguno de los comercios o bares cercanos. Por ello, pasear por la zona resulta fácil y agradable. Llegar hasta la Plaza de Trascorrales tampoco resulta nada difícil.

Desde la Plaza del Ayuntamiento hay que atravesar bajo el Arco del Ayuntamiento tomando la calle Cimadevilla y a escasos metros hay una calle que baja en sentido descendente y en cuya esquina hay una arrocería.

Bajando esa calle llegaremos de frente a la Plaza de Trascorrales y girando a la izquierda veremos al fondo la estatua de la burra. Si continuamos caminando en su dirección hasta atravesar la plaza llegaremos hasta la Calle Mon, calle por antonomasia de los bares y la noche carbayona.

Esa zona contrasta mucho entre noche y día, ya que durante el día está prácticamente vacía y durante la noche de los fines de semana prácticamente no puedes andar por ella. Si al llegar a la Calle Mon miras hacia la izquierda verás ya la imponente torre catedralicia a la que podrás encaminar tus pasos simplemente ascendiendo calle arriba.

Plaza Trascorrales, ¿dónde está?
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Estarás en el corazón de la ciudad, en el Oviedo Antiguo, reducto de piedra y de memoria y también guardián de muchos de mis recuerdos adolescentes.

La estatua de la burra

Aunque el nombre real de dicho lugar es la Plaza de Trascorrales, los carbayones la conocemos familiarmente como la Plaza de la Burra. Esto es debido a que en mitad de la plaza existe un conjunto escultórico formado por una lechera acompañada por la burra que cargaba las lecheras llenas de leche.

Hoy en día el oficio de lechera está prácticamente extinguido, pero hace décadas era muy habitual en las ciudades que las lecheras llegaran muy pronto por las mañanas con su leche recién ordeñada y que iban por las casas vendiéndola. Era esa leche de la que hablan nuestros abuelos y a veces también nuestros padres, con sabor intenso a leche de vaca, no esos líquidos sin sabor ni textura ni olor que nuestra generación ha conocido como leche y que salen de un brick en la nevera.

Esta estatua no deja de ser una de las muchas que podemos ver a lo largo de las calles de Oviedo, ya que es una ciudad llena de estatuas, algunas bellísimas y otras no exentas de polémica. Daría para hacer una opinión completa con la ruta de las estatuas de Oviedo, desde esta misma pasando por la de La Regenta, la Gorda de Botero, la de Woody Allen y decenas de estatuas más situadas a lo largo y ancho de la ciudad. Pero la estatua de la Lechera suele llamar bastante la atención tanto a turistas como a los carbayones de toda la vida, y suele ser habitual ver a gente subida a lomos de la burra sacándose la consiguiente foto.

La Plaza de Trascorrales

Creo que técnicamente la Plaza de Trascorrales sería no sólo el recodo en el que se alojan las estatuas de la burra y de la lechera, con los edificios de colores intensos al fondo, sino que el espacio que ocupa la plaza es mucho mayor y comprendería también el solar de la antigua Plaza del Pescado, que hoy se utiliza como Sala de Exposiciones y demás eventos del ayuntamiento.

Pero realmente, el núcleo central de la plaza es precisamente la estatua de la lechera y la burra, al fondo de la misma, una de las postales más representativas de la ciudad. Justo detrás de ella hay un restaurante donde se come francamente bien y al lado hay un pequeño bar cuyo nombre ni recuerdo (era algo relacionado con Al-Andalus, creo) en el que ponen una pequeñita terraza cuando el tiempo lo permite y ponen unas aceitunas maravillosas, como las que yo devoro cuando voy a Sevilla.

Mi opinión sobre la Plaza de la Burra

Plaza Trascorrales

Para mí, como carbayona que soy y que seré toda mi vida, independientemente de que ya no viva allí, la Plaza de Trascorrales siempre será la Plaza de la Burra. Puede ser un lugar que vea poco, ni siquiera cuando vivía en Oviedo pasaba demasiado por allí ya que expresamente no pilla de paso hacia ningún lugar que yo frecuentase. Sin embargo es uno de esos lugares que forman parte de tu memoria y de la historia de tu vida, uno de los telones de fondo en los que se desarrollaron episodios importantes para ti.

Quizá no sea nada más que un rincón casi olvidado, pero para mí sigue teniendo su importancia, es posible que más sentimental que otra cosa, pero importancia al fin y al cabo. No será un lugar trascendental, muchos ni se acordarán de ella, otros pensarán simplemente en una postal de algún viaje olvidado. O alguno pasará a su lado y se acordará del cuento de la lechera, o simplemente le hará gracia la estatua y se subirá a la burra para hacerse una foto.

En cualquier caso, este es uno de los muchísimos rincones con encanto que tiene mi ciudad de nacimiento, Oviedo, a la que me gusta volver de vez en cuando y redescubrir. En ocasiones veo que todo sigue igual y otras veces las muchas cosas que han ido cambiando en mi ausencia. Os recomiendo que la visitéis si no la conocéis, o si ya habéis estado aquí, que volváis de nuevo a sus calles, a redescubrir el espíritu de la Regente renovado. Oviedo tiene mucho que descubriros, muchos pequeños rincones donde perderse y hallarse a uno mismo o su memoria, y éste es uno de ellos, al menos para mí.