¡Hola a todos! ¿Qué tal os va? Recién llegada de mi escapadita de fin de semana a Las Palmas de Gran Canaria, no quiero dejar pasar ni un día más antes de contaros cómo me ha ido por allí, y aunque ya os contaré en futuras opiniones más cosas, hoy quería hablaros del sitio que quizá más me ha impresionado de todos: GUAYADEQUE.

No conocía Gran Canaria y gracias a que una buena amiga se ha mudado recientemente a la isla, he tenido la oportunidad de pasar allí un par de días. Está claro que ahora tengo la excusa perfecta para volver dentro de una temporadita, pero al estar hecha ya casi una lugareña, he podido descubrir lugares impresionantes.

No sé en vuestro caso, pero yo escucho Islas Canarias y lo primero que se me viene a la cabeza es “playa” y “sol”. Por supuesto, es la imagen que ofrecen, pero es que tiene mucho más. Por supuesto, Tenerife ha exportado también el Teide, un lugar majestuoso, pero en lo que a montañas y montes se refiere, mi conocimiento terminaba ahí, y sin embargo, he descubierto que hay un gran turismo de interior, sobre todo entre los propios canarios, que están fomentando muchísimo el turismo rural y haciendo un gran trabajo por recuperar su propio patrimonio, quizá para exportarlo después.

Gran Canaria

Para empezar os diré que es un lugar de contrastes, pues en tan solo dos días y medio he estado en la playa, en el desierto, en la montaña y en la ciudad. Un pequeño continente que hace que se desmonten todos los tópicos. Por supuesto, no me ha dado tiempo ni a ver la mitad de las cosas, porque otro mito que se me ha caído es que fuera una isla pequeña. No sé por qué extraña razón pensaba que sería un lugar mucho menor en lo que a distancias se refiere y con muchas menos cosas para ver.

Con lo que respecta a la ciudad, Las Palmas es bastante más grande y tiene muchos más servicios de los que a priori, esperaba. Como mi amiga vive allí pude comprobar que es una capital de provincia en la que resulta muy agradable estar, no es una ciudad ruidosa pero sí muy animada. Bastantes coches, eso sí, pero es normal teniendo en cuenta que no hay muchas más alternativas para moverse de un lugar a otro (además claro, de los autobuses).

Llama la atención la nube que tienen sobre ellos perennemente, pero gracias a la cual, la temperatura se mantiene constante y es un lujazo estar entorno a los veintitantos grados todo el día.

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Por supuesto, hay que llegar en avión aunque allí descubrí que hay un ferry hasta Huelva.

La llegada fue puntual (no así la vuelta) y ya el mismo viernes aproveché para ver sitios de los que os iré hablando a lo largo de próximas opiniones.

Evidentemente, disfruté muchísimo de la playa, pero como os decía al inicio, lo que más me ha impresionado por la sorpresa que me llevé es el barranco del que os paso a opinar.

Guayadeque

En el centro de la isla encontramos el barranco de Guayadeque (por cierto, se ve desde el avión). Es la separación natural de los municipios de Agüimes y de Ingenio y presume de ser uno de los barrancos más grandes del archipiélago.

Tiene condición de Parque Natural y dentro del mismo encontraremos el Centro de Interpretación (luego os hablo de él). Se califica como parque natural porque destaca por su gran contenido de flora (cactus, pinos canarios, almendros canarios, amapolas y especies que solo podremos encontrar allí) y fauna (diferentes especies de lagartos, fundamentalmente el “lagarto canarión”) autóctona. Está perfectamente conservado y verlo es todo un espectáculo, un paraje natural que no dejará indiferente.

Además, son muy famosos sus restos arqueológicos prehispánicos, y es que existen cientos de cuevas excavadas en la roca en las que se han encontrado restos momificados aborígenes, y multitud de utensilios. Todos ellos han sido trasladados al Museo Canario de Las Palmas (que no tuve oportunidad de ver).

En la actualidad siguen existiendo núcleos poblacionales reducidos y veremos incluso restaurantes excavados en la piedra que hacen las delicias del turista, principalmente a la hora de beber algo, que dependiendo de la hora a la que vayamos, el calor es un factor a tener en cuenta. El primer núcleo se llama “Cueva Bermeja” y es una calle con 7 u 8 casas excavadas en la roca y que están todas alineadas de modo que se accede a ellas a través de una escalera.

El segundo se llama la “Montaña de Las Tierras” y en ella, además de una ermita cerrada al público, la de San Juan Bautista, veremos un mirador con unas vistas impresionantes (luego os cuelgo fotos).

La carretera para ir subiendo no es especialmente mala, sobre todo teniendo en cuenta que es muy serpenteada.

El centro de interpretación

Mi amiga no había estado aún en este centro así que decidimos que ya que estábamos allí, sería interesante entrar. A mí me costó 2,50 € (tarifa general), pero a ella, que ya es residente, le salió por 2 € (tarifa reducida).

Tiene una extensión pequeña y podréis hacer el recorrido en más o menos 15-20 minutos, dependiendo de lo que queráis entreteneros en leer. Nos irán presentando las diferentes formaciones rocosas que se pueden encontrar allí, la flora, la fauna, y lo que para mí fue más interesante: la historia de los aborígenes que lo poblaron.

Hay distintas maquetas en las que ver cómo tenían las cuevas, cómo subían hasta ellas, su alimentación (curioso el molino), y el proceso de momificación de los muertos, que también tenían sus propias cuevas.

Es un centro muy gráfico y resulta entretenido.

Sí que es cierto que deberían renovarlo un poquito porque algunas cosas se ven muy viejas, pero no está mal echar un vistazo ya que llegamos hasta allí. Se pasa por delante antes de llegar al mirador y a los núcleos poblacionales así que, si vais con tiempo, os recomiendo que vayáis, pero evidentemente, no es imprescindible.

A la salida podremos comprar productos típicos y postales.

Restaurantes

Hay varios lugares en los que comer allí pero creo que nosotros nos decantamos por el más típico, TAGAROR. Un sitio de lo más turístico en el que poder tomar raciones o comer de menú. Los fines de semana tienen parrillada y paella, pero nosotros elegimos algo más típico: papas con mojo y queso del lugar y para completar, unos calamares que venían servidos con ensalada de col. Con el pan de pueblo que acompañan cualquier ración, ponen también ali oli así que está genial para tomar un aperitivo.

No nos resultó nada caro, y como fuimos pronto (alrededor de la una) no había demasiado agobio de gente. Sin embargo, a la hora se fue llenando de lugareños fundamentalmente así que da la sensación de que es un buen lugar, no el típico sitio en el que clavan al turista.

Por tres bebidas y las raciones que os he comentado, pagamos 19 euros. Como veis, un precio de lo más asequible, y yo terminé tan llena que luego no tuve que comer (mi vuelo salía un rato después).

Opinión y conclusión

barranco de guayadeque

El barranco de Guayadeque me ha resultado impresionante. Un lugar digno de ver y que tanto se alejaba de lo que esperaba encontrar en la isla de Gran Canaria. Me ha parecido el contrapunto perfecto a la playa, de modo que es una gran alternativa si, como yo, buscáis en vuestros destinos vacacionales un poco de todo: visitar lugares, disfrutar del sol y del mar e incluso hacer alguna ruta chula en la montaña (cosa ésta que queda pendiente porque a buen seguro, las rutas de senderismo por aquí deben ser chulísimas).

Un parque natural en el que ver flora y fauna autóctona y que está muy bien cuidado. Son los propios canarios los que le recomendaron la visita a mi amiga y a su novio; a ellos les encantó y ahora, cada vez que reciben visita, les (nos) llevan y que yo sepa, todos terminamos entusiasmados.

Espero que vosotros hagáis lo mismo y no dejéis de ver Guayadeque si os decidís a visitar Gran Canaria.

Ya me contaréis vuestras impresiones si os animáis a seguir mi consejo.