Hace poco tiempo he tenido el placer de volver a Donosti , o a San Sebastián, esa bellísima ciudad del Cantábrico, donde guardo recuerdos e imágenes en mi retina, sobre todo de mi etapa infantil y juvenil- era ese lugar donde me “escapaba” los veranos para recorrerme todos los lugares posibles donde había fiestas- algo que es fácil de conseguir en el norte prácticamente a diario en los meses estivales- huyendo un poco de la estricta “dieta” madrileña a la que me tenían sometida. Y es el lugar donde siempre he tratado de volver cuando mi vida tenía un cambio, un quiebro, un qué se yo… como si el hecho de sumergir mi vista en el mar y esparcir en él mis pensamientos, me dieran alas para continuar.

En todo caso, mi primera visita, o quizás la segunda suele subir a Monte Igueldo , ese parque de atracciones de comienzos del siglo XX , donde las imágenes parece que se han parado en el tiempo, si no fuese porque puedo verme reflejada, es como si volviese a tener ocho, nueve, diez, once años… parece que nada cambia en este lugar.

Dónde está y cómo se llega

En Monte Igueldo, cuyo símbolo un antiguo faro de leña , que más tarde se convierte en un torreón con historia y mirador, que puede verse desde gran parte de la ciudad, lugar al que puedes llegar de dos formas, en el antiguo funicular que sube desde la ciudad hasta el parque, o accediendo en coche particular y pagando una especie de peaje por persona- 2,80 €- teniendo varios espacios de aparcamiento muy cercanos a la entrada.

El Funicular que se inauguró en 1912, a cuya estación puedes llegar desde el final de la playa de Ondarreta– cerca del Peine de los Vientos, tres esculturas de acero, incrustadas en unas rocas que dan al mar Cantábrico- y que sale cada quince minutos con destino al parque . Se trata de un ascenso a más de 160 metros sobre el nivel del mar, en línea recta en 200 segundos. Funciona con los vehículos originales y los mismos equipos eléctricos, conservando los coches, salvo alguna modificación, su diseño original de carrocería en madera.

Retazos de su historia

En 1911 se forma la sociedad Monte Igueldo, con el fin de realizar un centro de ocio y entretenimiento en la cima del denominado “Montefrío.

Todo el parque se dispone alrededor del Torreón, que también se le conoce con el nombre de La Farola, y que fue abandonado en el año 1854 cuando se edificó el nuevo faro, situado en el lado occidental del monte, posición desde la cual también puedes disfrutar de las mejores vistas hacia el mar y los acantilados del Monte Igueldo.

Monte Igueldo, ¿dónde está?
Booking.com

En el año 1912 se decidió recuperar el aspecto del viejo faro por lo que se tomó la decisión de añadir una nueva planta acristalada que hace la función de mirador y de terraza panorámica desde la que poder disfrutar de una de las mejores vistas de todo San Sebastián. Además este Torreón alberga en su interior una exposición sobre la historia, vida y costumbres de los donostiarras. Junto a él se levantó antiguamente el espectacular casino-restaurante, y para facilitar el acceso a toda la gente que quería disfrutar de esta maravilla, se diseño la carretera y el funicular, que se inauguró en el año 1912 por la Reina Doña María Cristina.

En el año 1925 se prohíbe el juego, y por consiguiente, el casino debe cesar sus actividades, transformándose en un lugar para bailar, y llegan los primeros juegos mecánicos: La Montaña Suiza, el Rio Misterioso, el Laberinto y el Estanque de Canoas, estando todas ellas funcionando en la actualidad.

En 1967 en el espacio dejado por el desaparecido casino-restaurante, se levanta el Hotel Monte Igueldo que cuenta con 4 estrellas, y que se mantiene también en el mismo sitio, y que puede ser una buena opción si quieres disfrutar de las vistas algún día más, es un lugar en el que tengo que alojarme alguna vez, aunque sea para un desayuno con vistas.

El 28 de agosto de 2012 se celebrará el centenario del Parque con algunos actos para conmemorarlo, que espero incluyan fuegos artificiales desde la bahía de la Concha.

Qué puedes encontrar en el Monte Igueldo

El Torreón es el primer lugar al que dirigimos la vista, y desde cuya terraza almenada se puede contemplar a un lado el cabo de Machichaco y a otro lado las landas francesas.

¿Quieres reservar una guía?

La Montaña Suiza , que no rusa, un trenecillo pintado de azul, con la medida de seguridad de una cadena en el lateral y constituido por pequeños vagones en los que los pasajeros pueden ir de dos en dos, y además de dos pequeñas pendientes y una un poco más alta, puedes disfrutar de unas magníficas vistas al mar y al acantilado. Nada ha cambiado en ella con los años, ni siquiera el conductor que se sienta en medio y realiza el recorrido con los pasajeros.

El tobogán con vistas a la Bahía, los coches de choque-que es la primera atracción que te encuentras cuando entras en el parque- , el carrusel -para los niños al igual que el trenecillo de Igueldo, los ponis – es quizás una de las cosas que más pena me dan, aunque solo suben niños en ellos, al tratarse de animales de verdad, tienen una cierta cara de pena y agotamiento-, aunque se les ve cuidados y bien alimentados. Camas elásticas. Las tazas que giran.

La Casa del Terror – con atracciones de miedo muy sesenteras, fantasmas, cadáveres que se levantan, un jabalí que sale por sorpresa….aunque tiene su gracia. El Estanque , muy adecuado para los niños con los que podrás dar un pequeño paseo conduciendo tu barca. El río misterioso , cuyas barcas-incluso para cuatro personas- recorren un canal de fuerte corriente que las impulsa por el lateral del parque. También tiene un Laberinto , de 1930, que merece la pena visitar, con un tobogán que nos lleva hasta el final. El Paseo de la Risa , con un cilindro en movimiento que hay que atravesar.

La Pesca, Tiro con carabina, la carrera de Tortugas, Rueda la bola, la Bocca della Veritá, una reproducción de la romana, que te “adivina” el futuro ; forman parte de ese tipo de puestos que puedes encontrarte en cualquier feria local, pero que le da ese toque de una instantánea congelada en el tiempo, eso si todas las personas que se encargan de ellos son amables y tienen una sonrisa en el rostro, rostro que en algún caso recordaba.

Para tomar algo , tienes un autoservicio con una terraza panorámica para disfrutar de la Bahía, una Churrería cuyas especialidades están francamente buenas, incluyendo unas manzanas acarameladas que yo tomaba de pequeña, y que seguían estando ahí- lo dice una No adicta ellos-, una heladería tradicional y un bar de los de siempre.

El funicular de Igueldo

La historia de este funicular de San Sebastián se remonta hasta el 25 de Agosto de 1912, fecha en la que fue inaugurado convirtiéndose de esta manera en el más antiguo del País Vasco. El responsable de su construcción fue el ingeniero Emilio Huici quien trabajó junto a la casa suiza Von Roll. Su inauguración coincidió con el estreno del parque de atracciones situado en este mismo monte.

El funicular fue creado como otra alternativa a la carretera para poder subir hasta Igueldo, no obstante este tipo de ferrocarriles especiales son utilizados para salvar grandes pendientes. La característica principal de estos medios es que circulan sobre raíles y normalmente disponen de dos cabinas enlazadas por un cable de acero sobre una vía de ferrocarril, a modo de ascensor inclinado, por lo cual mientras un vehículo sube el otro baja. Consta de dos vagones que comparten la misma vía, salvo en el punto medio, donde se bifurca para que puedan pasar a la vez. Los vehículos carecen de motorización propia, ya que el movimiento lo imprime un motor que acciona una gran polea, que a su vez mueve el cable de tracción. Los vehículos van dotados de sistema de frenado y de servicio de urgencia en el caso de existir un fallo en las instalaciones o en los vagones.

Este funicular de San Sebastián aun conserva sus vagones originarios aunque con el paso de los años se ha ido llevando a cabo alguna pequeña modificación en su carrocería de madera originaria. De todos los funiculares existentes en nuestro país es el que mejor conserva su estado original lo que supone un atractivo añadido a este encantador y entrañable funicular que desde el principio fue concebido como un complemento esencial del Monte Igueldo.

Se puede comprar tanto un billete sencillo como de ida y vuelta para subir al funicular, las tarifas son las siguientes:

  • Billete de ida y vuelta: adultos 2,80 € y niños 2,10 €
  • Billete sencillo: adultos 1,55 € y niños 1,15 €
  • Billete especial (animales, bicicletas…): 2,80 €

Existe la opción de ascender hasta Igueldo por carretera pero antes de entrar al parque hay que abonar una cantidad de 1,90 €.

Un dato a tener en cuenta es que hasta la estación del funicular se acerca una de las líneas de los autobuses urbanos de San Sebastián, en concreto la nº 16 con parada en la plaza del funicular. En este mismo lugar hay plazas de aparcamiento, no son muchas pero en los alrededores también hay alguna más.

Los horarios del funicular son variables dependiendo del día y del mes permaneciendo algunos días cerrado, lo mejor es consultarlo en el calendario de este año.

El viaje en el funicular

El funicular cuenta con dos únicas paradas, una en la estación junto a la Playa de Ondarreta y la otra en el mismo Monte Igueldo. La estación del funicular es uno de esos lugares por donde parece que no haya pasado el tiempo, las instalaciones siguen siendo tal y como han sido siempre. Recientemente he tenido la oportunidad de volver a montar en el funicular y acercarme hasta la estación fue como volver atrás en el tiempo, recordar cuando me subí por primera vez siendo una niña (he montado alguna otra vez más pero la última fue ya hace unos cuantos años) y ver que todo sigue estando igual, la estación no ha sufrido ningún cambio y fue una sensación muy bonita el hecho de volver a vivir esta experiencia.

El único cambio que he notado en esta última visita ha sido que al dirigirnos a la taquilla para comprar los billetes nos informaron de que estaba cerrada (algo que me extrañó pues el funicular en fin de semana funciona durante todo el día sin parar hasta la noche en intervalos de 15 minutos) y que debíamos de comprar los billetes en el mismo monte después de haber subido. La taquilla del parque se encuentra nada más bajar del funicular y no supone ningún problema pero es un hecho que me llamó la atención, las veces anteriores siempre compramos los billetes en la misma estación.

Los vagones del funicular tienen mucho encanto, en su interior permanecen los asientos de madera originales divididos en compartimentos individuales que son cerrados de forma manual por el revisor antes de comenzar el viaje. En cada uno de ellos cabrán unas 8 o 10 personas más o menos y la capacidad total es de aproximadamente 70 personas por vehículo. Su exterior está pintando de color rojo y el blanco es el color predominante en el interior combinado con el tono de la madera de los asientos.

Algo que llama la atención (sobre todo la primera vez que se sube en este funicular) es la pendiente muy pronunciada por la que tiene que ascender o descender cada vagón durante su trayecto. Pero en realidad, a la hora de realizar el viaje no produce ninguna impresión, el recorrido lo hace muy lentamente y es un punto a favor para poder contemplar y disfrutar de las preciosas vistas de sus alrededores llenos de vegetación y por supuesto ver como el mar y las playas donostiarras se van quedando a tus pies. Una recomendación, si vais a subir en este funicular desde la estación si podéis montaros en la parte final del mismo, de esta manera se puede ver en primera línea el mar y toda la bahía, las vistas son realmente bonitas. El recorrido total son 320 metros y la duración del viaje es de más o menos 3 minutos, como veis es un viaje muy corto, en la mitad del mismo se cruza con el otro vagón y la verdad es que el viaje se pasa casi sin darte cuenta.

El centenario

En el 2012 se celebró los 100 años de la inauguración del parque de atracciones de Igueldo así como de su funicular. Por este motivo y bajo el lema “cien años repartiendo sonrisas” se han organizado una serie de actividades y de actos donde destaca el concurso fotográfico “la foto del aitona” (la foto del abuelo) que pretende rescatar antiguas imágenes del recinto, anteriores a 1990, con el fin de mostrar en una exposición posterior fotografías inéditas que aporte el público hasta el 31 de mayo. También hay organizado un concurso de relatos denominado “Amona” cuya temática gira en torno a anécdotas, recuerdas, vivencias vividos en el Monte Igueldo.

La última semana de Junio se dedicó a los niños con juegos, torneos, y hasta un concurso de disfraces de los años 20. Durante esta semana también hubo una exposición de motos y coches clásicos así como un torneo de fútbol también para los más pequeños.

El día 25 de Agosto, día de la efeméride, a las doce del mediodía una nube de globos de colores despegó desde lo alto del monte para surcar el cielo donostiarra.

Y ya en Septiembre los días 7 y 8 el recinto acogió la segunda edición del festival de música Kultur Kutxa, un evento que espera congregar entre 2.000 y 2.500 personas y que contó con las actuaciones de grupos punteros internaciones y bandas locales de rock.

Comentario final

monte igueldo

Sólo por contemplar la bellísima vista de la bahía donostiarra con sus playas de Ondarreta, La Concha y su Paseo y la Isla de Santa Clara, merece la pena la visita. Si además queréis impregnaros de un cierto aire vintage y subir a una montaña “suiza” a la antigua usanza, o tirar al blanco con corchos, echar una carrera de tortugas con bolas de colores, tomarte unos churros envueltos en chocolate o perderte en un antiguo laberinto de 1930, sin duda debes subir a Monte Igueldo o Igeldo.

El funicular es un medio de transporte único, entrañable, diferente… con la esencia de volver en el tiempo años atrás. Sin duda es un complemento ideal a la visita del Monte Igueldo, recuerdo la primera vez que subí siendo una niña, por aquel entonces era toda una experiencia, con el paso de los años he repetido en alguna ocasión y para mí sigue manteniendo todo su encanto, es un viaje muy agradable y original.

Si os acercáis hasta Igueldo recomiendo totalmente utilizar este medio, me parece una experiencia muy bonita tanto para niños como para gente de todas las edades, al fin y al cabo no todos los días se puede subir uno en un funicular y en este caso centenario.

Algunos datos prácticos

En verano el horario es de 11.00 a 14.00 y de 16.00 a 20.00 h y los fines de semana hasta las 21.30 h. en su página web vienen el resto de horarios para otras estaciones del año.

Todas las atracciones tienen un precio entre un euro y dos euros, excepto la casa del terror y el laberinto que cuestan 2, 5 €

Plaza Funicular / Funikular Enparantza, 4
20008 San Sebastián
943 210 564

http://www.monteigueldo.es/