Bilbao en 4 días

¡Y por fin llegó el día B (de Bilbao)! Aprovechando que estaba de turno en el aeropuerto la tarde anterior, me presenté en los mostradores de Spanair y le pedí a nuestra colega de la competencia que nos facturara con buenos asientos. Así pudimos dormir un poco más, aunque al final tuvimos que correr hasta la puerta porque al pasar el filtro de seguridad el vuelo ya estaba en última llamada… Es que cuando nos vamos de viaje intentamos ser los peores pasajeros posibles, para vengarnos de lo que tenemos que aguantar xDDD Puntualidad absoluta, conexión en Barajas sin problemas y poco antes de las 10 y media tocábamos tierra en el ‘aireportua’ de Loiu. En un plis (íbamos con equipaje de mano, como siempre a la ida) estábamos metidos en el Bizkaibus que, en combinación con el metro, nos llevaría a nuestro hotel.

Sobre el hotel, creo que merece una opinión aparte. Simplemente genial, volvería sin dudarlo. Dejamos las maletas allí y nos lanzamos a descubrir esta maravillosa ciudad…

Día 1: Vista preliminar

Dado que el hotel estaba en la parte alta de la ciudad, decidimos bajar al centro andando, ya que todo era cuesta abajo. Nada más empezar el camino se me vino a la cabeza el gran topicazo: «¡Qué bestia es esta gente! Han decidido plantar aquí una ciudad cueste lo que cueste… Da igual que todo sean colinas y que les queden todas las calles en cuesta, ellos querían la ciudad aquí y la han hecho. ¡Cabezotas!» Toda esta reflexión vino a cuenta de que al girar la primera esquina nos encontramos ya unas empinadas escaleras que afortunadamente para nosotros teníamos que bajar… xDD Y al bajar las escaleras, la calle seguía en una interminable cuesta hacia abajo. Segundo pensamiento: «¡Qué depresión si me obligaran a vivir aquí!» La calle era sucia, los edificios descuidados… Y encima el día no acompañaba nada: capa de nubes sobre nuestras cabezas, ni un rayo de sol.

Llegamos al centro y más de lo mismo, todo con aspecto descuidado. Pasamos por la zona de las Siete Calles (sin saberlo, porque no llevaba el mapa en la mano, me guiaba por la intuición), salimos al mercado de La Ribera con la misma impresión, y fuimos bordeando la Ría (asquerosa) con la misma cara de asco y pensando «¿para qué venimos aquí?». A todo esto, nuestro objetivo inmediato era encontrar una oficina de La Caixa para poder sacar dinero, porque nos extrañó un montón no cruzarnos con ninguna con todo lo andado…

Salimos al teatro Arriaga, inspirado en la Ópera de París, inaugurado en 1890 y centro de la vida cultural de Bilbao (eso lo dice mi guía, pero no es difícil darse cuenta de ello… xD), donde por casualidad había una exposición sobre violencia de género patrocinada por La Caixa, así que decidimos preguntar dónde narices había una oficina. Siguiendo las instrucciones de la chica que nos atendió (ahí nos dimos cuenta de lo amable que es la gente, una maravilla sin duda), cruzamos por el Puente del Arenal, pasando por al lado de la estación de Santander de FEVE (La Concordia), con una llamativa fachada modernista de 1902 que en mi opinión es de lo mejor de la ciudad, me encantó.

Al otro lado de la Ría las cosas pintan diferente. Los edificios ya no están viejos y sucios, sino que tienen pinta de señoriales. La Gran Vía Don Diego López de Haro y calles de alrededor me recordaron, en cierta manera, al Eixample de Barcelona o al Barrio de Salamanca de Madrid. Refugio de la burguesía, vamos. Y por fin, al otro lado del centro neurálgico de esta zona, la plaza Moyúa, encontramos una Caixa. Teniendo en cuenta que con la tontería se nos habían hecho casi las 2 de la tarde y lo último que comimos fue un caramelo de Spanair mientras sobrevolábamos los verdes paisajes de Euskadi, estábamos muertos de hambre. Encontramos una cafetería con platos combinados y ni lo pensamos. Fue una elección excelente: buen precio, ración abundantísima y el camarero súperamable.

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Después de comer ya fuimos a ver lo que todo el mundo: el Guggenheim. Pasamos por delante del museo de Bellas Artes, cruzamos otra vez la Ría por el Puente de Deusto (que no esperaba yo que fuese levadizo y temblase tanto al pasar los coches por encima… ) y fuimos paseando por la Ribera Botica Vieja hasta el próximo puente, el de Pedro Arrupe, construido en acero y madera (a mí me recordó en parte a la Rambla de Mar de Barcelona), frente a la Universidad de Deusto… ¡Y allí estaba él!

Por muchas fotos que veáis, no os podéis hacer una idea del tamaño real del Guggenheim hasta que lo tenéis frente a vuestras narices. Visto así, impone. Declaro mi más profunda admiración a Frank Gehry por crear la obra de arte que creó, es algo increíble. Lo mires por donde lo mires, no tiene una forma definida, es la imaginación de cada uno quien se la da, y le dará mil formas distintas dependiendo de donde lo mires. ¿Es un barco? ¿Es una ballena? ¿Es una chimenea? Es un asombroso edificio con piel de titanio.

Sinceramente, a mí el arte contemporáneo no me va en absoluto, por lo que yo hubiera pasado de entrar, y más sabiendo los precios de la entrada, pero ellas insistieron, así que hacia dentro fuimos. Con los 7.50€ que cuesta la entrada a precio de estudiante se incluye una audioguía, con la que nos reímos mucho. Si marcáis el número 1 os habla de la arquitectura, y os hace una pequeña visita guiada por la planta baja del museo, pero el tío se pega hablando más de media hora: que si este es el atrio, que si toque las columnas, sienta su suavidad, a la derecha esto, ponga ‘pausa’ y salga a la terraza… ¡Qué plasta! xDD Con este recorrido te cuenta cosas de la concepción del edificio, el atrio, la terraza, los materiales, la sala Fish (una inmensa sala en forma de pez llena de esculturas gigantes de Richard Serra en las que los visitantes pueden entrar, aunque no se puede apreciar su verdadera dimensión hasta que las ves desde el piso de arriba), el montaje de una artista que no me acuerdo (que consistía en 5 enormes pantallas de esas con LEDs rojos que sirven para indicar la próxima estación en el metro o poner publicidad en los autobuses, pero orientadas en vertical y lanzando mensajes en varios idiomas. Lo curioso es que podías caminar entre ellas y al pasar al lado de atrás veías que también eran pantallas por la otra parte con diodos azules, parecían las arterias por una parte y las venas por la otra…), etc.

Museo Guggenheim

Fuimos visitando el gran museo, cosa que dio para unas 2 horas sin pararnos a mirar mucho, escuchando las locuciones de algunas obras que estaban indicadas con un número. Reconozco que para ser arte contemporáneo, algunas obras me encantaron. Había un tapiz llamado «Aeropuerto»… xDD Bueno, también había más cosas que me gustaron, es verdad. Al final decidimos hacer la ruta que proponía la audioguía en el número 2, por el exterior del museo. La mecánica es la misma que en la locución 1: tú vas por fuera del museo escuchando al cacharro que te lleva por aquí y por allá. Te cuenta, por ejemplo, que la torre que hay sólo sirve para integrar en el entorno al Puente de La Salve, una de las principales entradas a la ciudad. Y te habla de Jeff Koons, el artista que creó la mascota del museo, ‘Puppy’, un gigantesco fox terrier de flores que debería haberse ido a Sydney para las olimpiadas del 2000 y que los bilbaínos ‘secuestraron’ con gran acierto. Me queda la espinita de no haberlo visto, puesto que estaban haciéndole el cambio de flores y lo tenían tapado con andamios, por desgracia…Al abandonar el Guggenheim volvimos hasta la plaza Moyúa, pasando frente al edificio de la Subdelegación del Gobierno, de arquitectura tipo ‘pastiche’ y custodiado por un Guardia Civil con metralleta, cruzamos el barrio de Indautxu (no está mal para el shopping) y llegamos al parque de Doña Casilda Iturrizar. No es que sea precisamente un bosque, pero sólo vimos la mitad, y me pareció un sitio muy bonito, con sus fuentes y las galerías cubiertas… Muy romántico, esa es la palabra.

Como estaba a punto de anochecer y estábamos cansados de tanto andar, decidimos hacer algo que no implicara mucho esfuerzo: coger el tranvía de Bilbao. Llegamos hasta la parada de Euskalduna y nos bajamos en Atxuri, el final de la línea. Desde luego, una de las mejores cosas que han podido hacer el Bilbao recientemente es poner el Euskotran, que funciona desde 2002. Es rápido, cómodo y silencioso, pasa por los principales sitios de interés y tiene correspondencias (‘lotura’) con el metro, estación de autobuses, Renfe y Euskotren. Después de echar una foto a la estación de Atxuri, edificio sencillo y rústico pero bonito, volvimos a subir al tranvía para coger el metro en Abando hasta nuestro hotel, cercano a Santutxu.

Día 2: Una segunda primera impresión

Para nuestro segundo día en Bilbao decidimos realizar los recorridos que aparecen en el práctico mapa que la oficina de Bilbao Turismo me mandó a casa junto con otras informaciones que solicité a través de su web.

El primer recorrido, por el Casco Viejo, empezaba en la iglesia de San Nicolás, por lo que otra vez bajamos hasta allí a pata por la desagradable a la vista calle Iturribide (lo cual nos obligaba a tener en mente a la marca Iturri, proveedora de nuestros uniformes de pésima calidad… xDD). La iglesia de San Nicolás, el patrón de los navegantes, data de 1756. Fue construida por el arquitecto Ignacio Íbero en estilo barroco, y su inauguración fue el motivo que inició la celebración de la ‘Aste Nagusia’ (‘Semana Grande‘). Siguiendo los dictados del mapa, entramos a través de la calle Correo a la Plaza Nueva, una plaza cerrada de estilo castellano como las hay en tantas ciudades del Estado, con la particularidad de que ésta es el paraíso de los ‘pintxos’. Por cierto, después de nuestro recorrido matinal volvimos hasta aquí a comer, y nos clavaron por un plato de pintxos variados 24€… Un día es un día, ¡pero tampoco hay que pasarse!

Continuamos hasta la plaza Miguel de Unamuno, que tampoco tiene un encanto especial precisamente, y seguimos por la calle de la Cruz hasta la iglesia de los Santos Juanes. No es un templo espectacular, es más bien pequeño, y un mercadillo en su entrada impedía apreciar bien los detalles de la fachada. Pero dentro oculta una pequeña joya: un altar dedicado al Sagrado Corazón cuando menos original. Al lado de esta iglesia está el ‘Euskal Museoa’ o Museo Vasco, donde me quedé con las ganas de entrar

Más adelante están las Siete Calles, que según mi guía «fueron declaradas conjunto histórico artístico en 1972» y «hay iglesias y monumentos, pero su valor reside en estar hecho para la vida cotidiana, para callejear». Nosotros pasamos por la calle Somera, y no puedo estar más de acuerdo en lo de la vida cotidiana, a juzgar por la cantidad de bares de esos que parece que llevan allí toda la vida. También me quedo con todas las tiendas de ropa de skate / surf que había, tendré que volver… De las 6 calles que quedan para completar las 7, me hizo gracia el nombre de una en particular: si la ‘Barrenkale’ es la calle de abajo, ‘Barrenkale Barrena’ es la calle de debajo de la de abajo… ¡No hay duda de que los de Bilbao tienen muchas cosas en que pensar para perder el tiempo poniendo nombre a las calles! xDD

La calle Somera nos dejó justo enfrente de la iglesia de San Antón, lugar donde Don Diego López de Haro (sí, el mismo de la Gran Vía) leyó la carta fundacional de Bilbao el 15 de junio del año 1300. Ahí no entramos, pero al mercado de La Ribera, que está pegadito al lado, sí. El edificio es de principios del siglo XX, y está algo sucio por fuera. Sinceramente, puede ser el mercado cubierto más grande de Europa, pero donde esté nuestro Mercat de l’Olivar de Palma, ¡que se quiten los otros! xDDD

Volviendo atrás por otra de las Siete Calles, la de la Carnicería Vieja (casualidad, mi abuela vivía en la calle Pescateria Vella aquí en Palma), salimos a la Catedral de Santiago. No es que sea pequeña, pero para ser una Catedral tampoco es muy espectacular, quizá porque fue construida para ser simplemente una iglesia parroquial… De todas formas, merece una visita.

En este punto, las indicaciones del mapa se volvieron más difusas, así que cuando llegamos a lo que debía ser el Palacio John o edificio de la Bolsa, pensamos «¿por qué este edificio sale en la ruta, si es una casa antigua como cualquier otra?». Fácil: porque estábamos en la parte de atrás. Tampoco es que por delante sea un monumento nacional, pero la cosa cambia por donde lo miras… xDD

El itinerario se supone que acaba frente al Teatro Arriaga y la estación de Santander, pero como ya habíamos pasado por ahí el día anterior, decidimos ir a visitar a la ‘Amatxu’ a la Basílica de Begoña, que quedaba cerca del hotel y así luego dejábamos nuestras compras. Para ello, según el mapa, «subir los 213 escalones de las calzadas de Mallona». ¿213? ¡Y una mieeeeeerda! Que hay 311, los contamos nosotros, y sin incluir los primeros de la plaza Unamuno…

Una vez arriba ya se puede tener una vista más general de toda la ciudad, y descansar un poco en el parque Etxebarria, con vistas a una chimenea que parece la de Sa Gerreria de Palma, ahí en medio, solita… Ése es el único resto de la fábrica de aceros que ocupaba este espacio. Aún así, para llegar a Begoña hay que subir todavía algunos escalones más. Y después de todo esto, vamos y nos encontramos con una boda, así que no pudimos verla bien por dentro, pero bueno, otra vez será.

Después de toda esta ruta llegamos a la conclusión de que a veces la primera impresión es errónea. No todo es la fachada, los edificios tienen otras historias que no se ven, que hacen que veamos el exterior con otros ojos… No sé si me explico, pero la cuestión es que nos alegramos profundamente de estar en Bilbao.

bilbao

La tarde pintaba bien, porque empezó a asomarse un poco el sol. Después de comer los pintxos anteriormente mencionados en la plaza Nueva (donde me di cuenta de que había perdido mis gafas de sol… grrrrrrrr…), y puesto que los otros dos itinerarios que propone el mapa (Ensanche bilbaíno y Abando) los teníamos cubiertos más o menos por los paseos del día anterior, enfilamos por el muelle del Arenal, bordeando la Ría por donde nos dejaron las obras, hacia el Ayuntamiento, que dicho sea de paso parece más bien un Palacio Real, porque modesto va a ser que no lo es… xDD

A partir de aquí nuestro destino era subir al Monte Artxanda, ya que tenía entendido que había un mirador con unas vistas impresionantes donde se veía el aeropuerto. Cogimos el ‘Artxandako Funikularra’, el cual para mi gusto necesita ‘ma de metge’ como decimos en Mallorca… Este funicular fue construido en 1913 por una empresa suiza, en 1937 fue destruido por un bombardeo en plena Guerra Civil, y después de reconstruirse sufrió una segunda reforma en 1983 después de que las dos cabinas chocaran y cayeran por la pendiente. Y se nota que desde entonces no han tocado nada, porque está desfasado tecnológicamente y a nivel de comodidad para los usuarios, tanto las estaciones como los trenes. Un consejo para la empresa propietaria: llamen a Barcelona a TMB y pregúntenles por la reforma que le hicieron al funicular de Montjuïc, para ir cogiendo ideas y tal…

Total, que una vez arriba del monte, muy bonito y muy verde todo, ideal para ir de torrada los domingos con la familia, pero yo no encontré ningún mirador. Y del aeropuerto de Bilbao sólo se veía un cachito de cabecera de pista, pero nada más. Gran decepción, así que decidimos tirar para abajo de nuevo y hacer algo más productivo… Cogimos el ‘funi’ de nuevo, cruzamos el puente Zubi Zuri, diseñado por Santiago Calatrava (su estilo es inconfundible), y nos sentamos a esperar el Euskotran destino Abando…

Día 2 por la tarde: El Gran Bilbao

En la estación de Renfe en Bilbao, Abando, no es difícil localizar la zona destinada a trenes de Cercanías. Nos acercamos a la maquinita y compramos tres billetes destino Portugalete, para contemplar algo que llevaba yo la idea de ver desde que lo descubrí: el Puente Colgante o de Bizkaia (‘Bizkaiko Zubia’).

El trayecto no es muy largo, aunque sí es bastante triste. Se nota que la margen izquierda fue zona industrial, porque todos los pueblos que se ven a lo largo de la línea tienen aspecto de suciedad absoluta. Menos mal que al bajar del tren en Portugalete lucía el sol (y yo sin mis gafas… :'( ) y la brisa olía a mar, lo que contribuyó a espantar la depresión causada por el panorama que cruza Renfe… Y allí estaba el majestuoso artefacto, tal como lo imaginaba.

El Puente Colgante, más que un puente, es un trasbordador que sirve para cruzar la Ría, de Portugalete a la zona de Las Arenas (Areeta), en el municipio de Getxo. Fue creado por Alberto de Palacio en 1893, destruido en la Guerra Civil y vuelto a reconstruir. De la estructura principal cuelgan unos cables que sujetan una barquilla que va de parte a parte de la Ría constantemente, y en la que además de personas pueden subir hasta coches. Funciona los 365 días del año durante las 24 horas, siendo un servicio público de gran utilidad, ya que es como una carretera para salvar el agua. Además, desde hace algún tiempo, puede cruzarse por la pasarela superior, desde donde contemplar unas vistas supongo que espectaculares, porque no subimos… Nos apetecía más montarnos en el ‘trasto’ xDD

Una vez en Getxo caminamos muelle arriba hasta llegar a la playa de Las Arenas, en la que está prohibido bañarse por la contaminación de la Ría (tranquilos, yo de todas formas no me hubiera bañado en ese agua… xDD). Después de tumbarnos un ratillo al sol del dique, donde se estaba divinamente, llegó la pregunta de siempre: «¿Qué hacemos?». Como yo no estaba dispuesto a quedarme 3 horas en un sitio donde no he estado nunca teniendo otras cosas que ver, se me ocurrió la idea de coger el metro y llegar hasta el final de la línea 1: Plentzia.

Encontrar la estación de metro nos llevó un rato largo, y al final por intuición llegamos a la siguiente, Gobela. El trayecto hasta Plentzia dura una media hora desde allí, y prácticamente todas las estaciones son exteriores. Fijaos en el horario, porque hasta allí no llegan todos los trenes.

Plentzia es un pequeño pueblo típico marinero situado sobre un meandro en la desembocadura del río homónimo. Desde la estación de metro hay que cruzar un puente situado justo enfrente para acceder a la villa, con un gran paseo que bordea el tramo final del río a lo largo de toda la curva que describe. Por las fotos que he visto en internet tiene un Casco Histórico pequeñito pero muy bien cuidado. Lo que pasa es que nosotros llevábamos dos días andando, y elegimos la opción del paseo por la orilla del río…

Al otro lado del meandro el paseo tenía una serie de balcones con un banco, y en uno de ellos nos sentamos. El paisaje era espectacular: un río de aguas tranquilas bajo nosotros, un manto verde delante, una playa que se intuía a la derecha en la lejanía y un montón de gente paseando por detrás. Cada vez que salgo de Mallorca en fin de semana me sorprende la animación que hay por las calles en sábado por la tarde o domingo, en Palma está todo muerto… Y Plentzia, siendo tan pequeñito, me sorprendió aún más.

A la vuelta hacia el metro pasamos por el interior del pueblo, cruzando por la plaza del Ayuntamiento (supongo), donde había un montón de niños jugando. Y fue en esa plaza donde por primera vez desde que llegamos oí hablar en euskera.

Ya me pasó lo mismo la primera vez que estuve en Barcelona: yo iba con la idea de que todo el mundo hablaba en catalán, y resultó que más bien al contrario… Pues en Bilbao lo mismo, creo que no oí a nadie decir algo en euskera. Supongo que es normal (en Mallorca también pasa con el catalán), que los colegios impartan la asignatura de euskera es algo relativamente reciente, así que los resultados llegarán en el futuro… Las lenguas son igualmente parte del patrimonio cultural de un territorio, y si vives en Bilbao y respetas el Guggenheim (por ejemplo) deberías respetar igual la lengua y hacer un esfuerzo por hablarla. Es ya simplemente por educación… A mí por ejemplo me merece más respeto un alemán de esos que hace 10 años empezaron a invadirnos y comprar casas que me viene a facturar diciendo «voldria un lloc vora la finestra» que a un mallorquín de familia de la península que es incapaz de decir «bon dia» a pesar de haber estudiado catalán en el colegio.

En fin, después de esta digresión espontánea que me hace irme por las ramas, volvamos a Plentzia. Estábamos caminando hacia la estación de metro, cuyo punto débil es la falta de aseos (ahí queda eso… xD). Pues nada, ya volvimos para Bilbao, cenamos en el Burger King de la estación de Abando y a Santutxu otra vez…

Breve resumen de los días 3 y 4

Del tercer día no hay nada que destacar en cuanto a Bilbao, puesto que lo pasamos en Donostia, ciudad que merece una opinión aparte. Igualmente preciosa, aunque mucho más clásica, por mucho que el Kursaal y el Peine del Viento quieran darle nuevos aires…

El día 4 no fue muy fructífero tampoco en cuanto a visitas. Es que decidimos hacer uso del spa del hotel (estamos muy estresados… xD), y ya invertimos la mañana allí. El spa Avenida se publicita como «el más grande de Bizkaia», lo cual me hace pensar si el más pequeño consiste en una bañera, porque tampoco era tan enorme el sitio… Pero está bien, cuatro chorrillos y ¡como nuevo! xDD Por 17€ (precio de cliente del hotel) puedes hacer el circuito que consiste en: sauna (no puedo con las saunas, a los 2 minutos ya estaba fuera), ducha bitérmica (te metes en un círculo con chorros a diferentes alturas, primero salen de abajo, luego del medio y después de arriba, con agua caliente y después con agua fría, que es más chunga de aguantar… xD), baño turco (estaba roto, pero se podía usar el del gimnasio, que yo no llegué a probar pero mis acompañantas sí; se salieron tan rápido como yo de la sauna, no pudieron aguantar el olor a eucalipto que les invadía las vías respiratorias… xD), chorros de todas las maneras posibles, cama de burbujas (era como una tumbona dentro del agua que al apretar un botón empezaban a salir burbujas de por todo), piscina de agua caliente y fría (primero te relajas con el calorcito y luego te espabilas de repente en el agua fría) y unas maravillosas tumbonas. Encima te dan ellos el albornoz y un candado para utilizar una de las taquillas de los vestuarios del gimnasio, con duchas y secadores de pelo incluidos. Vamos, que nos trajimos de recuerdo una ración de anti-stress…

De ahí cogimos el metro hasta Indautxu, fuimos mirando cuatro tiendas de pasada hasta encontrar un restaurante ‘de cutrelux’ con un menú del día por 10€, postre incluido. Los ‘txipis’ en su tinta estaban deliciosos y el escalope era enorme (es que yo ya había comido chipirones en San Sebastián el día anterior…), aunque la sopa de primero no era gran cosa. Pero los postres… ¡Una delicia! El arroz con leche impresionante (aunque no tanto como el de mi abuela) y la tostada con natilla también una pasada. Del pudding no hago comentarios, nunca me ha gustado…

Después de visitar la tienda Quiksilver de Gran Vía (¿por qué no abrirán una en Palma y me tengo que conformar con el cacho que hay en El Corte Inglés? L) fuimos a coger el metro por última vez a la plaza Moyúa, y aprovechamos para hacer la típica foto del ‘fosterito’, las originales bocas de metro que diseñó el arquitecto inglés Sir Norman Foster, constructor del metro bilbaíno. Hablando del metro, nuestra última visita fue precisamente el metro, ya que nos acercamos a la estación de Sarriko, que tenía ganas de conocer desde que la vi en un calendario de La Caixa sobre arquitectura. Es preciosa, en la misma línea que todas las paradas que hay dentro de Bilbao, pero con luz natural. Desde luego la gente de Bilbao puede estar orgullosa, si bien no de la extensión de la red, de tener el metro más bonito y más limpio del mundo.

De vuelta a Termibus (metro San Mamés) para coger el Bizkaibus al aeropuerto, que obviamente fue lo último que visitamos. Es el aeropuerto de mis sueños, con un montón de cristal para ver la pista y los aviones en todo momento. Lástima que no pueda hacerse uno igual en Palma (es pequeñito, si tuviera un tráfico como el que tenemos aquí se colapsaría el mismo día de la inauguración…). No os podéis quejar los de ahí: os hace el metro Norman Foster, tenéis una obra maestra de Frank Gehry que es el Guggenheim, y Santiago Calatrava os hace puentes y aeropuertos… ¡Cómo os lo montáis! xDD

Sin embargo, aquí está la explicación a mi segunda desventaja. Barcelona (por ejemplo) es una ciudad tremendamente dinámica: cada dos por tres hay exposiciones nuevas, museos nuevos, algo nuevo que justifica una visita, que atrae a la gente… En cambio, Bilbao me dio la impresión de ser una ciudad más ‘estable’, con siempre las mismas cosas. Lo único que dinamiza el turismo en esta ciudad debe ser el Guggenheim, y para mí una exposición de este museo no tiene gancho (para otra gente seguro que sí, pero no para mí…). Por eso encuentro que ir dos veces en un año, excepto en el caso de visitar parientes o amigos, no tiene sentido, ya que encontrarás las mismas cosas. Es un lugar para ir una vez cada… ¿2, 3 años? Pues sí, 2 años, ¡pero que hay que visitar fijo! Por cierto, que me refiero a Bilbao ciudad, ¡si elegís Bilbao como base para conocer Euskadi seguro que la cosa da para bastantes fines de semana!

Moverse por Bilbao

euskotren bilbao

Si sois tres pringaos como nosotros, que con 22 añitos todavía no os habéis sacado el carnet de conducir (es que no tenemos tiempo… xDD) nos os preocupéis: Bilbao es vuestro destino. Tiene una excelente red de transporte público, con multitud de medios para moverte donde haga falta.

Para empezar supongo que os interesará conocer la existencia del Creditrans. La explicación de lo que es y cómo funciona la da mejor la web oficial, así que voy a hacer un poco de ‘copy-paste’ a modo de resumen:

«Es un título de transporte válido para viajar a precio de bono en todos los operadores de transporte integrados en el sistema.»

«El saldo se consume a medida que se realizan los viajes. Cada vez que se realiza un viaje se imprime en el título el saldo restante.»

«Se pueden realizar viajes en los operadores incorporados, en todas las zonas de transporte que comprenden el Territorio de Bizkaia, con la única limitación posible del saldo disponible (dinero) para viajar.»

«Se puede utilizar por varias personas para viajar juntas con un mismo título.»

«Se puede realizar transbordo de un operador a otro o en un mismo operador, cuando dicho operador lo contemple, aplicándose una reducción en el importe del segundo viaje. Existirá una restricción de intervalo de tiempo para establecer transbordos, siempre teniendo en cuenta la tipología del viaje a realizar (urbano o interurbano).» A este respecto podéis consultar en la web el simulador de transbordos, para ver mejor cómo funciona la cosa…

Vale, ya sabéis lo básico. Vamos a lo que supongo que os interesa más…

¿Dónde lo compro?

Nosotros lo compramos en las máquinas automáticas del metro, la primera vez que lo usamos. También se puede comprar en cualquier kiosko, taquilla o máquina expendedora de billetes de un medio de transporte incluido en Creditrans. Y según la web se vende también en kioskos de prensa, de la ONCE o en estancos, aunque eso no lo hemos comprobado… Lo ideal sería poder comprarlo en el aeropuerto, ya que así puedes empezar a utilizarlo en el Bizkaibus que te lleva al centro.

¿Cuánto cuesta?

Pues lo que vosotros queráis. Podéis comprarlo por 5, 10 o 15€, y lo vais usando. Cuando os quede tan poco crédito que no os permita hacer ningún viaje más, podéis comprar uno nuevo en una máquina expendedora. La máquina os informará de que podéis introducir el antiguo para acumular los centimillos que quedan. De esta forma, si os quedan 52 céntimos en el viejo, al comprar uno nuevo de 5€ (por ejemplo) e introducir el antiguo en la máquina, os quedará un título nuevo de 5.52€.

¿Dónde lo puedo usar?

Pues en casi todos los medios de transporte de Bilbao y alrededores, que son:

  • Bilbobus » Autobuses urbanos de la ciudad de Bilbao.
  • Metro Bilbao » En cualquier zona de la red, ya que no está limitado por este sistema, sino por el saldo disponible. Para vuestra información: el centro de Bilbao es zona A (tramo troncal San Inazio – Bolueta); existen 3 zonas B (B.0 es la estación de Etxebarri, cabecera de líneas, B.1 es el tramo Lutxana – Berango de la línea 1, y B.2 es el tramo de línea 2 desde San Inazio al final en Sestao); y la zona C es el tramo Larrabasterra – Plentzia del final de la línea 1.
  • Euskotran » El moderno tranvía de Bilbao, que recorre la ruta Basurto – Atxuri.
  • Artxandako Funikularra » El funicular del monte Artxanda que necesita renovación también acepta el Creditrans. Hay que darselo al taquiller@ y ell@s se ocupan de ticarlo. Por cierto, eran pluriempleados, los taquilleros también conducían después… xDD
  • Ascensor de la Salve » Bueno, ya os he dicho que en Bilbao hay muchas pendientes, así que hay un par de ascensores para evitar subir andando. Éste en concreto está incluido en Creditrans.
  • Bizkaibus » Autobuses interurbanos de la provincia de Bizkaia. Quizá el más útil para el turista sea el A3247, que lleva al aeropuerto. Tenéis que marcar la zona 2 en ese caso.
  • Puente Colgante » Sí, también sirve para cruzar la Ría entre Getxo y Portugalete.
  • Euskotren » En los ferrocarriles vascos se puede utilizar en la ‘línea del Txorierri’ (Deusto – Lezama).
  • FEVE » Líneas de cercanías de los Ferrocarriles Españoles de Vía Estrecha.
  • Autobuses de Lujua » Sin comentarios, porque no tengo ni idea de por dónde cae eso…

Y es que a este Creditrans sólo le veo ventajas por todas partes, y un único inconveniente: el abono sería completo si también participaran en él las líneas de Cercanías Renfe (C1 Bilbao/Abando – Santurtzi; C2 Bilbao/Abando – Muskiz; C3 Bilbao/Abando – Orduña), que son otra opción a tener en cuenta a la hora de moverse por Bilbao (tienen 6 estaciones en el centro).

En conclusión…

Sin duda, volvería a Bilbao algún año de estos. No sé muy bien como definirla, tal vez lo mejor que puedo describirla es como una ciudad normal y corriente con elementos característicos que la hacen fuera de lo común, y con una gente maravillosa. Los contrastes entre antiguo y moderno son frecuentes, y le dan un toque especial a la mezcla. No os la perdáis, hay que verla.

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