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La Magdalena

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Situada en un marco costero de extraordinaria belleza, Santander se asoma sobre el mar ofreciendo uno de los frentes marítimo-urbanos más hermosos de la cornisa cantábrica a la par que una ciudad en la que no abundan monumentos ni las zonas histórico-artísticas, pero en la que se respira un ambiente notablemente relajado. Con su aeropuerto, su puerto turístico y su red de carreteras, la capital de Cantabria es accesible por tierra, mar y aire.

El aeropuerto de Parayas, situado a unos pocos kilómetros de la ciudad, junto con la autovía al País Vasco, recibe vuelos procedentes de Madrid, Barcelona y Santiago de Compostela.

En los muelles de Maliaño se encuentra la estación marítima de la que parten los transbordadores que alcanzan esta ciudad con la británica de Plymouth.

La autovía del Cantábrico posibilita un rápido acceso a Santander desde Bizkaia o desde Torrelavega, carretera que utilizan normalmente las líneas de autobuses que unen esta ciudad, además de a los municipios más importantes de Cantabria, a las principales localidades de Asturias, del País Vasco, Castilla y León e incluso París, Bruselas, Ginebra y Zúrich.

Asimismo, tanto Renfe cono FEVE cuentan con trenes que permiten llegar a Santander desde Alicante, Ávila, Madrid, Palencia, Valladolid, Bilbao y Oviedo.

La historia de Santander se remonta a la presencia de los romanos, que construyeron en sus parajes costeros lo que pudo ser la antigua Portus Victoriae. No obstante, bastante tiempo después, en el siglo XI, desde un núcleo de población ubicado en trono a la abadía de San Emeterio y San Celorio, en el altro de Somorrostro, se empezó a gestar lo que ya en el siglo XII constituyó la villa de Santander. Este nombre proviene, según algunos especialistas, de San Emeterio, santo en cuyo honor se denominó el puerto: San Emeter a San Em’ter a Santander.

Esta ciudad marítima adquirió una gran importancia a partir del siglo XV, pero su apogeo hasta convertirse en la primera ciudad de la región cántabra se produjo a partir del siglo XVIII, cuando logró ser sede episcopal y obtuvo el título de ciudad (1754 y 1755 respectivamente). La desaparición de los privilegios comerciales con las colonias americanas hizo posible el despegue de esta ciudad, que fue creciendo progresivamente al igual que su puerto, primero esta comunidad ya en el siglo XIX.

Durante el siglo XIX y a principios del XX, Santander alberga el nacimiento de la burguesía cuyo estatus se vio realzado con la elección de esta ciudad como lugar de veraneo real por parte de Isabel II, Amadeo, Alfonso XII, y Alfonso XII, aristocracia que favoreció la construcción de muchos edificios del actual Santander monumental (como el Palacio de la Magdalena, el hotel Real o el Casino).

En la actualidad, la capital cántabra es una ciudad administrativa y de servicios con una clara vocación turística, lo que se plama en una considerable, aunque estacional, oferta cultural y de esparcimiento.

Un paseo por su historia

Desde la óptica histórico-artístico, Santander no dispone de muchos elementos de atracción. Además del quehacer de los siglos, la terrible explosión del barco Cabo Machichaco (cargado de dinamita que sucedió en 1893) en la que murieron 500 personas y el incendio que en 1941 destruyó gran parte del casco antiguo de la ciudad, causaron la desaparición del núcleo histórico de esta localidad y con él gran parte de su patrimonio arquitectónico.

De los elementos que perduran, merece la pena visitar la catedral, construida sobre las ruinas de la antigua abadía. Ubicada en la zona originaria de la ciudad, esta iglesia cuenta con dos zonas diferenciadas que hay que conocer: la cripta del Cristo y el propio templo de la catedral.Edificio más antiguo de esta capital, la cripta fue construida en el siglo XII con un diseño que refleja la transición del románico al denominado gótico burgalés. Dispone de tres ábsides con bóvedas de crucería que descansan sobre soportales. Además de su ambiente de recogimiento, son destacables los restos de épocas anteriores, que fueron descubiertos en una excavaciones realizadas hace una quincena de años.

Sobre esta capilla, se levanta la catedral, que conserva todavía su aspecto de fortaleza y fue levantada en el siglo XIV, aunque una parte de su estructura original desapareció a causa del incendio. Enmarcado en el gótico borgoñón, este templo alberga diversas capillas renacentistas y barrocas así como un claustro gótico que antaño fue un cementerio. En el interior de esta iglesia destacan a su vez el retablo barroco y las reliquias de los santos Emeterio y Celedonio, el sepulcro con la estatua yacente de Marcelino Menéndez Pelayo, el órgano y una curiosa pila bautismal áraba decorada con inscripciones cúficas.

Asimismo merece la pena detenerse en detalles (arcos, inscripciones, etc) que nos remontan a épocas lejanas. La catedral, cuyo horario de visitas está disponible en información turística (Telf. 942 21 61 20), está emplazada en calle Somorrostro, muy cerca de los jardines de Pereda, donde hay un oficina de información turística, y a unos pasos de la plaza Porticada, escenario, hasta hace unos pocos años, de muchas manifestaciones culturales en las que han participado grandes mitos de la música clásica como Argenta, Rostropovich, Menyhin, Rubinstein, Caallé o Carreras.

Al lado de esta plaza, se halla la iglesia de la Asunción o de la Compañía, que se edificó entre el siglo XVI y el XVII según el modelo de las construcciones jesuíticas.

Emplazamiento costero

El gran atractivo de esta ciudad, además de estos lugares de interés, de otros edificios civiles más recientes y de los museos y bibliotecas, reside en su emplazamiento al pie de una maravillosa bahía. Para quienes disfrutan de los paisajes marinos o simplemente para quienes agradecen la diversidad, el paseo marítimo de Santander es una joya. Es posible ver un enorme barco mercante aparcado en la acera de enfrente o pasear por unos pequeños muelles o por la arena de unas playas que están debajo o al lado del asfalto y el cemento.

Este itinerario costero, que parte de los jardines de Pereda, pasa por los jardines de Piquío y finaliza junto a las estatuas de Juan de la Cosa y de los Cántabros, situadas al lado del hotel Chiqui, o en el propio faro de Cabo Mayor, supone un recorrido de cerca de diez kilómetros. De los jardines de Pereda parte el paseo del mismo nombre que se empezó a trazar hace dos siglos a partir de los muelles cercanos aunque su configuración actual fue determinada a principios del 1900.

El paseo destaca por el conjunto de los elegantes edificios, como el que acoge la sede del Banco de Santander, que forman un bulevar marítimo. Al final del mismo, se llega a los muelles del puerto Chico, donde se encuentra el Real Club Marítimo en cuya dársena amarran numerosas embarcaciones de vela o de recreo. Tras los extraños edificios del palacio de Festivales y del Planetario, se encuentra la cuesta que nos lleva a la avenida Reina Victoria hasta la avenida de la Magdalena. En este camino hay un interesante mirador desde el que se divisa la bahía y bajo el cual se encuentra el museo marítimo y el comienzo de la playa de los Peligros.

Antes de adentrarse en la península de la Magdalena, es aconsejable subir por la calle Pilar Primo de Rivera y luego por el paseo de Benito Pérez Galdós para acceder al hotel Real que, emplazado en un privilegiado mirador, fue construido en 1917. Suntuoso y decimonónico, merece la pena conocer una muestra de lo que la aristocracia y las clases pudientes de la Belle époque entendían como esplendor. Desde allí se puede bajar al paseo para conectar con la avenida de la Reina Victoria y luego a la avenida de la Magdalena, que nos lleva hasta la península del mismo nombre. Un poco antes de llegar a ese hermosísimo parque, se puede descender por la calle Horadada hasta el borde de la playa en la pequeña ensenada que se forma en esa parte de la bahía. Las rocas de la playa, la visión de la isla La Torre, del islote Horadada y los elegantes edificios decimonónicos que se elevan en el privilegiado promontorio de la Magdalena, conforman un espléndido conjunto de notable belleza marítima. Al borde de la playa se encuentran algunos restaurantes desde los que se puede disfrutar de excelentes vistas.

Ya en la península, en cuyos parajes hubo en su día una ermita dedicada a Nuestras Señora del palacio de la Magdalena, tenemos oportunidad de disfrutar entre otros aspectos de la suntuosa del palacio de la Magdalena, construido en 1912 y regalado al rey Alfonso de Borbón, o del zoológico situado a la entrada. El palacio de verano del rey, tras cumplir su función de residencia estival y ser recuperado por el Ayuntamiento de Santander, acoge la renombrada Universidad Internacional Menéndez Pelayo en la que cada verano personalidades de la ciencia, la economía, el arte y la política participan en seminarios y conferencias a las que acuden estudiantes de todo el mundo. Junto al edificio llaman la atención las carabelas que Vital Alsar construyó como réplica de las de Cristóbal Colón. Prácticamente durante todo el año, un pequeño tren turístico recorre el recinto del parque de la Magdalena, cuya salida se encuentra en la misma entrada en los que se puede llevar a cabo una comida campestre.

El Sardinero

Desde la entrada al parque de la Magdalena se abre ante los visitantes otro aspecto del maravilloso paseo de Santander: cinco playas de arena dorada y fina, diversos parques, todo un bulevar para recrearse paseando o para buscar un rincón tranquilo en el que disfrutar de la belleza que el hombre es capaz de crear en plena ciudad. En el camino, aparecen otros edificios de comienzos de siglo y que todavía, cono el Gran Casino, poseen glamour. En el trayecto que se puede realizar hacia el final del Sardinero y la playa de Molinucos ofrecen sus servicios diversas cafeterías que poseen terrazas muy agradables.

Para completar este recorrido marítimo, es una buena idea subir al faro de Cabo Mayor, al cual se accede por la avenida del Faro. Una vez junto al edificio de treinta metros de altura, el Cantábrico se presenta imponente. Los acantilados, el promontorio que se adentra en las aguas y el frescor del viento hacen de ese lugar un rincón privilegiado para disfrutar del mar.

A la hora de planificar una visita por la ciudad, es aconsejable recordad que la Oficina de Turismo (Telf. 942-21 61 20) organiza recorridos a pie por Santander monumental, su paseo marítimo y el Sardinero.

Fiestas y hostelería

La capital de Cantabria suele conmemorar sus principales fiestas agrupadas en una Semana Grande que se celebra en trono al día 20 de julio. Además , durante los primeros día de agosto se celebra la fiesta turística, el dia 25 la fiesta del Faro, y el día 29 la de los Santos Mártires.

Pero al margen de las fiestas populares, Santander ofrece, sobres todo durante los meses de verano, una extensa programación de actos culturales y deportivos de gran nivel. Música moderna, jazz, clásica, coral, ópera, danza o ballet, con presencia de figuras de primera línea, se dan cita en los diferentes escenarios con que cuenta la ciudad. Entre las actividades para disfrutar, no hay que olvidar las posibilidades que ofrece el campo de golf municipal de Molinucos emplazado sobre la playa que recibe el mismo nombre (Telf. 942-21 27 00).

La playa de Molinucos dispone de una amplia oferta de alojamiento así como de establecimientos desde donde comer con una buena relación calidad-precio. La Oficina de Turismo ofrece la información más puntual.

Santander cuenta con nueve playas, algunas de las cuales están consideradas entre las más limpias de nuestro país. En la parte interior de la bahía, se encuentra la playa de los Peligros, que mide 200 m de longitud y cerca de 30 m de anchura. Hay toda clase de equipamientos disponibles. Separadas por una zona de rocas aunque compartiendo arena, las playas de la Magdalena y de los Biquinis tienen una longitud de 1,5 Km. En algunas zonas del primer arenal es fácil sentirse observado debido a la proximidad del paseo. Tienen toda clase de servicios.

Hacia el oeste, como una prolongada alfombra, se extienden casi 2000 metros de las playas de El Camello, la Concha y las diversas playas del Sardinero. Están totalmente equipadas y son, al igual que las anteriores, muy frecuentadas.

Finalmente la minúscula playa de Molinucos, con sus 20 metros reducidos en mareas vivas, carece de servicios, mientras que la de Mataleñas tiene toda su infraestructura necesaria y en ella se registra un alto grado de ocupación.

Tanto el Club Náutico La Horadada como la Marina de Santander ofrecen posibilidades de atraque para embarcaciones deportivas. En el primer caso, entrando por estribor se encuentran las instalaciones del Club Náutico, que tienen capacidad para 100 embarcaciones y una profundidad de entre 7 y 10 metros. Dada la gran cantidad de barcos, es muy difícil encontrar amarre en Puerto Chico ( con servicio de agua y electricidad), por lo que se deberá fondear en las boyas disponibles en el exterior de la dársena ( Club Náutico, Telf. 942-27 30 31).

Cerca del aeropuerto de Parayas, está emplazado el muelle de la Marina de Santander, el cual dispone de toda clase de servicios (grúa, agua, electricidad, etc.) Se debe prestar especial atención a las balizas que indican las barras de arena existentes.

Santander es un excelente lugar para contactar con empresas que promuevan el submarinismo, ya que hay lugares muy atractivos para practicar este deporte (información en la federación, Telf. 942-23 81 21).

El faro del islote de la Horadada es de luz verde con destellos cada 6 segundos y se puede ver desde una distancia de 9 millas, mientras que el faro de La Cerda es visible desde una distancia de 11 millas y su luz blanca se difunde en grupos de 1 y 4 destellos cada 13,5 segundos. Finalmente, en Cabo Mayor la luz de su faro es blanca con grupos de 2 destellos cada 10 segundos y se puede ver a una distancia de 29 millas.

Esta instalación también está equipada con una sirena que se oye a 8 millas y radiofaro.

Ya conocéis algo más de esta bonita ciudad en que yo nací y de la que estoy muy orgulloso de ella.

Espero que os haya gustado y espero que si podéis algún día que la visitéis que de fijo que os encantará.