Uno de los puntos imprescindibles en Lanzarote es la Cueva de los Verdes. No es una cueva como las que habitualmente visitamos en cualquier otro punto de la Península, con estalactitas y estalagmitas, esta vez nos adentramos nada menos que en un tubo volcánico subterráneo creado por la erupción de un volcán muy próximo a este lugar, el Volcán de la Corona. Un tubo que se forma cuando los ríos de lava van deslizándose hacia el mar y la parte que da al exterior se solidifica, haciendo como de tubería para el resto de la lava.

En algunos casos el tubo no se llega a formar porque se seca lleno de lava, pero aquí el tapón de lava se encuentra a unos cinco kilómetros, lo que permite que haya un tubo larguísimo que incluso se adentra en el mar.

Según nos contó el guía, el nombre de estas cuevas tiene un origen tan sencillo como que una familia que vivía allí hace tiempo, cuyo apellido era Verdes, guardaba su ganado en la boca dela cueva y por eso pasó a llamarse así. También a lo largo de la historia se ha utilizado como refugio ante invasiones.

Dónde están y cómo llegar

La cueva esta en el norte de Lanzarote, muy cerca de los Jameos del Agua.

Si venís en coche, en el exterior de la cueva hay un parking amplio y gratuito que cuenta con personal que te va indicando donde se encuentran las plazas libres agilizando de esta manera el aparcamiento. Cuando llegamos no es que hubiese excesiva afluencia de gente pero a la salida sí, gracias a estas personas está todo muy bien organizado lo cual es de agradecer.

El acceso a las cuevas está señalizado por lo que no supone ninguna dificultad ni pérdida para llegar hasta ellas.

Cueva de los verdes, ¿dónde está?
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Cómo es la Cueva de los Verdes

Es una cueva volcánica que se formo tras la erupción del Volcán de la Corona. Antiguamente era un precipicio por el que la lava caía al mar. Se solidifico la base y la superficie y la lava siguió fluyendo por el centro dejando después estos tubos por los que ahora te dejan pasar. Son 7 kilómetros bajo tierra y alguno más bajo el mar de los que solo se pueden recorrer casi dos de ellos en dos galerías. Una a 50 metros bajo tierra y otra a unos 25.

La zona que se visita mide aproximadamente un kilómetro y fue adaptada para las visitas en el año 1964 por el artista Jesús Soto, con la finalidad de respetar al máximo lo que allí había y tratando de que la intervención fuese mínima, como así es.

Entramos a través de una pequeña gruta con escaleras y el primer tramo vamos bajando. La temperatura es agradable, entre 18 y 20 grados, algo que nos sorprendió, creíamos que haría más frío.

La iluminación dentro de la cueva es muy tenue y en ocasiones es necesaria la ayuda del guía con la linterna para ver por dónde se pisa. Han intentado que la mano del hombre no la modificara demasiado lo que si han hecho ha sido iluminarla en diversos puntos para que se pueda recorrer.

A la cueva se accede por una gran boca que se va estrechando y tienes que bajar por un estrecho pasadizo con un montón de escaleras. En algunos lugares incluso hay que pasar agachado porque los techos son muy bajos.

Nos vamos adentrando por los diferentes recovecos, a distintas alturas, del tubo, algo que es realmente impresionante, podemos ver incluso las gotas de lava solidificadas. En algunos tramos tenemos que agacharnos mucho. Verdaderamente impresionante.

Dentro de la cueva han construido un pequeño auditorio en el que nos explicaron que se dan como mucho 3 o 4 conciertos al año, sobre todo de cuerda. Pero que no hay más por el difícil acceso para los instrumentos y porque la capacidad es de unas 400 personas.

cueva de los verdes

A este auditorio llegaréis a la mitad del recorrido, más o menos, desembocamos en una zona más amplia con sillas y un pequeño escenario donde se realizan conciertos de música clásica que según nos comentó el guía son una maravilla porque la sonoridad de la cueva es impecable. Aquí pudimos permanecer un rato sentados mientras el guía finalizaba sus explicaciones, dado que durante el recorrido, por la dificultad del terreno y la estrechez, es difícil parar al grupo y que todo el mundo pueda atender a una explicación.

La visita siempre ha de realizarse con guía y dura unos 50 minutos. Se organizan visitas más o menos cada media hora, así que no hay que esperar demasiado tiempo. Nos informan al llegar a la taquilla de la hora aproximada de la siguiente visita.

En la galería superior se esconde el secreto de la cueva, unos impresionantes «precipicios». Pero no os puedo contar más porque dice la leyenda que hay que verlo, que el que cuenta el secreto de la cueva tendrá familia numerosa jajajaj. No lo desvelo por si algún día vais a visitarlo.

A mi parecer es una maravilla de la naturaleza, la mezcla de colores, de piedras, los pasadizos, incluso hay partes con lava solidificada… todo con una temperatura de lo más agradable y fresca.

Termino diciéndoos que llevéis calzado cómodo y que no os perdáis esta experiencia en vuestra visita a Lanzarote, vale muchísimo la pena!!