Este verano fui a Lanzarote, a seguir nuestra particular ruta canaria. La verdad es que no iba muy convencida, pero en algunas ocasiones me ha pasado que sin esperar mucho de un lugar, después me acaba sorprendiendo y me enamora.

Como introducción os diría que si buscamos dos palabras que sinteticen Lanzarote para mí serían: viento y volcanes.

EL VIENTO siempre presente, ya sea de día o de noche, empieza incomodando al viajero con el pelo mínimamente largo, que no puede evitar tenerlo delante de la cara y en los ojos en ningún momento. No hay coletero lo bastante fuerte para resistirlo. Y también incomoda en la playa, por muy bonita que sea, cuando la fina arena parece pinchar la piel como pequeñas agujas, por lo que los bañistas han de protegerse colocando piedras a modo de trinchera. Pero en realidad es mejor que no deje de soplar porque así refresca el ambiente, y si por un segundo para, te das cuenta del calor tan abrasador que hace. Hay que tener mucho cuidado con el sol que quema mucho y con el viento no se nota hasta que se llega a la habitación por la noche, más rojo que una langosta y ya es demasiado tarde.

LOS VOLCANES, grandes, pequeños, imponentes, están por todos lados, testigos silenciosos del origen de la isla. Es cierto que hay paisajes espectaculares, pero desde mi punto de vista acaba siendo todo muy marrón y monótono. La poca vegetación convierten las vistas en un bucle: palmera, volcán, casitas blancas, cactus, palmera, volcán, casitas blancas, cactus,…. Ya sabía que era una tierra bastante árida pero me sorprendió que lo fuese hasta ese punto tan extremo.

He estado en otras islas de origen volcánico como las Hawaii o sin ir tan lejos, en otras islas canarias, y en todas ellas la naturaleza ha querido jugar con una gran variedad de fauna y flora, pero Lanzarote es un caso distinto.

Es un lugar casi privado de agua y con unas temperaturas muy cambiantes y bastante extremas entre el día y la noche, así que no son muchas las especies que pueden adaptarse a sus condiciones. Eso la hace única, diferente, especial, casi lunar más que terrestre, un lugar que con bastante seguridad encantará a los amantes de la geología y que incluso ha sido declarado Reserva de la Biosfera gracias a la conservación y protección de su entorno.

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Vámonos de viaje a Lanazarote

En la maleta

Casi sobra decir que la cámara, el protector solar y las gafas de sol no pueden olvidarse en casa, y algo importante es llevar ropa fresca para el día y algo de manga larga para la noche, porque aunque parezca mentira cuando se va el sol refresca bastante.

Llevar pantalones cortos si pensáis hacer excursiones y queréis llegar a casa con las piernas morenitas.

Dónde alojarse

La oferta hotelera y de apartamentos es muy amplia y seguro que cada uno encontrará en Internet o en las agencias lo que más le convenga en precio y características.

Hay hoteles de ensueño como el Princesa Yaiza o apartamentos como los Santa Rosa donde estuve yo, del que escribí una opinión y podéis leer si os interesa algo más sencillo.

La zona del sur es más soleada, y depende de lo que se busque hay lugares como Playa Blanca que son más turísticos y movidos, y lugares como Costa Teguise, donde estuve yo, que es mucho más tranquilo en la costa central. En realidad, es una isla relativamente pequeña pero situarse en un punto céntrico facilita poder recorrerla de arriba abajo con mayor comodidad.

Cómo moverse por allí

Hay autobuses para ir a casi todas partes y los lugares más turísticos quedan sin duda en sus recorridos, pero nosotros optamos por alquilar un coche y poder ir así a nuestro ritmo.

Si también preferís alquilar y vais en temporada alta, hacer la reserva con tiempo porque si no os podéis quedar sin vehículo ya que la oferta es limitada. Las carreteras están en buen estado y bien señalizadas.

Qué ver y qué hacer

Deportes, museos, parques acuáticos, excursiones a otras islas, relax, paseos a caballo,…. Creía que nos acabaríamos la isla enseguida pero nos quedaron muchas cosas por hacer, en parte debido a los horarios que a mi parecer son un poco limitados (casi todo cierra a las 5), y en parte porque hay más cosas de las que uno pueda imaginar en un principio.

Voy a intentar no alargarme mucho y os explicaré lo que creo que es más destacable según mi propia experiencia:

LOS PUEBLOS: son bonitos, integrados en el paisaje con sus casitas bajas de color blanco, sus ventanas y puertas verdes o azules y sus tradicionales y peculiares chimeneas. Teguise y Yaiza me gustaron mucho, pero en realidad todos son muy parecidos, más o menos grandes.

Me pareció curioso que casi nunca se veía a nadie por la calle y que os pueblos tenían pocas tiendas a parte de alguna de alimentación, de souvenirs y de surf. Un día por la tarde buscábamos una bodega y no había manera de encontrar una abierta hasta que una mujer con la que nos cruzamos nos dijo que en Agosto se hace horario de verano y se cierra a las cinco, ¿pero no se supone que en Agosto hay mucho turismo y se puede vender más? En fin, muerte al stress, claro que sí.

lanzarote

LAS PLAYAS: hay algunas verdaderamente bonitas, con aguas cristalinas de color turquesa y arenas negras o doradas. Lástima del incansable viento que no deja de molestar.

Algo importante a tener en cuenta al escoger la playa es que el norte suele estar siempre más nublado y el sur goza normalmente de cielos limpios y azules, y también las corrientes que en algunos lugares pueden ser muy fuertes y peligrosas para los bañistas. Hay playas en el sureste como Playa Blanca con todo tipo de comodidades (hamacas, duchas, sombrillas, restaurantes,…) en las que se puede disfrutar de aguas tranquilas, y playas en el noroeste como Famara que son algo peligrosas pero muy divertidas para los surfistas.

De hecho hay bastantes donde el viento y las olas pueden hacer las delicias de los windsurfistas y los surfistas, especialmente de los primeros. Es fácil encontrar material para alquilar y a buen precio, pero no os olvidéis el neopreno aunque sea Agosto porque con el viento y el agua fría os hará falta. Destacar la Santa donde vimos olas espectaculares y mi chico se lo pasó en grande, pero yo no me pude dar ni un bañito, ni casi estirar, porque en lugar de arena hay rocas y conchas.

Famara me gustó por su imponente acantilado y sus sinuosas dunas de arena que se reinventan cada día jugando con el viento, pero estaba siempre nublado y hacía frío. Y también me gustaron mucho las playas y calas cerca de Orzola al norte. Parecían de postal y estaban menos masificadas.

PUNTOS DE INTERÉS TURÍSTICO: Os explico brevemente lo que hicimos y que pienso:

Día 1

Conocer el hotel, bañarnos en la piscina y descubrir los alrededores como la playa de la Garita o Costa Teguise.

Día 2

El mercado de Teguise

Hay varios mercados durante la semana, como el viernes en Costa Teguise, o el sábado en Haria, pero el más grande y famoso es el de los domingos en Teguise (que no es lo mismo que Costa Teguise).

Se organiza de 9 a 2 del mediodía y es mejor ir cargado de paciencia porque se concentra un gran número de personas y a en algunos tramos se hace complicado avanzar. Hay multitud de cosas para llevarse un recuerdo, desde artesanía “made in china” hasta productos realmente bonitos de artesanos locales, cuadros, cerámica, ropa, cremas y jabones hechos con aloe vera, bolsos de mil colores, etc.

Por la zona hay bares y restaurantes para comer y dando unas cuentas vueltas se encuentra sitio para aparcar gratis, aunque luego se tenga que caminar un ratito.

Por último, Playa y relax.

Día 3

Los Jameos del Agua

jameos del agua

Los Jameos del Agua cuesta 8 euros por persona y tiene parking gratis. Después de leer tantas maravillas tenía muchas ganas de ir pero me decepcionó un poco. Se construyó aprovechando un tubo de lava del volcán Corona y consta de tres zonas. Para llegar a la primera se han de bajar unas escaleras y nos encontramos con un bar restaurante lleno de mesas y sillas, y un estanque de aguas cristalinas y semicubierto al que la luz llega desde unos orificios del techo, haciendo cabriolas en el aire. En sus orillas pueden verse descansar los pequeños jameitos que son unos cangrejitos albinos y ciegos, y también mudos porque si pudiesen hablar gritarían que están hartos de que la gente tire monedas al agua. Hay letreros indicando que no se haga porque es dañino para las especies vivas que habitan allí, pero muchos lo siguen haciendo como si eso les fuese a dar suerte y sin importarles que su supuesta dicha sea la desgracia de otros, hay mucha gente que no tiene respeto.

Pasamos unos servicios, más mesas y sillas, y llegamos a la segunda zona que es la de la piscina de agua azul enmarcada en un precioso cuadro que juega con los colores y la vegetación. Es una piscina artificial y está prohibido bañarse así que uno solo puede admirar el lugar, hacerse una foto junto a un montón de personas que no conoce y desear hacerse invisible para darse un chapuzón. Supongo que tendrían que limitar el aforo si pudiese usarse, porque todos los que estábamos allí no cabíamos dentro. Junto a la piscina hay un auditorio que creo que no está operativo porque no cumple con las normas de seguridad y de evacuación necesarias.

Al subir unas escaleras acabamos en la tercera zona donde podemos entrar en la tienda de souvenirs y en un museo que necesita una puesta a punto urgente. Al entrar en el parece que se retrocede en el tiempo y vemos fotos que han ido perdiendo el color con los años, simulaciones que hoy en día casi dan risa, demostraciones que no funcionan, … una lástima.

Es curioso de ver, pero sin duda el estar abarrotado de gente le quitó cierta gracia, y sin ofender a nadie, me pareció la manera más original de conducir a un montón de turistas cansados de hacer cola y sedientos, a un bonito y original bar restaurante. Nos recomendaron ir de día porque de noche no se apreciaba bien y resultaba más artificial, pero incluso de día me pareció todo muy sintético. Me alegro de haberlo visto pero creo que una vez es suficiente y no volvería.

La cueva de los verdes

cueva de los verdes

Aquí no sabía si ir o no y finalmente nos decidimos a pesar de la cola y me gustó mucho. Se puede ir antes o después de los Jameos del Agua ya que están muy cerca y en realidad forman parte del mismo tuvo volcánico que se formó gracias al espectacular volcán de la Corona.

La cueva de los verdes vale también 8 euros y se entra en grupos de unas 25 personas con guía. Es todo un espectáculo ver las formas y las grutas que formó la lava a su paso y pensar que fue el refugio de los antiguos isleños en el pasado. La iluminación la encontré adecuada, bastante tenue por lo que crea un espacio misterioso y único. Pero la música ambiental no me convenció, incluso en algún momento me disgusto, por ejemplo cuando sonaban las extrañas voces o lamentos de 2001 Odisea en el Espacio.

La visita dura unos 40 minutos en los que uno no para de sorprenderse con el entorno y acaba con una sorpresa. Seguro que si no sabéis cual es os picará la curiosidad tanto como me picaba a mí pero… no se puede desvelar el secreto para que no pierda gracia, sólo puedo deciros que es algo curioso.

Un consejo: quisimos ir delante para escuchar bien al guía pero al final nos quedamos los últimos y es cuando mejor estuvimos, más tranquilos y a ratos casi solos. Siempre que hay algo importante que explicar el guía se para y espera a que estuviésemos todos cerca así que, os recomiendo ir detrás y sentir la magia de la cueva aunque sin perder de vista al grupo.

Vale la pena verlo y volvería sin duda, pero a ser posible en un grupo sin niños, un día con menos gente, porque tuvimos que parar y esperar mucho rato en distintos puntos para no juntarnos con el grupo que iba delante y los niños se cansaban, gritaban, corrían, daban pisotones…. Todos hemos sido niños y hay que entenderlo, pero no se puede negar que molestaban bastante, y que hay padres que deberían hacer un cursillo de cómo educar bien a sus hijos.

El mirador del Rio

El Mirador del río está situado en lo alto del risco de Famara. Allí encontramos un edificio creado por Cesar Manrique que desde fuera se camufla con el entorno y dentro ofrece un bar y varios ventanales desde donde contemplar las vistas. Entrar y conocer la obra del famoso artista cuesta 4’5 euros pero hay un parking gratuito fuera y las vistas son igualmente espectaculares desde fuera.

Sea como sea, vale la pena llegar hasta allí porque parece que se puede tocar con la mano la isla de la Graciosa, y tendremos una perspectiva diferente del risco de Famara. Se puede hacer el mismo día de los Jameos y de la Cueva de los Verdes, especialmente si el día es claro para tener buenas vistas. Sin duda volvería. En verano el horario es de 10 a 19 horas.

Día 4

La Geria

Es una extensa superficie en el área central de la isla que alberga una enorme cantidad de viñas y otros cultivos protegidos con piedras dispuestas en forma de círculos.

Hay varias carreteras por las que se puede pasar admirando este peculiar paisaje y por el camino, diversas bodegas invitan al conductor a parar para degustar los vinos isleños.

Nosotros teníamos prisa y no paramos a comprar pero si es también vuestro caso no os preocupéis porque encontrareis vinos de Lanzarote en todos lados, como no podía ser de otra manera.

Los Hervideros

Costa acantilada al oeste de Yaiza donde la bravura del mar hace un espectáculo de agua cuando las olas chocan entre la roca y se cuelan por los agujeros o bufaderos.

Hay una serie de caminos bien delimitados para recorrer el lugar de forma segura y un parking gratuito donde dejar el coche. La visita es libre y se puede ir a cualquier hora, pero la disfrutaréis más que yo si llegáis cuando no haya autocares de turistas gritones y si el mar está agitado.

El Golfo y el Charco de los Ciclos

El Golfo es un gran cráter que está a la altura del mar y del que sólo queda la mitad, por lo que ha dado forma a una cala de arena negra y aguas turquesas pero poco apetecibles por el viento.

Lo más fotografiado de este lugar es un lago de aguas verdes casi fosforito que se ha formado por filtraciones de agua marina. Creía que su color se debía a azufre o otras substancias que desprendía el volcán, pero en realidad ha adquirido ese color por organismos vegetales.

Está protegido y está prohibido bañarse allí, aunque de todas maneras no apetece mucho. Nosotros nos quedamos a comer refugiados del sol y del aire a un lado del cráter.

Es gratis y hay un parking a unos cuantos metros.

Por último, disfrutamos de Pueblos y playa.

Día 5

Por la mañana playa, y después…

La Tierra de Fuego

timanfaya

El Parque Nacional de Timanfaya es algo que no nos podemos perder para entender el carácter de la isla. El paisaje volcánico y sobrecogedor se formó durante 6 años consecutivos de erupciones en el siglo XVIII y algunas en el siglo XIX. Ver el resultado le hace a uno estremecerse al pensar en la fuerza de la tierra y en el miedo que tuvieron que sentir los antiguos habitantes del lugar. No en vano, el símbolo del parque es un demonio creado por el famoso y venerado Cesar Manrique.

Es un lugar que encontré fascinante, pero no me gustó demasiado la forma en que obligan a hacer la visita. Tras pagar los 8 euros correspondientes se aparca el coche y se llega subiendo una cuesta a un lugar donde hay servicios y cafetería, y donde se ofrece un espectáculo bastante interesante. El subsuelo está a más de 100 grados a pocos centímetros de profundidad y un hombre del parque hace algunas demostraciones de la elevada temperatura haciendo que un montón de paja arda al colocarla en un agujero, y que el agua salga disparada en pocos segundos y con gran violencia cuando la vierte en unos agujeros hechos para ese fin. Hay alguna otra sorpresa que no os cuento por si vais. Yo tuve la suerte de verlo dos veces, una casi a solas, y luego cuando llegó un autobús de extranjeros. Espero que podáis verlo con tranquilidad y sin multitud de cabezas por delante.

Después llega el momento de subirse a un autobús que hace la ruta de los volcanes por el parque, porque no se puede ir a pie, y eso en mi opinión fue una vergüenza. El autocar iba a mil por hora por una carreterilla llena de curvas y parecía que podía volcar en cualquier momento, los cristales estaban algo sucios y hacían reflejos con el sol por lo que era difícil apreciar el paisaje y hacer fotos en condiciones. Nos puso una grabación en la que se explicaba la formación y otros datos del lugar en varios idiomas y al llegar a los puntos clave paraba un minuto pero no se podía bajar así que todo el mundo se amontonaba en el lado donde estaba lo interesante y después seguíamos el recorrido. Poneros en el lado derecho que es donde hay más cosas que ver.

En la isla hawaiana de Big Island se podía ir caminando por la lava sólida hasta llegar a la líquida, sin guía!!, y en Irlanda hicimos un tour en autocar y cada vez que había algo importante en el camino parábamos y podíamos bajar unos minutos…. Deberían mejorar un poco la visita que dura aproximadamente una hora y te deja bastante… frío entre tanto crater. Conservar el lugar si, pero tomar el pelo a la gente no.

A unos pocos kilómetros en coche al salir está el museo del parque y unos camellos esperando pacientemente a que les contraten para dar un paseo. El horario del parque, el museo y los camellos es de 9 a 5 y cuando acabamos la ruta de los volcanes, nos dijeron que ya no llegamos a tiempo de ver el resto, así que no apuréis mucho la tarde o podéis quedaros a medias.

Día 6

Fuerteventura

fuerteventura

Desde Lanzarote se puede ir en barco a alguna de las islas cercanas como la Graciosa o Fuerteventura. Nosotros escogimos ir a Fuerteventura y ya escribiré una opinión sobre esa excursión que ahora no es el lugar y no me quiero alargar mucho más.

Sólo deciros que nos gustó mucho, que hay dos compañías que en una hora o menos nos llevan de puerto a puerto con el coche y que aunque sólo sea por ver las dunas de Corralejo y hacernos una ligera idea de cómo es la isla, merece la pena.

Pero mucho cuidado con el coche en las dunas que son traicioneras y se os puede quedar clavado en la arena como nos pasó a nosotros. Hay grúas que pasan casi constantemente así que no perdimos mucho tiempo pero la broma no la cubría el seguro y tuvimos que pagar 50 euros.

Menos mal que no fue muy caro… Aquí tenéis más información sobre una excursión de un día a Fuerteventura.

Día 7

fundacion cesar manrique

Playa y vuelta a casa.

Cesar Manrique lo he mencionado pero casi no he hablado de él y en realidad se podría escribir toda una opinión sobre este hombre nacido en Arrecife que amó su tierra y dejó su huella en numerosos lugares de la isla. Si me lo permitís, diría que Cesar Manrique es para Lanzarote lo que Antoni Gaudí para Barcelona, salvando las diferencias. Los dos han impregnado de su arte, su gran creatividad y su carácter a cada uno de los dos lugares, y los dos han querido unir sus obras a la naturaleza, aunque Gaudiíse centró más en la arquitectura y Cesar Manrique exploró la arquitectura, la pintura y la escultura, y curiosidades de la vida, los dos murieron en un accidente de tráfico.

Se pueden visitar en Lanzarote diversas muestras de las habilidades de Manrique, algunas tendremos que ir a buscarlas, como el Mirador del Río o los Jameos del Agua, de los que ya hablé antes, o el Taro de Tahíche que fue su casa y ahora es la sede de la Fundación que lleva su mismo nombre, o el Jardín de Cactus. Yo no tuve tiempo de ir así que no os puedo decir si me gustaron. Y hay muchos elementos que os sorprenderán y que iréis encontrando a vuestro paso. Señales y esculturas como el monumento al campesino, o los llamadas juguetes de viento, como el del cruce de Tahiche, porque son móviles y giran con el viento. Todo ello forma parte del paisaje de Lanzarote y se integran en él.

Conclusión

Es una isla muy especial que en mi opinión se ha decorado para el turismo, un turismo sostenible, pero con un paisaje muy peculiar y árido que el hombre ha sabido potenciar, y con una naturaleza muy bella pero excesivamente dura y poco acogedora.

Me alegro de haberla conocido pero no creo que vuelva. Supongo que todo depende de lo que uno vaya buscando y de la época en la que se vaya. Sin duda una isla de contrastes donde se puede pasar de una masificada visita a los Jameos del Agua, a un pueblo casi fantasma donde no se ve ni un alma, de una noche fría y ventosa, a un día caluroso y aún más ventoso si cabe.

Es una isla que no tiene nada que ver con su hermana pequeña La Palma, de la que me enamoré el año pasado, pero lo mejor es que vayáis a verla si podéis y que cada uno saque sus propias conclusiones. Ya me diréis si coincidís conmigo o con la mayoría.