Museo de la Ciencia Valladolid

No se si ya le habrán concedido el título, pero desde luego se lo merece, porque Rafael Moneo es el arquitecto de los Museos, porque ahora mismo recuerdo que la ampliación del Museo del Prado de Madrid es obra suya, así como otra delicia por lo bien integrado que está con la exposición en el caso del Museo de Arte Romano de Mérida.

Este Museo diseñado como decía por Rafael Moneo y Enrique de Teresa, abrió sus puertas hace ahora cinco años en el 2003, con una clara vocación científica. Porque la ciencia es saber y es compartir ese saber y desde ese punto de vista este es un museo ideal para visitar con niños, especialmente esos niños curiosos a los que les gusta tocarlo todo, porque estarán aquí como en el paraíso, pues está concebido para tocar, para manejar, para aprender a través de los sentidos y el tacto es uno de los fundamentales.

Se encuentra en el sudoeste de la ciudad a orillas del río Pisuerga, comunicándose con el centro de la ciudad por un puente que atraviesa de una a otra orilla, un puente que asemeja una estructura de columna vertebral.

La visita a este museo está incluida dentro de la Valladolid Card, con lo que es gratuita si dispones de ella (hay promociones en que la regalan junto con la habitación del hotel en Valladolid).

Hay exposiciones temporales, en estos momentos una retrospectiva 2003/2008 para celebrar el quinto aniversario.

Destacar el planetario con una cúpula de once metros que se encuentra entre los más modernos del mundo por su avanzado sistema de proyección digital.

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En el planetario y guiado en directo por un planetarista, se explican contenidos astronómicos que tengan relación con la estación en curso.

Junto al Museo está la Casa del Río, un espacio donde conocer los ecosistemas fluviales y el uso que el hombre hace del agua. Cuenta con seis acuarios y dos terrarios para conocer la fauna y flora del río, además de audiovisuales para su mejor conocimiento. Es el primer acuario de río de España.

Debido a la falta de tiempo, solo pude visitar la exposición permanente, porque en una hora no daba tiempo a más.

Tras pasar un vestíbulo en el que podemos ver un coche de Fórmula 1 y un antiguo Renault 4CV, veremos un péndulo de Foucault y accederemos a la exposición permanente que se divide en cuatro plantas que iremos pasando una tras otra para verlas todas.

Empezando por la planta sótano encontramos la Sala del Agua. Parece ser que este es el año del Agua y no solo en Zaragoza con su Expo y Valladolid contribuye a demostrarnos la importancia del agua para todos. Muy interesante una maqueta interactiva de Valladolid en que se muestra el ciclo del agua en esta ciudad, desde su captación, depósito, tratamiento potabilizador o depuración posterior.

Y continuando con la formación, encontramos también un módulo sobre los residuos sólidos, con el crecimiento tan espectacular de los mismos a lo largo de la historia.

Otros módulos nos acercan a la energía con maquetas de molinos de energía. Los críos no pueden resistirse a subir a una bicicleta que te demuestra cuánta energía somos capaces de generar pedaleando.

Y por último rematando esta sala tan energética el gas natural.

Pasamos a la planta sótano cuyo protagonista es la neurona, ese elemento sin el cual no sería posible que nuestro cerebro funcionara. Y podemos ver esquemas de cómo es un cerebro con las neuronas enfermas.

La primer planta está dedicada al sistema nervioso, con juegos interactivos para demostrarnos cómo funcionan los sentidos y como nos pueden engañar, tanto la vista como el oído o el olfato, con distintos juegos.

Hay un total de 11 módulos interactivos en la que los niños (y no tan niños) no pueden dejar de meter mano.

La última planta recibe el nombre de Espacio 41º 4º que es la latitud y la longitud de Valladolid. Un recorrido histórico sobre el mundo de la cartografía, que nada tienen que ver aquellos primitivos mapas con los que hoy día podemos contemplar realizados por satélite.

Conclusiones

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Esta es una visita que creo que merece la pena hacer, tanto si vas con niños como si lo haces tu solo, porque no hay nada más divertido que andar tocándolo todo. Por fin un sitio donde no tienen que decirte ¡Deja de tocar las cosas! Antes al contrario, de ahí el título ¡Niño, toca todo!

Imprescindible para los que disfrutan del mundo de la ciencia.Cuenta con aparcamiento propio y es una de las paradas del Bus Turístico, con lo que es otra manera de desplazarse hasta él para los visitantes, pues junto con la Valladolid Card que hablaba al principio, puedes montarte en este autobús que te enseña la ciudad.

Su horario salvo en Julio y Agosto que se amplia hasta las 21 horas es de 10 a 19 horas. Cierra como casi todos los museos, el lunes.

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