Fui a Guadalupe en familia por la boda de un familiar, y aprovechamos para quedarnos unos cuantos días para conocer la zona.

La primera visión del pueblo me impactó: un puñado de casitas arremolinadas a los píes de una impresionante mole, la del monasterio homónimo. El monasterio se asemeja mas a un palacio-fortaleza que a un recinto monástico al uso, y a mi me pareció un castillo de película artúrica.

Guadalupe es un destino europeo para un fantástico viaje y no puedo dejar de aprovechar la ocasión. Porque además del Monasterio, Guadalupe encierra muchas más sorpresas.

Dónde está Guadalupe

Este pueblo serrano se encuentra al sudeste de la provincia de Cáceres en pleno valle situado entre las sierras de Altamira y las Villuercas y relativamente cerca de parque natural de Monfragüe, por lo que se puede tener en cuenta para una excursión de fin de semana.

La mejor forma de llegar si vienes desde Madrid es cogiendo la carretera que sale de Trujillo en la nacional V, desde allí y por una carretera que espero hayan arreglado y disfrutando de un paisaje inesperado para quienes no conocen Extremadura, llegamos a este pueblo pequeño en habitantes (2.500) pero inmenso en riqueza patrimonial, ya que en 1993 su Monasterio fue declarado Patrimonio de la Humanidad.

Guadalupe es el corazón de la comarca de las Villuercas, característica por su vegetación de encinas y alcornoques donde florece la jara, fue una zona habitada desde tiempos remotos y se conservan restos de castros, incluso pinturas rupestres y como en toda la provincia cantidad de construcciones romanas, en mejores o peores condiciones.

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Incluso sin Monasterio este pueblecito merecería una visita aunque solo fuera por sus paisajes y su barrio judío, pero lo que lleva a este lugar a cientos de turistas es la devoción a su Virgen, patrona de Extremadura

Conociendo el pueblo

monasterio de guadalupe

El pueblo nació como núcleo de población al servicio del monasterio y eso se nota, porque mas allá del monasterio no hay nada, ni siquiera otro edificio relevante. La arquitectura es popular y humilde, muy en contraste con la del monasterio pero tiene su encanto.

Haciendo un poco de historia: Fue mandado construir por Alfonso XI en agradecimiento por la victoria en la Batalla del Salado. El conjunto es inmenso, aproximadamente unos 22.000 m2, divididos entre el templo, el alcázar y la fortaleza, donde encontraremos además los 3 claustros, 2 de estilo mudéjar y uno gótico, varias capillas, un auditorio, 3 museos, la sacristía, la biblioteca…..y los tesoros.

La opinión se alargaría demasiado si describiera cada una de estas obras maestras, pero por poner un ejemplo destacaría, aparte de su arquitectura variada en estilos, sus obras de orfebrería y su escribanía con libros cantorales.

En un principio fue custodiado por los monjes Jerónimos y durante muchos años estuvo en un estado total de abandono pese a la devoción popular, pero a partir de que se hacen cargo los franciscanos y el rey Alfonso XIII comienza con las restauraciones, el Monasterio recupera su esplendor.

Uno de los principales reclamos para visitar el pueblo es justo, el Real Monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe, declarado en 1993 Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Está situado en el centro urbano en un terreno elevado por encima del resto del pueblo para así hacer las veces de fortaleza frente a los ataques enemigos de la edad media. Mezcla elementos arquitectónicos de distintos estilos como el gótico, renacentista y barroco. Ya en su interior destacamos el retablo mayor en cuya realización participó entre otros el hijo del Greco. Se pueden ver también importantes pinturas góticas al fresco así como un museo con obras pictóricas y esculturas de autores como Zurbarán, Goya, El Greco, Pedro de Mena y Juan de Flandes entre otros.

Otro de los atractivos turísticos del lugar es el Parador Nacional. Está situado frente al monasterio. Desde hace unos 25 años también cuentan con la Hospedería del Real Monasterio, un alojamiento único con 47 habitaciones y con todo lujo de comodidades, en un marco inigualable. Se levanta sobre un antiguo hospital del siglo XVI que servia para alojara a los peregrinos que venían a visitar a la Virgen. Ya en el siglo XX se convirtió en parador. Todas la habitaciones son muy luminosas y dan a un patio interior lleno de naranjos y plantas. En las días de verano se puede comer en la terraza y disfrutar al mismo tiempo de la tranquilidad del entorno. En la parte de atrás se sitúa la piscina con vistas al monasterio.
Quizá, si lo comparamos con el monasterio no resulta tan majestuoso como este, pero es que el monasterio impone demasiado. Aún así merece la pena pasar a él aunque sea a tomar un café . L o único malo, los precio, como casi siempre en estos sitios. Pero bueno, con eso ya contamos.

Es típico de esta zona la artesanía del cobre y el latón, y en cuanto a gastronomía, el vino de Cañamero y los quesos de los Ibores (recomendadísimos), son quesos de cabra recubiertos de pimentón. Muy recomendable llevarte a casa un buen surtido de los embutidos y quesos de la región, en particular de la patatera(especie de sobrasada con patatas cocidas) y la deliciosa torta del casar, el queso más exquisito que jamás elaboraron manos humanas.

Por último, recalcaros el tema gastronómico. Como ya os he dicho hay numerosos bares y restaurantes en los alrededores del monasterio y del parador y por un módico precio podéis disfrutar de la comida típica de la zona, porque en la mayoría de ellos ofrecen menús por unos 15€. El cabrito al horno de leña, las morcillas de cebolla y las setas, son platos que no suelen faltar.

El día 8 de septiembre se celebra la festividad de Nuestra Señora de Guadalupe y el 12 de octubre celebran actos para conmemorar el día de la Hispanidad con desfiles por el pueblo, comidas y mucha animación. Lo único negativo es que hay demasiada gente por allí y a la hora de la comida puede resultar complicado coger mesa.

El problema aquí es el aparcamiento. Imposible aparcar por la zona. Hay que dejar los coches en la entrada del pueblo. Pero como tampoco es muy grande, en unos minutos llegas al centro y además viene bien para rebajar luego la comidita de vuelta a casa. O si no, siempre podéis pasear por el campo de los alrededores que es una maravilla.

Ya sabéis, si os apetece pasear por la naturaleza, impregnaros de aire puro, de cultura y como no disfrutar una buena comida extremeña, ya sabéis cual es un buen destino.

Los alrededores de Guadalupe

El primer día nos dirigimos a Navalmoral de la Mata, en dirección norte, por una comarca boscosa y accidentada llamada los Ibores. Pronto comprendimos que la mujer de la casa no nos engañaba del todo con lo de la movida nocturna: los pocos pueblos que vimos tenían como unas 30 casas de media. En esos pueblos hicimos acopio de quesos, miel y castañas al mas puro estilo Labordeta, y por fin llegamos a Navalmoral de la Mata.

Habíamos llegado hasta allí porque el nombre el nombre del pueblo nos sonaba, pero era de lo más anodino que pueda haber: un pueblo de bloques de pisos sin ningún encanto. Moraleja: que te suene el nombre de un pueblo porque tiene un equipo de futbol en segunda B no es garantía de que sea turisticamente pintoresco.Decepcionados, volvimos por donde habíamos llegado.

Al día siguiente tuvimos mas tino y nos encaminamos a Trujillo, ciudad de conquistadores. Todo un monumento en piedra. Impresionantes su castillo, iglesias y palacios en torno a la plaza mayor.

Muy recomendable conocer esa zona.