Aquí en Extremadura se llama, desde tiempos inmemoriales, La Raya a la frontera entre Extremadura y Portugal. Concretamente a la comarca que se ubica entre la Sierra de Gata y Valencia de Mombuey.

Es un territorio cuya visita os recomiendo porque abundan los restos del pasado. Al sur se halla un conjunto admirable donde existen muchos dólmenes prehistóricos. Según he leído, son de la Edad de los Metales y existen hipótesis de que los primeros megalitos conocidos proceden de aquí y del sur de Portugal. Quienes opinan de piedras tan antiguas no tienen claro cuáles tienen mayor antigüedad, si los extremeños o los lusos, pero concuerdan en afirman que estos megalitos son muchísimo más viejos que los del Mediterráneo Oriental.

De donde se deduce que en aquellos tiempos del comienzo de la civilización Extremadura exportaba ideas al resto del mundo. ¡Cómo han cambiado las cosas!

Y también hay muchos castillos, casi todos en ruinas, recuerdos de la intensa guerra sostenida con el naciente reino de Portugal.

El sendero rural que es conocido con el nombre de «La Raya» es un trozo de dicha comarca, que casi cubre todo el oeste extremeño.

Este sendero sólo mide 25 de los más de 290 kilómetros por los que se distribuye La Raya. Es un sendero en forma de circunferencia, por lo que salida y destino son lo mismo. Es la clásica estampa extremeña, serranía moderada, dehesas y pastizales.

Marcha por La Raya, ¿dónde está?
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Según las Oficinas de Turismo se tardan seis horas en completar este recorrido, que está considerado de dificultad baja. El que os escribe es capaz de completarlo en la mitad de tiempo, pero no lo recomiendo. Estas consideraciones son absurdas. Cuando alguien decide gastar calzado en un sendero lo importante no es tardar poco tiempo en recorrerlo, sino todo lo contrario. Quien venga aquí a lograr un record personal, mejor que se quede en un polígono industrial dando vueltas a cualquier manzana. Aquí se viene a disfrutar, a respirar naturaleza, a contemplar la obra del pasado, a «vivir la Raya».

Por eso os recomiendo que hagáis el recorrido por fases, parando en cada población, sin prisas. Aunque andar no sea lo mío intentaré contaros resumidamente cómo es este sendero.
Se considera el comienzo del mismo el albergue de Santa María de Guadalupe. Este es el inicio clásico, pero dado que es circular podéis empezar por donde queráis que al final recorreréis lo mismo.

Empezar por este albergue anima a su recorrido, porque está a 10 kilómetros de Valencia de Alcántara y, como ya comenté, hay dólmenes por los alrededores. El ambiente es místico, casi mágico, y ha dado lugar al nacimiento de muchas leyendas. En parte porque este Puerto Roque era utilizado por los porteadores del contrabando en los años del aislamiento internacional y de la miseria.

Por aquí a los dólmenes se les llama «antas».

Primer consejo importante: En vez de comenzar el sendero, invertid un rato de vuestro tiempo en conocer este importante patrimonio prehistórico. Pero si lo hacéis contratad a un guía local.

Así os podréis mover por el laberinto de vallas y praderas por donde se distribuyen estos dólmenes y os evitaréis enfados ajenos por entrar en propiedades privadas.

No os extrañéis si la mayor parte de los dólmenes aparecen descarnados. Sus lajas de granito, en muchos casos, se han reutilizado para vallado e incluso para recubrir pequeños puentes. Y también han padecido la epidemia de la ambición. A principios del siglo XX corrió un rumor de que en ellos se ocultaban antiguos tesoros y se buscaron esos tesoros hallando hachas de piedra, puntas de piedra de flecha, cerámicas y huesos.

A pesar de estos destrozos sobreviven cerca de 30 dólmenes de granito y 8 de pizarra. Eran el conjunto dolménico más importante de España, con cerca de un centenar de megalitos.

Tampoco os extrañe la forma de algunas chozas de estos parajes. Porque algunas son en realidad dólmenes cubiertos con ramajes, como la del Corchero, muy popular y que todos los guías os enseñarán.

Si no podéis encontrar un guía u os gusta ir de solitarios existe un camino señalizado por el ayuntamiento con algunos de los más significativos.

Otro punto a considerar, antes de iniciar el sendero, son los restos romanos de Valencia de Alcántara. Quedan partes de la calzada, un puente de piedra al entrar en la ciudad y un acueducto.

O las llamadas «Cuevas de Viriato y el Cofre», donde los lusitanos se refugiaron ante el acoso romano.

En la ciudad recomiendo pasear por la calle Caballeros, donde las casas tienen portadas ojivales de origen árabe. Y, en algunas casas, hay un caracol en la fachada, marca discreta de los prostíbulos.

Estamos a 12 kilómetros de la frontera lusa, y tras unas buenas migas comencemos el sendero. Recordad que una comida fácilmente digerible y ligera es fundamental para evitarse problemas posteriores.

Cruzamos los bosques adehesados de la comarca: Castaños, Pinos, Alcornoques, básicamente. En las zonas más abiertas arbustos como la jara o la retama. En las partes más umbrías y serranas madroñales. La fauna básicamente aves, venados de todo tipo, jabalíes y roedores.

La ventaja de iniciar el sendero desde Puerto Roque es que todo el camino es cuesta abajo, excepto algunas subidas ocasionales.

La primera parada suele hacerse en las Casas de la Duda, muy cerca de la frontera lusa. Tan cerca que algunas de estas casas tienen parte en España y parte en Portugal. De ahí el nombre de Duda. Se hallan en un meandro del río Jola, un magnífico lugar para reponer fuerzas. A nuestra izquierda, al otro margen del río, habremos dejado el caserío de El Pino.

La segunda parada, provocada por el paso por las Peñas del Pino, se suele hacer en el Cortijo de la Paja. Es un cortijo típico extremeño, que tiene junto a él una era. Es un lugar ideal para hacer un poco de ejercicio. Y si sois de los que gustan de la comida campestre, las vistas os estimularán el apetito.

Si os gusta la escalada un poco más hacia el sur están las Peñas de Tía Gabao. Y algo después el núcleo rural de Jola, quizás el pueblo más típico de todo el recorrido. A degustar sus productos de matanza, son de lo mejor.

Aquí hay que tener precaución porque la zona está llena de huertas, pero, si os despistáis, basta con seguir hacia el noreste, en dirección a Jiniebro y ya encontraréis el sendero.

Está a los pies de un puerto interesante, el de Aguas Claras.

Como ya supondréis en Jola habréis iniciado el camino de regreso. Hasta allí ibais hacia el sur, desde allí lo hacéis hacia el norte. A muy poca distancia de Jiniebro está La Aceña, casi escondida entre un inmenso alcornocal. Es zona de molinos en ruinas.

Aquí se halla un dólmen bastante bien conservado, el de Los Mellizos, junto a un castaño quemado por un rayo.

Desviándonos un poco de la ruta hay otros dos dólmenes, Data I y Data II, interesantes.

En la parte final del recorrido hay que pasar por seis kilómetros, alejados del río. Es la parte más aburrida y donde más se hará notar el cansancio. Si se da el caso recordad que pasáis muy cerca de El Pino y que un poco más al este se halla Cerro Caldera, donde muchos senderistas optan por perderse un rato antes de abandonar esta comarca.

Y poco después el Albergue.

dolmen la raya

Este sendero se suele hacer a pie, pero por sus características no os extrañe encontrar bicicletas en vuestro camino. Otra opción es consultar en la Oficina de Turismo de Valencia de Alcántara (927/58 25 43), que allí os pondrán en contacto con alguna asociación medioambiental que os acompañará durante el recorrido por un coste razonable. Eso no es marcha libre, sino marcha acompañada y también tiene su encanto.

Bueno, ni que decir tiene que me lo pasé fenomenal, me reí un montón, vi paisajes chulos y además hice ejercicio, todo esto en buena compañía. Eso sí, por mí habría preferido que la ruta fuera un sábado, porque el domingo después de tanto andar, tuvimos que coger el coche de vuelta a Madrid y al día siguiente todos trabajábamos. Yo estuve unos cuantos días con agujetas, pero la excursión mereció la pena. 🙂