Cuando decidimos pasar parte de nuestras vacaciones en Cantabria, arranque a mi mujer la promesa de que iríamos a visitar las cuevas de El Soplao. A ella no le entusiasman las cuevas, pero a mi me encantan, no se si será porque en el fondo soy un cavernícola, o porque para mi las cuevas tienen un algo especial, casi mágico.

No se trata de que en muchos casos sean espectaculares, ni que nos retrotraigan a nuestros primitivos ancestros para los que las cuevas eran su hogar, sino algo más. De hecho muchas cuevas están situadas en lugares estratégicos, lugares especiales que parecen desprender una fuerza especial. De hecho algunas de ellas, como la de Covalanas de la que luego os hablaré parece que tenía una función religiosa o ceremonial.

El caso es que cuando llegamos a nuestro destino, comprobé que la cueva de El Soplao nos pillaba en la punta contraria de Cantrabria. Si a que era todo un paseo le añadíamos que según su página web no funcionaba el trenecito que circula por su interior, mejor era dejar dicha visita para otra ocasión en que volviéramos a Cantabria o a la zona limítrofe de Asturias. Pero a cambio, sustituí la promesa de dicha visita, por la visita a otras cuevas.

Y es que en Cantabria lo que no faltan son cuevas, pues hay más de 6.500, de las cuales hay estudiadas unas 4.000. Cuevas en las que no sólo se puede disfrutar de la espectacularidad de las mismas, sino del arte que nuestros ancestros nos dejaron en ellas. Las más conocidas entre ellas son las de Altamira y El Soplao, pero ni mucho menos son las únicas, pues hay gran cantidad de ellas visitables (y las que quedan por descubrir).

En el valle de Asón en el que nos alojábamos, concretamente en Ramales de la Victoria hay dos cuevas visitables (que en proceso de investigación hay alguna más). Una visita que es guiada y que a continuación os relataré.

Cueva de Covalanas

cueva de covalanas

Muy especial nos resultó la visita a esta cueva. Una experiencia que será difícil que olvide, porque aunque ya lleve a cuestas unas cuantas cuevas visitadas, nunca había vivido la experiencia de una visita guiada en una cueva para mostrarnos sus peculiares e impresionantes pinturas. Una experiencia muy personalizada, porque solamente pueden pasar ocho personas (incluído el guía) en cada visita.

Por tanto para poder visitarlas es necesario reservar previamente la visita, bien por Internet (reservascuevas@culturadecantabris.es) o en la Oficina de Turismo de Ramales de la Victoria. La verdad es que pensaba que con un número tan reducido de visitantes, la visita iba a ser imposible. Sin embargo, el día anterior a la visita pude reservar en la oficina de turismo sin ningún problema.
Creo que fue una oportunidad única, porque a medida que se vaya corriendo la voz, algo a lo que sin duda contribuirá esta opinión, cada vez será más difícil acceder a la cueva.

No es caprichoso el límite de personas que pueden visitar la cueva, sino que es una manera de protegerlas, de evitar alteraciones en la temperatura y la humedad de la misma. Además, un número superior de personas sería un sacacuartos sin más, porque una de las zonas en las que hay más pinturas, es estrecha, por lo que un número mayor de personas impediría una buena visión de las pinturas y además la aglomeración podría dañar las pinturas por posibles roces con las mismas.

¿Cómo llegar?

La cueva de Covalanas se encuentra en la ladera noroeste del monte Pando, muy cerca de la localidad cántrabra de Ramales de la Victoria.

Podemos acceder a ella caminando desde Ramales de la Victoria por una ruta de dos kilómetros que transcurre por parte del antiguo Camino Real de Laredo a Burgos. Una ruta por la que disfrutaremos de bellos paisajes y vistas.

Cueva Covalanas y Cullalvera, ¿dónde está?
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Pero también puede accederse en coche tomando desde Ramales de la Victoria por la C-629 en dirección a Burgos. A unos dos kilómetros se encuentra a la izquierda un desvío que nos lleva (está bien indicado) al pequeño aparcamiento donde deberemos dejar el coche. Pequeño pero suficiente, que al fin y al cabo tampoco está limitado el número de visitas.

A cien metros del aparcamiento hay un mirador al que merece acercarse, pues se ve todo el valle y el pueblo de Ramales de la Victoria.

En la oficina de información te instan a llegar con tiempo de sobra al aparcamiento, porque desde ese punto a la entrada a la cueva hay un paseo peatonal de unos 650 metros. Poca cosa, si no fuera porque se trata de una empinada cuesta que se tarda unos quince minutos en recorrer (a paso muy normal), pero que desde luego no puede realizarse a la carrera si estás llegando tarde, so pena de llegar sin aliento arriba del todo.

La visita

Como fuimos con tiempo, no tuvimos la necesidad de esprintar cuesta arriba, y mientras ascendíamos pudimos disfrutar de un bello paisaje. La visita era a las 15:40 horas, por lo que es de agradecer el clima de Cantabria, porque en esa subida a pleno sol y a esas horas tan tempranas de la tarde, es fácil que en muchos puntos de España se alcancen los 40 grados o más y arriba hubiéramos llegado achicharrados y deshidratados (eso último es algo más difícil que en la mochila siempre llevo agua)

Una verja protege la entrada a un amplio abrigo en la roca tras el que está a la entrada a la cueva. Dentro de ella dejamos las mochilas y nos pusimos algo de ropa de abrigo, porque pese a ser verano, en el interior de la cueva la temperatura sobrepasa por poco los diez grados, con lo que más vale llevarte en verano algo para abrigarte.

En esta entrada a la cueva nos proporcionan también unas linternas para movernos por el interior de la cueva y ver sobre todo donde ponemos los pies, porque el suelo es un tanto resbaladizo, aunque no hay ningún peligro pues el desnivel es mínimo y no hay escalones.

Una visita que no es sólo apta para todos los públicos, sino que es muy recomendable para los niños, pues el guía además de didáctico tenía un encanto especial para los críos, a los que les hablaba de un mundo mágico y bromeaba con fórmulas para protegerlos de las gotas que caían de cuando en cuando del techo.

Guiados por las palabras del guía nos vamos adentrando en la cueva, respirando ese ambiente mágico que en ella se respira. Porque algo que parece muy claro es que esta cueva tenía una función de algún tipo religioso o mágico, porque no era una cueva para habitar ni para protegerse. Aunque el camino que tomamos para llegar al margen de empinado, es muy llevadero. Pero originalmente sería apenas un mínimo paso sobre la ladera, poco cómodo para vivir permanentemente en la cueva. La ausencia de restos que pudieran indicar un uso permanente de la misma, así como las pinturas que luego se encuentran en el interior, sugieren más bien el uso de la misma para algún tipo de ritos.

No esperéis unas pinturas semejantes a las de Altamira, pues el estilo es totalmente diferente. Están realizadas con la técnica conocida como tamponado, en las que se aplica el colorante directamente sobre la pared, bien con el dedo, o con un trozo de cuero, de modo que la figura queda como esos dibujos que los niños hacen con el punzón sobre el papel.

¿Cuántas horas tuvo que dedicar el artista a estudiar la pared? Porque desde luego hay que hablar de un artista, capaz de transmitir magia y sentimientos con su pintura. Y probablemente en singular, porque parecen todos obra de la misma mano. Un artista que estudiaba concienzudamente la pared para sacar de ella las figuras aprovechando el relieve y las formas de la roca en la pared (si habéis visto las cuevas de Altamira entenderéis a lo que me estoy refiriendo). Un estudio que debía ser concienzudo porque no hay posibilidades de rectificación una vez que se han trazado los dibujos.

En lugar de enfocar las pinturas directamente y con una luz fuerte, el guía nos las mostraba con un debilísima luz de su linterna. No solo es que de ese modo resaltaran más, sino que parecían tomar vida los animales que poblaban la pared.

Si nos impresiona a nosotros acostumbrados a las imágenes de la televisión o el cine, imaginad lo que debía parecerles a unos seres más primitivos, a la débil y oscilante luz de unas antorchas alas que las corrientes de aire harían oscilar, con lo que el efecto de luz y sombra vacilante aún daría mayor sensación de movimiento a las imágenes.

Imágenes que son sobre todo de ciervas, de ahí que también se conozca a esta cueva descubierta en el año 1903 como la de las ciervas rojas, aunque también hay un ciervo, un uro y un espectacular caballo.

¿Qué explicación tienen estas pinturas? ¿Para qué las pintaba el artista? No deja de ser un misterio, que contribuye a aumentar esa carácter mágico que sientes en el interior de la cueva.

Horario de visitas

  • Abierto todo el año excepto el 1 y el 6 Enero y el 24, 25 y 31 de diciembre
  • Del 1 de noviembre al 28 de febrero de 9:30 a 15:30 horas (última visita a las 14:40 h)
  • Del 1 de marzo al 14 de junio y del 15 de septiembre al 31 de octubre de 9:30 a 14:30 h (última visita a las 13:40 h) y de 15:30 a 18:3o h (última visita a las 17:40 h)
  • Del 15 de junio al 14 de septiembre de 9:30 h a 14:30 h (última visita a las 13:40 h) y de 15:3o a 19:30 h (última visita a las 18:40 h)

El precio de la entrada es de 3 euros.

Cueva de Cullalvera

Cueva de Cullalvera

En realidad visitamos primero esta cueva, pero he preferido hablaros antes de la de Covalanas, porque me resultó mucho más impresionante. A diferencia de la de Covalanas, está en pleno núcleo urbano de Ramales de la Victoria, a menos de diez minutos andando de la oficina de información y turismo.

La reserva no es tan necesaria porque las dimensiones y la preparación de la cueva permiten visitas a grupos numerosos de treinta o cuarenta personas.

La particularidad de esta cueva son sus grandes dimensiones, observables ya desde la misma entrada, con sus cuarenta metros de altura y sus treinta metros de ancha en algunos tramos. Es una de las cuevas más largas, pues llega hasta los doce kilómetros. De hecho en la guerra civil, allí se refugiaban camiones, tanques. Y una escuadrilla completa de aviones hubiese entrado también dentro.

Pero a pesar de su gran longitud, el tramo que se recorre es de cuatrocientos metros, a través de unas pasarelas metálicas, lo cual hace apto el recorrido llano y sin ningún tipo de dificultad a cualquier persona, discapacitados incluidos.

La visita es guiada y comienza con un audiovisual donde se nos introduce en el misterio de las cuevas cántabras, que desde el interior de la tierra forman una parte más de la rica naturaleza de Cantabria. Un audiovisual donde también se nos cuentan los rasgos paisajísticos, patrimoniales, económicos y sociales de la comarca de Asón en la que está enclavada la cuevaLuego en el paseo podremos ver un espectáculo de luz y agua (no tan espectacular la verdad) y a la vuelta nos irán mostrando algunas de las peculiaridades geológicas de esta cueva.

También hay algunas pinturas, pero la gran accesibilidad de la cueva ha hecho que desaprensivos, o simplemente inconscientes hayan dañado diño patrimonio artístico. Hoy día está cerrada la entrada con una gran verja que solo se abre durante las visitas, lo cual protege dichas pinturas, que no llegan a verse durante la visita, entre otras cosas porque se encuentran a casi mil metros de la entrada y el espacio habilitado para visitar es bastante menor. De todos modos, he visto algunas fotos de dichas pinturas y no alcanzan ni mucho menos la espectacularidad de las de Covalanas.

Por eso es preferible visitar primero esta cueva, irnos acercando al misterio de estas cuevas (¿qué lleva a un hombre a hacer pintadas un kilómetro adentro de la cueva en lugar de hacerlo en las proximidades de la entrada?), del misterio de la madre naturaleza y el agua creando esos espacios tan increíbles, para rematar finalmente en Covalanas, que no será la Capilla Sixtina del arte rupestre, pero que igualmente es una maravilla.

Otro misterio tiene la cueva de Cullalvera, porque pese a estar en pleno verano, la temperatura interior de la cueva no superaba los nueve grados. Una temperatura que aún parece inferior por el altísimo grado de humedad en la cueva. Por mucha corriente de aire que haya, por mucha chimenea natural que se forme en la cueva, no parece muy explicable una temperatura tan fría. Salvo que Cullalvera sea la entrada al infierno, y el infierno para muchos místicos no es un mundo en llamas, sino un mundo gélido y solitario.

Tomaros pues muy en serio lo de llevar abrigo en la visita, porque aún con eso, bien que el personal buscaba el sol a la salida de la cueva para entrar en calor.

Horario de visitas

  • Abierto todo el año excepto el 1 y el 6 Enero y el 24, 25 y 31 de diciembre
  • Del 1 de noviembre al 28 de febrero de 9:30 a 15:30 horas (última visita a las 14:40 h)
  • Del 1 de marzo al 14 de junio y del 15 de septiembre al 31 de octubre de 9:30 a 14:30 h (última visita a las 13:40 h) y de 15:30 a 18:3o h (última visita a las 17:40 h)
  • Del 15 de junio al 14 de septiembre de 9:30 h a 14:30 h (última visita a las 13:40 h) y de 15:3o a 19:30 h (última visita a las 18:40 h)

El precio de la entrada es de 6 euros.

Impresión personal

Aunque quede pendiente la visita a la cueva de El Soplao, bien me ha merecido la pena el haberme visto obligado a cambiar los planes iniciales, no tanto por la visita a la cueva de Cullavera, sino por haber conocido la cueva de Covalanas y al guía que nos realizó la visita, por la capacidad que tuvo de transmitirnos la magia de la misma y su amor por la misma. Sobre todo porque tengo la impresión de que en breve tiempo, no será una visita tan sencilla de realizar como la hicimos nosotros, que habrá que realizar la reserva para la misma con mucha anticipación, porque aunque el valle de Asón sea dentro de Cantabria un gran desconocido, 63 personas al día impiden la masificación pero hará que en breve la demanda supere con mucho a la oferta.

Por si acaso, tomad buena nota y no perdáis la oportunidad de conocerla ahora que todavía no está en las agendas de los visitantes de la zona.