La cueva de Altamira esta situada en la población de Santillana del Mar, provincia de Cantabria.
Su descubrimiento fue muy polémico. En concreto la historia cuenta que un paisano aficionado a la prehistoria y de nombre Marcelino Sanz de Santuola encontró la cueva por casualidad, cuando caminando por una colina de Santillana su perro se metió en ella; esto fue en el año 1875.

Años más tarde se motivó mucho por el tema y acudió a una exposición en París, donde conoció estudios sobre el tema. En 1879 estando excavando en la cueva por curiosidad, su hija pequeña se coló por un agujero y descubrió unas pinturas en los techos, que le parecían bueyes. El erudito enseguida relacionó lo que vio con lo que había aprendido años atrás.

Los prehistoriadores franceses rápidamente dijeron que las pinturas encontradas no eran del paleolítico puesto que eran demasiado perfectas y con demasiado detalle para la época (es que los prehistóricos cántabros estaban hechos unos artistas).

Hasta que no aparecieron unas en Francia no reconocieron las de Altamira como autentica, de esto pasaron años (estando ya su descubridor muerto y enterrado). Reconocieron en escritos y tratados su culpa y se interesaron mucho sobre las pinturas. Tanto que actualmente, son las cuevas más importantes y famosas del Paleolítico a nivel mundial. La cueva de Altamira ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y es una de las joyas más importantes de Cantabria y, probablemente de España, dado su reconocimiento universal.

El interior de la cueva consta de varias salas, la mas conocida es la llamada “sala de los policromos” ya que en ella se encuentran casi 100 animales, en gran mayoría son bisontes (muy admirados por la diversidad de posturas en las que se encuentran) junto con caballos y jabalís.

Las técnicas utilizadas son diversas ya que aparte de la pintura se han encontrado gradados, rallados. Y técnicas pictóricas como silueteado y sombreado. También es importante destacar que en aquella época ya se intentaba dar volumen a las figuras, todavía no se conocían las tres dimensiones pero nuestros “tatarabuelos cantabros” aprovechaban las formas de las rocas para dar el volumen a los lomos de los animales. Como figura importante cabe destacar la “gran cierva” puesto que es la de mayor tamaño encontrada (mide 2,25 metros)

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Las pinturas utilizadas eran totalmente “caseras” utilizaban ocre y carbones.

Mi experiencia con la cueva es de hace muchos años, de la época del colegio. Era una visita obligada para todos los escolares. Tengo vagos recuerdos puesto que era bastante pequeña. Me acuerdo que era emocionante e inquietante entrar en la cueva (sentí incluso claustrofobia), hacia frío y había sitios donde el suelo resbalada pues había filtraciones naturales de agua. Íbamos todos con mucho cuidado en fila india, en los tramos estrechos más de uno puso el culo en el suelo. De las pinturas solo me he quedado con una imagen, pasando por un corredor en el que había pinturas en la pared, recuerdo que toque una de ellas, con mucha picardía e inocencia. Estaban al alcance de las manos de todos los niños, y aunque te insistían en que estaba prohibido tocar e incluso estaban protegidas por mallas. (pero ya se sabe a los niños si les dices que no lo hagan, es peor).

Así que soy una de las personas privilegiadas que ha estado allí y encima he tocado con mi mano una obra de arte paleolítica. Digo lo de privilegiada porque actualmente las visitas a la Cueva están muy restringidas. Estoy sucede porque durante el boom de la cueva hubo una cantidad de visitantes al día exagerada, y se llegaron a estropear mucho. Estuvo un tiempo cerrada a todo tipo de publico. Hoy en día la única forma de poder visitarlas es mediante un escrito ala dirección. Entran solo 20 personas al día. Aviso que la lista de espera va para los cuatro años.

Para los que no lo sepan existe una replica exacta de la cueva ( se inauguró hace dos años) y está muy lograda. Es en forma de museo pero lo que son los techos y pared están hechos milimétricamente como la original, por supuesto con las mismas pinturas, los mismos materiales y las mismas técnicas de los paleolíticos.

El museo de Altamira se merece otra opinión aparte, por lo que os hablaré de él a continuación.

El Museo de Altamira

La visita al museo Altamira fue algo que decidimos en el último momento, primero impulsados por las ganas de conocer al menos la reproducción de los grabados que se encontraron en la cueva y una buena explicación de los mismos, y en segundo lugar por el hecho de que los domingos la entrada sea gratuita.

De la visita la opinión general es buena, se trata de una visita guiada donde por cierto está prohibida la toma de fotografías a pesar de que todo es una reproducción artificial, pero con una explicación completa sobre el origen de la cueva y los detalles más significativos de los grabados.

Sorprende el hecho de que la visita se inicie con un audiovisual que nos sitúa en la cueva en un período desde hace más de 15.000 años hasta ahora, con lo cual pretenden hacernos entender un poco cómo si no llegan a clausurar las visitas tan extendidas hubieran desparecido las pinturas, pero, entonces, ¿quién puede disfrutar ahora de semejante obra de arte en su estado original?.

Sobre todo destacaría, evidentemente, la galería donde se encuentran las pinturas, ya que incluso se han molestado en disponer unas lámparas que indican las dimensiones real de altura de la cueva donde se encontraron los grabados, de manera que nos ayuden a comprender un poco más cómo se llevaron a cabo. Una vez finaliza la visita guiada se accede a un amplio y extenso museo con información tanto del desarrollo de la especie humana como de la transformación de la tierra a lo largo de todos estos años.

El museo me pareció interesante en algunos aspectos, pero personalmente se me hizo demasiado extenso para una visita amena, sino que al final lo que ocurre es lo contrario y llega un momento en que incluso dejas de mirar algunos expositores. Creo que no hubiera sido necesario haberlo diseñado en este modo, a veces es mejor algo más breve pero que capte la atención y deje fijados un par de conceptos claros con los que la gente se vaya de allí en la cabeza.

Sobra decir, que en este complejo también encontraremos una amplia cafetería-restaurante donde tomarnos un descanso, según las horas en que visitemos el museo; y quizá lo que menos me ha gustado es el hecho de que los aseos se encuentran separados del edificio, en la calle, sí, concretamente se puede acceder a ellos saliendo por la puerta trasera de la cafetería o bien directamente desde la zona del parking, pero da la sensación de que están dejados de la mano, y no me hicieron mucha gracias. Además, entiendo que hay personas incívicas que se dedican a «robar» mobiliario allá donde les viene en gana, pero da una imagen fatal encontrarse la papelera del aseo atada con una cadenita a la pared.

cuevas de altamira

Como conclusión decir que recomiendo totalmente la visita a aquellas personas interesadas en conocer un poco más a fondo el origen de Altamira, y sobre todo disfrutar con el arte que nos dejaron allí grabado, ya que aunque lo que contemplemos sea una réplica no dejará de sorprendernos en cada detalle por la gran calidad con que han reproducido los originales.

Esperando que os guste, y que no dudéis en visitarla pronto, o por lo menos intentarlo (eso sí por favor no toquéis nada, que ya no sois niños, las tentaciones las dejamos en casa jeje)