Hoy os hablaré de la Semana Santa pasada, de los 4 días que pasé en Cantabria junto a mi familia. Aquí os expongo la ruta que hicimos:

Día 1: Jueves

El jueves salimos de Barcelona en coche a las 6 de la mañana y nos pegamos una paliza en coche (mi hermana y yo preferimos mil millones de veces antes el avión, pero mis padres no.. aunque para el viaje de verano ya les he convencido de que cogemos avión y luego alquilamos el coche allí, jeje) Bueno a lo que iba que me pierdo.. Llegamos a Santander sobre las 15 horas después de «chuparnos» la correspondiente caravana al pasar por Bilbao..Sólo entrar a Santander todo viene muy bien indicado y nosotros siguiendo las indicaciones hacia El Sardinero llegamos a nuestro hotel: el Santemar. Dejamos las cosas y nos refrescamos un poco pues hacía un sol tremendo..

Fuimos a un restaurante de enfrente del hotel a comer y ya luego nos pusimos en marcha pues no teníamos tiempo que perder!

Esa tarde fuimos a la península de la Magdalena andando por todo el Sardinero. Una vez llegamos a la Magdalena cogimos un trenecito (el Magdaleno) que te lleva por todo el parque explicándote los detalles de todo lo que vas encontrando a tu paso.

El Parque de la Magdalena cuenta con 25 hectáreas donde encontramos el Palacio de la Magdalena que fue residencia de verano del rey Alfonso XIII y que, desde 1932, fue convertida en la conocidísima Universidad Internacional Menéndez Pelayo. En la otra orilla encontramos la playa de los Bikinis, llamada así porque fue pionera en acoger el uso de dichas prendas por parte de las alumnas extranjeras de los cursos de verano
En la entrada del parque encontramos un mini-zoo con focas, leones marinos y pingüinos y, a continuación, tres carabelas del marino Vital Alsar, que se utilizaron para rememorar la expedición de Orellana.

Yo os aconsejo que primero cojáis el tren turístico para que os den todas las explicaciones y luego ya recorréis lo que os apetezca andando, hacéis fotos, etc.. Es muy bonito todo el recinto y tiene unas vistas preciosas al mar.

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Después de pasar un buen rato por el Parque fuimos al balneario que hay al lado y tomamos una mini merienda para coger fueras y seguir andando.
De vuelta, por la avenida Reina Victoria pasamos por todas las playas que componen «El Sardinero»: El Camello, La Concha, Primera Playa del Sardinero y Segunda Playa del Sardinero.
La primera de ellas toma su nombre de una roca en forma de camello que es muy curiosa de ver. La playa de La Concha tiene acceso directo desde la avenida Reina Victoria y tiene una longitud de apenas 250 metros. La Segunda y Primera playa del Sardinero figuran entre las mejores playas urbanas del mundo.

Siguiendo este paseo llegamos a la Plaza de Italia, lugar en el que confluye la Primera playa del Sardinero con la zona residencial por excelencia, donde encontramos la avenida de los Hoteles y, especialmente, el Gran Casino de El Sardinero(justo detrás estaba nuestro hotel). El Gran Casino es uno de los edificios más emblemáticos de esta ciudad. Fue construido en 1.916 y está constituido por dos pisos, una gran terraza y dos torres octogonales, todo ello en color blanco. Es precioso de ver.

Retomando la avenida de la Reina Victoria (a partir de la plaza de Italia cambia su nombre por el de Castañeda) llegamos a los Jardines de Piquío que se adelantan al mar entre palmeras y pérgolas. Es un sitio muy lindo para hacer fotos.

Seguimos andando y llegamos al Parque de Mesones, otra excelente zona verde que adorna la Segunda Playa del Sardinero en buena parte de su extensión. Al fondo observamos el saliente Cabo Menor y, más hacia tierra, la playa de los Molinucos, una reducida cala donde no hay servicio de socorrismo.

Y aquí acabamos el recorrido, aunque sé que si hubiéramos tirado más hacia arriba, por decirlo así, aún nos quedaban cosas por ver como el Parque Municipal de Mataleñas, pero ya estábamos muertos entre el viaje y la caminata y nos fuimos a cenar a un restaurante de al lado del Gran Casino y al hotel a ducharnos y a dormir que al día siguiente nos esperaba un buen trote también.

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Día 2: Viernes

A las 8 de la mañana ya estábamos desayunando en el hotel pues la agenda del día era un pelín apretadita, pero es que sino con 4 días no hubiéramos visto todo lo que vimos, aunque los dejé agotados con mi plan de viaje, lo reconozco… xD

Salimos del hotel hacia las 9 y poco de la mañana en dirección a Reinosa (no me digáis como se va porque yo de carreteras poquito.. yo le compré un mapa a mi padre y él iba haciendo.. pero vamos que es fácil de llegar porque si mi padre no se perdió.. es que es fácil.. xD)

En Reinosa lo más importante de ver es la iglesia parroquial de San Sebastián, iglesia barroca del siglo XVI, reformada en el siglo XVIII.

Como edificio civil destaca la Casona o casa de la Niña de Oro, situada en la avenida de Carlos III, calle principal de Reinosa, y fue construida en el siglo XVIII.

No os vayáis de Reinosa sin probar la pantortilla, un dulce de hojaldre y miel, y sin comprar algunas de sus famosas rosquillas. Están ambas cosas muy ricas, aunque tengo que confesar que soy muy golosa y a mí todo lo dulce me encanta.. pero objetivamente, están ambos dulces muy sabrosos, de verdad.

A tan solo 4 kilómetros de Reinosa se halla la localidad de Fontibre, lugar oficialmente considerado como nacimiento del Ebro. El parque natural que rodea la salida a la luz del río es de gran belleza y se halla acondicionado para ser recorrido por los numerosos visitantes que se acercan a conocerlo, incluyendo un mural escultórico de Jesús Otero y una reproducción en piedra de la Virgen del Pilar. Hicimos la foto de rigor y de vuelta al coche en dirección Potes. No sé si hay otro camino pero el que cogimos nosotros fue horrible, lleno de curvas y más largo que un día sin pan. El paisaje que vas viendo es precioso pero al final acabé harta de ver tanta montaña y quería llegar de una vez.. ya os he dicho que odio ir mucho rato en coche pero es que encima con las curvas, ya eso era mortal..

Al llegar a Potes tuvimos que dar 80 vueltas para poder aparcar porque estaba eso llenísimo de gente y de coches, aunque a mi el pueblo me gustó pero estaba que no cabía ni una aguja..

En Potes destaca la Torre del Infantado, actual sede del Ayuntamiento, es el edificio más significativo de la villa. Fue construida en el siglo XV, destaca por la solidez de sus muros, su escalinata de acceso y el balcón con pequeñas ventanas. En la zona posterior de la Torre se encuentra la antigua iglesia de San Vicente.

Potes tiene otra seña de identidad en sus puentes de San Cayetano, junto a la ermita del mismo nombre, y donde también encontramos la casona de La Canal, actual casa de cultura.
En Potes encontraréis gran cantidad de establecimientos de restauración y muchas tiendas de souvenirs. Queríamos comer aquí pero fue imposible por la gran cantidad de gente que había.

Ah, de Potes destacar también, El Mercado de los Lunes, en pleno centro de la villa, que nos dijeron que era digno de ver, pero evidentemente no lo vimos..

Cogimos otra vez el coche en dirección a Fuente Dé, lugar donde se encuentra el teleférico que te invita a conocer los Picos de Europa (sino tienes vértigo claro). Nosotros no subimos porque hacía un día muy nublado y había una cola de mil demonios, pero comimos allí, en el Parador de Turismo, probad el cocido montañés que además de ser típico de la región está muy rico.. Eso si, llena cantidad.. (Escribo más información acerca de los Picos de Europa y todo este lugar en la opinión que hice sobre los Picos de Europa, por si os interesa saber más).

Sobre las 4 y algo de la tarde, después de comer y estirar un poco las piernas, volvimos al coche en dirección San Vicente de la Barquera, que tengo que admitir, que me lo imaginaba un pueblo mucho más pequeño de lo que en realidad es.

San Vicente de la Barquera es la última gran villa cántabra antes de llegar a Astúrias y reúne una serie de alicientes paisajísticos, monumentales, populares y gastronómicos que merecen una visita, incluyendo su puerto pesquero, uno de los más importantes de la región..

Paseamos por el puerto llegando a la ermita de la Virgen de la Barquera. En este lugar sitúa la tradición la llegada de la imagen mariana a bordo de una nave sin remos, aparejos ni tripulantes. Esta leyenda dio origen a La Folía, fiesta grande de San Vicente, cuyo acto más relevante es una concurrida procesión marítima.

En la parte alta de la villa donde se encuentra la Puebla Vieja es donde están la mayor parte de los edificios emblemáticos: la iglesia de Santa María de los Ángeles (una de las obras más representativas del gótico montañés)y la Puerta del Prebote que comunica con la casa de la familia Corro, hoy sede del Ayuntamiento.

La siguiente parada fue Comillas, donde hay una visita imprescindible: El Capricho de Gaudí, que junto con el Palacio Episcopal de Astorga y la Casa de los Botines, en León, es una de las tres únicas obras de este arquitecto catalán que se conocen fuera de Catalunya.

El Capricho fue construido en 1.885 y contiene todo un repertorio de los elementos favoritos de Gaudí. En sus vidrieras es posible contemplar animales que arrancan notas a los más variados instrumentos (un pájaro tocando un teclado, una libélula la guitarra) y, en sus fachadas, los contrapesos de las ventanas son tubos de metal que emiten sus propios sonidos.

Nos gustó mucho a los 4 esta obra de nuestro compatriota catalán pero las fotos nos salieron un poco borrosas porque la luz además ya no era muy buena, se estaba haciendo de noche..

Muy cerca de El Capricho se encuentra la capilla-panteón de los Marqueses de Comillas, de estilo neogótico. La capilla pertenece al palacio de Sobrellano, considerado como la obra cumbre de Juan Martorell. Desde la explanada de acceso al Palacio se observa la impresionante Universidad Pontificia, un edificio enorme y digno de ver también. La Universidad fue clausurada en 1.968, desde 1.993 es propiedad de Caja Cantabria y admite visitas guiadas durante el periodo estival. El resto del año permanece cerrado, mientras continúan con las obras de conservación.

El último destino que tuvimos en este día fue Santillana del Mar, conocida por ser la ciudad de las tres mentiras: ni es santa, ni es llana, ni tiene mar; además de ser famosa por albergar las cuevas de Altamira (situadas a 2 km de Santillana), declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. En total, 70 grabados y 100 figuras polícromas que hoy se pueden ver en el museo-réplica construido hace pocos años para evitar el deterioro de los que fueron trazados anteriormente. Esta Neocueva de Altamira abre en verano de martes a sábado de 9.30 a 19.30, los domingos y resto del año cierra a las 17 horas. Si vais a visitarlas reservad con antelación, se puede comprar la entrada directamente desde su página web (altamira.net), porque nosotros nos quedamos sin verlas para alegría de mi madre pues tiene claustrofobia y no quería saber nada de cuevas. El teléfono de información es: 902.24.24.24 para si queréis consultar algo, aunque en la web que os dije anteriormente sale bastante información.

En Santillana del Mar el edificio más significativo es la Colegiata de Santa Juliana, el mejor exponente de la arquitectura románica en Cantabria. Nosotros llegamos ya de noche, visitamos la Colegiata por fuera y luego andamos por sus calles (muy incómodas por cierto, no se os ocurra ir con tacones!!) vimos la procesión de Semana Santa por casualidad, y cenamos unas tapas en un bar del centro de la villa. Y luego ya nos fuimos al hotel, no sin antes comprar la campanita de rigor (mi madre hace colección), unas corbatas de Unquera y una quesada Pasiega, típica también de estas tierras. Llegamos al hotel de madrugada y agotados pero el día valió la pena.

Día 3: sábado

El sábado por la mañana también madrugamos y nos dirigimos al Parque de la Naturaleza de Cabárceno, totalmente recomendable y diría que imprescindible si vais por estas tierras.

A sólo 17 km. de Santander (viene muy bien indicado cómo llegar) este Parque es algo así como un zoológico moderno, nada de jaulas, donde más de 500 animales de 54 especies distintas conviven en semilibertad a lo largo y ancho de 700 hectáreas. Hay hipopótamos, osos, jirafas, tigres, leones marinos, avestruces, canguros, animales de granja, un reptilario donde se encuentran cobras, serpientes de cascabel, víboras gigantes y demás bichos de estos (que asco me dio…) El Parque también cuenta con más de 4.000 árboles, varios lagos donde es posible pescar truchas y grandes cortes de tierra verticales que impresionan con sólo verlos.

Al llegar en coche a la entrada del Parque, como en un peaje, te cobran la entrada (12€ adultos, hay descuentos para niños y grupos), te dan un mapa del parque donde viene un itinerario recomendado para que sigas y así veas todo el parque.

Lo que nosotros hicimos fue seguir este itinerario y parar en cada sitio donde había animales porque como todo eso es enorme, a veces se escondían y te pasabas un rato buscando al animalito en cuestión, y en otros sitios te apetecía pararte más rato, como en los canguros donde había una cría que nos enterneció.. o en los osos, donde nos reímos un montón viendo como jugueteaban entre ellos. Puedes estar el rato que quieras y dar las vueltas que te apetezcan pero si quieres verlo todo es aconsejable seguir la ruta que te dan. Nosotros fuimos en coche pero también puedes ir andando por todo el parque(si te atreves), en bici, o en quads que alquilan en el mismo parque. Lo de los quads fue una mierda, con perdón, porque con el silencio y la paz que había por allí, cada vez que pasaban grupitos con el dichoso vehículo.. rompían todo el encanto con el ruido que hacían pero vamos, que a quien le gusten, pues que sepa que puede ir por allí con ellos.

En el Parque hay un aula de Educación Medioambiental destinada a Grupos de Escolares que pidan cita previa, y también se hacen demostraciones de técnicas de vuelo de aves rapaces cada dos horas aprox.
El horario del Parque es de 9.00 a 19.00 en verano y de 9.00 a 18.00 en invierno.

A la salida del Parque, al lado del reptilario, hay dos tiendas de souvenirs, donde hay cantidad de peluches de animales, pegatinas, llaveros, camisetas, tazas, etc etc.. Cuenta también con 3 cafeterías (» Restaurante los Osos», «Lago del Acebo» y «La Mina») y un self-service: «La Granja» .

Después de pasar toda la mañana en el Parque cogimos el coche y nos dirigimos a Liérganes, localidad situada a 28 km. de Santander, famosa por su leyenda del hombre pez. Dicha leyenda es tan célebre que da nombre al paseo principal, junto al río, evocando lo que comenzó como la historia real de Francisco Vega, natural del municipio, que desapareció en aguas del río Miera, reapareciendo tiempo más tarde en la bahía de Cádiz, lo que dio lugar a todo tipo de teorías, incluso ensayos como los del Padre Feijoo, que desembocaron en la leyenda de cambiante final, según el narrador.

Lo más destacable en Liérganes, aparte de su leyenda, es El Mercadillo. El Mercadillo conserva un hermoso puente del siglo XVI, y un magnífico conjunto de viejas casonas solariegas, en sus calles y callejas, como el palacio de La Rañada, mandado construir por el indiano Juan Cuesta (no se si este tb fue presidente de su comunidad.. xD)

Nosotros comimos en el Balneario de dicha población, que es uno de los principales de Cantabria por las propiedades de sus aguas, la calidad de sus instalaciones y la belleza de su entorno.

Después de comer nos dirigimos a Santander pues aún nos quedaban cosas que visitar en la ciudad.
Visitamos la Catedral de Santander con la cripta del Cristo, de estilo gótico.Presenta tres naves de apenas 4 m de altura con arcos ojivales rematados por bóvedas de crucería. En el ábside mayor se guarda un hermoso crucifijo de madera policromada y en el derecho una Piedad de piedra, también policromada. Destaca como elemento arquitectónico el claustro gótico por su armonía, y como piezas más valiosas del interior, el retablo mayor de estilo churrigueresco, una pila de agua de origen árabe, el sepulcro de Marcelino Menéndez Pelayo y la estatua yacente de don Pedro Camus, en la capilla de La Puebla.

Siguiendo por la calle Isabel II se llega a la plaza del Ayuntamiento en torno a la cual se distribuye una de las zonas con mayor densidad de establecimientos comerciales, especialmente de calzado y confección. Lo único que no me gustó de esta plaza es la estatua del caballo con el dictador Francisco Franco que espero que retiren pronto como han hecho con la de Madrid, eso ya es opinión personal pero como catalana me ofende ver la estatua de un dictador, como a otras muchas personas. Es lo único que no me gustó de Santander.

Tras el Ayuntamiento se encuentra el mercado de la Esperanza, uno de los cuatro que hay en la ciudad.
En la misma dirección inicial seguimos por otra vía peatonal, Miguel Artigas, que sale de un costado del Ayuntamiento y nos lleva hasta el conjunto de edificios que albergan la Biblioteca Menéndez Pelayo, el Museo de Bellas Artes y la Biblioteca Municipal.

Luego fuimos hasta los Jardines de Pereda, pasando por el edificio del Banco de Santander. En el Paseo de Pereda nº 7 hay una pastelería muy famosa por sus sobaos pasiegos, allí los compramos y os recomiendo que los compréis allí, el precio está muy bien y las personas que trabajan en esta pastelería son muy agradables.

Al cruzar la calle se encuentra el Palacete del Embarcadero y desde allí salen embarcaciones que te llevan al otro lado de la Bahía, a las poblaciones de Pedreña y Somo. Estos barcos son Los Reginas y tienen salidas regulares cada 30 minutos durante todo el año. En fechas señaladas como las que nosotros fuimos(Semana Santa) se realizan otras excursiones marítimas.

Nosotros cogimos una excursión por toda la Bahía de 1 hora de duración que nos costó 6€ por persona.
Sale del Embarcadero y pasa por La Magdalena, la Isla de Mouro, El Sardinero, Cabo Mayor, Isla de Jorganes, Playas de Loredo, Somo y El Puntal y de vuelta al Embarcadero pasando por los Muelles Comerciales.

Durante el trayecto te van explicando curiosidades de cada sitio por donde vas pasando. Nosotros tuvimos mal tiempo y nos llovió bastante, aún así mi hermana y yo (que somos unas locas de la vida..xD) fuimos en la parte alta del barco, cubierta mínimamente, pero entre la lluvia y el viento que hacía acabamos empapadas pero nos lo pasamos muy bien. Mis padres y el resto de la gente con dos dedos de frente fueron todos en el piso de abajo.

Después de esta excursión fuimos hacia el barrio pesquero pues esa noche estaba reservada para ir al restaurante de mi amor platónico desde que tengo 15 años: Ivan De la Peña.

El restaurante se llama «Los Peñucas» y, como ya he dicho, está en el barrio pesquero de Santander, concretamente en la calle Marqués de la Ensenada s/n donde hay varios restaurantes aparte de este. El restaurante por dentro está lleno de fotos de Iván, desde pequeño hasta la actualidad, fotos con el Barça, l’Espanyol, la selección española, etc.. yo me hice cantidad de fotos allí, claro está! Y al ir al baño, vi al padre de Iván por allí y ya me emocioné más si cabe.. De la comida os recomiendo las sardinas que son buenísimas, las gambas y todo el pescado en general y de postre, probad la tarta casera de queso.
La anécdota curiosa pasó cuando ya salíamos del restaurante y mi madre se dejaba el paraguas y salió el padre de De la Peña que estaba por allí y le dijo: «señoraaaa, que llueve!», muy campechano el hombre jeje.

Y nada, después de la emoción nos fuimos al hotel a dormir que al día siguiente tocaba otra vez palizón de coche.

Día 4: domingo

cantabria

El domingo acabamos de guardar las cosas en las maletas y bajamos a desayunar y a devolver la llave a recepción y nos pusimos en marcha dirección Barcelona.

Para este día aún teníamos 3 lugares a los que ir. Empezamos llegando a Santoña, situada a 48 km de Santander.

Esta población configura una de las bahías más hermosas de Cantabria, formada en la desembocadura de la ría de Treto, y cerrada longitudinalmente por el Puntal de Laredo.

El núcleo urbano tiene su principal monumento en la iglesia de Santa María del Puerto y sobretodo el retablo de San Bartolomé, la muestra más destacada de arte flamenco en Cantabria, compuesto por seis tablas pintadas entorno al año 1.500 en Brujas.
Otros edificios de interés son el Palacio de los Duques de Santoña, el de Chicloeches y el Instituto Manzanedo.

El puerto pesquero es de los más activos de Cantabria con especial dedicación al bocarte que las fábricas conserveras transforman en filetes de anchoa (producto típico del lugar). El espíritu alegre y la vocación pesquera de esta villa han quedado recogidos en su célebre Carnaval Marinero, el más popular de Cantabria.

Siguiendo con nuestra «vuelta a casa» la siguiente parada fue Laredo, villa célebre durante la Edad Media y, desde los años sesenta, una de las localidades más turísticas de la cornisa cantábrica.
El interés histórico-artístico de la villa se centra en la Puebla Vieja y en el Arrabal. En este conjunto encontramos la iglesia de Santa María de la Asunción, el monumento más valioso de Laredo. En el interior hay una pieza de gran valor artístico: el retablo de Belén, una obra extraída directamente de Flandes.

El Laredo más «moderno» se distribuye paralelamente a la playa de La Salvé, un inmenso arenal de 5 km. que se extiende hacia el norte, frente a Santoña y el monte Buciero. En este punto se halla el vértice natural conocido como El Puntal, con las instalaciones del Puerto Deportivo y Club Náutico. Al otro lado de este vértice se halla la segunda playa de Laredo, El Regatón, en el margen derecho de la ría de Treto.

La última localidad que visitamos fue Castro Urdiales.

Lo más importante a visitar en Castro Urdiales aparte de la iglesia de Santa María, es el castillo-faro, al menos a mí es lo que más me gustó. Junto al castillo se encuentra un puente romano que comunica con el puerto y con la ermita de Santa Ana. Una vez visitado el castillo-faro y el puente romano dimos un paseo por el puerto y compramos unos recuerdos, allí hay cantidad de figuras marineras, relojes, velas con motivos náuticos, etc.. Luego comimos en un restaurante de la zona, donde hay bastantes para elegir y ya cogimos el coche hasta Barcelona.

Bueno espero que os haya gustado y no se os haya hecho muy pesado de leer todo esto. Lo he escrito con cariño pues Cantabria me gustó mucho y, aunque nos quedaron cosas por ver, creo que aprovechamos bien los días que estuvimos allí.