Granada es una ciudad llena de posibilidades turísticas. Las dos más destacadas los palacios de la Alhambra y la cercanía de Sierra Nevada. A nosotros nos impactó aún más la alegría que se sentía en sus calles y en sus frondosas plazuelas. Alegría bañada en sol andaluz, pura hospitalidad convertida en abrazo.

En su centro histórico, junto a su catedral, existe uno de los rincones más típicos y llamativos del sur hispano: La Alcaicería.

Dónde está

Llegar no es complicado, pero es zona de frecuentes obras y de bullicio. Circular en Granada es difícil, pues ante las escasas plazas de aparcamiento en superficie los responsables locales fomentan el uso de la autovía de circunvalación. Te recomiendo que entres por donde lo hagas sigas hacia el centro todo lo posible y, cuando no te sea posible acercarte más, entra en un aparcamiento subterráneo y muévete a pie o en autobús. No te aferres al vehículo, Granada es ciudad para pasear.

A mano izquierda de la Catedral, en cuya cripta están los sepulcros de los Reyes Católicos, está el barrio de la Alcaicería. En árabe esta palabra significa algo así como «Lo de César», evocando que Justiniano concedió permiso para instalar puestos de seda dentro de la ciudad.

Qué es la Alcaicería

Se trata de un conjunto de callejuelas trazadas como se ven por televisión los mercados musulmanes. Estrechas, con los puestos llenando de artículos el espacio de paso. Es todo un bazar que te hace sentirte como si estuvieras en Oriente. Puedes encontrar infinidad de cosas. Desde textiles, donde destacan las chilabas y otras manufacturas de sentido árabe, a todo tipo de souvenirs.

De precios anda muy bien, existiendo mucha competencia entre los distintos puestos. Entre ellos existen dos tipos muy definidos. El árabe puro, donde tienes que regatear o te mirarán de mala manera.

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Regatear es fácil, directamente te pedirán cuatro veces más de lo que vale. Si te haces el listo y ofreces directamente la cuarta parte te montarán un pollo, quejándose como si hubieras ofendido a toda su familia. Lo que tienes que hacer es poner cara de asco, musitar que no te interesa y amagar con irte. Nunca muestres interés, es la clave para regatear.

El otro tipo es el árabe moderno, donde los precios están a la vista y no admiten el regateo excepto si compras varios artículos.

En la Alcaicería granadina puedes encontrar una gran variedad de productos. Nosotros siempre que hemos paseado por allí hemos salido con una buena compra. Si vas a Granada te recomiendo que entres en este mercado callejero sin bultos, por si empiezas a enamorarte del arte andaluz y musulmán.

Si dentro empiezas a sentir agobio, pues da la sensación de que no existen salidas, no te preocupes. Sigue una línea recta y hallarás una salida enseguida. A lo mejor sales a la plaza de las flores, otro rincón bellísimo de Granada.

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Hasta aquí todo bien, ahora me toca contaros el trasfondo de la Alcaicería. En realidad no es un mercado musulmán, sino un montaje cara a los turistas que funciona estupendamente. En época medieval concentraba a los artesanos, que se distribuían en gremios ocupando cada uno de ellos una callejuela.

Era un lugar de producción más que de compra, y también tenía algunas fondas para los mercaderes que venían a hacer encargos a los artesanos o a recogerlos.

Pero en 1843 se originó un incendio en la calle Cerillas, ¡dónde si no!, y la Alcaicería desapareció por completo. Posteriormente se reconstruyó pero los gremios desaparecieron y ahora no es el lugar donde se producen los artículos sino donde se venden. Remodelada cara a los turistas ha perdido su encanto original, donde los clientes podían encargar la pieza tal como la querían. Ahora casi todo son artículos hechos en serie, existiendo poca artesanía aunque alguna puedes encontrar.

No es lo mismo, pero es lo más parecido que tenemos. A pesar de todo si estás en Granada es una visita recomendable.