Monasterio de la Cartuja

Una de las visitas que hicimos en Granada que más nos impresionó es la que hicimos al Monasterio de la Cartuja. Era un lugar desconocido para nosotros que nos marcó profunda huella.

Fuimos casi por casualidad, no sabíamos qué hacer aquella mañana y en la recepción del hotel nos recomendaron este monumento.

Como tampoco teníamos planes hechos nos fuimos para allá, pensando que encontraríamos un convento como cualquier otro. No esperábamos nada especial pero nos equivocábamos.

Situación

Para llegar a este monasterio hay que tomar como referencia que se halla en el Campus de la Universidad de Granada. Si llegas desde fuera abandona la ronda de circunvalación por la avenida de Andalucía. Sígala hasta el final, tomando después la Ribera del Beiro. A su final te encontrarás muy cerca del Paseo de la Cartuja, que es donde se halla este espectacular monumento.

Es una calle tranquila, alejada de la ronda de circunvalación y del bullicio del centro urbano y de la Alhambra. Se podía elegir aparcamiento delante, pero llevado de un impulso repentino entré con el vehículo por la puerta exterior del muro hasta el patio del monasterio. Había otros vehículos estacionados por lo que bajo la sombra de un árbol dejé el nuestro tranquilamiento. Era un patio rectangular, empedrado y rodeado de jardines. En su parte derecha un par de tiendas de recuerdos, allí compramos pilas y cogimos unos folletos sobre el monasterio. En la parte más interior del patio estaba el templo del monasterio. En alto, por lo que se accedía por unas escalinatas. Exteriormente muy sobrio, era una portada plateresca como tantas otras, lo que confirmó nuestras sospechas de que aquella visita no nos aportaría nada. Delante había otros visitantes, sentados en unas barandillas de piedra, con gesto de cansancio.

Recorriendo La Cartuja

Como íbamos predispuestos a la decepción pensamos que aquellos visitantes estaban tan aburridos como esperábamos estar nosotros. Pero nos comentaron que la visita se hacía en grupos y había que esperar a que abrieran la puerta. No nos fuimos del tirón de milagro, era lo que nos faltaba, tener que esperar para no ver nada de interés. Mi esposa se entretuvo tomando unas fotos y en esas se abrió la puerta de la iglesia y entre aquel grupo de turistas entramos.

Las partes más hermosas de este monasterio son obra del cordobés Francisco Hurtado, quien era el maestro mayor de la catedral de Granada. Quedaron los cartujos tan contentos que le enviaron a repetirla en El Paular (Madrid) y le nombraron Alcabalero de Priego de Córdoba, donde murió.

Este artista fue único. Con gran capacidad de síntesis y de originalidad desarrolló un estilo propio que hoy es considerado como el estilo granadino por excelencia. En aquellas tierras andaluzas se construía siguiendo las costumbres medievales. Los musulmanes y quienes trabajaban para ellos utilizaban como elemento esencial el ladrillo, el cual decoraban a base de yesos y motivos vegetales. Cuando llegaron los cristianos del norte pusieron de moda la piedra y la decoración a base de esculturas.

Pero en Andalucía durante el siglo XVIII se seguía prefiriendo el ladrillo a la piedra, sobre todo en las zonas que pertenecieron al reino nazarí. Francisco Hurtado construyó en ellas con un estilo nuevo basado en el contraste cromático. En lugar de basarse en el material de construcción buscó profundizar en el sentido de volumen del barroco, creando una taracea visual, constraste de luz y sombra, de blancos y negros. Cada vez que veo un recuerdo de Granada con su clásica artesanía de piezas blancas y negras me acuerdo del suelo de la Sacristía, de baldosas negras y blancas. Y me acuerdo de las contrastes de color entre el mármol y el jade en las paredes. Se trata de un recurso sencillo que se ha convertido en el símbolo del barroco andaluz, el bicromatismo. En muchos edificios desde aquella época se puede apreciar este efecto visual que pretende potenciar los rasgos arquitectónicos de la construcción. Dicho de otra manera este efecto se manifiesta en la utilización de dos colores, como recurso de contraste visual.

Otro recurso que potenció Francisco Hurtado fue la utilización dentro de los edificios de superficies ondulantes. Le da un carácter de gran dinamismo al interior de sus obras el hecho de que las superficies no sean planas, pues generan volúmenes que a su vez forman contrastes visuales.

Francisco Hurtado formó parte de una generación nacional que convirtió el barroco importado del extranjero en un estilo propio e inigualable.

La Cartuja procede del siglo XVI, encargándosele su embellecimiento a principios del siglo XVIII. Su trabajo produjo tal sensación a los cartujos que tuvo que marchar a El Paular antes de acabar su labor en Granada. De todas formas, aunque no finalizó su obra, se mantuvieron sus diseños sin cambios.

Pero el saqueo de las tropas napoléonicas, a principios del siglo XIX, y la desamortización destruyeron gran parte del monasterio. Afortunadamente se perdieron las partes menos artísticas, los talleres, las celdas, la necrópolis, el claustro y otras dependencias. Se conservaron la iglesia, el claustro chicol el refectorio y la sala capitular, donde se encuentra el trabajo de Francisco Hurtado.

Cuando entras lo haces en un pequeño claustro. Allí te cobran la entrada al conjunto, ahora cuesta tres euros, cuando fuimos pagamos en pesetas. El claustro es sencillo, con arcos dóricos y te sigue dando la impresión de que estás en un convento como cualquier otro. Pero no.

Cuando entras en la iglesia descubres un espacio prodigioso. Y te das cuenta de que estás dentro de una obra maestra. Es de una sola nave, pero de gran belleza. Las paredes están recubiertas de yeserías blancas. El efecto visual es extraordinario, aunque se juegue sólo entre el blanco y las sombras.

Al final de esta nave, a su izquierda está la Sacristía. Fue construida en el año 1713 en planta rectangular. Tiene bóveda de cañón y una cúpula elíptica. Es un espacio de 20 x 10 metros cuyo suelo es un mosaico de baldosas blancas y negras. El efecto decorativo es extraordinario, predominando los movimientos ondulados. Este espacio comparte con la Alhambra el horror vacui, no existe ninguna zona en las paredes que esté lisa. Todo, absolutamente todo, está decorado. Se considera a esta sacristía la obra cumbre del barroco español. En su parte central un retablo de mármol.

La parte del altar se compone de un baldaquino, rodeado de tallas y frescos. Aquí domina el color del oro, también con un gran lujo. Pero es un espacio distinto, contrastando con el blanco de la nave de la iglesia y con la bicromía blanco-negro de la sacristía. Son tres forma de entender el arte, de sentir el barroco, a cual más sorprendente.

Cuando salimos asombrados, aún nos dio tiempo a curiosear por el claustro chico. Vimos el refectorio y un par de salas. Nada de especial, asombra la sobriedad monástica de estos lugares cotidianos en la vida de los cartujos con la exhuberancia de la casa de Dios. Tan sólo llamaban la atención una serie de cuadros manieristas de Sánchez Cotán y otros pintores de prestigio. El refectorio tenía bóvedas góticas con arcos de medio punto, y su único punto interesante era una curiosa cruz. En el centro la mesa de madera y los bancos. En un lateral un púlpito, desde el que un monje leía la palabra mientras los demás comían en silencio.

Al lado del refectorio la sala de profundis, también llamada de San Pedro y San Pablo, con un retablo de Sánchez Cotán. Era un retablo pintado, lo que nos llamó la atención porque habíamos visto muchos retablos barrocos y desconocíamos que existían retablos pintados. Al lado la Capilla de Legos, del siglo XVI, también en estilo gótico, con lienzos de Carducho. La sala capitular tenía bóveda de crucería y cuadros del mismo pintor. Asimismo daban al claustro chico tres pequeñas capillas.

monasterio de la cartuja granada

En cuanto salimos entró otro pequeño grupo de visitantes. Nos extrañó la escasa afluencia de este monumento, cuando hay tantas colas en la Alhambra. A su manera, en su estilo, este monumento está a su altura. Nunca he visto una sacristía como la del monasterio de Nuestra Señora de la Asunción.

Si pasas por Granada es una visita imprescindible. Abren todos los días de 10 a 13 horas. En invierno abren por la tarde de 16 a 18, en verano de 16 a 20 horas. Si no tienes vehículo propio puedes recurrir a la línea de autobuses urbanos número ocho.

Nosotros siempre recordaremos la impresión que nos dejó aquella sacristía. No hemos visto nada igual, no te lo pierdas.

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