Hace ya tantos años que no visitaba Órgiva que ya no recuerdo cuándo fue la primera vez. Órgiva es un pequeño pueblo de Granada que se encuentra situado en montaña, está rodeado por mas pueblos con nombres también característicos y muy conocidos como Capileira, Lanjarón, etc…

La primera vez que corrí por sus calles, que anduve por sus caminos, que visité sus cortijos y recorrí sus angostas veredas. No recuerdo cuando visité por primera vez este pueblo granadino, pero no es de extrañar, ya que con pocos meses de vida ya estuve veraneando en él.

Desde muy pequeño que visito este pequeño pueblo alpujarreño, llegando a pasar gran parte de mi infancia en épocas estivales. Se podría decir que nos dejábamos caer a principios de Junio y que no recogíamos las maletas hasta Septiembre, pasábamos la totalidad de días vacacionales disfrutando de sus gentes, de su aire, de su entorno.

En los últimos años no la visito como debería, con lo que tengo que agradecerle, pero siempre acabo en él, aunque sean unos minutos o unas horas.

El pueblo en cuestión es Órgiva, un pequeño pueblo de apenas 5.000 habitantes situado en las faldas de Sierra Nevada, y convertido en la capital de las Alpujarras granadinas.

Situado a unos 60 kilómetros de la capital y a tan sólo 17 de la famosísima población de Lanjarón, encontramos este enclave privilegiado, centro neurálgico de la comarca alpujarreña, paso obligado en una singular travesía por las fantásticas y espectaculares montañas de la zona.

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La población se encuentra en un pequeño valle a la entrada de las Alpujarras más abruptas. Situado entre Sierra Nevada y Sierra Lújar, y flanqueado por el río Guadalfeo, es un paraje singular para poder disfrutar de unas vacaciones rurales en plena naturaleza.

El núcleo urbano no es muy grande, aunque por la zona es uno de los más completos. Junto a su iglesia de doble campanario encontramos el centro social de la urbe: la plaza del pueblo, plaza que se convierte en punto de reunión para los habitantes de la población. Junto a ella encontramos el ayuntamiento, la biblioteca y el mercado. A pocos metros de distancia de esta iglesia encontramos uno de los monumentos más señalados de esta pequeña población, el castillo-palacio de los Condes de Sástago ( reformado recientemente ).

En torno a esta plaza se encuentra también la zona más comercial, donde se sitúan bares, bancos y diversas tiendas, tanto de alimentación como de recuerdos.

Lugares curiosos de visita hay en gran cantidad por la zona, pero dentro del municipio es poco relevante, a parte de su iglesia y su castillo. A unos pocos kilómetros encontramos los molinos de benizalte, molinos dedicados unos siglos atrás a la prensa de la oliva, y a tres kilómetros está su magnifico río, el Guadalfeo, cruzado por su puente de los 7 ojos. Un río natural, donde podemos gozar con su fauna ( sobretodo los más pequeños ), donde ver ranas, tortugas o peces es lo más normal del mundo. Un río rodeado de campo, árboles y naturaleza, un lugar idílico en su plenitud.

Gastronómicamente hablando es casi de obligación probar sus embutidos, su fantástico jamón, las morcillas y las longanizas, sin despreciar sus carnes, como el cordero, muy cuidado y delicioso. En repostería también van a la cabeza, con dulces y pasteles típicos de la comarca, deliciosos a cualquier hora.

No nos podemos olvidar de sus platos típicos, como las migas de harina, la sopa de picadillo o su leche merengada, platos que cuidan con esmero y que son deliciosos.

La población ha aprovechado la demanda de turismo rural, y se ha puesto manos a la obra. Disponen de varios campings, hoteles, hostales y empresas dedicadas a este tipo de turismo. Aprovechan su situación privilegiada para ofrecernos rutas por la montaña a pie, a caballo, en bicicleta o en 4×4. Organizan actividades relacionadas con los deportes de aventura por la zona, donde cada vez más, la demanda crece.

Órgiva

Rodeada de bosques y cortijos, la sensación de contacto con la naturaleza es espectacular. El despertar con el trinar de los pájaros, el caminar por calles totalmente silenciosas y la falta de ruido al que estamos acostumbrados en las grandes ciudades, hacen que sea un destino para gozar de la tranquilidad, de olvidar el trasiego y acabar con el estrés de la vida cotidiana. Un paraje muy natural por el que parece que no ha pasado el tiempo, donde se vive de otra forma, a otro ritmo.

Aún recuerdo nuestros aventureros viajes hasta llegar “ al pueblo “ con nuestro SEAT 127, donde llegar en menos de 13 horas era un auténtico milagro. Como anhelábamos volver a este reducto de la naturaleza, como añorábamos durante todo el año el pasar unos días con nuestros primos jugando en el cortijo, en sus calles, en sus árboles……en su esencia.

Resumiendo: Órgiva es un pueblo de Granada que se debe de visitar y ver sus costumbres y tradiciones ya que nos puede enseñar muchísimo de él, así que no os lo penséis y a descubrir por vosotros mismos este emplazamiento tan bonito y tranquilo….. 🙂