Lorca, que te quiero Lorca… Cada día, en mi casa, tengo la dicha de ver una de las fotos del granadino Federico García Lorca, con lo cual puedo recordar su pasión por la vida y su talento para las artes. Se trata de un póster que compré en su misma casa, que ahora es un museo en su honor, en el pueblecillo de Fuente Vaqueros.

García Lorca se ha convertido en uno de mis santos, en un compañero cuando estoy en el ordenador, porque lo tengo justo enfrente. Fetichismo? No lo creo, más bien es una enorme e infinita admiración hacia él como ser humano y hacia su obra, que en cada lectura me sorprende y cautiva un poco más.

Conocer un poco de su vida, de su sentir, de sus frases es despertar en el alma la emoción que sólo nace de la más sincera y pura simpatía. Aunque se diga que el arte se debe juzgar o sentir independientemente de sus creadores, en el caso de García Lorca cautivan tanto una como el otro. Además, es determinante tener algún conocimiento de quién fue para saborear más sus obras (con perdón de quienes no compartan mi opinión).

Poeta, dramaturgo, dibujante, músico, conferencista y promotor de reformas sociales, el autor de la célebre «La casa de Bernarda Alba» fue un hombre comprometido con su tiempo y con su entorno. De espíritu inquieto exploró desde las raíces del flamenco hasta las vanguardias estadounidenses, dejando testimonio y creaciones para todos.

Sus palabras están llenas de pasión, de amores oscuros, de tragedia, pero también son un canto a la vida, a la naturaleza. Incluso escribió canciones para niños.

Cómo llegar y entradas

Saliendo desde Granada por la A-92 dirección Málaga, salida Chauchina-Fuentevaqueros.

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Dirección:

C/Poeta García Lorca número 4,
FuenteVaqueros (18340) Granada.

Tel. (958) 516962

Tarifas

  • General: 3 €.
  • Reducida: 1 € (jubilados y estudiantes, con acreditación, y niños entre 12 y 14 años).
  • Gratuita: niños hasta 11 años y miércoles no festivos.

Cierran los lunes.

Una casa con vida

Qué mágico, trepidante e inesperado cúmulo de emociones viví desde que supe que podría ir a ver la casa de este escritor.

Llegar al poblado es sencillo, pero ya dar con la casa-museo es otra historia. Nosotro vimos una señal, pero era bastante confusa, porque la flecha parecía indicar derecho, pero queróa decir a la izquierda. Lo bueno es que después de ir y volver dos veces encontramos a unas personas en la calle y nos dijeron por dónde era.

Mi corazón se puso tan feliz cuando al fin vimos el letrero «Aquí nació y vivió…», no lo podía creer! Es que lo admiro desde que, siendo adolescente, el grupo de teatro al que pertenecía quiso montar «Así que pasen 5 años». Desde el día que leí las primeras líneas de esta pieza me hice adicta a su estilo y simbolismo, así que he tenido la dicha de leer sus obras completas. Al hacerlo siento como si dialogara con él, locura o fanatismo?

Decir que no lloré sería mentir, quién podría evitarlo, al estar así de cerca del lugar donde creció una de las personas y artistas que más se admiran?

¡Recordarlo me conmueve lo mismo! Pero quiero contar lo que vi. La casa, como todas las de los alrededores, es de color blanco y de dos plantas. Como siempre, iba con mi esposo y también entró otra pareja. Nos recibió el encargado del lugar, quien amablemente nos sirvió como guía.

La casa conserva muchos de los muebles originales. Por ejemplo, uno de mis favoritos, el piano, ese piano donde García Lorca compuso muchas de las canciones que formaron parte de algunas de sus obras. Donde imaginó sus «Poemas del cante jondo» o sus numerosas baladas y suites. Sobre el piano está una foto de Lorca tocándolo. Es una imagen inquietante por verlo a él en otra época, pero en ese mismo sitio, tocando ese mismo objeto…

Otro de los muebles que me llenaron de ternura fue su cunita! Pensar que en esa camita descansaba uno de los corazones más sensibles de nuestra era.

En las paredes cuelgan algunos retratos familiares, que contribuyen a trasladarte a la época en la que aquella casa estaba habitada. Pero aun cuando ahora sólo los visitantes la pisamos, se siente en su interior la vida, esa vida que Lorca tanto amó y a la que cantó en todas su obras, incluso en las que hablaba siempre de la muerte.

Acercarse a su duende

Debo decir que García Lorca no vivió en esta casa demasiados años, pero regresaba siempre a ella. Es más, en ella pasó los veranos de 1926 a 1936, época en la que escribió la apasionada «Bodas de sangre» o el «Llanto por Ignacio Sánchez Mejía», del cual reproduzco arriba una estrófa.

Siguiendo con el recorrido de lo que ahora es un museo, en la parte trasera hay un espacioso jardín interior, con un pozo y un busto del autor. Ahí uno se puede hacer una espléndida foto del recuerdo.

Al volver a entrar a la vivienda, podemos subir a la segunda planta, donde, cuando yo fui, tienen una exposición de sus dibujos, primeras ediciones, discos de la época, carteles de sus representaciones y hasta uno de los vestidos que usó una actriz para la obra «Doña Rosita la soltera».

Cada uno de estos objetos terminan de sellar el viaje en el tiempo que se inicia desde antes de cruzar el umbral.

Aconsejo que quien quiera visitar esta casa-museo primero y no conozca la obra de García Lorca, primero la lea. Recomiendo ampliamente «La casa de Bernarda Alba» (estrenada después de su muerte) o sus libros de poesía como «Canciones» o el «Romancero gitano» (con un dulce sabor a Andalucía). A quien ya lo conozca, aconsejo releerlo, que llevándolo más presente, podremos escuchar su voz más fuerte en el oído.

Un poco de Lorca

Museo Casa Natal Federico García Lorca

Algo que siempre me ha dado escalofríos es que escribió la obra «Así que pasen cinco años», cinco años justos antes de ser asesinado. Además, el mismo protagonista de la obra muere al final y comparte con García Lorca varias características.

Fue un reivindicador, puso a la mujer como protagonista, defendió el arte y cultura gitanos y hasta cantó a los negros explotados en Estados Unidos, que lo impactaron durante uno de sus viajes.

Sus amigos lo describen como un ser lleno de vida, siempre alegre y de una risa contagiosa.

Los simbolismos empleados por este autor son sobre todo para referirse a la muerte. (Debo decir que mi tesis de la Lic. en Lengua y Literatura fue justo este tema). Entre ellos usa colores como el verde y el gris, objetos como los zapatos y las calaveras o animales como el caballo. Siempre se ha pensado que tal vez de alguna forma presintiera lo que le ocurriría.

Como algunos saben, fue encarcelado y después asesinado por el ejército franquista, al inicio de la Guerra Civil (1936), por considerarlo «rojillo», debido al contenido social de sus obras.