Tarazona, capital de la comarca del Moncayo, combina su gran riqueza monumental con un entorno memorable. Ha sido llave de fronteras y testigo de multitud de historias.

Según palabras de Gustavo Adolfo Bécquer:

“cruzando sus calles, con arquillos y retablos, con caserones de piedra llenos de escudos y timbres heráldicos, con altas rejas de hierro de labor exquisita y extraña, hay momentos en que se cree uno transportado a Toledo, la ciudad histórica por excelencia.”

Tarazona es un enclave privilegiado porque organiza la salida del valle del Ebro hacia la meseta, por Soria, y hacia Navarra, por Tudela. Esta situación estratégica le ha proporcionado desde siempre la condición de población reconocida por romanos, cristianos, árabes y judíos.

Cuenta la leyenda que Tarazona, capital de la comarca del Moncayo, situada en medio del río Queiles, fue edificada por Túbal y Caín, y reconstruida por Hércules; en su escudo se constata este origen, ya que dice: “Túbal y Caín me edificat. Hércules me redificat”.

En su riquísimo patrimonio (su casco antiguo está declarado Conjunto Histórico Artístico desde 1965) se reflejan todas estas influencias, aunque la ciudad se enorgullece sobremanera de su conjunto mudéjar.

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Todo en la población encuentra reminiscencias de este estilo: la esbelta iglesia de la Magdalena y el Palacio Episcopal (ambos en el barrio alto o El Cinto), la Casa de la Contratación, el Ayuntamiento (del siglo XVI) o la admirable catedral de estilo gótico. La catedral fue edificada, según sus indicios, sobre una capilla mozárabe, y su construcción se inició en el siglo XII, aunque los trabajos finalizaron en el XVI: destacan la torre románica rematada en ladrillo por artistas mudéjares, el claustro con bóvedas de crucería estrelladas y algunos retablos.

Durante el recorrido por Tarazona os recomiendo también hacer parada en las casas colgadas de la antigua Judería (una de las más importantes de Aragón y también una de las más representativas de la España de Sefarad). También es muy original la Plaza de Toros Vieja, que fue construida en planta octogonal a finales del siglo XVIII y que está rodeada de viviendas.

En Tarazona también destaca la hermosas ermita barroca de San Atilano.

La riqueza de Tarazona encuentra su hermoso paralelo en un entorno de evocaciones casi oníricas del monasterio cisterciense de Veruela (lugar de retiro de Bécquer, e inspirador de algunas de sus “Cartas desde mi celda”.

En la comarca también hay bonitos pueblos que conviene visitar, como Trasmoz (con su castillo, en el que no faltan las historias de brujas), Santa Cruz del Moncayo (con una tradición artesana resumida en su Museo de Cerámica), Alcalá de Moncayo (encaramado en un alto con la protección de los restos de su recinto defensivo), el trazado medieval con sabor a medioevo de Vera del Moncayo o Borja que, además del incentivo de sus monumentos, ofrece una muestra del mejor vino que produce la región.

Es muy fácil llegar a Tarazona, ya que se encuentra a unos 86 kilómetros de Zaragoza, que es parada de la línea de Alta Velocidad Madrid-Lleida y, una vez en Zaragoza, podemos coger un autobús hasta la bella población aragonesa de Tarazona.

Las fiestas patronales de la localidad comienzan con la salida desde el Ayuntamiento del bufón El Cipotegato, el 27 de Agosto, y acaban el 1 de Septiembre.

Tanto para dormir como para comer la oferta es amplia. Yo puedo recomendaros los establecimientos en los que me alojé y comí, que fueron el Hotel Brujas de Bécquer y el Restaurante El Galeón.