Alfama

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No hay ningún otro lugar en Lisboa que resulte tan evocador como Alfama. Sus viejas callejuelas, salpicadas con un encanto único, nos invitan a perdernos para descubrir todos y cada uno de sus preciosos rincones. Un barrio que representa la esencia más pura de Lisboa, sin poses ni apariencias, donde el traqueteo del mítico tranvía 28 rompe el tranquilo latido del barrio. Una visita imperdible para descubrir la Lisboa más auténtica. ¿Te vienes conmigo?

Hablar de Alfama es hablar de historia, y es que no hay otro barrio tan antiguo como este evocador rincón cuyo origen se remonta con toda probabilidad hasta la época de los fenicios. Su situación, a orillas del Tajo y sobre la colina de San Jorge, hizo que el lugar fuese el asentamiento preferido por fenicios, romanos, y árabes a lo largo de los siglos, estos últimos, dejando su legado hasta día de hoy. Sin ir mas lejos, la propia palabra Alfama tiene su raíz etimológica en la palabra árabe al-hamma, «fuente» en castellano.

Calles de Alfama en Lisboa

Fueron muchos siglos después cuando Alfama sufrió las consecuencias del terrible seísmo de 1755. Un terremoto que causó cerca de 100.000 muertes (casi el 30% de la población de la ciudad), obligando a reconstruir Lisboa y los corazones de los lisboetas casi en su totalidad. Si bien la reconstrucción ideada por Marqués de Pombal recreó la ciudad con estructuras resistentes a futuros temblores, Alfama guardó su entramado de callejuelas perdurando su esencia de barrio de pescadores hasta día de hoy.

Qué ver en Alfama

La primera premisa para recorrer Alfama es dejarnos llevar sin rumbo, descubriendo calle arriba y calle abajo rincones que serpentean impregnados de la esencia más pura de Lisboa, esa que sabe a mar y susurra, a veces en alto, a veces de manera imperceptible, lamentos de su pasado. No hacerlo significa perdernos el mayor tesoro del barrio y por ende, probablemente, de la capital portuguesa.

No obstante, Alfama atesora varios los lugares de visita obligada que no nos podemos perder en nuestra visita. Aquí os dejo algunos de ellos.

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Panorámica de Alfama

Castillo de San Jorge

Ya sea por sus increíbles vistas sobre la ciudad, o por su pasado lleno de historia, la visita al Castillo de San Jorge es una de esas cosas que no podemos dejar de hacer si visitamos el barrio de Alfama. En su interior podremos descubrir todos sus entresijos, recorrer todas y cada una de sus once torres, descubrir su patio de armas y su yacimiento arqueológico, o disfrutar de la tranquilidad de sus coquetos jardines, que siglos atrás formaron parte de la vida de los reyes de Portugal.

Pero además, el castillo atesora una de las más impresionantes vistas panorámicas sobre la ciudad, y solo por eso merece la pena atravesar sus puertas. Precio de la entrada general: 8.5€

Catedral de Sé

Quizás no sea a priori la mayor ni más bonita iglesia que encontremos en Lisboa, pero es su catedral y está cargada de historia. Sus inconfundibles dos torres nos dan la bienvenida a una construcción que resistió al terrible terremoto de 1755 que asoló gran parte de la ciudad. Un templo construido por orden de Afonso Henriques, primer rey de Portugal, tras reconquistar la ciudad a los musulmanes sobre una antigua mezquita, que data del siglo XII, aunque ha sido reconstruido en numerosas ocasiones.

La entrada es gratuita aunque podremos ampliar la visita descubriendo el claustro (donde encontraremos restos romanos, árabes y medievales), o el tesoro (compuesto por cuatros salas con joyas, trajes y reliquias de su extenso pasado). El precio para acceder al claustro y al tesoro es de 2.5€ cada uno de ellos. Por ese precio, merece la pena descubrirlos. ¿O no?

Miradores

Mirador de Alfama

Si hay algo que no podemos dejar de hacer en Lisboa, aparte de montar en alguno de sus míticos tranvías, es descubrir los increíbles miradores que las siete colinas nos regalan sobre la ciudad. Y en Alfama, como no podía ser de otra manera, encontramos tres de los más bellos que podamos imaginar.

Si decidimos visitar el Castillo de San Jorge, probablemente descubramos el mirador más espectacular de todos, pero si no queremos acercarnos hasta él, o pagar la entrada, merece la pena perderse entre las callejuelas del barrio hasta llegar al Mirador das Portas do Sol, o al cercano Mirador de Santa Luzia. Dos preciosos rincones donde el tiempo se detiene para regalarnos una estampa única.

Iglesia de San Vicente de Fora

Iglesia de San Vicente de Fora

La preciosa iglesia de San Vicente de Fora nos espera desde la lejanía con su luminosa y enorme fachada visible desde diferentes puntos de la ciudad. Una iglesia cuyo origen se remonta al Siglo XII, cuando Afonso Henriques, rey de Portugal, mandó construir un templo para albergar el cuerpo de San Vicente, a la postre patrón de Lisboa.

Reformada en diferentes ocasiones, su monumentalidad ha llegado intacta hasta el día de hoy. Dentro nos esperan sorpresas, como su sorprendente claustro salpicado por bellos mosaicos del siglo XVIII realizados con los tradicionales azulejos portugueses azules y blancos. Merece la pena descubrirlo. Entrada a la iglesia gratuita. Claustro 4€.

Museo del Fado

Chafariz

El Fado es la expresión musical del alma de Lisboa, y Alfama, es el corazón de ese sentimiento. Como no podía ser de otra manera, la cuna del movimiento tiene su totem particular en el barrio, concretamente en el Museo del Fado (Largo de Chafariz de Dentro 1). Puertas adentro nos espera un repaso a la historia de este estilo tan característico y representativo del alma lisboeta, nombrado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco, así como un sinfín de trajes, instrumentos, partituras, fotografías y documentos.

Una visita imprescindible si nos sentimos atraid@s por el embrujo del sentimiento lisboeta. Horario, de martes a domingo, de 10h a 18h. Ultima admisión a las 17.30h. (Cerrado los días 1 de Enero, 1 de Mayo y 25 de Diciembre). Precio 5 euros. Más info: http://www.museudofado.pt/

Mi Opinión de Alfama

Alfama en Lisboa

Como reza la canción de Amalia Rodrigues, Alfama huele a nostalgia… y… eso es precisamente Alfama. Un barrio que nos invita a impregnarnos de esa esencia tan pura, que solo se encuentra en esos rincones que permanecen mudos observando el paso del tiempo con desdén. Un silencio roto por el traqueteo del tranvía 28, que libera su alma en forma de fado, dando voz a esos viejos recuerdos que permanecen eternamente enclavados entre sus estrechas callejuelas.

Recorrerlo sin rumbo es la única manera de conocer su esencia verdadera, pero no debemos dejar de lado sus otros grandes atractivos. El Castillo de San Jorge, la Catedral de Sé, los miradores… son solo tres de los preciosos rincones que podemos encontrar entre sus calles. Pero además de lo ya nombrado, podemos visitar lugares como el Panteón Nacional, la Feira da Ladra (famoso mercadillo al aire libre que se celebra todos los martes por la mañana y sábados durante todo el día), el precioso Museo de Artes Decorativas, o el interesante Museo Nacional Militar, entre otros.

Toda visita a Lisboa debería incluir un paseo por Alfama. Quizá no tenga el brillo de las grandes avenidas y plazas del centro de la ciudad, pero en Alfama reside el secreto mejor guardado de Lisboa. Su alma.

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