Dentro de mi última visita a Toledo me aventuré a salir fuera de sus murallas, ya que tras ella hay cosas interesantes como las ruinas del circo romano, el Hospital de Tavera, la plaza de toros, la basílica de Santa Leocadia y Cristo de la Vega,…. y alguna que otra cosilla más.

Antes de todo, es primordial, preguntar en los puntos de información turística (en mi caso, el situado en la plaza de ayuntamiento y de la Catedral) el horario, precios y estado de los elementos a visitar. Me comentaron que fuera de las murallas solamente estaba visitable los restos de las ruinas del circo romano, sin horario de cierre, y la plaza de toros (previo pago, para variar), y en cambio, el Hospital de Tavera continuaba cerrado al público.

Tras cuatro horas y media sin parar de andar decidí que la mejor manera de ir a la parte más baja de Toledo era a través del remonte o escaleras mecánicas de Recaredo, de acceso gratuito para todos los públicos. Tras seis tramos de bajada no cansina ni traumática para mis rodillas. Por la gran ventana de la ladera de estas escaleras mecánicas se puede llegar a observar o apreciar la arboleda del parque en el que está situado estas ruinas del circo romano, pero no se llegan a ver ninguna de estas ruinas.

Tras bajar el remonte mecánico tienes que dirigirte hacia la Glorieta de la Reconquista, y allí sirve de vértice para llegar a las ruinas por dos vías distintas:

  1. por la avenida Carlos III, llegando a la entrada de un parque rodeado por una verja, y en ese parque tienes que andar unos minutillos para ver la parte del circo “mejor” conservada.
  2. por la avenida de la Reconquista, por la que yo opté y la cual aconsejo, ya que llegas al mismo parque, y la entrada al mismo da a la parte principal de las ruinas del circo romano.

En el punto de información turística me comentaron que realmente eran simples y llanas ruinas, en plan una piedra encima de otra, debido a que por un lado se emplearon antiguamente sus ladrillos y piedras para construir otros edificios de la ciudad, y debido a que también hubo un incendio que asoló el circo romano.

Así que al llegar eso fue lo que realmente me encontré, restos muy pobres de lo que antiguamente fue un circo que llegaba a albergar a unas trece mil personas. Lo único que se conserva de forma regular son unas veintidos bóvedas o arcos, de la zona este del mismo, las cuales servían como soporte de las gradas y daban forma a los pasillos interiores. Estas bóvedas se conservan vagamente, unas más integras que otras, y solamente en forma de “u” cuando seguramente sería un óvalo completo.

Hoy día, todo el recinto es un parque para paseo, juego de niños, lectura, árboles, escuchar cantar a los pájaros,… y puedes encontrar bancos dónde sentarte, tanto cerca (para tener observación directa de las ruinas) como lejos de las mismas, zona de columpios para niños, paseos,….

Se echa de menos carteles informativos sobre qué es en concreto lo que estas viendo de los restos del circo romano e información sobre cómo era anteriormente en su estado máximo o de esplendor. Tampoco están las ruinas protegidas por una valla o vigilancia, con lo cual, cualquier persona puede subirse a ellas, pintar con graffiti, hacer sus necesidades en las bóvedas,… con lo cual se agradecería un poco más de respeto y cuidado por la conservación de estos restos.

En conclusión, es una parte más de la Toledo antigua, pero le doy valor para ir a verlo en una segunda o tercera visita a la ciudad, tras conocer bastante bien el resto de edificios, catedral, sinagogas, iglesias, cobertizos, museos,… de la Toledo amurallada.