Hoy toca hablaros algo de este Museo de Santa Cruz tan bonito y tan importante para esta ciudad que es Toledo.

A través del Arco de la Sangre se llega al museo de Santa Cruz. En el año 1494 obtenía una bula papal el cardenal don Pedro Gonzalez de Mendoza, por la que se le autorizaba a fundar un hospital bajo la advocación de la Santa Cruz de Jerusalén, donde acoger a niños expósitos y huérfanos.

Su pronta muerte no impidió la realización del proyecto ya que en sus disposiciones testamentarias dotó generosamente a la fundación, nombrando herederos a los propios niños, además de tener el buen acierto de nombrar albacea la reina Isabel la Católica y a quien fuese su sucesor en la mitra arzobispal, el cardenal Cisneros.

En 1505, desocupado el convento de San Pedro de las Dueñas, que estaba situado dentro del Alficén musulmán, la reina decidió destinar su solar para sede del nuevo hospital.

Las obras se realizaron bajo la dirección de Enrique Egas, que fue maestro mayor de la catedral, y su hermano Antón, quienes se inspiraron para su ejecución en el Hospital Mayor de Milán.

La planta es de cruz griega inscrita en un cuadrado, lo que debería dar lugar a cuatro patios; sin embargo sólo se hicieron tres, uno de ellos muy pequeño para las proporciones del edificio.

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La principal obra de los hermanos Egas, y la más antigua, corresponde en el interior a los cuatro brazos iguales de la cruz, que se divide en dos plantas, cubiertas ambas por artesanados de madera, los de la planta baja de tres paños, con casetones decorados con octógonos y flores, los de la planta alta armaduras de par y nudillo con tirantes, y en el almizate pequeñas cupulillas propias del gótico mudéjar.

La entreplanta desaparece en el encuentro de los brazos, protegiéndose el piso alto con una balaustrada, este hueco permitía que ls asilados participasen en los oficios religiosos celebrados en el crucero. Este se cubre con una bóveda de nervios que no se unen en la clave, sino que forman un octógono cubierto con cupulilla, siguiendo modelos musulmanes como en la mezquita del Cristo de la Luz.

Al final del brazo norte se edificó la capilla, que también carece de entreplanta, con bóveda gótica tardía decorada con un florón. Los muros interiores, enlucidos, carecen de decoración. Ésta se concentra en el crucero, en los cuatro arcos escarzanos y en las pilastras que los sustentan produciéndose ya una mezcla de motivos vegetales góticos con candelabros platerescos.

Cuando Covarrubias se hizo cargo de la dirección de la obra todavía no dominaba el nuevo estilo renacentista venido de Italia, por lo que realizó aquí una de las muestras más logradas del primer plateresco toledano, en el que se entremezclan constantemente elementos propios del gótico.

La portada principal está concebida como un gran retablo plateresco en piedra sobre una fachada muy sencilla de sillería, rota únicamente por los escasos huecos de las ventanas. La puerta, alineada con el eje de las naves, es adintelada, con dos cuerpos sobrepuestos presididos cada uno de ellos por sendos grupos escultóricos, el inferior representa la Invención de la Cruz por Santa Elena, acompañada por una efigie del cardenal y el superior el Abrazo de San Joaquin y Santa Ana ante la Puerta Dorada, flanqueado por dos profetas. Todo ello se decora con columnas, arcos, balaustradas y floreros tallados, propios del estilo plateresco. Sobre el alero corre un último cuerpo de cuatro huecos adintelados entre columnas, rematado por un frontón con el escudo del cardenal.

El patio mejor acabado es el situado a la derecha de la entrada. Consta de dos galerías con arcos de medio punto rebajados, decorados con cruces en las enjutas de la planta baja y escudos en la superior. En este patio se encuentra la magnifica escalera de Covarrubias, bajo arcos rebajados decorados con casetones, en la que destaca la buena talla de la balaustrada.

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El hospital estuvo en esta dependencias hasta mediados del siglo XIX, en que se traslada al Convento de San Pedro Mártir, siendo sustituido por un colegio militar, desde 1887 formó parte de la Academia General Militar. Cuando en 1902, la Academia se instaló en el Alcazar, el hospital fue destinado a usos culturales y se iniciaron los trabajos de restauración, con el fin de adecuarlo a las necesidades del Museo Provincial que hoy alberga.

El museo, dividido en nueve salas, expone pinturas de Goya, El Greco, Tristán, Carducho, Ribera, entre otros muchos, además de tallas de madera, piezas de orfebrería, alfombras, tapices, armas, documentos históricos, etc. Posee también piezas arqueológicas procedentes de los distinto yacimientos de la provincia que se encuentran a la espera de un emplazamiento adecuado para su exposición.

En definitiva, todo muy bonito y que merece la pena visitar.