Llamándose un sitio Barranco del Infierno, no parece a priori un lugar muy atractivo. Y sin embargo, es el segundo espacio natural más visitado de la isla de Tenerife, después del Parque Nacional del Teide.

Muchas de esas visitas se explican por la facilidad del sendero más transitado de este espacio y también por la cercanía a los núcleos turísticos del sur. Quizás muchos de esos turistas (y muchos nativos también) pasen por allí como quien va a un centro comercial, pero es de esperar que la mayoría de ellos sepan apreciar la riqueza natural de este lugar.

La Reserva Natural Especial del Barranco del Infierno fue declarada como tal en 1994. Limita con otros espacios naturales supuestamente protegidos de la isla, como son el Parque Natural de la Corona Forestal y el Paisaje Protegido de Ifonche.

La totalidad de su territorio -que ocupa 1.843,1 hectáreas- se encuentra enclavado en el municipio de Adeje, en el suroeste de Tenerife. En su interior no existe ningún núcleo de población. Es un territorio muy abrupto, surcado por varios barrancos (como el que da nombre a la reserva o también otro llamado del Rey, vaya, ahora que me había vuelto republicano… je, je).

Los elementos que más destacan en el conjunto del paisaje son los roques, formaciones montañosas de diversas formas: de meseta como el Roque del Conde (seguimos con la aristocracia) o puntiagudos como los de Abinque y de Imoque.

En cuanto a la vegetación, destacan en la zona más baja de la reserva los cardones y las tabaibas, tan característicos de gran parte del paisaje canario. En sus límites superiores crecen los pinos canarios, muy resistentes al fuego. Pero la reserva es también el hábitat exclusivo de especies rupícolas (es decir, que crecen sobre paredes rocosas) como la chahorra (Sideritis infernalis), de ahí la importancia de la conservación de este paraje.

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De la fauna sé menos, aunque las aves son abundantes en todo este territorio, y podemos encontrar al bisbita caminero, al mirlo, al cernícalo, a la paloma bravía, a la perdiz moruna y a la curruca cabecinegra, entre otras.

Hay varios senderos por el interior de la reserva, y yo he recorrido algunos de ellos. Tiene unas vistas espectaculares el que asciende al roque del Conde (su cima está a 1.003 metros) desde el barrio de Vento (en el municipio vecino de Arona).

Eso sí, luego hay que descender por el mismo camino. También se puede hacer el recorrido entre los caseríos de La Quinta e Ifonche, pasando por la cabecera del propio barranco del Infierno. Además, desde un desvío de este camino se puede enlazar con el casco urbano de Adeje.

Precisamente desde Adeje sale la vereda más transitada de esta reserva, el sendero del Barranco del Infierno propiamente dicho. El camino sale de la parte alta del pueblo, cerca de la llamada Casa Fuerte (que era de un Marqués, como no) y junto a un restaurante llamado Otelo. Al empezar, encontramos la primera sorpresa: desde hace no mucho tiempo se han restringido las visitas al sendero y se ha colocado aquí un control de accesos.

Barranco del Infierno, ¿dónde está?
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Sólo se permite el acceso de 200 personas al día, previo pago de 3 euros. Eso sí, los menores de 12 años no pagan y los domingos la entrada es gratuita hasta completar el cupo diario. Los grupos no pueden superar las 20 personas, y se puede hacer el recorrido con la compañía de un guía. El horario de apertura es de 8:30 a 17:30. Por supuesto se pueden reservar plazas, llamando al teléfono 922 78 28 85.

Yo he recorrido este sendero en dos ocasiones, cuando todavía era gratuito, y me fastidia que se hayan tomado estas medidas, pero comprendo que son necesarias. Por la gran cantidad de visitantes, se estaban alcanzando unos grados de deterioro más que preocupantes. Incluso algún descerebrado dejó pintadas por el camino, y no era raro encontrarse a gente que iba en plan dominguero. Ahora si tienen que pagar preferirán irse a otra parte, supongo.

Al comienzo del recorrido el paisaje es árido, muy árido, adornado sólo por cardones y tabaibas. El sendero está jalonado por varios miradores, desde los que podemos ver como vamos dejando atrás el pueblo de Adeje, y también detenernos a observar aves en vuelo.

El camino es bastante sencillo, estando empedrado en varios tramos y no resultando en absoluto peligroso. Después de algo más de una hora, el paisaje se torna más verde y húmedo, atravesando un pequeño saucedo e incluso podemos ver una fina corriente de agua. Que será la antesala del final del recorrido: Una gran pared vertical por la que cae una cascada de agua, que forma un pequeño charco a sus pies. Es sorprendente y refrescante. Y hay quien incluso se atreve a bañarse en el charco, aun estando el agua helada, incluso en verano.

No siempre cae la misma cantidad de agua por la cascada, depende de lo lluvioso que haya sido el invierno, y desgraciadamente parece que cada vez es menos, ya que además los de por sí escasos recursos hídricos de la isla están cada vez más sobreexplotados.

Además de las visitas excesivas, que parece ser que ya están controladas, la gran amenaza que sufre el Barranco del Infierno es la gran especulación urbanística y de infraestructuras que padece Tenerife. En Adeje se conceden licencias para construir a diestro y siniestro: he visto como a los pies del roque del Conde se levanta una urbanización, y parece que pronto se ubicarán también en esa zona unas turbinas eléctricas. Por aquí se quiso pasar un tendido eléctrico, aunque la presión popular lo ha impedido de momento. Desde las alturas, descorazona ver la masificada costa y como la mole se extiende hacia las medianías.

barranco del infierno

El retorno al pueblo llevará el mismo tiempo, cerca de hora y media. Se puede ir a cualquier playa cercana a darse un baño para completar la jornada, pero antes también puede ser una buena idea comer pollo en Adeje, ya que hay muchos restaurantes especializados en ello, y desde luego es bastante más barato que en los núcleos turísticos.