El destino de nuestras vacaciones este verano fue Tenerife, isla que todavía no habíamos visitado, por lo que teníamos proyectado hacer alguna excursión.

Al final nuestros deseos se vieron un tanto frustrados debido a los incendios que este verano asolaron la isla, algunos de ellos en pleno apogeo durante nuestra estancia, entre ellos los del Teide que hicieron imposible su visita durante algunos días.

También nos desaconsejaron otras visitas, ya que nos avisaron que en cualquier momento, debido a los incendios, podían cortar alguna de las carreteras por las que teníamos que pasar, pudiendo tener bastantes problemas para llegar al lugar elegido o de vuelta al hotel, que nunca que sabe el cariz que pueden tomar este tipo de fenómenos.

Así que buscando alguna excursión que hacer en la que no tuviésemos que adentrarnos por carreras secundarias que se pudieran ver afectadas por algún incendio, decidimos ir a los Lagos Martianez, ya que para ir a Puerto de la Cruz, que es donde se encuentra, todo era autopista.

¿Qué son los Lagos Martiánez?

Los Lagos Martianez son unas instalaciones con unos lagos artificiales/piscinas con unas condiciones técnicas y artísticas dignas de tener en cuenta, que suplen la gran deficiencia de playas que hay en la zona, y en las que César Manrique llevo a cabo su idea de una gran superficie de agua de mar en la que pudieran bañarse las gentes de la zona y los visitantes con comodidad y seguridad.

Hasta que se vio la luz este proyecto en el que se involucró César Manrique existían las piscinas de San Telmo que, y aunque eran funcionales, no estaban exentas de frialdad, por lo que con esta obra se pretendía dar un aire distinto y más turístico a la zona.

Lago Martiánez, ¿dónde está?
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Con la puesta en marcha de este proyecto César Manrique realiza una obra de características especiales, adaptada a la arquitectura canaria tradicional y complementándola con esculturas originales y con elementos de la flora autóctona.

Consta de un lago artificial/piscina, con una cabida de 27.000 metros cúbicos de agua de mar, y de otras cuatro lagos/piscinas para adultos y tres infantiles. La nota dominante en todas ellas es su original trazado.

El lago/piscina más grande acoge una isla central que es una estructura cimentada bajo el nivel del mar y en la que también colaboró César Manrique ambientándola y completándola artísticamente y en la están situadas las oficinas del complejo, un restaurante de lujo y el Casino Puerto de la Cruz.

El complejo se inauguró oficialmente el 30 de abril de 1977 y fue declarado Bien de Interés Cultural con la categoría de “Jardín Histórico” en 2005.

El horario de disfrute de estas instalaciones es:

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Del 1 de enero al 31 de mayo y del 16 de septiembre al 30 de diciembre de 10 a 18 horas; del 1 de junio al 15 de septiembre de 10 a 19 horas, y los días 24 y 31 de diciembre de 10 a 15 horas, impidiéndose el acceso al Complejo una hora antes del cierre.

También se puede acceder a él por la noche, pero sólo están en uso las instalaciones del restaurante y el casino.

Las Instalaciones

Voy a ir opinando sobre las diferentes instalaciones del Lago Martiánez.

La entrada

Sin desentonar para nada con el entorno tenemos la taquilla, en la que atienden rápido y amablemente. Como dije antes, si no hay tumbonas libres nos avisan mediante un cartel.

Después, bajando una rampa o unas escaleras llegamos al Lago Martiánez. La accesibilidad en todo el recinto es extraordinaria, así que cualquier persona con discapacidad física puede entrar.

Vestuarios, duchas, aseos y taquilla

A la izquierda tenemos un edificio que cumple varias funciones.

  • Taquilla: Esto es una gran ventaja porque permite dejar nuestras pertenencias a salvo sin tener que preocuparnos de ellas mientras disfrutamos en el Lago Martiánez. Hay que tener en cuenta que dada la enorme extensión del recinto es imposible dejar las cosas en una tumbona e irse sin perderlas de vista, así que recomiendo dejar lo más valioso en la taquilla.
  • Duchas: Yo no las usé porque tenía el hotel al lado y al no haber arena o algas la necesidad de ducharse no es tan imperiosa. Sólo las vi por fuera y tenían buena pinta.
  • Vestuarios: Están bien para cambiarse de ropa después del baño y poder seguir disfrutando del Lago Martiánez dando un paseo o tomando algo sin la desagradable (y poco saludable) sensación del bañador húmedo.
  • Aseos: Su estado de limpieza era aceptable para la gran cantidad de gente que acude cada día al Lago Martiánez.

Paseos

Entre las piscinas hay caminos de piedra por los que se recorre el recinto de Lago Martiánez. Están siempre flanqueados por palmeras y otras plantas típicas de las Islas Canarias, en definitiva, un jardín tropical. A los lados salen pequeños caminitos hacia las tumbonas, las piscinas o los bares. Un inconveniente de estos paseos es que caminar descalzo por ellos cuando hay Sol implica el riesgo de quemarse los pies.

Una de las zonas más interesantes es la que está justo al lado del Atlántico. Tan sólo un muro separa a este complejo de ocio del mar y por lo tanto es un privilegio contemplarlo desde allí (en realidad el Lago es terreno ganado al Océano). Eso sí, cuidado con las olas porque es muy fácil calarse: el Atlántico tiene un fuerza extraordinaria en el Puerto de la Cruz y en las horas en las que la marea está alta, las olas saltan varios metros por encima del muro, mojando todo lo que está debajo. Es tal la bravura del mar que yo he llegado a ver a unos preciosos cangrejos en la pared tratando de volver al agua.

En la zona del casino existe un pequeño mirador al que se accede por unas escaleras. Ofrece una buena panorámica del Puerto de la Cruz, aunque yo la verdad que pasé poco tiempo allí porque me alojaba en la planta 12 de mi hotel y tenía vistas mucho mejores. Precaución al subir aquí por la noche porque la iluminación es nula y hay ciertos escalones muy peligrosos.

Tumbonas

Ya he dicho que yo no me tumbé en ellas pero puedo decir que parecían cómodas y amplias. Hay muchísimas pero ya veis lo que sucedió cuando yo fui: estaban agotadas. En algunas zonas están demasiado cerca unas de otras, y en el área cercana al mar podemos recibir la inesperada visita de una ola que nos refrescará un poquito.

Piscinas de niños pequeños

Yo lógicamente no las probé pero siguen el mismo patrón decorativo que las de los adultos, además de tener también diferentes temperaturas. Se veía que los más pequeños estaban pasándolo en grande.

Jacuzzi

Los mayores de 18 años, por un euro más pueden estar 20 minutos en este jacuzzi al aire libre, con el agua a 32ºC. Tiene un aforo limitado y normalmente hay que hacer cola para disfrutar de él. Por este motivo y también porque iba acompañado de un menor de edad decidí no entrar.

Piscinas de adultos: las dos de agua fría

De las 4 piscinas para adultos dos son de agua fría. A pesar de esto se puede nadar en ellas perfectamente sin sentir nada de frío, aunque al quedarse parado un ratito sí que se nota fresco. Supongo que enfriarán el agua de alguna manera porque está algo más fría que la del mar.

Una de ellas rodea por completo a un bar que tiene forma de barco de vela (con su mástil y otros elementos decorativos), accediéndose al establecimiento por dos puentecitos. Es de las que más cubre; esto unido a la temperatura del agua hace que haya muy poquita gente: ideal para nadar tranquilo, especialmente si al igual que yo, toleráis bien el agua fría. Eso sí, hay que vigilar esos puentes por si algún niño se tira desde arriba. Tiene una bella cascada con un chorro a bastante presión que puede hacer las funciones de jacuzzi para el que no quiera pagar y soporte el agua fría.

La otra posee igualmente una cascada, diferente a la anterior pero también muy bonita. Es menos profunda y a pesar de que no tiene el encanto de la otra por el barco, a cambio esta es más rica en vegetación en sus orillas. El agua, como en todo el complejo, está muy limpia.

Piscina de agua caliente

Antes de entrar en esta piscina la pregunta que se hace todo el mundo es ¿por qué habrá tanta gente aquí y tan poca en el resto de las piscinas? En cuanto uno mete un pie en el agua lo entiende todo…

Más que una piscina esto es como una bañera gigante porque la temperatura del agua es muy alta, a mí me resultaba hasta incómoda para meter la cabeza, cosa que hice lo menos posible.
Se hace pie en casi todo el territorio.

Os recomiendo visitarla en último lugar porque pasar de este agua tan calentita a la de otras piscinas debe ser un poco desagradable, en cambio hacerlo al revés os puedo asegurar que es toda una delicia.

El lago con agua templada

Las otras piscinas son grandecitas pero si las comparamos con la que ahora voy a describir se pueden calificar de minúsculas.

Esta es la atracción principal del Lago Martiánez, y es que es como un verdadero lago (de agua salada eso sí): rocas a los lados, puentes, islas, grutas, etc. Por supuesto, es la que más se tarda en recorrer, yo necesité una hora para nadar por todos y cada uno de sus rincones.

En medio está la isla que acoge al Casino del Puerto de la Cruz, con un restaurante en la parte superior.

El agua tiene para mí una temperatura perfecta: templada, que deja nadar sin pasar calor y que a la vez permite pararse un buen rato sin sentir ni pizca de frío. Es igual que el Atlántico en este aspecto.

El negro de la piedra volcánica contrasta con el azul turquesa del agua y el verdor de las palmeras y otras plantas.

Además de la gran isla del casino, esta gigantesca piscina incluye otras dos más pequeñas, con sus “miniacantilados” y sus palmeritas. Se puede salir del agua y sentarse en ellas para disfrutar de la tranquilidad porque como sólo se puede llegar a ellas nadando casi nunca hay gente.

Otro atractivo son las grutas, que nos hacen sentir como si estuviéramos en un documental. Una de ellas tiene la peculiaridad de que la gente deja escrito en las paredes su nombre, utilizando chicle para ello.

Mi experiencia

Nosotros veníamos de Adeje y habíamos alquilado un coche para nuestros desplazamientos, así que cuando llegamos a Puerto de la Cruz, nos dirigimos directamente hasta las instalaciones de Lagos Martíanez pensando que allí habría un aparcamiento donde dejar el vehículo.

¡¡¡ERROR!!! No hay ningún aparcamiento específico para estas instalaciones. Es más, aparcar en Puerto de la Cruz es un verdadero suplicio, hay poquisimos lugares donde poder hacerlo. Tuvimos la suerte de ver a unos policías municipales a los que nos dirigimos para preguntar donde podíamos aparcar, y nos dijeron que el tema del aparcamiento estaba muy mal, que relativamente cerca (unos 10 minutos andando) había un centro comercial con aparcamiento subterráneo en donde podríamos dejar el vehículo.

Es incomprensible que un lugar como éste que es uno de los lugares turísticos de la isla y por ende, se supone que va a acoger una considerable cantidad de turistas y que muchos de ellos vendrán en un vehículo propio o alquilado, no haya un aparcamiento, ni pequeño ni grande, ni gratuito ni de pago, destinado a estas instalaciones, y que tengas que buscarte la vida.

Una vez aparcado el coche nos dirigimos a la taquilla que hay en la entrada y por el precio de 4,50€ (cada uno) accedimos a las instalaciones.

Una de las cosas que nos llamó la atención es que pese a no ser una hora muy tardía de la mañana, ya en las taquillas avisaban que no vendían boletos para las hamacas, las colchonetas para las mismas y las sombrillas (no recuerdo exactamente cuanto más había que pagar, creo que era aproximadamente 2€ por cada cosa) porque no había ninguna libre, pero ya que estábamos allí, y que no estábamos hospedados precisamente cerca, no nos íbamos a volver al hotel sin haber entrado y pasado allí por lo menos un rato, además pensamos que no sería difícil encontrar un sitio donde colocarnos.

Nos sorprendió que pese a ser un día entre semana había muchísima gente, que efectivamente, no había una sola hamaca libre y lo más que podías conseguir era una colchoneta donde estirar tu toalla, pero en toda la zona cercana al agua no cabía un alfiler y además, quitando las sombrillas (todas ocupadas también) no había una sola sombra y las zonas que quedaban libres, cuyo suelo era semejante de un material que podría dar la sensación parecida al asfalto, estabas en zona de pleno tránsito.

Por fin, después de mucho caminar encontramos una zona en la que había unos bancos y en la que por lo menos no estábamos en medio, y donde podríamos dejar nuestras cosas y darnos un baño.

La organización no es, desde luego, el punto fuerte de este lugar y aunque hay algunos espacios donde quizás podrían haber plantado algo que diera un poco de sombra y habilitar más zonas para las personas que no han podido o querido conseguir una hamaca, no lo han hecho.

En cuanto al estado de las hamacas y de las colchonetas, con el precio que cobran por ellas, podían estar en mejores condiciones, era mayor el número de las que no estaban en óptimas condiciones que las que sí.

Es un sitio curioso, con zonas sumamente atractivas, muy bonitas y con unas vistas que merecen la pena, como el muro donde rompen las olas elevándose por encima del éste, o una fuente que hay en mitad del lago y lanza unos chorros que van cambiando de altura y que son un escenario fantástico para hacerte unas fotos. Además se nota la impronta de César Manrique en los lagos/piscinas y e su entorno, ya que podemos encontramos varias esculturas suyas, que le otorgan, como a cualquier sitio en que se encuentre la obra de este autor, un enorme prestigio a las instalaciones. Así podemos encontrar la escultura “Olas de mar”, el móvil conocido por “Los Alisios”, “La Jibia” que está en las proximidades de la piscina de los niños y que constituye una zona de juego para ellos, o el conjunto escultórico a “Raíces en el cielo” donde el autor utiliza para su realización madera y elementos naturales.

Lo primero de todo señalar que las piscinas son de agua salada y, por lo visto, las hay de diferentes, pero a mi las piscinas me gustan de agua fría, por lo cual no me plantee siquiera ir a las otras.

Me voy a referir al lago más grande, que es en el que estuvimos bañándonos. Es, sin duda, el lugar más atractivo de todo el complejo y el que más llama la atención con una fuente central que cuando está en funcionamiento lanza chorros a distintas alturas (le encontré cierto parecido con un volcán en erupción, muy acorde con la zona) y de gran atractivo, un geiser, rincones en los que merece la pena hacerse una foto y una gran isla central, en la que se encuentra un restaurante de lujo y el casino y a la que se puede acceder, además de nadando, por un puente de madera.

El llenado del lago/piscina se realiza con el agua del mar y por lo tanto, como he dicho, se trata de agua salada, es tremendamente grande, por lo que podrás cansarte a nadar, con zonas de diferente profundidad y que al ser tan grande se puede acceder a ellas por bastantes escaleras y rampas colocadas a lo largo de toda su orilla. También el algunas zonas hay una especie de escalón a lo largo de la orilla para poder estar cómodamente sentado dentro del agua. En algunas zonas se forman una especie de playitas a las que sólo se puede acceder desde el agua y formando parte de la estructura de la fuente o de las zonas de rocas que hay en algunas orillas se ha jugado con pasadizos o pequeñas grutas a las que llegar y por las que pasar nadando.

En el complejo de los Lagos Martianez también podemos encontrar diferentes edificaciones de un tamaño reducido, que albergan los aseos, los almacenes de las hamacas, colchonetas y sombrillas, algunos bares y restaurantes y algunos, yo los llamaría, chiringuitos portátiles.

No llevábamos comida y cuando se acercó la hora pensamos echar un vistazo (nos habían dicho que comer dentro no era nada barato), y no si nos convencía salir a comer a alguno de los bares que hay en las cercanías (puedes entrar y salir con la misma entrada durante el día), pero lo cierto es que encontramos un establecimiento que estaba prácticamente vacío, con mucho sitio a la sombra, que nos ofrecía por un precio lógico algunas opciones (ya se sabe que en este tipo de locales no es mucha la variedad que te ofrecen: bocadillos, hamburguesas, ensaladas, …..) y allí nos quedamos.

Fue un tanto surrealista lo que nos allí nos sucedió. Acababan de darles la concesión por lo que era el primer día en que operaban. Tenían un lío tremendo. No sabían exactamente lo que podían servir y tenían que mirar continuamente la carta, no encontraban la sacarina, no tenían más botes de keptuch que el de la cocina y cuando llegó la hora de pagar, no sabían muy bien como funcionaba el datáfono, hasta tuvimos que ayudarles. Menos mal que eran muy agradables, atentos y serviciales y pudimos tomarnos todo a risa.

Concluyendo

lago martianez

Me pareció un lugar con mucho atractivo, que merece la pena visitar en un viaje a la isla, aunque tienes que tener en cuenta que lo que vas a encontrarte en realidad son unas piscinas, en un entorno especial, pero al fin y al cabo unas piscinas.

Sin duda, cuando vas a Tenerife, merece la pena desplazarse hasta Puerto de la Cruz y poder disfrutar del atractivo de estas instalaciones, y si no has tenido bastante agua con los lagos/piscinas que nos ofrecen, darte un baño en la playa que está justo al lado, aunque el día que fuimos nosotros no era un día muy propicio para ello, ya que había un fuerte oleaje.

Como he dicho anteriormente, debieran cuidar muchos aspectos debido a que, es un lugar de gran atractivo turístico, y habría que dar solución a algunos temas, como el del aparcamiento; que se deben cuidar más las instalaciones; que las hamacas y colchonetas estén en mejor estado (sobre todo con el precio que cobran); que haya sombras y habilitar lugares donde se puedan situar los visitantes cuando no quieren coger hamacas o hay máxima afluencia, o hasta llegado el caso no admitir más visitantes de los que las instalaciones pueden acoger.

El día que fuimos nosotros en el agua, dado que las zonas de agua son enormes no te daba la sensación de que había mucha gente, pero fuera la situación fue un poco agobiante, hasta que pasada la hora de comer se empezó a marchar gente.

También me resultó muy curioso, que si bien la hora de cierre eran las 19h., hacia 17 o 17.30 horas empezaron a recoger hamacas, colchonetas y sombrillas, por lo que debías estar “al loro” no te fueras a quedar sin la que tenías, de hecho a nosotros nos quitaron la sombrilla que por fin habíamos conseguido, menos mal que estábamos a punto de marcharnos. Entiendo que las instalaciones son muy grandes y que es mucho lo que hay que recoger, pero si la hora de cierre son las 19 horas, ya podían empezar a recoger más tarde, o adecuar el horario del personal si se tiene que quedar después del cierre.

En definitiva, que es un lugar que tiene que cuidar algunos detalles que hacen que todo el atractivo que tiene se vea un tanto ensombrecido, y que así pueda disfrutarse en sus instalaciones (también sin tanta gente) mucho más de lo que pudimos hacerlo nosotros.

Para acabar, una curiosidad, los honorarios de César Manrique por esta obra fueron cuatrocientas cincuenta mil pesetas, una cantidad sumamente ridícula por su trabajo y más si tenemos en cuenta el prestigio que ya tenía y lo que cobraba cuando colaboró en ella, aportándole su impronta y convirtiéndola en una zona con una gran belleza artística.