Braga

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Mi primera visita a Braga fue regresando de un viaje desde Galicia, lo único que conocía de esta ciudad era un chiste de la época franquista (al que hago referencia en el título) y lo primero que descubrí fue una preciosa ciudad medieval (llamada Brácara Augusta en tiempos de los romanos) que fue creciendo en torno a la catedral (una verdadera iglesia-fortaleza románica).

Como todas las poblaciones de esa época la ciudad medieval cuenta con callejuelas, iglesias y palacios que invitan a perderse. De Braga me sorprendió su ambiente, pese a ser periodo de vacaciones se apreciaba un buen rollito juvenil en torno a la Plaza de la República, y es que junto con Coimbra es una de las ciudades universitarias de Portugal.

Al estar situada en el Norte y en plena región regada por el Miño es una zona de bellos paisajes y recomiendo no perderse uno de los más impresionantes santuarios de estilo Neoclásico “El Bom Jesús”, a muy poquita distancia de la ciudad y al que se puede acceder en coche por una carretera llena de curvas pero que merece la pena recorrer entre árboles gigantes o bien por funicular, claro que si os atrevéis o tenéis una promesa que cumplir también se puede apreciar la belleza del entorno siguiendo la “Vía Sacra”, pero solo los que estéis en plena forma.

Cartel de Braga

No es solamente un santuario, hay montones de capillitas si es que decidís hacer un vía crucis y que os aconsejo para no perder los preciosos rincones medio ocultos, pero además hay un palacio, dos preciosos lagos en los que remar (o uno dividido), con cisnes incluidos, e incluso se puede seguir el riachuelo, sin olvidar sus maravillosos jardines, aunque lo verdaderamente espectacular es la escalinata de estilo barroco, desde donde contemplar toda la ciudad de Braga y alrededores, bueno incluso hay quien distingue el océano a lo lejos…. ¡¡Imprescindible¡¡. Claro que espero que tengáis suerte y no lo visitéis en un día de romería como nos sucedió la primera vez, claro que lo solucioné volviendo algunos años después con mis hijas.

Toda esta zona de Portugal es conocida como “el Jardín” por su vegetación tremendamente exuberante, por su riqueza, sus viñas… pero también su historia, pues a muy poquita distancia se encuentra Guimares (cuna de la historia portuguesa) y Oporto, pero eso será otra opinión.

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Paseando por Braga

Cuando llegamos a la ciudad nuestra intención era patear el casco histórico, algo que por sus dimensiones se puede hacer perfectísimamente, así que aparcamos el coche en un aparcamiento que hay justo antes de entrar en el centro ciudad, cerquita de la iglesia de los Congregados.

Empezamos nuestro paseo en la Plaza de la República, una plaza bastante amplia con zonas ajardinadas y dos fuentes y en la que podemos ver la Torre del Homenaje, del siglo XVI, único testigo en pie de la fortificación que una vez tuvo Braga.

Por la rúa do Souto, una ancha calle peatonal con zona ajardinada en el medio y espléndidos edificios decimonónicos, llegamos a la Catedral, pasando por la Iglesia de la Cruz, que merece una pequeña parada para contemplar su espectacular fachada.

Catedral de Braga

La Catedral de Braga, que puede visitarse desde las 8 y media de la mañana hasta las 6 de la tarde, data del siglo XII, sufriendo numerosas reconstrucciones, por lo que podemos ver una gran gama de estilos desde el románico al barroco.

El exterior la verdad es que no nos llamó demasiado la atención, el lateral que da a la plaza no tiene absolutamente nada, no es más que un muro, por lo que resulta bastante chocante, sobre todo porque llegamos desde ese lado a la catedral. Es la fachada principal, la occidental, la que resulta de interés, con sus dos torres y su sobrio estilo.

En el interior destacan el coro y el órgano barroco sobre una nave central muy sobria en la que sólo vemos piedra desnuda y un altar muy sencillo.

No tuvimos ocasión de pararnos tanto (cosas que pasan cuando se va con un bebé…), pero la catedral tiene un Museo Sacro.

Jardines de Santa Bárbara en Braga

Continuando nuestro paseo podemos ver el antiguo Palacio Episcopal, que no se visita, es una biblioteca, pero cuyo exterior sí puede disfrutarse paseando por los jardines de Santa Bárbara, junto a él. Es un edificio almenado del siglo XIV.

Al llegar a este punto, se nos hizo la hora de comer, así que fuimos al Campo das Hortas, lugar en el que se ubican varios restaurantes de comida portuguesa.

Palacio do Raio en Braga

Al terminar, contemplamos un cruceiro muy próximo y pasamos por el Arco de la Puerta Nueva, puerta de entrada a la ciudad que data del siglo XVI.

Como puntos curiosos de nuestra visita, el Palacio del Rayo, conocido también como Casa del Mexicano, curiosa muestra del barroco portugués con vistoso azulejo azul oscuro. En la actualidad es de titularidad pública.

También vimos la minúscula capilla de S. Bentinho y el Convento del Pópulo. Varios edificios de arquitectura típica de esta zona de Portugal bien conservados llamaron también nuestra atención.

Pueblo de Braga

El paseo por la ciudad nos gustó mucho. Hay pocas calles peatonales, y eso es un inconveniente para el visitante, pero quitando esta pequeña pega, os recomiendo que si tenéis ocasión, no dejéis de conocer esta ciudad portuguesa.

Santuario Bom Jesús

Jardines del Santuario Bom Jesus

Hay que reconocer que dicho Santuario impresiona e impone. Yo había oído hablar previamente de él, pero no me lo imaginaba tal cual era. Está situado a unos 6 kilómetros al este de Braga, sobre una colina, y junto con Fátima, es uno de los grandes centros de peregrinación portugueses.

Según los datos de mi guía de viaje, el Santuario se comenzó a construir en 1722, con el patrocinio del Arzobispo de Braga, Rodrigo de Moura Telles. Con él se completó la primera fila de escaleras, con numerosas capillas dedicadas al Via Crucis. Cada capilla está decorada con esculturas de terracota y fondos pictóricos que describen la Pasión de Cristo.

Iglesia de Bom Jesus

Este Arzobispo también patrocinó el siguiente tramo de escaleras, que tiene una forma en zig-zag y está dedicado a los Cinco Sentidos.

Cada sentido (vista, oído, olfato, gusto y tacto) está representado por una fuente distinta. Al final de esta escalera, se construyó, alrededor de 1725, una iglesia barroca.

Las obras de las primeras capillas, escaleras e iglesia tuvieron lugar en el siglo XVIII. Detrás de la Iglesia, se construyeron, en la década de 1760, tres capillas octogonales con estatuas que describían episodios posteriores a la Crucifixión, como el encuentro de Jesús con María Magdalena. Alrededor de estas capillas hay cuatro fuentes barrocas con estatuas de los evangelistas, que datan también de aquella década.

Jardín en Bom Jesus

Hacia 1781, el Arzobispo Gaspar de Braganza decidió completar el conjunto añadiendo un tercer tramo de escaleras y una nueva iglesia. La tercera escalera también en zig-zag, aunque más pronunciado y está dedicada a las Tres Virtudes Teologales: Fe, Esperanza y Caridad, cada una con su fuente. La iglesia vieja se demolió y se construyó una nueva siguiendo un estilo neoclásico. Esta nueva iglesia, comenzada en 1784, tenía decorado su interior a comienzos del siglo XIX y fue consagrada en 1834. El espectacular retablo principal está dedicado a la Crucifixión.

En el siglo XIX, la zona alrededor de la iglesia y la escalera se convirtió en un parque.

En 1882, para facilitar el acceso al Santuario, se construyó el Elevador do Bom Jesus, que unía la ciudad de Braga con la colina. Fue el primero de su clase que se construyó en la Península Ibérica y aún sigue en uso.

Y tras hablaros de la historia oficial, os relato mi experiencia.

Interior de Bom Jesus

Para llegar hasta la base y acceso del Santuario, tuvimos que ir por una carretera muy sinuosa y con bastante tráfico. La carretera llega hasta arriba de la colina, pero nosotros decidimos aparcar en ese punto, pues queríamos tener la experiencia completa.

Al bajarnos del coche vimos una tienda de recueros, muy agradable y típica, pero decidimos dejar las compras para más adelante. Un arco de piedra nos daba la bienvenida para iniciar la ascensión de los (según allí nos contaron) 1000 escalones hasta la cima donde encontraríamos el Santuario. Nada más empezar ya te encuentras con dos de las capillas que van reflejando en su interior, con figuras de terracota de tamaño real, la Pasión de Cristo. La primera era la de la última Cena, y reconozco que me impresionó, pues no esperaba esta representación, que se iría repitiendo a lo largo de toda la ascensión en los distintos momentos del Via Crucis. Eso sí, una cosa que me decepcionó completamente fue el estado en el que se encontraban las capillas, sobre todo en su interior, con suciedad, las figuras estropeadas y los hermosos fondos pictóricos, borrados en muchos puntos por la humedad.

Escalera Barroca en Bom Jesus

Volviendo al camino, aunque largo y con bastante distancia salvada por escaleras entre capilla y capilla, se hace ameno. En este primer tramo vas constantemente bajo árboles, preciosos e inmensos, y se agradece su sombra y protección. Aunque la escalera va en zig-zag, hay una gran distancia entre curva y curva, generalmente marcadas por las diferentes capillas y los tramos rectos. Procuré hacer fotos de la mayoría de las capillas, pero en algunas no pude debido a que las puertas estaban con gente, y pasaba al siguiente tramo.

Concluido este primer tramo, se llega a una explanada en la que hay un balcón con unas espléndidas vistas de Braga, y donde empieza el tramo más conocido de este Santuario del Bom Jesús.

Además de continuar nuestra ascensión, para los que vienen buscando un sentido más profundo a esta peregrinación, comienzan en este tramo a aparecer las distintas fuentes que van simbolizando distintos aspectos de los que tiene que desprenderse o afianzarse el peregrino.

Fuente en los Jardines de Bom Jesus

Entre numerosas estatuas de personajes bíblicos, vamos encontrando una serie de fuentes que simbolizan los 5 Sentidos, que todo creyente debe vencer para llegar a los símbolos de las tres virtudes situadas más arriba: Fe, Esperanza y caridad (acompañados de sus respectivas fuentes).

Nos contaron que mucha gente hace esta subida de rodillas, en una especie de semi-éxtasis, pero nosotros no vimos a nadie de esta manera.

Acompañan a estas fuentes citadas anteriormente otras con las 5 llagas de Cristo, la Cruz redentora y el Pelícano Eucarístico.

Llegado a la cima (¡¡por fin!!) entramos en la Iglesia, donde me imaginaba estaría el momento de la crucifixión de Cristo, ya que en las capillas anteriores este momento no parecía… y no estaba equivocado, ya que en una espectacular representación de aquel instante, el Altar Mayor de la iglesia lucía espléndido invocando el momento de la muerte del Señor.

Mirador de Braga

A la salida una tienda de recuerdos, muy bonitos, pero excesivamente caros, y la oportunidad de continuar la ascensión a los largo de la omnipresente escalera, hasta la plaza de los evangelistas, donde acontece la Resurrección… y donde me quedé gratamente sorprendido porque a dos de las capillas no se podía acceder debido a que estaban siendo restauradas. Espero que esto sea señal de que van a restaurar todas las demás.

No he mencionado que en la cima hay un Hotel, así como cafeterías y un bonito parque, pero no me molesté en prestarle mucha atención. Mi hermana, que estaba cansada, se bajó en el elevador que en un instante te planta en la base, pero yo decidí volver a bajar por las escaleras, y disfrutar una vez más del paisaje y el misticismo de este santuario. Estaba cansado, pero me sentía muy bien internamente, la magia del Bom Jesús había hecho efecto en mí.

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