Pasamos muchas veces por el lado de El Coronil, camino de Utrera, pero nunca nos había dado por desviarnos y penetrar en este pequeño pueblo sevillano.

Los pueblos sevillanos parecen un calco unos de otros. Entre otras cosas porque tienen un similar origen y se construyeron siguiendo unos patrones racionalistas y pragmáticos.

En el interior de la vega del Guadalquivir las tierras son muy feraces, aunque contienen altos índices de yesos y calizas. Y esto es así porque esta zona estuvo bajo el océano hasta que la isla de España contactó con Europa. Desde aquellos momentos se inició un proceso de elevación del punto de contacto (los Pirineos) porque la placa española comenzó a penetrar por debajo de la europea y la zona por debajo de la meseta precámbrica comenzó a emerger de las aguas, en parte por el acercamiento de la placa norteafricana.

Así sobre los materiales cámbricos se fueron depositando sedimentos mesozoicos, ricos en abundantes materias inorgánicas y orgánicas.

El resultado fue tierras que cuando disponen de agua son ideales para todo tipo de agricultura y cuando no disponen de regadío permiten el cultivo de secano.

Este cultivo de secano es la clave de la economía de El Coronil, desde siempre. Cereales que se suelen alternar con leguminosas (que tienen la cualidad de fijar el nitrógeno al suelo) y extensos cultivos artificiales (como la remolacha, ampliamente subvencionada). En los parajes más cercanos al río Guadalete y al arroyo Salado se pueden observar pequeñas huertas, casi familiares, y algunas plantaciones de legumbres.

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El clima es suave, mediterráneo continental. Precipitaciones escasas, rozando constantemente la sequía, y concentradas en el período invernal. Muchas horas de sol, quizás demasiadas, lo que ha repercutido en una cobertura vegetal de todo el término municipal bastante pobre.

Escasean las arboledas y las hierbas suelen adoptar durante casi todo el año un color amarillo con el que muestran su sed. Flora típica de la zona son la esparraguera, el quejigal, el acebuche, la rosa, el palmito. En general son plantas de hojas delgadas con lo que se defienden de la evaporación en un territorio que se va desertificando con los años.

La fauna es siempre un reflejo del ecosistema vegetal. Es un biotipo de sabana arbolada, pequeños mamíferos y roedores, que son objeto de una gran afición local a la caza menor. También abundan las aves, especialmente activas en los períodos estivales donde se las puede contemplar en cualquier punto húmedo del término, nidificando o descansando en su emigración anual desde la fría Europa.

En las zonas cercanas a las vías fluviales es corriente hallar, en toda Andalucía Occidental, restos del período prehistórico en que el Homo entró en Europa. En los solares junto a estas vías es posible detectar los talleres líticos donde se fabricaron los primitivos utensilios. La razón de su ubicación obedece a una cuestión lógica: la materia prima que a base de percusión directa (piedra contra piedra) se convertía en rudimentarias hachas de un sólo filo se hallaba en los cauces acuáticos, pues se recurría a los cantos rodados por su dureza y maleabilidad.

La dureza de estos materiales ha permitido su conservación, no quedando constancia de otros restos arqueológicos, menos perdurables.

Así, en las zonas del término municipal sin presencia acuática, los restos más antiguos se remontan «sólo» al Calcolítico. La situación estratégica de esta localidad se tradujo en una numerosa población. Los museos sevillanos abundan en objetos arqueológicos de interés, la mayoría pocedentes de entornos funerarios. Hallados en todo el término municipal no ha sido posible determinar dónde estuvo este pueblo originariamente, aunque se sabe que aquí estuvo la ciudad celtíbera de Salpesa por la gran cantidad de monedas que se han hallado.

Pero El Coronil no es el reflejo de este prehistórico pasado. Esos orígenes se pueden contemplar pausadamente en diversos museos andaluces, pero el actual El Coronil es el reflejo de su más reciente pasado. Fue fundado en la Alta Edad Media, en fase de repoblación de zonas fronterizas para dificultar las razzias de tropas musulmanas, por Ruy Pérez de Esquivel.

Este hecho explica su articulación urbana. Calles rectilíneas, amplias. Casas de dos plantas, con patio interior descubierto. Amplios ventanales y abundancia de enrejados y balconadas. En el centro de la población los servicios públicos: El Ayuntamiento, la Iglesia Parroquial y algunos servicios administrativos congregados alrededor de una plaza que rememora las antiguas ágoras griegas y los foros romanos.

Fueron instaladas 45 familias en una colina de donde procede el nombre actual de este pueblo (El Coronil de colina o corona). Su economía, entonces, era agropecuaria como era lo habitual en los pueblos creados por los reconquistadores, para quienes el movimiento de ganado era una de sus fuentes principales de ingresos. De ahí que se celebrara una feria de ganado, de un mes de duración, cuya fama ha atravesado las fronteras de la península.

Los coronileños viven en un término pequeño, de apenas 92 kilómetros cuadrados, a tan sólo 54 kilómetros de la populosa Sevilla. Este hecho ha marcado la historia contemporánea de El Coronil, cuya población se halla estancada ante el abundante paro y la consiguiente emigración juvenil. En este sentido es uno de los pueblos que más están notando la presencia de emigrantes africanos.

Pero también este hecho marca el aire que se respira en El Coronil, de absoluta tranquilidad, convirtiéndose en un auténtico oasis de paz.

Como pueblo andaluz abunda en fiestas. Las patronales a mediados de Agosto, San Roque. Los Carnavales en Febrero. Festival Flamenco «La Reja». Mes cultural en otoño. Actos deportivos. Son unos chuflones, aquí nació el dicho de «más flojo que una matraca» porque usaban una matraca un par de veces al año en lugar de las campanas. Son gentes hospitalarias y amables que parecen haber entendido la importancia de una vida reposada y sin prisas.

Sus monumentos son escasos, pero no se trata de escribir recomendando siempre aquello de lo que se opina. Porque todo no puede ser lo mejor del mundo. Sino que se trata, entiendo yo, de opinar sobre productos o lugares concretos diciendo cómo son, sin exageraciones que carecen de sentido. El Coronil es un pequeño pueblo de la vega sevillana y como tal lo estoy presentando, intentando no crear falsas expectativas, sino incitando a que si pasas por sus cercanías no pases de largo sino que te pares a conocerlo. Seguro que no te arrepientes.

el coronil

El castillo de las Aguzaderas, a tres kilómetros del centro, lo levanatron los musulmanes sobre construcciones celtíberas. Pérez de Esquivel lo utilizó para incordiar a los árabes de Morón.
Curiosamente se halla en una vaguada, porque se construyó para defender la fuente de las Aguzaderas, que suministraba agua potable a toda la comarca.

El castillo de El Coronil, sobre cimientos romanos, que aprovecharon el edificio más antiguo de la zona, sólo conserva sus lienzos exteriores.

Además de estas dos fortificaciones, de escasa altura, hay un par de iglesias, una ermita y una capilla. Todas son de trazado sencillo, con bicromía en blancas fachadas que muestran sus tendencias barrocas remarcando en rojo sus nervaduras. Encima las clásicas espadañas.

Y algunas otras cosas más que podrás descubrir si te acercas a este pueblo sevillano donde se respira tanta paz que incita a quedarse para siempre.