La Giralda, reconocida como el emblema por excelencia de la ciudad, es el alminar de la antigua mezquita mayor almohade. Desde arriba se obtiene una magnifica vista panorámica.

Se puede visitar y subir por las 35 rampas de recorrido suave, que según se cree, se diseñaron para permitir que el primer almuecín, demasiado anciano, pudiera ascender montado a caballo para hacer su azalá. Más tarde también lo hizo el caballo de Fernando III el Santo. 

A continuación os contaré mi experiencia visitando la Giralda pero antes, vamos a conocer un poco del pasado de este lugar tan mágico de Sevilla.

Un poco de historia de La Giralda

Deciros que para mi los temas históricos son apasionantes, de veras os digo que me hubiera gustado vivir en la Edad Media. Siempre fue mi profesión frustrada, historiador, aunque no descarto estudiar la carrera dentro de un tiempo.

Por lo tanto, edificios como la Giralda (y la catedral contigua) hacen que se ponga la piel de gallina, por la inmensidad que las envuelve, porque retrocedes en el tiempo, aparte de que funcionan todos tus sentidos: la vista queda maravillada ante tanta belleza, las manos rozan las ásperas piedras y columnas maltratadas por el tiempo, el oído se agudiza para intentar escuchar los susurros de la gente y explicaciones de los guías de 1000 países diferentes (me he pasao), el olfato intenta abrirse paso a través de la historia, y el gusto se emociona cuando en ese marco incomparable tu mujer te besa y tú a ella (Le hubiera hecho el amor allí mismo, pero no era plan).

Te empiezas a plantear una serie de preguntas: ¿Cómo lograron levantar tal maravilla? ¿Cuánto tiempo hizo falta para terminar la obra? ¿Cómo fue su historia a lo largo de los siglos?, y muchas otras más que os comento a continuación.

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Posiblemente la Giralda sea el símbolo que mejor define a Sevilla en todo el mundo. Se trata de la torre de una antigua gran mezquita, en cuyo lugar hoy se encuentra la Catedral.

Su construcción se dio en época de los Almohades, concretamente ordenada por Abu Yacub Yusuf, que fue el líder de la expansión almohade. Cuenta la leyenda que tuvieron que ser levantadas plataformas para poder hacer este monumento, y esto lo hicieron con restos de los anteriores pobladores, los romanos y visigodos.

El inicio de su construcción comenzó aproximadamente en el año 1171, pero no se acabó hasta 27 años después, en el 1198, por lo que fue el hijo de Abu Yacub Yusuf el que realizó la obra, un tal Abu Yusuf Yacub al-Mansur.

Se dice que en un principio se ordenó su construcción con vistas a proteger la ciudad de los ataques cristianos. Pero para cumplir ese plan, el monumento tendría que ir unido con una muralla que fuera desde el Alcázar hasta la misma Mezquita. Incluso hoy en día quedan algunos rastros de esa muralla, aunque un poquito deteriorada.

La torre al finalizar su construcción tenía aproximadamente 82 pisos, pero todos no siguen donde estaban originalmente, sino que varios están enterrados y otros sufrieron unas «pequeñas reformas » a cargo de los cristianos. Tenía unos cimientos de piedra, y tiene de ocho metros y medio de altura.

Pero no siempre ha sido denominada Giralda, sino que ese nombre le fue puesto allá por el siglo XVI, cuando encima justo del todo, colocaron una especie de veleta, conocida por el nombre de Giraldillo, al cual debe su nombre el resto de la torre. Hace relativamente poco tiempo el Giraldillo fue bajado del pico de la torre para ser restaurado, pero ya se encuentra otra vez en su sitio, dándole es esplendor que merece a este edificio. El giraldillo es una estatua de bronce, apoyada sobre un globo, representando la Victoria de la Fe de Cristo, que gira sobre un eje, a pesar de sus 128 kilos de peso. Esta veleta es una bella imagen, fundida por Morel, según un diseño de inspiración italiana atribuido a Luis de Vargas. Esta estatua representando la fé pronto se denominó Giraldillo, de donde deriva el nombre de Giralda.

Desde lo alto de la Giralda se entonaban oraciones, e incluso se dice que podría haber servido como observatorio astrológico ( curioso, no? Hace mil años casi y ya se preocupaban por las estrellas).

Gracias a Dios, de la antigua mezquita sólo queda la Giralda, porque la mezquita fue destruída, pero no por los cristianos, sino por los propios almohades, que no podían permitir que cayera en manos de los infieles(como unos se llamaban a los otros) ese edificio. Así que , donde antes estaba la mezquita es donde los cristianos elevaron la Catedral, la más grande de España en superficie.

Posteriormente, muchos otros países copiaron el modelo para hacer sus monumentos. Incluso en Nueva York, en el mítico Madison Square Garden se erigió una estructura parecida, aunque en la actualidad no existe.

La Giralda tuvo también un reloj, el primero en una torre que hubo en España, y lo sigue teniendo aunque el actual data de 1764. Destaco este punto porque hasta hace unos años Sevilla tuvo dos horas, la oficial, la del meridiano de Madrid, que marca el reloj del ayuntamiento, y la de Sevilla, marcada por el reloj de la Giralda. Esto fue así en función de un privilegio catedralicio, que permitía a la iglesia tener un horario propio.

Para terminar con su historia decir que lo que más llama la atención son sus «rampitas», por llamarlas de alguna manera. A ver, para subir a la torre no hay ni había escaleras, sino que son unas 35 rampas que parece que estás escalando el Tourmalet del Tour de Francia. El motivo es que el primer digamos jefe u orador de la Giralda era muy mayor, y no podía subir a pie, y le pusieron rampas para que subiera con su caballo.

Visita a la Giralda, mi experiencia

Por fin llegamos a la Giralda, bueno, mejor dicho a la Catedral, aunque la llevábamos viendo hace tiempo, debido a su altura, y nos dispusimos a guardar cola. Como los domingos la entrada es gratis, imaginaros la cola, más que una cola era el rabo entero, daba la vuelta a la Catedral, así que nada, ¡A echarle paciencia!

Una vez superada la interminable cola, más o menos de dos horas (puedes ahorrarte las colas contratando una visita guiada que incluye el alcázar, la catedral y la giralda), entramos en el acceso que desde la Catedral hay para subir a la Giralda. Y empezó lo bueno. Como sabéis (y a quien no lo sepa se lo digo) mi mujer está embarazada de 4 meses. El panorama empezó con mucha ilusión. Como dije anteriormente son rampas más o menos empinadas hasta llegar al final, al pico de la torre. Las primeras 10 las haces de corrido, con pequeñas paradas para tomar aire.Las siguiente 10 rampas, pensad que son un total de 35, empiezas a dudar porque empezaste a subir, mientras ves que la gente que va a tu alrededor tiene más o menos cara de lástima, como de qué he hecho yo para merecer esto. Mi mujer , claro está, iba un poco desencajada, agarrándose a mi brazo para que yo intentara tirar de ella (la pobre, que mal rato).

Pero las últimas 15 rampas ya pierdes el sentido de por qué estás subiendo, de por qué un domingo estás haciendo el capullo así, con perdón, mientras vas adelantando gente, y otros te adelantan, como si repartieran bocadillos a los primeros en llegar. A todo esto se une que las personas que bajaban nos echaban miradas de lástima, como diciendo:»anda que no os queda na». Lo bueno fue cuando se paro mi mujer en la rampa 28, a siete del final. No podía más, y claro, si nos volvemos para atrás después de 28 rampas es para no contarlo, porque se ríen de ti.

Así que «el machote del grupo», o sea yo, no se me ocurre otra idea que montármela a burro y subir el resto de las rampas así. Aproximadamente hicimos unas 50 paradas sin exagerar en 7 rampas. La gente cuando nos miraba se reía, como si estuviéramos haciendo un chiste, y yo cada vez sentía menos las piernas. Incluso a veces(creo que del mareo) sentía como si mi mujer me espoleara, como si fuera un burrito que debe hacer su trabajo para comer.

En fin, que así llegamos a la torre, y nos sentamos a descansar durante unos minutos. Cuando recuperamos el aliento, descubrimos una vista maravillosa, increíble, digna para los sentidos. Se veía toda Sevilla: el Guadalquivir, Triana, la Real Maestranza, etc. Era un día muy caluroso y soleado, pero ya no nos importó, casi tocábamos el cielo con las manos, de la gran belleza que se abría ante nuestros ojos. IMPRESIONANTE.

Después de estar allí durante unos quince minutos aproximadamente, en los cuales, recorrimos todas las partes del mirador de la torre, nos dispusimos a bajar. Sólo un pequeño detalle, se nos olvidó la cámara de fotos(vas a ver una maravilla y no te llevas la cámara, que bien, no?).

La bajada fue mucho más amena, principalmente porque ahora éramos nosotros los que veíamos las caras de la gente, y nosotros podíamos charlar alegremente sin que se nos cortara la respiración. Una vez fuera comimos y regresamos a casa donde pusimos la guinda al día haciendo el amor, de manera desenfrenada, pero dulce a la vez, como si fuéramos un noble caballero medieval con su princesa. BESOS

Horarios y tarifas

la giralda

En cuanto a los horarios de visita conjunta a la Catedral y a la Giralda los horarios son éstos: de lunes a sábado, de 11:00 a 17:00 y los domingos y festivos de 13:00 a 18:00.

En cuanto a los precios, la entrada general es de 7€, la reducida, que incluye a pensionistas, desempleados, residentes en Sevilla y estudiantes, 1,50€, y es gratuita los domingos, discapacitados y menores de 12 años.

También tenéis la opción de contratar una visita guiada en la que os explicarán todos los detalles del Alcázar, la Catedral de Sevilla y la Giralda, sin colas ni esperas.

Espero que al menos una vez en la vida vengáis por Sevilla y vayáis a ver la Giralda, y cuando subáis las rampas, seguro que os acordaréis de mí.