No va a ser ésta una “opinión-ladrillo” sobre Historia o Arqueología, ¡no temáis! ;-P Desde luego, el tema se presta a ello, pero no creo necesario bombardear al lector con una concatenación infinita de datos arqueológicos o históricos sobre este monumento, porque de otro modo traicionaríamos al auténtico espíritu de este blog de viajes!. Prefiero, y seguro que resultará más ameno, tanto para quienes leéis como para quien os escribe estas líneas, ir describiéndolo de forma general y añadir algunos detalles peculiares y “curiosos”, que sólo alguien que ha nacido y es (no son equivalentes ambos verbos, os lo aseguro) de la “tierra” os puede contar de primera mano.

La Tarragona del siglo XXI es la heredera, indudablemente, de la Imperial Tarraco de hace más de 2.000 años. En anteriores ocasiones os he explicado como resulta de difícil construir un bloque de pisos en Tarragona, puesto que en cuanto se empieza a excavar en un solar aparecen restos arqueológicos de la Augusta Tarraco. Recordad que la ciudad de Tarragona fue declarada como «Ciudad Patrimonio de la Humanidad» por la UNESCO por todo su patrimonio artístico-arqueológico e histórico, obviamente, al haber sido una de las ciudades más importantes de la antigüedad, capital de las provincias imperiales de la Hispania citerior y Tarraconense más tarde.

Por ello, Tarraco reunía la totalidad de construcciones principales (y otras secundarias de todo tipo) de las principales ciudades imperiales. Tres de estos elementos urbanístico-arquitectónicos eran: el teatro, el circo y el anfiteatro. Tarraco, obviamente, cuenta con los tres.

El Anfiteatro romano de Tarraco se construyó muy tarde, no obstante. Ya hacía siglos que Tarraco había sido incluso Capital de todo el Imperio Romano, cuando el emperador Octavio Augusto residió aquí e hizo de Tarraco la ciudad en la que se administraba el Imperio, según consta en el Museo de Historia de Tarragona. Pero no fue hasta unos 100 años después del tiempo de Augusto, cuando se construyó este Anfiteatro. Y fue una iniciativa de un “flamen” provincial (sacerdote imperial) el nombre del cual se desconoce, pero se sabe que vivió a principios del siglo II dC.

Todos tendréis en mente qué es un anfiteatro romano. Os vendrán enseguida a la memoria las imágenes de la película Gladiator, por ejemplo, con el majestuoso Coliseum romano. El de Tarragona, sin llegar a las dimensiones y espectacularidad del de Roma, tampoco era pequeño. Se estima que su aforo era de 14.000 personas. Y todas sentadas, eh? para que no protestara la “UEFA” de la época ;-P

El anfiteatro se situó fuera del núcleo urbano, fuera de las murallas, pero muy cerca de la ciudad. Este emplazamiento no es ocasional, ya que se encontraba muy próximo a la Vía Augusta y cerca de la playa del Miracle, donde se descargaban los animales (leones, etc.) y materiales que se utilizaban en los espectáculos.

Anfiteatro romano Tarragona, ¿dónde está?
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Los espectáculos que se ofrecían en la arena del Anfiteatro eran, desde nuestra actual mentalidad, criminales, inhumanos, repugnantes incluso. Claro que… ¿no podemos decir exactamente lo mismo de las corridas de toros? Naturalmente que sí.

Cómo llegar

El anfiteatro romano se encuentra en la parte baja de la ciudad, justo al lado del mar y fuera de la antigua muralla de la ciudad. La calle donde lo podemos encontrar es el Paseo de las Palmeras, muy próximo al Balcón del Mediterráneo y al Circo Romano.

La sangre como reclamo

Fundamentalmente, se organizaban dos tipos de espectáculos:

Las luchas de gladiadores

En el Museo Arqueológico Nacional de Tarragona podréis encontrar varias de las “herramientas” de trabajo de los Gladiadores.

Y os aseguro que da escalofríos contemplar algunas de las armas que usaban para matarse en la arena y divertir con ello a los ciudadanos de Tarraco (adviértase que digo ciudadanos, puesto que desde que Tarraco fuera una de las ciudades que apoyó a Julio César, obtuvo la condición de colonia y se aplicaba a sus habitantes el –ius latinii-, al tiempo que buena parte de sus habitantes eran militares y funcionarios de la República y el Imperio (parece Star Wars esto, eh? ;-P), con lo que eran ciudadanos romanos de pleno derecho –se les aplicaba el ius civile, por tanto- (Un poquito de Derecho Romano tampoco hace daño, eh? ;-PPP)

Las luchas o cazas de fieras.

En el Anfiteatro se conservan los pasillos y dependencias interiores (hay como unos pisos por debajo de la arena y a los laterales bajo las gradas, que servían tanto para tener encerradas a las fieras (leones traídos desde África y desembarcados en la arena de la playa del Miracle que hay justo al lado, básicamente), así como a los condenados a muerte, porque ese era otro de los espectáculos que los tarraconenses de hace 20 siglos “gustaban” de ver: las ejecuciones y torturas a los condenados.

Respecto a esto último, hay que comentar que si alguna vez lo visitáis, veréis como en el centro de la arena hay unas ruinas extrañas, que no parece que tengan que ver mucho con un Anfiteatro romano. Y, efectivamente, si bien no tienen nada que ver con su arquitectura, sí que tienen que ver con su historia. Y es que las ruinas que hay justo en el centro, son los restos de una antiquísima basílica cristiana, del siglo VI (lo he escrito bien, ¡del siglo VI!) como homenaje y culto a los mártires cristianos que murieron en la arena del Anfiteatro romano de Tarraco hasta el siglo III d.C. Es bastante pequeña, pero se ve perfectamente desde las gradas del Anfiteatro su planta en forma de cruz. (ver Foto 1)

Por cierto, que en este Anfiteatro también se montaron aquellos que, seguramente, debían ser increíbles espectáculos como eran las “naumachiae”, unos simulacros de batallas navales para las que se llenabade agua, no es broma, la arena del Anfiteatro con agua del mar, mediante el empleo de técnicas de ingeniería que hoy en día siguen sorprendiendo.

El Anfiteatro para un tarraconense contemporáneo

Hace unos años, cuando era pequeño, se podía acceder fácilmente al Anfiteatro. Creo que ya cobraban entrada por aquel entonces, pero todo el recinto estaba tan mal acondicionado que era sencillísimo saltar una pequeña valla metálica a la que se accedía desde los Jardines del Miracle y colarse dentro. Además, allí ni había vigilantes ni nada, con lo que podías pasarte unas cuantas horas corriendo por las gradas y, por supuesto, haciendo el gamberro.

Es más, el Anfiteatro era (y ahora os vais a sorprender, incluso si sois de Tarragona, siempre y cuando seáis muy jóvenes –que yo ya tengo “una” edad ;-PPP), era, decía, un auténtico PICADERO, pues todo el recinto y sus alrededores era un lugar idóneo para que en los años 70 y 80 (y supongo que antes también ;-P) montones de jóvenes ( y no tan jóvenes) parejas rindieran culto al dios Eros, dejando un lecho de condones usados como ofrenda. (Obviamente, aquí no pienso dar detalles de “experiencia personal con el producto” ;-P)

Entenderéis, inmediatamente, que con tan poco cuidado por tenerlo bien acondicionado, vallado, vigilado, etc. el Anfiteatro de Tarragona no debe estar en muy buen estado. Y, efectivamente,… ¡así es!

Y la culpa de su mal estado de conservación hay que comenzar por atribuírsela a los propios ciudadanos romanos que lo dejaron abandonado y sin darle uso alguno en el siglo IV. Aunque, claro, bastante tenían ya en la época final del Imperio, con defenderse de las múltiples invasiones germánicas que arrasaron Tarraco unas cuantas veces. Démonos cuenta que después de ser abandonado, se construyó en su arena la basílica cristiana a la que antes os hice referencia, para cuya construcción se utilizaron materiales del propio Anfiteatro. Incluso ha servido como presidio, como penal, hasta prácticamente el siglo XX.

Pero, no podemos responsabilizar a nadie más de su deplorable estado de conservación, y sirva esta opinión mía nuevamente como DENUNCIA pública, que a los «irresponsables» de las siguientes administraciones:

  • Ayuntamiento de Tarragona, principal CULPABLE, con la eterna alianza de Convergència i Unió y el Partido Popular (el mismo perro con diferente collar), cuya actuación de gobierno en cuestiones de patrimonio artístico y arqueológico de la ciudad es, simplemente, DESASTROSA.
  • Departament de Cultura de la Generalitat de Catalunya y Ministerio de Cultura del Estado español, quienes tienen atribuidas diferentes competencias cada uno, que afectan al conjunto monumental, bien sea por la titularidad pública del recinto, por el mantenimiento, por el personal que debe encargarse de él, por la divulgación cultural del mismo,…

Cuando la UNESCO declaró que Tarraco es Patrimonio de toda la Humanidad, no creo que lo hiciera para que el alcalde Joan Miquel Nadal i Malé (de CiU) se “columpiara” diciendo lo bien que lo hacía, sino para que se tomaran las medidas adecuadas, precisamente, para mejorar su actual estado de conservación.

Cómo entrar sin pagar

Desgraciadamente, lo que yo podía hacer de niño hoy en día es más difícil. A finales de los 80, principios de los 90, se reformó todo el entorno del Anfiteatro, de modo que no sólo dejaron a la ciudad sin uno de los –PICADEROS- habituales de la ciudad (y, desgraciadamente, lo de “picadero” viene que ni pintado, porque también era un lugar idóneo para que los “yonkis” se “chutaran” o para encontrarse con algún “mirón pajillero” con un kleenex en la mano y la otra en…), sino que acondicionaron la zona para un mejor aprovechamiento, esto es, para vender más entradas y recaudar más, básicamente.

La entrada no es que sea cara, cuesta 2 €, pero es mejor no pagarla para visitar este monumento solamente, sino que yo os recomiendo que hagáis primero una visita a algún Museo de Tarragona (Tarragona tiene museos para dar y vender). Os aconsejo dos:

  • el Museo Arqueológico Nacional
  • el Museo de Historia de Tarragona

En el Museo de Historia se puede comprar una especie de “bonus” para visitar todos los monumentos romanos de la ciudad (que cuesta 5 €, si es que no lo han subido. La grúa municipal sí que la han subido, eso… ¡os lo aseguro! ;-P. Así os podéis empapar primero de la Historia de la ciudad e ir cargados de trípticos y folletos de todo tipo ara no “perderos” por la Tarraco romana.

Pero también es posible visitar este y otros monumentos y museos sin pagar un solo céntimo, en los siguientes casos:

  • Si os organizáis un viaje de estudios o similar de carácter cultural. Normalmente, se hace para grupos escolares, pero si os montáis un viaje y decís que vais por cuenta de una Universidad, Instituto, etc os harán un pase gratuito para el grupo. Los “Erasmus” de la Universidad de Tarragona lo hacen cada año y podríais apuntaros a la “salida” organizada que se montan (suelen dejar carteles en la Facultad de Letras, que se encuentra en la Plaza Imperial Tarraco. No hay pérdida) Por cierto, estos Erasmus acaban después de visitar museos y demás, o bien en los “garitos” del Puerto o en alguna disco de “guiris” de Salou, bien borrachos de… ¡sabiduría? ;-PPP
  • Si sois menores de 16 años… ¡gratis total! Claro que no se ven a muchos chavales de 16 años por allí. Cuando yo iba al Anfitetaro en mi adolescencia, solía ir con mis “colegas” del “Insti”unas cuantas Xibecas (litronas, para los que no las conozcáis) y acabábamos en la Playa del Miracle durmiendo la mona ;-PPP No era ninguna visita cultural, desde luego,… ¿o sí? 😉
  • Si demostráis que estáis desempleados os harán descuento (sólo se pagaría 1 € por entrada). Pero si, además, os preocupáis de ir al Departamento de Bienestar Social del Ayuntamiento, os pueden hacer el pase anual para todos los recintos de la ciudad gratis (aunque, claro, habría que estar empadronado en Tarragona… creo)
  • Las familias numerosas, los residentes en Tarragona, las personas que vayan en grupo (y que no puedan demostrar que es un viaje de estudios), los miembros de Asociaciones de Museólogos de Catalunya, España y Unión Europea, y otras asociaciones culturales, también tienen descuentos y entradas gratuitas.- Asimismo, todos los museos y monumentos de la ciudad tienen las puertas abiertas para todo el mundo los días de las Fiestas locales. Lo sé seguro de las de Santa Tecla, en la semana del 23 de septiembre. Pero no estoy tan seguro en la fiesta de Sant Magí (19 de agosto).

Y en cualquier caso, seguro que si se monta un viaje organizado por algún tipo de asociación, club, o agrupación de algún tipo, se puede conseguir algún descuento e incluso una visita guiada. Para ello, podéis usar el teléfono del Museo de Historia de Tarragona (977 242220), que está en la Calle de Cavallers, 14, en la parte alta y antigua de la ciudad –es la Casa Castellarnau, para los que conocemos esa zona- y obtener mayor información.

A los “guiris” les cobran un “egg” y parte del otro por hacer excursiones a Tarragona y enseñarles cuatro piedras y cuatro tonterías antes de devolverlos a sus hoteles, así que os aconsejo que no os dejéis engatusar por las “ofertas” que alguna agencia de viajes os pueda hacer. Y en cualquier caso, si no os queréis gastar ni un céntimo y simplemente ver de lejos el Anfiteatro, os acercáis al final de la Rambla Nova, dais un paseo por el balcón del Mediterráneo (que os gustará e impresionará, os lo aseguro), os dirigís (a la izquierda del Balcón) a un paseo, desde el que enseguida podréis contemplar un auténtico monumento-patrimonio de la Humanidad, que hará viajar, por unos instantes, a vuestra imaginación unos 2.000 años atrás en la Historia.

anfiteatro tarragona

Por cierto, es espantoso el paisaje que queda cortado por esas horrorosas vías de ferrocarril que corren paralelas a la costa y que afean a más no poder toda esa “estampa de postal” de la fachada marítima de Tarragona. Seguro que os desagradará tanto como a los que somos de aquí. Pero hay que decir que, finalmente, el Ministerio de Fomento se ha dado cuenta que los catalanes, además de pagar las nuevas autovías, carreteras, AVEs, aeropuertos, M50s, M60s, Metc de Madrid, Andalucía, Extremadura, Castilla,… (la lista es larga ;-PPP) también necesitaríamos que algo del dinero que pagamos y regalamos a la Hacienda española, sirva para hacer alguna obra de infraestructuras aquí, por lo que, ¡por fin!, van a soterrar esas espantosas vías que van a parar a la Estación de Tarragona (que está muy cerca de esta zona del Anfiteatro, por lo que podéis ir andando si os apeáis del tren aquí).

Y ¡ojo! Que el proyecto municipal de mejora y transformación de la fachada marítima de Tarragona, donde se encuentra emplazado igualmente este Anfitetaro es, realmente, espectacular, una vez “desaparezcan” o entierren las vías del tren. Sólo hay un detalle que da un poco de… recelo.

En fin, que voy concluyendo ya este “breve” opinión del Anfiteatro romano de Tarragona, que, nuevamente, os invito a descubrir, junto al resto de monumentos de esta augusta e imperial ciudad de Tarraco.

Y si todavía os quedan ganas de “emborracharos de cultura”, venid por la noche a Salou, a 10 minutillos de Tarragona, donde descubriréis los mejores… ¡monumentos de Europa! (me viene a la mente el genial López Vázquez cuando decía en una de aquellas películas de los 60-70… “Laaas sueeecaaas!!!

Invitados quedáis a la monumental Tarragona y a la Costa Daurada, chat@s.