Tortosa ciutat famosa es la capital de la comarca del Baix Ebre, en la provincia de Tarragona, la de más al sur de las cuatro que forman Cataluña. Es un ciudad pequeña de más de 30,000 habitantes.

Tanto en catalán como en castellano me denomina igual variando tan sólo la pronunciación, aunque en la época árabe se llamó Tortuxa y en la romana Dertosa.

Arquitectónicamente lo más destacado a vista de pájaro es el Castillo de la Zuda, construido por los árabes que conquistaron la Península en el siglo VIII dC, una edificación de piedra muy bien conservada y desde donde se ve toda la ciudad, el río, las murallas y las montañas que rodean la zona.

Es una ciudad bimilenaria desde hará unos 20 años, para ello Jordi Pujol nos inauguró un segundo puente sobre el Ebro y se erigió una extraña escultura a base de barras paralelas de aluminio, bonita, eso sí, en la entrada a la ciudad desde la carretera.

Cómo llegar a Tortosa

Podéis acceder a ella directamente por la carretera en transporte propio o mediante los autocares de la empresa Hife cogiendo la N-340 o a través de la autopista AP-7 cogiendo la salida de l’Aldea para terminar haciendo el último tramo por la N-340.

También llega el tren, aunque sólo los Regionales y Catalunya Exprés, los demás paran en l’Aldea, ya que a alguien se le ocurrió que los tortosinos no íbamos lo suficientemente a Valencia y nos cortaron las vías, dejando así en desuso el puente del tren que teníamos a tal efecto.

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El avión, ni de broma, el aeropuerto más próximo es el de Reus, bonita ciudad, por cierto, patria chica del genial Gaudí llena de edificios Modernistas de él y otros arquitectos memorables.

Qué ver en Tortosa

La ciudad se divide a las dos orillas del Ebro ( enmedio del cual aun hay un tremendo monumento franquista con su aguilote en todo lo alto), en una orilla está el barrio de Ferreries, básicamente tiene viviendas y los servicios que puedan necesitar los habitantes de ella, destacaría el Estadio Municipal con sus escasos servicios y corto horario, uno de los dos CAPS o Ambulatorios de la ciudad, la Clínica la Alianza y otros dos servicios bastante usados, Hacienda y BASE, donde se pagan algunos impuestos municipales como el de circulación y creo que también la contribuación, siento dudar, pero en Tarragona lo pagamos todo directamente al Ayuntamiento y en Tortosa no recibía recibos de esos a mi nombre.

En la otra orilla hay más material, empecemos por el centro, más comercial, con su ensanche y algunos edificios Modernistas como la Casa Matheu o el Mercado, también está el Ayuntamiento, el Cine Fémina, cerrado, como no, algunas facultades de la Universidad Rovira i Virgili y una sede de la UNED.

Una de las zonas más apacibles para pasear y tomar algo es el Parque Teodoro González, este empieza bajo las vías del tren, en el centro y termina en el barrio de El Temple, el más nuevo, donde tan sólo destacaría la estación de autobuses y el otro CAP, que comparten edificio. A destacar del Parque, el restaurante, el pequeño lago a la sombra, los columpios, el paseo central para pasear a la sombra de los plátanos y la Lonja.

Más allá quedan las ravales, pero son muchas y no las conozco y el polígono industrial, aunque en realidad es término municipal de Campredó.

Volviendo al centro, algunas de sus calles nos llevan al centro histórico, a destacar, lógicamente, la catedral, desgraciadamente enclavada entre los peores barrios de la ciudad, Remolins y el Rastre, por lo tanto, sólo apta para visitas diurnas y recomendaría ir en grupo, yo misma ya no voy sola, ya que hace tiempo que en el pueblo me toman por forastera y en esos barrios eso es muuuuuy malo.

De todas formas es un edificio colosal digno de visitar y fotografiar por cada una de sus entradas, y gárgolas en el exterior y una vez en el interior su claustro, su altar mayor con un precioso retablo y especialmente recomendaría un pequeño altarcito, el de la Santa Cinta, la patrona de la ciudad, con sus columnas salomónicas en mármol y los frescos en techo y paredes. Es un edificio que mezcla muchos estilos, como la mayoría de las catedrales se edificó a lo largo de varios siglos y por ella han pasado el románico, el gótico y todo lo que se les ocurra, ya que siempre está en obras, no sé si nunca la veré terminada, más o menos como la Sagrada Família en Barcelona.

Una de las calles de Remolins nos llevan al Castillo de la Suda o de la Zuda, en castellano, en la subida hacia él nos podemos desviar hacia los Jardines del Príncipe, inaugurados por el que les dio nombre hace más de 20 años.

Lo peor es el clima, ya que entre la humedad del río y el viento que genera el estar en un valle entre montañas bastante altas como los Puertos de Tortosa-Beseit pasamos del frío extremo al calor insoportable. Eso puede ser una explicación al carácter huraño, obtuso y egocéntrico de sus gentes, nunca se sabe, es por darles una disculpa, porqué al fin y al cabo son mi gente.

tortosa

La primera semana de septiembre serán las fiestas patronales, la Mare de Déu de la Cinta, saldrán con la Virgen todos los gerifaltes a hacerse notar y sacarle el polvo al traje.

Es una semana aburrida, sólo hay actos religiosos en la Catedral, gótica, que sí es muy bonitae interesante de visitar, pero normalmente está cerrada. Imagino que porqué está en el casco antiguo y como os avisé aquello es zona comanche. Todos los delincuentes se concentran ahí, los originarios de la ciudad y los inmigrantes.

Aparte de los actos religiosos y actividades tipo petanca para los ancianos o tipo concursos de dibujo para los niños no hay mucho más que hacer. Las atracciones, eso sí, como en todas partes.

¿Algo positivo? Sí, aparte de la Catedral me encantan las jotas tortosinas y los pastissets (receta árabe que encontraréis en otros países con esa cultura, fritos, recubiertos de azúcar, y rellenos de cabello de ángel o mazapán), además hay que reconocer que como capital que es goza de todos los servicios básicos, restaurantes, pastelerías, supermercados, boutiques, farmacias, etc.

Aunque el aspecto de la ciudad es gris, sucio y descuidado. Los lugareños no hacen vida en la calle y los inmigrantes, que deben rondar el 40% de la población, están por todas partes.

Ya no me identifico para nada con el pueblo en el que nací. Nunca me gustó el clima, ya que enclavado en la valle del Ebro, entre dos montañas, las temperaturas son extremas, 40º en verano y 5º en invierno y el viento horroroso, no he sabido lo que es no estar resfriado hasta que cambié de ciudad.

Es triste, pero hay sitios condenados a quedarse aislados, encerrados en si mismos y creyéndose lo mejorcito de la comarca, la provincia y el mundo mundial no evolucionan. Eso pasó con mi ciudad natal, Tortosa, ahí se queda, con sus más de 30.000 habitantes entre los cuales no me volverán a contar jamás.