El Balcón del Mediterráneo es una de las atracciones que nos sorprenderán de la ciudad de Tarragona. Al «fondo» de la Ramba Nova, cuando casi piensas que no va a haber nada peculiar que ver te encuentras con un «cortado» de una gran altura con las vistas al mar.

Desde el balcón puedes ver desde la Punta del Miracle, toda la Platja del Miracle hasta el Port de Tarragona, si te asomas, como se puede ver en alguna foto que he puesto se puede ver un jardín con el escudo de Tarragona hecho con plantas que queda muy bonito.

Situado al principio de la Rambla Nova, el Balcó del Mediterrani es el lugar donde los tarraconenses acuden a menudo «a tocar ferro», es decir, a tocar hierro, el hierro de su barandilla para tomar impulso respirando la brisa del mar.

El balcón tiene varios metros de largo, unos 70 o más, desde su esquina izquierda sobre el Vial Bryant y junto a la Rambla Vella desde donde se ve el anfiteatro romano, hasta su extremo derecho tocando a la Rambla Nova, justo al lado de la estatua del almirante Roger de Llúria, protector de la hegemonía catalana en el mar en el siglo XIII, durante el reinado del rey de la Corona catalano-aragonesa Pere III, denominado «El Gran».

El balcón es mal sitio para quien tenga vértigo, pues en su parte principal, junto a la Rambla Nova, preside un precipicio de unos 20 metros. Para los que no sufráis del mal de altura al asomaros disfrutaréis de la vista de unos jardines justo debajo del mirador en los que las flores forman el escudo de la ciudad con su cuatribarrada ondulante rodeada de césped.

Más allá vemos el scalextrix que forma la carretera de subida desde el paseo marítimo junto a la playa del Miracle hasta el centro de la ciudad, también están por en medio las vías del tren, mirando a la derecha vemos la estación.

Hoteles cerca de Balcón del Mediterráneo
Booking.com

Encuentra actividades, visitas guiadas, excursiones, tours gratuitos y más en Tarragona
Buscar

Más a la derecha se ven es puerto deportivo con sus locales de ocio y los amarres de embarcaciones deportivas, el puerto de mercancías, siempre con grandes barcos entrando y saliendo y hasta el puerto de pescadores, en el barrio de El Serrallo, con las barquitas pequeñas, la Iglesia de Sant Pere y los restaurantes marineros.

Y volviendo a la mano izquierda además del anfiteatro romano podemos ver el Fortí de la Reina, un palacio señorial edificado en el brazo izquierdo del cabo cerrado que es la playa del Miracle de Tarragona, por lo que más allá de él poco más podemos ver.

Lo más importante para el tarraconense de pro es ir a tocar el hierro de su baranda favorita (antes pintada negra y desde hace unas semanas de verde oscuro) charlando y disfrutando de la visión tranquilizadora del mar y recibiendo su brisa.

Es un lugar de fácil acceso y más allá de la barandilla es un lugar de paseo concurrido por lugareños y turistas, su nombre es paseo de las Palmeras y entre fuentes, palmeras, césped y bancos para sentarnos a sol o a sombra son muchos los días del año en los que podemos asistir a actividades lúdicas programadas en ese espacio abierto.

Lo malo son las vías del tren, las vías que separan a Tarragona del mar que las tienes delante tuyo entre el Balcón y la playa, al igual que la estación. Al fondo, mirando hacia el sur, podrás ver también parte del polígono industrial petroquímico (de las pocas cosas feas de Tarragona).

balcon del mediterraneo tarragona

Una de las tradiciones seculares de Tarragona es que, si se va, hay que «tocar ferro» osea, tocar la barandilla de hierro del balcón, así se supone que volverás. Es una barandilla centenaria que acaban de restaurar porque el salitre del mar la estaba dejando hecha polvo.

Yo soy de los que «toco ferro» cuando voy, no por el hecho de volver que está asegurado sino porque es un buen lugar para relajarse, que te dé el aire (la altura hace que siempre haya viento y normalmente sea fresco), ver unas bonitas vistas y divertirse con los comentarios de los turistas. Pegado al balcón hay un par de terrazas de cafeterías donde se hace muy agradable tomar una cañita.

Plenamente recomendable para parar un momento a reflexionar mientras olemos y admiramos el mar.