Me he decidido a escribiros sobre mi tierra, para mi una de las mejores, pero claro está, cada cual ama lo suyo.

Nací en este pueblecito hace algunos años, mi sangre es andaluza, pero mis raíces se hicieron y reforzaron en estas tierras tras el nacimiento de mis dos hijos.

Conociendo el pueblo de Valls

Me adentro un poco en la historia de mi pueblo, situado cerca del mar y a pocos minutos de la montaña.

Escondido, entre valles, de donde proviene el nombre y rodeado de ríos por lo cual la gente más anciana de lugar opina que jamás podrá inundarse ya que los cimientos de esta ya ciudad se centran entre los torrentes que la rodean por las cuatro bandas.

Tierra conocida en toda Cataluña por sus castillos humanos, “Castells” y por su ya famosas y tradicionales Calçotadas.

Pero todo esto debe de ser escrito en otra opinión, ahora estoy aquí para contaros lo que significa para mí la Sala de Cultura de Valls.

Sala de la Casa de Cultura de Valls, ¿dónde está?
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Situada en el Paseo de los Capuchinos Nº 18, “Passeig dels Caputxins”, en el principio de este paseo destaca un monumento dedicado a los castillos, tradicionales de Valls.

Un castillo ya transformado en casa se alza majestuoso en medio del paseo subiendo a su mano derecha.

Al final del mismo y coronándolo, encontramos la parroquia de Santa Joaquina de Vedruna, como también se la conoce como El Lledó, en ese recinto cursé mis estudios, en mi cabeza los recuerdos de una chiquilla cargada de libros, con el uniforme obligatorio y faldilla plisada a cuadros marrones, calcetines y sueños, que salía del colegio para adentrarse en la biblioteca, que hoy es la casa de cultura además de archivo y monumento histórico.

En esos tiempos existían dos bibliotecas, una delante de la otra, solo tenias que atravesar el paseo y te adentrabas por el fantástico mundo de los libros que en casa no tenías.

Después una a una se cerraron.

Con una superficie de 1.307,4 metros lineales, se inauguró, la casa de cultura, hoy en día abierta al público como entidad y a la vez biblioteca, otorgando en su interior tanta belleza en sus paredes como en su historia pudiendo ofrecer varios servicios tales como ordenadores, libros, información y una gran parte de la historia de la ciudad.

En su interior se ofrecen muestras y exposiciones redocumentación y fondos de archivos.
Se organizan periódicamente cursos de formación de investigadores “curs d’Ajut” cursos de ayuda a investigadores de Paleografía, Diplomática, Archivística y Documentación.

Se edita la revista “Historía et Documenta” que facilita la publicación de trabajos de investigación convocados por el “Consell comarcal”de L’Alt Camp las becas de investigación histórica.

Reserva periódica de las actividades del archivo, en su publicación trimestral del Boletín de servicios de Archivos del departamento de Cultura de la Generalitat de Cataluña

Dispone de servicios tales como:

  • Consulta de documentos
  • Expedición de la tarjeta de investigador de la Generalitat de Cataluña.
  • Biblioteca auxiliar de 2.050 títulos
  • Títulos bibliográficos antiguos y reservados, procedentes del Ayuntamiento de la ciudad.
  • 1.250 volúmenes del siglo XVII-XX.
  • 1.006 volúmenes del fondo Mercadé de los siglos, XVI-XX.
  • Hemeroteca con cabeceras de prensa local y comarcal de las colecciones Mercadé.

Bueno esta es un pequeña parte de mi ciudad, donde pasé mi niñez, mis estudios y ahora paseo por su calle mirándola con añoranza, recordando muchas cosas, entre ellas el primer premio que me otorgaron en un concurso de dibujo, al intentar realzar la belleza de su fachada a la edad de 14 años.

La dirección completa es:

Passeig dels Caputxins, 18 -Casa de Cultura-
43800 Valls (Alt Camp) Tarragona
Tel. 977 60 66 54, ext. 12-13
Fax 977 60 65 06

casa cultura valls

Decirte amigo que cierran durante el mes de Agosto.

Pero el resto del año el horario es de 08:00 horas a 15:00 horas.

El horario de biblioteca es solo por la tarde de 15:00 a 21:00, abriendo sus puertas el sábado por la mañana.

A menudo cuando dejo a mis hijos en el Colegio, me acerco y muy a pesar mío, en el escaso tiempo que puedo, me relajo, me adentro mirando una parte de historia y admiro la paz, el silencio y respeto que emanan esas paredes, el respeto por el prójimo se respira con el silencio roto por un libro que se cierra o el paso de una hoja ya leída.

La Calçotada

En esta ocasión me gustaría hablaros de un alimento que me encanta. Un producto típico del pueblo tarraconense de Valls.

Como habréis podido imaginar, me estoy refiriendo a los calçots.

Para aquellos que no los conozcáis, y aunque no es fácil explicar qué son, os diré que los calçots son una especie de cebollas alargadas y finas, como un puerro, que se cocinan a la brasa y están riquísimos.

La calçotada incluye, además de los propios calçots, que se toman de primero acompañados de salsa romescu, una gran fuente de carnes donde podréis encontrar butifarra, cordero, chorizo, etc. Todo ello preparado a la brasa.

¿Y solamente puedo degustar este rico manjar en el pueblo de Valls?
Pues la respuesta a esta pregunta es que NO. Sí que es cierto que el origen de los calçots está en Valls y que ellos fueron los que, al fin y al cabo, los han exportando al mundo, tanto la producción de calçots como su, en mi opinión, gran idea. Pero cada vez más las calçotadas se van extendiendo y se van abriendo paso no solamente en Tarragona sino también en otras ciudades como Barcelona e incluso fuera de Cataluña. También han llegado a Madrid.

Así que, como os iba diciendo, aunque la cuna de los calçots es el pueblo de Valls, también podéis comerlos en otros lugares.

En la ciudad de Tarragona, por ejemplo, yo los he comido en restaurantes como “Piscolabis” (que, por cierto, la última vez que estuve en Tarragona ya no estaba. Lo habían cerrado para poner un bar de copas creo recordar) o “Pit y Cuixá”.

En Barcelona es famoso por sus calçotadas el restaurante L’Antic Forn, situado muy próximo a las ramblas, en una perpendicular a las mismas.

Y en Madrid, el restaurante que a mi más me gusta para degustar unos buenos calçots es, por supuesto, Casa Jorge, un restaurante de cocina típica catalana con gran solera en la capital.

El comer calçots es todo un ritual y, para muchos, una cultura en sí misma. Los buenos comedores de calçots los comen de pié, para mancharse lo menos posible y ataviados con un babero de grandes dimensiones para que no les manche la ropa la salsa romescu en la que se mojan estos vegetales.

En el pueblo de Valls hay competiciones todos los años y el ganador puede llegar a comerse más de 300 de estos calçots. Una auténtica barbaridad.

Por cierto, un consejo, cuando terminéis de comer los calçots, limpiaros las manos bien porque las tendréis negras llenas del carboncillo al coger los calçots, que han estado haciéndose a la brasa.

Así que ya lo sabéis, si vais a ir a Tarragona, os recomiendo que os paséis por Valls, que está bastante cerca y os deis un homenaje comiendo una buena calçotada porque la verdad es que es una experiencia buenísima.

Esta es mi opinión de una parte de mi vida, una parte de mi propia historia, por que bajo esos ladrillos, pasé mi infancia, crecí y me construí a mi misma.

Así es como siento esta parte de mi cuidad y así es como te la he contado.