Isla Tiberina

os hablaré de otro de los rincones de Roma con más encanto, y quizá uno de los menos conocidos hasta que realmente te planteas un viaje o una visita a la ciudad. Me estoy refiriendo a la isla romana más famosa del lugar, la llamada Isla Tiberina.

La isla, con curiosa forma de barco (o al menos así nos lo pareció), se encuentra en medio de río Tiber, de ahí el nombre de Isla Tiberina. Es quizá, como he dicho arriba, uno de los rincones de Roma con más encanto que podáis visitar. Una isla que guarda la esencia romana, y que a la vez, constituye un punto de encuentro para todos aquellos que quieran “irse de marcha” por la ciudad, y ahora os explicaré el porqué de esto último.

Cómo llegar a Isla Tiberina

En nuestro caso, lo tuvimos muy fácil, ya que teníamos el hotel al lado de la Estación de Termini (de dónde parten los trenes, los autobuses y así como el metro). Desde ahí cogimos el metro hasta la parada llamada Circo Massimo ( Termini- Circo Massimo), y desde ahí, cogiendo la “Via del Circo Massimo” (es una de las calles más grandes, no tiene pérdida), hasta “Via della Greca” y llegamos al río Tiber. Una vez estamos junto al río Tiber, lo único que debemos hacer es bordearlo y dirigirnos hacia el norte, hasta que nos topamos con la isla. Deciros que dicho así parece mucho, pero os aseguro que se llega en unos 15-20 min. (de todos modos, y os daréis cuenta, Roma es mucho más pequeña de lo que pensamos, y en menos de lo que canta un gallo ya nos habremos plantado en la isla). Para mí esa es la mejor opción, y así también podéis ver el Circo Massimo, y hasta la Plaza de la Boca de la Veritá, que queda en la misma zona.

También existe la opción de bajarse en la parada del Coliseo (llamada Colosseo). Una vez ahí, ir en dirección “Via del Foro Imperiali” (que desemboca en la plaza dónde se encuentra el impresionante “monumento” a Vittorio Emanuele II, uno de los edificios más representativos de Roma), y una vez en la plaza, coger la “Via del Teatro Macello”, que también nos lleva al río Tiber. Esta segunda opción la aconsejaría si vais a ir de noche a ver la isla (si vais a ir de marcha o a cenar en el trastevere), ya que tanto el citado monumento, como el impresionante Coliseo, son dignos de ver por la noche (incluso más bellos que durante el día, al menos para mí gusto).

Pues bien, una vez hemos llegado a la zona del Tíber y a la isla, a ésta se accede a través del Puente Fabricio, desde la orilla “norte” de la ciudad, y así como desde el Puente Cestio, desde el famoso barrio del Trastevere.

La Isla Tiberina y las vistas

Una vez hemos llegado al río Tiber, y vemos la isla, aquello es una verdadera postal. Es un “paisaje” precioso, la islita en medio del río, con todo su encanto romano. Quizá, eso sí, le falte un poquillo más de iluminación (para poder gozar aún más de las vistas), pero aún así es una imagen para recordar. Y más si tenemos en cuenta la forma de barco de la isla, que le otorga, si cabe, una mayor magia y un mayor encanto propios de los cuentos.

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Como he dicho arriba, para acceder a la isla, debemos ir por el Puente Fabricio. Un puente cerrado en su comienzo, con cadenas y postes, para que no pasen ni motos ni coches (lo que se agradece, tanto por la tranquilidad, como para la conservación del lugar). Sin embargo, el otro puente, el que da acceso desde el Trastevere, si está abierto al tráfico (pero vamos, al día pasan dos o tres coches, con lo que tampoco supone un gran problema).

Pero centrándome en el puente Fabricio, y antes de internarnos en la isla, os aconsejo os paréis en el mismo y gocéis de las vistas que nos ofrece. Por un lado, si miráis hacia el sur (hacia dónde va el río Tiber), veréis uno de las ruinas más bonitas de la ciudad, y más teniendo en cuenta que se encuentra en el río. Se trata del llamado Puente Emilio o “Puente Roto” (un antiguo puente, el primero que se construyó en piedra en la ciudad, del que sólo quedan parte de la antigua vía y dos pilares). Y si miráis hacia el norte, podréis ver la cúpula de la Basílica de San Pedro, que sobresale poderosa en el horizonte. Amabas vistas, dignas de retratar y así como de retratarnos con ellas (será uno de los recuerdos más bonitos que os llevéis de la visita a la isla, y en general de la visita a la ciudad).

Una vez cruzamos el puente y nos dirigimos a la isla, aquello va aumentando su encanto. Calles pequeñitas, edificios antiguos, olor a pizza (nada más entrar en la isla hay una especie de trattoria, y el olorcillo a pizza impregna todo el lugar)…….como digo, toda una isla italiana. Además, es una isla, por lo general, tranquila, ya que sólo supone (para muchos) un lugar de tránsito, desde el cual se llega al barrio del trastevere.

Isola Tiberina, se puede dividir en dos niveles, el que está al nivel de calle, y en la parte inferior el que se encuentra mecido por las aguas.

El de la parte superior son pequeños edificios, entre los que destacan:

  • La Iglesia de San Bartolomé
  • La Iglesia de San Juan “Calibita”
  • La Torre Caetani

Además en esta parte, tenemos una heladería (muy típicas en Roma), donde podemos comernos unos helados muy, pero que muy buenos y de muchos sabores

Entre los edificios destacables, están la Iglesia de San Bartolomeo (si entráis, fijaos en la historia de una bola de cañón que hay incrustada en una de sus paredes) y el Hospital de San Juan de Dios. Y es que la isla, no hace mucho tiempo, albergaba uno de los hospitales más grandes de la ciudad. De hecho, a la isla se le atribuyen, se podría decir, “poderes curativos”, de ahí que gran parte de la isla está relacionada de algún modo con la medicina. Ni más ni menos, la iglesia se construyó en honor a San Bartolomeo, que es patrono de los médicos.

Mientras que en la parte inferior, podemos encontrar lo mejor pero sólo durante una parte del día, y me explico: esta parte que como he mencionado se encuentra al nivel de las aguas del río Tíber se caracteriza por su vida nocturna, puesto que aparecen por todas partes puestos en los que se venden desde discos antiguos, pulseras, cerámicas, jabones, carnes, quesos…, pero también hay terrazas de restaurantes, una cosa que me llamó mucho la atención, una carpa en plan árabe, con cojines en el suelo y cachimbas para fumar…

Además en uno de los laterales del islote, montan un cine de verano, en el que además hacen actuaciones.

Señalar, que se baja mediante escaleras, pero tienen un pequeño elevador montado para que los minusválidos puedan disfrutar de la noche también.

La leyenda

Más que una leyenda, se considera parte de la historia. Ya en los folletos de información turística se nos anticipaba el porqué de la forma de la isla, y así como su posible función en la antigüedad. y es que, según cuentan, en la isla se encontraba el llamado Templo de Esculapio, que antaño ocupaba toda la isla.

Éste se construyó como honra al dios de la medicina (un dios griego), debido a las plagas que estaban afectando a la ciudad italiana. Y una vez construido, se dice que la plaga (de peste, sobretodo) prácticamente desapareció…….y por ello, lo que hicieron, como atribuyéndole al templo dicha desaparición, fue fortificar más si cabe el templo y la isla, hasta que realmente parecía un barco (sobretodo por los muros que la rodeaban y que le daban todavía más toque de barco……si miráis la foto de la isla que hice y que os dejo abajo, se puede ver parte de lo que fue la antigua muralla).

Punto de encuentro y de tránsito

isla tiberina

Y ahora llega el momento de explicaros el porqué esta isla es considerada como punto de encuentro (para muchos) o bien punto de tránsito (para la mayoría) con destino a una noche de marcha y diversión. La razón es muy sencilla, y es que una vez salimos de la isla, por el Puente Cestio, ya nos encontramos en el denominado barrio del Trastevere. Famoso por sus restaurantes, trattorias y así como por ser la zona de ocio y marcha más conocida de la ciudad eterna. Es por ello que si alguna noche vais a salir de marcha, o bien solo vais a cenar en el Trastevere, es aconsejable pasar a través de la isla (también porque una vez terminemos la noche de juerga, la tendremos como punto de referencia), y así también la podréis ver por la noche, que es cuando más bella está (esto os lo puedo corroborar, ya que nosotros la vimos tanto de noche, como de día, y es más bonita de noche, de ahí que todas las fotos que hicimos, fueron por la noche).

Recomiendo la visita sin ninguna duda, ya que es uno de los rincones de Roma, y no me canso de decirlo, con más encanto, y así como con más historia, e incluso con más leyendas acerca de su origen (no he querido ya meterme en leyendas sobre su formación, porque a parte de ser muchas y variadas, las podeis encontrar fácilmente en los libros sobre Roma…….algunas dicen que fue por el naufragio de un barco, otras porque se tiró el cadáver de un antigüo emperador, etc….).

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