Barrio Latino París

El Barrio Latino de París es un lugar especialmente importante para mí, en el que sigo soñando y perdiéndome siempre que voy a París, para lo que intento tener siempre un hueco, por pequeño que sea, para visitarlo. Concretamente, el sábado de ese finde comimos en el Barrio Latino, en uno de los cientos de restaurantes francesas con cierto encanto para turistas que proliferan como setas entre sus calles, y que constituyen casi siempre una alternativa bastante idónea para comer. Desgraciadamente, no cogí la tarjeta del local, ni tampoco conozco su nombre, ya que entrar en ése y no en otro fue obra del azar, por lo que no podré hablaros de él.

Espero hablaros más adelante del restaurante donde cenamos esa misma noche en plenos Campos Elíseos. Pero hoy por hoy, voy a hablaros de este barrio estudiantil, algo caótico (muy latino por tanto), con la utopía por bandera y la morriña de lo que pudo ser y no fue, lleno de encanto al fin y al cabo. Pasear por sus calles es visita obligada para el viajero que llega a París y desea conocer la verdadera esencia de la ciudad de la Torre Eiffel.

Uno de los Parises de la bohemia…

París es la ciudad más monumental que conozco, con grandes bulevares trazados a escuadra y cartabón, y monumentos colosales dignos de admiración. Sin embargo, siempre he echado de menos en muchas partes monumentales de esta ciudad una personalidad característica, un “algo” que las convierta en ciudades especiales, con un ambiente personal que las distinga del resto.

Creo que ese siempre ha sido mi gran caballo de batalla con esta ciudad, algo que muchos no logran entender, pero que a mí me ocurre, tengo la sensación de que al gran París le falta muchas veces carisma, encanto íntimo. No obstante, aunque París a rasgos generales no dispone de ese «algo» especial, de esa bohemia en rama, existen ciertos barrios o ciertas zonas que conservan esa magia, o que por lo menos lo intentan.

Una de ellas sin duda es Montmatre, un barrio cuya fisionomía es bohemia pura, pero que las hordas de turistas han mermado bastante en cuanto a encanto se refiere. Perderte por Montmatre como un viajero es prácticamente una quimera, ya que los grupos de turistas te absorberán el espacio y hasta las ilusiones, y eso hará que ese Montmater idílico que nos presenta por ejemplo la película “Amelie” te resulte una quimera (al menos ésa suele ser mi impresión).

Sin embargo, en el caso del Barrio Latino, aún sigue siendo posible recorrerlo como un viajero, impregnarte del ambiente estudiantil y latino que posee esta parte de la ciudad de París.

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Sigue habiendo turistas, pero más desperdigados, aquí y allá en cada esquina, sin seguir una ruta exacta como en MontMatre, por lo que puedes intentar perderte entre sus calles (algunas de ellas totalmente desiertas) y descubrir los pequeños secretos de este barrio lleno de encanto, y para mí uno de los más bonitos de París, sino el que más. Porque además el Barrio Latino posee esa esencia especial, construido en parte por los sueños y en parte por las frustraciones, la amarga belleza de lo trágico.

Le Quartier Latin. Localización

El Barrio Latino está incluido dentro del Distrito V de París, muy cerca de la isla donde se encuentra la catedral de Notre Dame, por tanto en pleno centro, un lugar fácilmente accesible y que no debe faltar en vuestra visita a la ciudad de la Luz. Se trata de un barrio creado en el Medioevo y habitado por cientos de estudiantes que acuden a la Universidad de la Sorbona, uno de los puntos fundamentales del barrio. Ocupa una parte de la orilla izquierda del Sena, la denominada «Rivier Gauche», cercano al Barrio de Saint Germain de Près.

Para llegar hasta allí en transporte público, además de las numerosas líneas de autobús, podemos coger el metro en las paradas de Notre Dame – Saint Michelle o Cluny – La Sorbonne. Pero sin lugar a dudas la mejor manera de conocer este barrio es pateándolo de arriba a abajo, perdiéndote entre sus callejuelas y sus bistrot, sus puestos de flores y sus librerías, sus adoquines bajo los que no había en el 68 ni hay ahora arena de playa. Una fisionomía de poemas leídos en las esquinas, de apuntes de todas las materias estudiadas en el banco de un parte o en una cafetería llena de encanto. Porque el Barrio Latino sigue siendo eso, sigue manteniendo el espíritu pasado de esa bohemia ya casi aniquilada en el resto de París.

El Barrio Latino fue el barrio de la revolución estudiantil del mayo del 68 francés, por cuyas calles se enarbolaron las banderas de la Libertad, y ese pasado, tan triste como magnánimo, aún persiste en cada esquina, como un amigable fantasma acechante que te recuerda que nunca debes dejar de creer en los sueños. Si vais a París, os recomiendo que reservéis unas horas para recorrerlo con calma y con ganas, y especialmente si hace buen tiempo, perderos entre los jardines de Luxemburgo o curiosear entre sus librerías de viejo.

Es un lugar lleno de encanto en el que perderse y descubrir pequeños secretos del alma de este lugar único, unas calles alejadas de las hordas de turistas (en cuanto os alejéis un poco de Saint Michelle os olvidaréis del ruido y los turistas), donde es posible recuperar la esencia en rama de la bohemia y la cultura.

Lo que no debes perderte del Barrio Latino de París

Aunque para mí lo más importante de este barrio es su propia esencia, su carácter, sus pequeñas librerías, los estudiantes leyendo libros en sus jardines, los adoquines bajo los que en el mayo del 68 se buscaba la arena y la libertad… Sin embargo, existen en el barrio latino de París algunos monumentos o puntos de interés que no debéis perderos. Si me lo permitís, os haré una pequeña guía de los principales lugares que visitar en el barrio Latino.

Hay muchos más puntos de interés de aquéllos de los que os hablo, pero esta opinión no pretende ser una wikipedia al uso, sino recoger más bien las sensaciones que yo tengo respecto a este barrio y sus lugares concretos, que proporcionaros cientos de datos, que en el fondo podréis encontrar en cualquier otro lugar.

El Panteón de los Hombres Ilustres

Hace tres años me impresionó sobremanera este edificio colosal, situado muy cerca de la Universidad de la Sorbona. Su cúpula neoclásica es visible desde el otro lado del río, como un faro de la cultura; al contemplarla, resulta inevitable recordar una cúpula muy similar, la de la Catedral de Londres. Se le conoce con el sobrenombre de “El Panteón de los Hombres Ilustres”, ya que tras la Revolución Francesa de 1789 se acordó que sirviese como lugar de enterramiento a los hombres ilustres de la patria.

En el frontispicio del templo se puede leer la inscripción: “A los grandes hombres, la patria agradecida”. Allí están enterrados entre otros hombres y mujeres ilustres de la patria francesa como Voltaire, Marie Curie, Zola, Víctor Hugo, Rousseau o el propio Soufflot, el propio arquitecto que hizo posible el Panteón. Os contaré una curiosidad conocida por muchos; en 2002, el féretro de Dumas, el autor de Los Mosqueteros, se alojó dentro del Partenón, bajo un manto en el que se podía leer el lema de los tres mosqueteros: “uno para todos y todos para uno”. Con aquel acto, pretendía corregirse la injusticia cometida con el considerado como uno de los mejores escritores franceses, que había sido enterrado en otro lugar.

Inicialmente, se había planteado como una iglesia dedicada a Santa Genoveva, patrona de la ciudad. Su frontal está inspirado en el Panteón de Agripa de Roma y cuando uno contempla su cúpula no puede evitar rememorar, como os comenté antes, la cúpula de la Catedral de San Pablo de Londres. Pero donde uno se queda sin palabras es cuando se introduce en el interior del templo. Podréis ver fotos y haceros una idea pero las sensaciones que produce la magnanimidad del lugar solamente las experimentaréis cuando cruzáis el umbral por vosotros mismos.

Es un lugar que no debéis perderos, yo me quedé literalmente estupefacta cuando visité el interior del Panteón de los Hombres Ilustres en mi viaje anterior a París (en esta ocasión no ha podido ser).

La Sorbone

Realmente nos encontramos en el barrio universitario por excelencia no sólo de París, sino casi de toda Europa ya que fue precisamente aquí donde se llevó a cabo la gran revolución estudiantil del 68. Por ello, quizá debería haber comenzado por la Sorbona como el edificio principal y central del barrio, pero mi debilidad por el Panteón ha hecho que lo colocara a éste en una posición anterior (confío en que se me permita la licencia).

El Colegio de la Sorbona debe su nombre a su fundador, Robert de Sorbon, a mediados del siglo XIII para facilitar los estudios de teología a los alumnos con escasos recursos económicos. Fue suprimido durante la Revolución Francesa y Napoleón lo volvió a poner en funcionamiento hasta su cierre definitivo a finales del siglo XIX.

En realidad, con el nombre de Sorbona se denominaba únicamente al edificio donde se encontraba el Colegio de la Sorbona, pero con el paso del tiempo se entendió como Sorbona a todos los edificios de la Universidad de París. Fue precisamente en la Sorbona donde se encerraron los jóvenes estudiantes del 68 para luchar por sus ideales y por la libertad. Donde se luchó por los sueños y muchos de estos sueños perecieron en el intento.

Los jardines y el Palacio de Luxemburgo

Si quieres relajarte y olvidarte del mundanal ruido en pleno corazón de París, piérdete en los jardines de Luxemburgo, uno de los pequeños pulmones verdes de la ciudad y un parque lleno de encanto. Especialmente en los días dorados de primavera o de otoño, te puedes sentar en uno de los bancos y disfrutar del sol y del buen ambiente festivo y estudiantil que siempre invade este parque en primavera.

Estos jardines fueron realizados para la reina María de Medicis, de origen italiano. Hoy en día constituyen unos jardines llenos de encanto, en los que incluso existen estanques donde los niños juegan con barcos en miniatura. En medio de los jardines se encuentra el denominado Palacio de Luxemburgo, también erigido a petición de María de Medicis y que hoy alberga la sede del Senado. La reina María de Medicis se aburría del Louvre, razón por la que encargó la construcción de este palacio, inspirándose en el Palazzo Pitti de Florencia, ciudad gobernada por su familia, los Medicis, durante siglos.

El Mayo del 68

Barrio Latino París

Hay momentos históricos imprescindibles, especialmente cuando el pueblo sale a buscar la libertad. De eso el pueblo parisino sabe bastante, primero se levantó en la Revolución Francesa y 180 años después fueron los estudiantes quienes salieron a la calle con unas ideas muy similares a las de liberté, fraternité, egalité de la propia Revolución de 1789. Ya sabéis que en el fondo yo tengo ese punto revolucionario y creo que cuando el ideal lo merece, hay que poner todo de nuestra parte para defenderlo. Y de la defensa de los ideales y las libertades, insisto, el pueblo parisino tiene una amplia experiencia a sus espaldas.

En la primavera de 1968 fueron unos meses cargados de revueltas y problemas. Presidía la gran República Francesa el Presidente Charles de Gaulle, que intentó sofocar los levantamientos estudiantiles con cargas policiales, pero lo único que consiguió con ello fue echar más leña al fuego.

El Barrio Latino de París fue el escenario de la revolución estudiantil, de la lucha por la libertad. Aquí dieron comienzo las huelgas estudiantiles, huelgas que luego se extendieron a huelgas en el ámbito laboral. Sin embargo fue una revolución efímera, con muchos sueños por bases ideológicas, una gran utopía que terminó enfrentada a una pared y que terminó descubriendo tristemente, que debajo de los adoquines del Barrio Latino de París, no había arena de playa.

Sin embargo fue un buen sueño y una lucha ideológica, que son las luchas que más merecen la pena y aún retumban hoy los ecos de esa lucha por la libertad y la esperanza. Esos ecos los puede escuchar perfectamente el caminante que se pierde en el Barrio Latino de París en busca precisamente, de esos sonidos, de esos reflejos de la revolución estudiantil del 68. Probablemente por eso a mí me gusta tanto.

Mi experiencia en el Barrio Latino de París

¿Qué le voy a hacer si tengo ese punto bohemio metido en la sangre? Por eso precisamente tengo que reconocer la monumentalidad de París pero le tacho su falta de esencia íntima. Esto me ocurre en casi toda la ciudad de la Torre Eiffel, a excepción de este barrio latino, que como otros barrios latinos con esencias de otras ciudades europeas, supo ficharme para sus filas incondicionales, convirtiéndose en mi lugar favorito de la ciudad de París. Por todo ello, no podía dejar de escribir sobre este bonito barrio, a pesar de llevar con esta opinión hilvanada desde hace más de diez días (últimamente lo que más me falta es precisamente tiempo). Pero lo que tenía claro era que quería hablaros de este lugar tan especial para mí.

Curiosamente, este lugar no es tan conocido como otros, quizá precisamente por ello mantiene su encanto. Cuando uno va a París, nunca deja de visitar la Torre Eiffel, o al menos acercarse para verla de cerca; lo mismo ocurre con Notre Dame, los Campos Elíseos, Montmatre o el Palacio del Louvre. Pero perderse por los barrios parisinos: Saint Germain, Montparnasse, Le Marais o el Barrio Latino, es una asignatura frecuentemente suspendida por los turistas, no así por los viajeros.

Sin embargo, muchas veces hay que enfrentarse a un problema mayor: la falta de tiempo. Por ello, muchas veces hay que elegir, porque un fin de semana no da para más, y algunas rutas más habituales suelen prevalecer en las visitas a París. Esto es precisamente lo que me ha ocurrido en esta última visita, ya que éramos cuatro y tal y como la teníamos planteado el fin de semana, y todo lo que queríamos hacer, no teníamos tiempo para todo. Por ello, pudimos acercarnos a comer al Barrio Latino a la parte más comercial, la más cercana a Notre Dame, pero no perdernos por sus estrechas callejuelas y sus librerías de viejo, como yo lo hice hace tres años.

No me arrepiento, porque como mejor se descubre y se pasea este libro, es precisamente solo, con tiempo y sin reloj, intentando descubrir en cada rincón esa esencia especial del barrio, es yo más íntimo. Y precisamente allí evocar ese pasado tan triste como magnánimo, los gritos estudiantiles, la lucha por la libertad y por los ideales, la esperanza… Así como en la Caja de Pandora salieron todos los males y quedó la esperanza, es esta misma esperanza la que se mantiene viva en lugares como el Barrio Latino. Tristeza y melancolía de lo que pudo ser y no fue…

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