Edificio Woolworth

En la pasada Semana Santa estuve en Nueva York. Ya es la tercera vez que viajo a esta ciudad y supongo que no será la última, porque me encanta.

Nueva York es un lugar lleno de posibilidades que no defrauda al viajero. Cada vez que se vuelve se visitan de nuevo lugares ya visitados, pero da igual, es Nueva York y siempre apetece y merece la pena.

En esta opinión os voy a hablar un poco de uno de esos sitios o, mejor dicho, de uno de esos edificios que quizá no se visiten la primera vez que se va a Nueva York, pero que sí resultan atractivos de visitar una vez que ya se ha ido a ver la Estatua de la Libertad, subido al Empire State Building, etc.

El edificio Woolworth está situado en el número 233 de Broadway, la famosa avenida que atraviesa Manhattan de norte a sur. Para que os hagáis una idea, está frente al City Hall, muy cerca de Chinatown.

Hay que ir hasta 1879 cuando Frank W. Woolworth inauguró una tienda con carácter innovador ya que los clientes podían ver y tocar todo lo que estaba en venta, además, con un precio fijo de cinco centavos todo; debió ser éste el precursor de las tiendas de «todo a cien»…

Fue tal la fama y el éxito de este establecimiento que pronto se convertiría en una gran cadena, lo que convirtió al antes mencionado Sr. Woolworth en todo un magnate.

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El edificio, sede de las oficinas principales, fue terminado de construir en 1913 y en su día pasó a ser el edificio más alto de Nueva York, siendo modelo para grandes rascacielos que fueron construidos a posteriori.

Lo más sorprendente, cuando se ve por fuera, es que está claramente inspirado en el estilo gótico. Construido en dos estructuras por el arquitecto Cass Gilbert, está adornado como si de una catedral se tratara con gárgolas y otros elementos ornamentales tan poco habituales en este tipo de construcciones.

El tejado de la parte más elevada tiene forma de pirámide.

El recibidor del edificio se puede visitar sin ningún tipo de problema, sin tener que pagar por ello. Resulta impactante tan grandiosos, lleno de mármol, relieves, dorados y mosaicos relucientes en los techos. Este vestíbulo tiene fama de ser uno de los más bonitos y valorados de todos los que se pueden encontrar en los rascacielos de Nueva York.

No hay que perderse aquí, la caricatura que el arquitecto hizo sobre el Sr. Woolworth contando su fortuna en monedas de cinco y diez centavos. Parece ser que Gilbert tenía una gran sentido del humor porque también se autoparodió, sujetando una maqueta del edificio.

Edificio Woolworth

En la actualidad, el edificio pertenece a un grupo empresarial llamado Witkoff, pero resulta sorprendente la larga trayectoria empresarial de Frank W. Woolworth, quien no abandonó su negocio hasta 1997; echad cuentas de lo que duró al frente del mismo.

Una visita que resulta breve pero no por ello menos interesante, sobre todo cuando se conoce un poco más la historia de este edificio y del fundador de la empresa.

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