Rincón de Ademuz

Muchos no habréis oído el nombre de esta comarca en vuestra vida porque se trata de una zona pequeña y poco poblada, lejos de los centros de toma de decisiones y hasta hace pocas décadas muy aislada geográficamente a causa de la falta de accesos.

En realidad, el Rincón de Ademuz es lo que viene en llamarse un “exclave” de la Comunidad Valenciana aunque no me gusta demasiado utilizar este término, ya que por el momento no está aceptado por la Real Academia Española de la Lengua.

En cualquier caso, dicho término se utiliza de forma extraoficial para referirse a aquellos territorios que, perteneciendo políticamente a otros, no se hallan conectados por tierra con ellos. Hay que puntualizar la cuestión de que las islas se encuentran al margen de esta definición.

Y si el Rincón no se halla unido a la provincia de Valencia, a la cual pertenece, ello se debe a la existencia de dos municipios que se interponen:

  • Arcos de las Salinas, perteneciente a la provincia de Teruel.
  • Santa Cruz de Moya, a la de Cuenca.

Así pues, un tramo de quince kilómetros evita el contacto entre la comarca y el resto de la provincia, convirtiéndola de hecho en una “isla” entre tierras aragonesas y castellano-manchegas.

Un poco de historia

El solano en Ademuz

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Sin ánimo de abrumaros porque esto sólo pretende ser la propuesta de una excursión, me gustaría señalar que los orígenes de la organización territorial del Rincón son muy inciertos y poco menos que meras especulaciones en cuanto concierne a épocas anteriores al siglo XIII.

Lo que sí parece comúnmente aceptado es que su conquista cristiana data de 1210, cuando el rey Pedro II, padre de Jaime I el Conquistador, tomó los castillos de Ademuz y Castielfabib.

En un primer momento, el territorio fue adscrito al Reino de Aragón pero fue el propio Jaime I quien lo integraría, alrededor de 1260, en el Reino de Valencia.

La donación, una década más tarde, del enclave de Arcos de las Salinas al Consejo de Teruel por parte del monarca puede considerarse el origen del enclave que hoy llamamos Rincón de Ademuz.

Desde entonces hasta la actualidad, dicha comarca sólo ha dejado de pertenecer a Valencia durante una veinte de meses a lo largo del siglo XIX:

  • En primer lugar, cuando el rey José I, sentado en el trono por su hermano Napoleón, organizó el territorio español en Prefecturas y adscribió el Rincón a la Prefectura del Alto Guadalaviar. Todo quedó sin efecto con el regreso de los Borbones.
  • Más tarde cuando la comarca fue incluida en la provincia de Teruel en época liberal hasta el regreso de los absolutistas.

Una modesta población

El actual Rincón de Ademuz cuenta únicamente con siete municipios:

  • Ademuz, la capital
  • Torrebaja
  • Casas Bajas
  • Castielfabib
  • Casas Altas
  • Vallanca
  • Puebla de San Miguel

además de una decena de aldeas, de las cuales sólo conozco la Cuesta del Rato, perteneciente a Castielfabib.

La población total de la comarca se sitúa levemente por encima de los tres mil habitantes, correspondiendo a la capital algo más de un millar.

Cómo llegar al Rincón de Ademuz

carretera ademuz

El secular olvido que siempre ha sufrido esta comarca por su lejanía con la capital afectó de forma decisiva a la deficiencia de sus accesos.

Afortunadamente, la situación se ha visto significativamente paliada en los últimos tiempos, de modo que en la actualidad puede accederse al Rincón desde la ciudad de Valencia a través de estas dos rutas principales:

  1. Por la A-3 hasta Utiel durante algo menos de 80 kilómetros y luego por la N-330 en dirección a Landete hasta alcanzar Ademuz capital otros 80 kilómetros después. Sería medio camino de autovía y la otra mitad por una buena y moderna carretera poco transitada.
  2. Por la “pista de Ademuz”, como siempre se ha denominado en Valencia a la salida de la actual CV-35, la cual se puede decir que parte del Puente de Ademuz (frente al centro comercial Nuevo Centro) y la subsiguiente Avenida Pío XII (luego Cortes Valencianas) hasta llegar por autovía a Casinos, una vez dejado atrás Llíria. A partir de ahí la carretera pasa a ser de un solo carril por sentido y atraviesa las localidades de Losa del Obispo, Calles, Chelva, Titaguas y Ares hasta enlazar en la conquense Santa Cruz de Moya con un ramal de la N-330.

Sin minimizar el innegable atractivo turístico de la segunda opción, yo abogo por la primera. Sobre todo por la calidad de las carreteras, ya que aunque se recorren más kilómetros (quizás una veintena más), se evitan las muchas curvas del segundo de los trazados descritos.

Ademuz

rincon de ademuz

La primera imagen que se tiene de la capital del Rincón es sencillamente espectacular y, a riesgo de ser reconvenido por las autoridades en materia de seguridad vial, debo decir que merece mucho la pena detener el coche en el arcén del moderno puente de la N-330, desde el cual la panorámica es arrebatadora y de fotografía obligada (os adjuntaré una en breve).

Bajo una preciosa Muela, las casas se arraciman en la loma de la montaña formando un conjunto que, si bien recuerda a otras bonitas localidades como la castellonense Morella, goza de carácter propio y de un sabor muy especial.

Las casas cuelgan como en la mismísima Cuenca y, si bien no gozan de un artesonado tan espectacular como el del mítico restaurante de la capital manchega, lo cierto es que resulta una auténtica gozada pasear por sus calles, de cuestas muy pronunciadas.

La arquitectura de las casas es sencilla y sin demasiadas florituras pero el encanto innegable de sus modestas fachadas, de las rejas de hierro forjado de sus ventanas y de algunas puertas ciertamente muy trabajadas, hacen a Ademuz más que acreedora a una visita detenida.

nuestra señora de la huerta

Entre los monumentos de la pequeña ciudad (unos 1.200 habitantes) destaca sobremanera la Ermita de Nuestra Señora de la Huerta, un precioso y sobrio templo gótico del siglo XIV (aunque, misterio de los misterios, en la placa conmemorativa ubicada frente a ella se indica que fue erigido en el XIII) que es, por supuesto, el edificio más antiguo de la población.

La sobriedad viene impuesta por la época de su construcción, todavía deudora del románico precedente.

Lo que sí me parece un auténtico sacrilegio es que el municipio haya transigido con la inclusión de tamaña maravilla dentro del patio de un Instituto de Enseñanza Secundaria.

No sólo se mancilla la imagen de la ermita ubicando dos canastas de basket (y conste que soy fanático de dicho deporte) en otras tantas paredes a escasos metros de la fachada de Nuestra Señora sino que la misma se ve expuesta a numerosos balonazos que prefiero no imaginar (por fortuna, la visité en festivo).

Como daño colateral adicional, debo señalar el hecho de que no pudimos ver el interior de la ermita, ya que, al no estar abierto el instituto, la puerta de la valla que circunda el recinto estaba igualmente cerrada.

Otro de los monumentos que no conviene perderse es la majestuosa Iglesia Arciprestal de San Pedro y San Pablo, templo barroco que data del siglo XVII y que presenta una gran nave y ocho capillas laterales.

Construida con piedra caliza de la zona y mampostería, la fachada es posterior, del siglo XIX, y la torre, que alcanza los 40 metros de altura, del XVIII.

castillo de ademuz

En cuanto a la Ermita de Santa Bárbara (del siglo XVII) y el Castillo de Ademuz (conocido popularmente también como “de Santa Bárbara”, al igual que la ermita) se hallan en un estado bastante ruinoso, si bien el segundo constituye un inmejorable mirador.

Merece la pena aprovechar la visita a Ademuz para degustar los pasteles de manzana típicos de la zona. Son similares en aspecto a los pasteles de boniato tradicionales de la gastronomía valenciana pero, lógicamente, con distinto contenido, no menos delicioso.

Y es que la zona es rica en manzanos y en vides (recomiendo comprar algunas manzanas de la comarca) aunque también merecen la pena algunos otros productos del lugar como las nueces.

Para pernoctar y/o comer, la mejor opción es la famosa “Casa Domingo”, catalogado con dos estrellas como Hostal y con un cierto prestigio como restaurante, ya que en él se sirven también banquetes para celebrar bodas y otros festejos.

Únicamente almorzamos allí, por lo que no puedo extenderme mucho sobre las bondades de su carta aunque el beicon, las chuletas, las gachas, las migas, el embutido y algunos otros manjares que se exhibían en la barra tenían un aspecto inmejorable.

Lo que sí debo señalar es que el estado de sus cuartos de baño me sorprendió por lo lamentable. Peor que los de alguna gasolinera perdida por el mundo, no por lo sucio sino por lo destartalado (tapas de inodoro que se van con uno de viaje en cuanto intentas levantarlas, espejos maltratados, paredes deslucidas). Eso es algo que deberían corregir porque le quita muchísimos puntos.

Castielfabib

Castielfabib

En este pequeño municipio destaca sobre todo su Iglesia-Fortaleza de Nuestra Señora de los Ángeles.

Aunque se trata de un edificio religioso, su espectacular ubicación, sobre un cerro que domina la población y que conforma un meandro del río Ebrón, lo asemeja a un castillo. Personalmente me recordó, y mucho, al de Cofrentes aunque sólo sea por la silueta que ambos edificios conforman junto al paisaje circundante y, sin duda también, por lo poco que hace que visité dicho castillo.

La iglesia primitiva, de estilo gótico y barroco, data del siglo XIV pero ha conocido dos reformas principales con posterioridad que, entre otras cosas, le añadieron una capilla con su cúpula y el atrio de la entrada.

La carretera discurre literalmente bajo la iglesia, a través de un pequeño túnel que atraviesa el cerro sobre la que ésta se asienta, lo que otorga al camino un indudable atractivo.

Por lo demás, Castielfabib es un lugar idóneo para tomarlo como punto de partida en varias rutas de senderismo que discurren por la Hoz que forma el río Ebrón y que, en algunos momentos, llega a recordar aunque en dimensiones más modestas a las que discurren a ambos lados de la ciudad de Cuenca (las del Huécar y el Júcar).

Lo ideal sería realizar alguna de estas excursiones en una época del año y repetirla en otra distinta porque ciertamente ofrece un aspecto muy diferente según asistamos al verdor primaveral o al ocre otoñal de los chopos. En estos momentos, los árboles han perdido ya sus hojas y, aun así, el paraje resulta ciertamente bonito aunque diferente.

A escasos kilómetros de la población se encuentra la pequeña aldea llamada Cuesta del Rato. Se accede a la misma salvando un puente sobre el Ebrón y acometiendo una cuesta en curva que personalmente me recuerda a la que conduce a la gaditana Medina Sidonia, salvando las abismales distancias, claro está.

La Cuesta del Rato, pedanía de Castielfabib, es un minúsculo conjunto de casas donde apenas vivirá una treintena de personas, si bien ve considerablemente incrementada su población en el periodo estival.

No tiene nada de particular, excepción hecha de una modestísima ermita de estilo vagamente colonial pero sí permite unas preciosas vistas sobre el valle, además de poder disfrutar del frescor del río, junto al cual se puede comer tranquilamente, especialmente si vais con niños.

Comiendo en Torre Baja

No os voy a engañar: el atractivo de esta población es más bien nulo pero merece la pena acercarse hasta allí para degustar los sencillos pero sabrosos platos que ofrece el restaurante “Casa Emilio”.

Había leído opiniones para todos los gustos acerca de este local, con solera en la zona y con lo que eso tiene a veces de handicap por aquello de las expectativas. En cualquier caso, como algunos de mis acompañantes ya habían comido allí con anterioridad, no titubeé en aceptar la propuesta.

El local debo decir que resulta acogedor, decorado con sencillez y buen gusto pero sin ostentación de ningún tipo.

La atención, primorosa. Servicio muy rápido pero no de los estresantes; camareros esmerados, de los que preguntan si todo está correcto o si nos gustan los platos que vamos probando pero sin ser insistentes, con educado y discreto interés.

Algunas curiosidades del Rincón de Ademuz

Pese a su modesto tamaño, el Rincón incluye en su territorio el punto más alto de la Comunidad Valenciana. Concretamente, el Cerro Calderón, con una altitud de 1.839 metros.

El río Turia, llamado Guadalaviar en la provincia de Teruel (por ejemplo, a su paso por Albarracín), es llamado río Blanco en el Rincón de Ademuz, donde además cuenta con dos afluentes: los ríos Ebrón y Bohilgues.

Imágenes: Panotxa (2) | Rodasoques | Hondonera | Alberto Julbe

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