Hoy escribo sobre mi ciudad, Algeciras, la llamada por sus habitantes «novia del sol», en referencia a un popular pasodoble. No está en mi ánimo recomendarla como destino turístico, pues me parecería absurdo dado que la ciudad no se ha diseñado para ello (aunque haya leves y patéticos intentos de promoción por parte del Ayuntamiento), sino ofrecer una guía fiable para quienes por cualquier motivo tengan que pasar por aquí, y a la vez realizar una opinión reivindicativa ante quienes ya la conocen y sobre todo quienes vivimos en ella, no para que estemos orgullosos que no hay por qué estarlo sino para que entre todos la cuidemos y podamos vivir un poco mejor.

Como pretendo escribir una opinión profunda voy a realizar un breve resumen de su historia, imprescindible para comprender la idiosincrasia del pueblo algecireño. 

Un poco de historia

Este lugar está habitado desde tiempos inmemoriales, lo cual no es de extrañar dada su posición natural agraciada, en plena bahía de aguas tranquilas, alimentada por varios ríos de aguas antaño transparentes, con una orografía suave, un clima benigno y una diversidad natural verdaderamente envidiable. No es por ser chauvinista, pero éste es uno de esos lugares que tal vez pudo ser el jardín del Edén, y afortunadamente todavía hoy, si nos salimos del casco urbano podemos sentir esas vibraciones.

La ciudad, no obstante, empieza a tomar una identidad propia durante el dominio islámico, cuando fue bautizada con el nombre del que se deriva el actual, Al Yazirat Al Hadra (La isla verde). Fue uno de los principales puertos del Califato de Córdoba y tras el desmembramiento de éste se constituyó en un reino independiente, llegando bajo el gobierno de los meriníes a su máximo esplendor. L

La ciudad fue conquistada por Alfonso XI, quien reconoció de inmediato la importancia del lugar, tomando para sí el título de Rey de Algeciras (que hoy todavía ostenta Juan Carlos de Borbón) y trasladando a ella la sede del obispado desde Cádiz. No obstante, ese esplendor fue pasajero pues a los pocos años, el rey nazarí Mohamed V, lanzó un contraataque en represalia y ganó la plaza, aunque ante la imposibilidad de mantenerla decidió arrasarla por completo y abandonarla. En ese punto es donde acaba la historia de la antigua Algeciras, de la que apenas mantenemos una serie de yacimientos de reciente descubrimiento y poco interés, Entonces sus tierras pasaron al municipio de Gibraltar y durante casi cuatrocientos años sólo albergaron huertas, cortijos y algunas chozas de pescadores.

Fue tras la pérdida de la roca a manos de los ingleses cuando un grupo de gibraltareños leales a la corona española se reinstalaron en el solar de la antigua Algeciras y la refundaron. De aquellos años sólo nos quedan los relatos de autores tan importantes como Lord Byron sobre una romántica ciudad asentada entre ruinas y ríos de aguas claras que hoy ni nos imaginamos. Fue justo hace 100 años cuando Algeciras comienza su verdadero e implacable desarrollo.

Algeciras, ¿dónde está?
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En 1906 se constituye la Junta de Obras del Puerto, años antes había llegado el ferrocarril, y con ello Algeciras se convierte en un elitista destino turístico para ingleses y sobre todo en un centro logístico de cierta importancia.

El segundo y más importante impulso para su desarrollo lo toma Algeciras en la posguerra, atrayendo en principio a multitud de desarraigados del interior de Andalucía que encontraban una posibilidad de subsistencia mediante el contrabando de productos de la entonces opulenta Gibraltar, así una actividad ilegal se convirtió, en connivencia con la corrupta administración franquista, en el motor económico de la ciudad y la comarca, lo que implicó el asentamiento desordenado de toda la población marginal. La ciudad comenzó entonces a crecer de una manera absolutamente anárquica y chapucera, estilo que desde entonces parece haber adoptado como propio.

El cierre de la verja hubiera traído una catástrofe económica de no haberse puesto en marcha el plan de industrialización de los años sesenta, que supuso la llegada de un nuevo flujo de inmigrantes y la recolocación de buena parte de la población marginal. Se puede decir que en ese momento la Administración fue generosa con la población, y la mantuvo en un nivel de vida cómodo aunque desmañado, gobernándola como era propio en aquellos tiempos de manera despótica, descuidando lo que no parecía inmediatamente amortizable, y lejos del control paternalista de cualquier instancia superior. La Algeciras de hoy, por lo tanto, parte del desarraigo y ha crecido sin memoria y sin respeto a una identidad que ha ido destruyendo poco a poco, Algeciras no se ha convertido en pueblo ni en ciudad, sigue siendo un asentamiento de contrabandistas, psicológicamente quiero decir, y ese espíritu lo sufrimos desde en nuestra administración municipal hasta en la estética de nuestras calles. Lo dice uno que la vive y la siente, y por lo tanto la critica.

No obstante, la inercia del desarrollo económico y de la civilización por supuesto que ha llegado.

Algeciras tiene una población oficial de algo más de 110.000 habitantes, a la que hay que añadir una importante población flotante, por lo que algunas estimaciones sitúan nuestra población media en unos 160.000 individuos reales.

Tenemos la renta per cápita más alta de la provincia de Cádiz, debido principalmente al cercano polígono industrial, que es el mayor de Andalucía y al puerto, el primero de España y del Mediterráneo en número de operaciones. Así pues, el algecireño medio es un individuo con una capacidad económica media alta, un nivel cultural mediocre y un fuerte sentimiento de desarraigo, lo que implica, no obstante, que somos mucho menos chauvinistas y más hospitalarios que en la mayoría de las ciudades andaluzas.

En cualquier caso hoy en día, y en adelante, nadie se imagina a Algeciras aislada del resto de la comarca, que tiende a conformar un área metropolitana en el arco de la bahía, de actualmente unos 300.000 habitantes y con una clara tendencia al crecimiento rápido. En esta futura gran ciudad de la bahía, los distintos municipios parecen haber asumido roles diferentes: Los Barrios sería la principal área residencial y comercial de grandes superficies; San Roque tiene el principal polígono industrial; La Línea parece destacar como centro de ocio; Tarifa como destino turístico; y a Algeciras le ha tocado ser el centro administrativo y logístico.

Así pues, Algeciras es una ciudad para trabajar o venir a «hacer los papeles», mucho más animada de lunes a viernes que los fines de semana, cuando el algecireño decide arrancar el coche con destino a «cualquier lugar». Cada vez son más los que prefieren incluso situar su residencia en otros municipios, las razones nunca parecen muy claras, unos dicen que buscando la tranquilidad, otros que buscando un lugar más animado, o sea que en realidad parece que nuestra ciudad no es ni demasiado tranquila ni demasiado animada.

Sean cuales sean las razones, como ya he dicho, lo cierto es que el algecireño tiende a sentirse extraño en su ciudad, y eso es porque la Administración nunca se ha planteado seriamente cuidarla. Algeciras no hubiera sido en ningún caso una ciudad monumental, pero hasta hace unos años sí tenía una personalidad más marcada, había edificios históricos con identidad propia que se derrumbaron con total impunidad, las fiestas populares gozaban de mayor acogida entre los vecinos, y el urbanismo parecía más integrador.

Qué ver en Algeciras

La ciudad en los últimos años ha crecido hacia zonas residenciales que parecen estar mirando a otra parte, y el centro se ha convertido así en ese lugar incómodo al que hay que ir cuando no queda más remedio. Apenas tres o cuatro calles y la plaza principal dan una sensación de modernidad, animación y pulcritud, es lo que los algecireños llamamos «la vuelta del loco», el resto parece abandonado, cierran bares y abren inmobiliarias, cierran tiendas y abren bancos, cierran los cines y abren macro tiendas de veinte duros, se tira un edificio histórico y se levanta un bloque horrendo…

Salir a pasear un domingo por Algeciras se convierte así en una experiencia espectral, a la que solo unos cuantos raros como yo le vemos el encanto. Debido a la poca concurrencia, se puede decir que la ciudad vive permanentemente en «servicios mínimos», quiero decir que para la población que tenemos hay de todo un poco, sí, pero de nada mucho. Los viernes por la noche hay cierta animación en los bares, ya que la gente por pura inercia va de la oficina al tapeo.

Más tarde, lo que se llamaría «la movida», se puede decir que está en horas bajas. Aunque algunos me dirán que es porque me siento viejo, lo cierto es que quedarán abiertos aproximadamente la mitad de los garitos que había en funcionamiento hace diez años, y la sensación al entrar en ellos es «puf, lo mismo de siempre», la misma música y la misma gente, porque Algeciras no es tan pequeña como para que todo el mundo le conozca a uno, ni tan grande como para salir y no ver «a los de siempre», para mí salir por las noches en Algeciras se ha vuelto una experiencia triste si no se hace por alguna buena razón en concreto. En verano el centro de la movida se traslada, generalmente a otra ciudad, el gran clásico es Tarifa, y las últimas modas La Línea y Estepona, en las playas no obstante, queda algo de animación, son frecuentes lo que los algecireños llamamos «pinchitadas» es decir, barbacoas nocturnas en la arena.

En cuanto a las actividades culturales la situación es peor si cabe, ya que en la actualidad la ciudad carece de salas de cine, (increíble pero es así) y aunque las más cercanas están a menos de 10 kms del centro, requieren un desplazamiento en coche o autobús que no a todo el mundo le apetece, por otro lado el teatro municipal está actualmente reformándose y las escasas alternativas existentes, como la Fundación de Cultura o el salón de actos de la Escuela Politécnica son incómodas y de escasa capacidad, así que el número de eventos también se ha reducido drásticamente, si bien he de decir, que el algecireño medio no está muy interesado en la cultura por lo que los establecimientos privados que ofrecen algún tipo de actividad cultural los podríamos contar con los dedos de una mano, y por eso mismo tenemos una red municipal de bibliotecas que no es digna siquiera del adjetivo pueblerina.

En fin, yo soy el primer crítico con la Administración pero hay que reconocer que al final cada uno tiene lo que se merece. En verano eso sí, hay conciertos gratis en las playas y algunos de pago en la plaza de toros, vienen pocos artistas de verdad pero sí de esos que venden discos.

Si un punto fuerte tiene la ciudad es la naturaleza, en eso sí somos privilegiados. La ciudad no tiene muchas zonas verdes, en el centro sólo hay un parque, que está más o menos bien cuidado y tiene cierto valor histórico porque es el más antiguo de Andalucía, pero es pequeño. En los barrios hay algunos más, y abundantes zonas ajardinadas, pero muy mal cuidadas en líneas generales, pese a la gran cantidad de abono natural que reciben por parte de la comunidad canina, ustedes me entienden ¿no? Sin embargo, abandonando el casco urbano nos encontramos en seguida en lugares paradisíacos. No en vano teniendo un término municipal muy pequeño, Algeciras tiene en su territorio dos parques naturales y un espacio natural protegido.

Al norte de la ciudad están las marismas del río Palmones, un paraje de dunas y cañaverales anejo a la playa del Rinconcillo, desde donde podemos ver amaneceres espectaculares, y un paisaje a mi modo de sentir estremecedor por la combinación de elementos naturales y de la civilización.

Al sur de la ciudad nos encontramos con el Parque Natural del Estrecho, empezando por la playa de Getares, que es una pequeña joya echada a perder por los planes urbanísticos de nuestro Ayuntamiento y que sigue a lo largo de una costa agreste hasta Tarifa. Pasear un día claro por esa zona es mucho más ameno que la mejor película del mundo, las vistas del Estrecho de Gibraltar y de la costa africana son impresionantes, y el tráfico de grandes buques es uno de los mayores del mundo.

Por último, al oeste nos encontramos con el Parque Natural de los Alcornocales, en el que nos encontramos auténticas selvas vírgenes a diez minutos de la ciudad, arroyos de aguas nítidas, cascadas espectaculares y una diversidad vegetal y micológica digna de estudio. Existen buenas rutas para el senderismo y el cicloturismo, y una vez más, alcanzando alturas de unos 700 metros encontramos vistas maravillosas. En definitiva, Algeciras, eso sí, es un excelente punto de partida para expediciones caminando o en bicicleta para los amantes de la naturaleza y los paisajes diferentes. Además durante todo el año es posible que se den días buenos para pasear, ya que nuestro clima es húmedo pero benigno.

Otro tipo de prácticas deportivas son más difíciles de satisfacer puesto que las instalaciones municipales son más bien pobres, hay piscina cubierta, pistas de atletismo, campos de fútbol, pabellón de deportes, pistas de tenis, club de piragüismo… En fin, hay casi de todo aunque no de muy buena calidad y está algo saturado, porque al algecireño parece que le va más mover el culo que las neuronas.

Ocio y fiestas

Algeciras

En el apartado de fiestas populares destaca la feria a mediados de junio, destaca sobre todo por sus dimensiones, que son acordes a la de la ciudad y porque sobre todo los fines de semana sí tiene bastante aceptación, la mayoría de las casetas son de acceso público y el ambiente es… en fin como el de todas las ferias, a mí no me gusta, ¿a ustedes sí?

El carnaval se celebra una semana después que en todas partes para evitar coincidir con el de Cádiz, lo que no quiere decir que realmente compitamos con aquel, ya que el punto fuerte son precisamente las actuaciones de agrupaciones gaditanas, y el nivel de implicación del pueblo es muy pequeño. Se puede decir que el carnaval sirve para que las nuevas familias disfracen a sus churumbeles y le hagan cuatro fotos al dar «la vuelta del loco».

La Semana Santa tiene mucha menos repercusión que en el resto de Andalucía, hay pocas cofradías en relación a la población de la ciudad y exceptuando un par de ellas tampoco tienen mucha participación popular. Generalmente el algecireño acude a las procesiones hasta el Miércoles Santo, el puente es para irse al campo o a la playa si ya se puede.

La mejor celebración es la Navidad, que es más o menos como en todas partes, exceptuando la tarde de día 24, en la que está prohibido quedarse en casa. Es una celebración espontánea que se generó desde los centros de trabajo, como es propio de una ciudad tan laboriosa, y que ya se ha quedado marcada como única costumbre genuinamente algecireña. Tampoco es nada demasiado especial, pero el punto es que los algecireños muchas Nochebuenas ni cenamos de lo borracho que estamos ya.

Comunicaciones

Debido a la importancia del puerto, las Administraciones sí se están apresurando a mejorar las comunicaciones. Actualmente ya estamos bien comunicados por carretera con Málaga, Jerez y Sevilla, no así con Cádiz, aunque están en ello y no creo que tarden mucho porque hay mucha pasta en juego; el ferrocarril sigue siendo deficiente, ya que el tramo que llega hasta Algeciras es de los pocos que quedan por electrificar, aunque también están en ello.

Actualmente se tarda unas seis horas en llegar a Madrid, que esperan reducir a cuatro cuando termine la electrificación, lo más grave es que no tenemos comunicación ferroviaria con las dos áreas urbanas de mayor referencia para la comarca: la bahía de Cádiz y la Costa del Sol, aunque sí, también están en ello.

A día de hoy las únicas capitales andaluzas con conexión ferroviaria directa desde Algeciras son Granada y Córdoba. Por aire, descartada la construcción de un aeropuerto propio, sí se ha puesto en valor el de Gibraltar, habiéndose abierto recientemente, por fin, una línea con Madrid y esperamos que pronto con Barcelona, algo es algo. Seguiremos estando lejos, pero un poco menos.

Conclusiones

En fin, te crean la mala fama y ya no hay dios que te la quite, y después de haber leído mi opinión algunos tendrán una imagen aun más negativa que la predeterminada, pero es que esta opinión está marcada por mi espíritu crítico y mis sentimientos personales.

Objetivamente tengo que decir que quienes tengan que venir lo pueden hacer sin miedo, Algeciras es acogedora y bastante segura, los niveles de delincuencia son más bajos que en la mayoría de las ciudades andaluzas, y se centran principalmente en los barrios marginales.

Hay un alto índice de población inmigrante, especialmente marroquí, muchos se creen que Algeciras es más marroquí que española, pero esa idea no tiene nada que ver con la realidad, ya que la comunidad marroquí está bastante bien integrada y no se han dado casos de conflictos comunales. Ya lo he dicho, Algeciras es acogedora, de Algeciras puede ser cualquiera porque de Algeciras no es nadie. Si tienen que venir, insisto, háganlo sin miedo y traigan buenas ideas, que falta nos hacen. Aquí tienen a un amigo, y seguro que podrán tener muchos más.