A 40 km de donde vivo se esconde la villa de Ubrique, la capital mundial de la Piel. Es el corazón de la Ruta del Toro, entre los Parques Naturales de Grazalema y Los Alcornocales. En las profundidades de la sierra gaditana, tan mal comunicada que parece increíble que sea capaz de atraer tanto turismo.

Ubrique es un pueblo enormemente bullicioso, con una vitalidad extraordinaria. Lo que se explica por la gran belleza de sus alrededores, su caserío es como un cuadro picassiano, y por el alegre carácter de sus ciudadanos.

Un poco de historia

Su historia se remonta al principio de los tiempos. Cuando la especie humana llegó a Europa, procedente de la sabana africana, se instaló en las costas gaditanas, donde abundaba la pesca y el marisco. El Homo Habilis cruzó en patera el Estrecho, como hacen sus descendientes actualmente, dos millones de años después. Con la pequeña diferencia de que, entonces, la península estaba despoblada y ellos eran la raza humana. Una raza humana de color negro, aunque el tiempo haya devenido en generar pigmentaciones de piel de colores más claros.

Llegaron huyendo del hambre, la razón por la que el sur siempre emigra hacia el norte, y hallaron en estas zonas andaluzas tal vergel que se instalaron, se hicieron hijos de la tierra que tan bien les trataba y se multiplicaron. Con el superávit demográfico tuvieron que extenderse hacia el interior, colonizando comarcas lejos del mar a base de potenciar los recursos ganaderos.

Y así, cuando llegaron por aquí los creadores de la historia, los romanos (porque la historia es un invento que necesitaba de la escritura para tomar forma) ya existía en el Salto de la Mora un poblado ibero.

En dicho cerro se halla un interesante yacimiento, capaz de explicarnos cómo vivían nuestros antepasados hace tres milenios. Junto al arroyo Benafí se alza una atalaya natural desde la que se divisan todos los alrededores. Aunque sólo sea por disfrutar de tan maravillosas vistas os recomiendo que subáis a esta loma.

Ubrique, ¿dónde está?
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Quedan restos de las ciclópeas murallas iberas del siglo IV a. C. y pétreos zócalos de las viviendas de los nativos. Esta es una constante en los yacimientos prerromanos, porque paredes y techos se construían con cañas y barro, de ahí que sólo las partes más bajas hayan sobrevivido a la guadaña del tiempo.

En este yacimiento hay un curioso mausoleo, casi intacto, conocido como «La Mezquita» porque los musulmanes la utilizaron para tal función. Es un Columbario de época protohistórica, cuyas paredes interiores se hallan cuajadas de nichos para las urnas de cenizas y las ofrendas de los familiares. A su alrededor se pueden contemplar varias tumbas en el suelo, del anterior rito de inhumación. Curiosamente actualmente estamos viviendo el mismo fenómeno, evolucionamos de la inhumación a la incineración.

Los romanos, por influencia cultural del pueblo etrusco, preferían la cremación y difundieron esta costumbre funeraria. Este Columbario era el panteón de la principal familia ibera de Ocurri, el último intento de mantener la tradición.

Los romanos se instalaron en este oppidum, que adecuaron a sus gustos construyendo un foro, templos y termas.

En la parte más alto de la loma hay una gran estructura sin techo, típica de los asentamientos romanos. Se la conoce como ·El Baño de los Moros» y era un depósito al aire libre de agua. Con esta cisterna comienza un proceso de urbanización de la zona, articulada por una calzada de gran tránsito.

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A corta distancia se halla otro lugar emblemático en la historia de Ubrique, el castillo de Fátima. En el 711 los bereberes construyen la Alcazaba de Qardela en la vertiente sur de la sierra de la Silla, donde controlaban la entrada al valle del río Ubrique. Apenas si quedan algunas torres y varios aljibes. Los lienzos que se mantienen en pie muestran poca simetría. Está todo muy abandonado y precisa de una restauración a fondo.

Fue tomada por los cristianos, al mando de Rodrigo Ponce de León, en 1485, en nombre de los Reyes Católicos que la integraron en el señorío de Arcos. Asimismo enviaron a colonizarla a familias cristianas de pueblos vecinos.

A dos kilómetros de distancia se halla el casco histórico de la ciudad de Ubrique, en las estribaciones de la sierra de Líbar. Se originó en 1501, cuando se sofocó el levantamiento de los moriscos, y se tuvo que repoblar la zona. A pesar de ello la trama urbana es irregular, calles cortas y estrechas que desconocen la línea recta. Es la parte más bonita de Ubrique, la más castiza y serrana. Casas de dos plantas, invadidas por macetas de flores, encaladas con tanta saña que han dado creado el slogan de Pueblos Blancos. Muros de mampostería, tejados a dos aguas, tejas árabes, marcos de puertas y ventanas de madera, balconadas en el primer piso, como en las postales.

Qué ver en Ubrique

Si venís a Ubrique subid hacia los barrios altos, son la parte más antigua y la más bonita. Si no lo hacéis no podréis decir, después, que conocéis Ubrique. Calles empinadas, de pavimentos de empedrado, con sabor a andalusí. Dar un paseo por el casco antiguo es retornar a un pasado que aquí se hace presente cada día.

Estas calles son mágicas y en ellas se respira una atmósfera especial. De ahí que corran extrañas leyendas. Una opción interesante es que hagáis una parada y os detengáis a charlar amigablemente con las vecinas. La población de estos barrios altos pertenece a la tercera edad, los jóvenes se marchan a los barriadas del llano. Visten de forma decimonónica, las mujeres de negro, los hombres con boina y pana. Haz una parada en tu caminar, viajero, y deja que te cuenten historias de terror y de amor. No te arrepentirás.

En esta zona alta de Ubrique se hallan tres cruces, del siglo XVIII. La del Tajo es el símbolo de la villa. Hay que contemplarla de noche, porque su cruz de forja ofrece un aspecto sobrecogedor por la adecuada disposición de las luces que la iluminan. A sus lados otras dos cruces, sobre los picos de Benalfil y Viñuela.

De noche es un lugar precioso, quedando toda la ciudad convertida en un río de luz, por donde se mueven peces de colores cruzando sus calles. A nuestro alrededor el silencio sonoro de la montaña y una oscuridad inquietante, subiendo desde el llano el rumor de la vida urbana. Un lugar perfecto para que María nos cuente, una vez más, lo que le contó su madre, quien lo había escuchado de la abuela, quien lo aprendió de la bisabuela, quien…

Cuentan que a mediados del siglo XVIII comenzaron a sucederse una serie de terremotos durante varios días y los edificios más endebles se derrumbaron. Como la tierra no cesaba de temblar y se sucedían las avalanchas los vecinos acudieron al Convento de Capuchinos a pedir la mediación de San Isidro Labrador. El padre Buenaventura puso tres cruces en los picos más cercanos a Ubrique y la tierra calló. María dice que desde entonces nunca se ha producido una avalancha.

También en esta zona se halla la fuente de los nueve caños, la más importante de las muchas que ofrecen estas sierras. Es un recuerdo del mundo andalusí que se sigue utilizando casi como en aquellos tiempos. Se puede beber sin preocupaciones, las vías fluviales en Ubrique carecen de contaminación. El río Ubrique es un río de aguas cristalinas, que alimenta el pantano de Los Hurones quien sirve agua a media provincia.

Ubrique se halla a 337 metros de altitud, en una vaguada natural que tiene como telón de fondo varias sierras, como las de Líbar, Ubrique, Alta y La Silla.

Bajando se llega a la plaza del Ayuntamiento. Allí un Consistorio de estilo neoclásico andaluz, remarcando sus elementos arquitectónicos en color rojo. Enfrente una Fuente con pilastras toscanas y una inscripción recordando al corregidor Fernando Márquez, en cuyo mandato se construyó.
Junto al Ayuntamiento, en la calle Queipo de Llano, la Parroquia de Nuestra Señora de la O, del siglo XVI reformada luego en neoclásico. Tiene una imagen de una Virgen Madre muy venerada en toda la comarca.

A su espalda, en la calle Consistorio, la antigua iglesia de San Pedro, hoy biblioteca municipal.

Siguiendo nuestro camino hacia abajo, en la calle de la Torre pasamos por delante de la Iglesia de San Antonio, del XVII. Es el templo más antiguo de Ubrique, siendo en sus inicios una ermita. Su espadaña se usa como imagen turística de Ubrique. Una sola nave de bóveda de cañón y las imágenes de San Nicolás y San Antonio.

Quedan como edificios notables de Ubrique el Convento de Capuchinos, construido en el 1600, en estilo barroco por deseo de Rodrigo Ponce de León. Quemado por las tropas napoleónicas y la Guerra Civil fue restaurado en 1943. En esta avenida de la Reguera ofrece un aspecto lamentable, necesita de arreglos exteriores. Por dentro se halla mucho mejor, destacando el retablo mayor de la Virgen de los Remedios, patrona, en un templete de plata de 1864.

Y la iglesia de San Juan Letrán que quedó inconclusa. Su techumbre nunca llegó a construirse, y tras un período de uso como vivienda privada actualmente pertenece al patrimonio municipal. Su planta es extraña, en forma de rotonda. Su fachada es una de las más hermosas de Ubrique, con pilastras jónicas pareadas y un enorme arco toral.

En nuestro caminar llegamos a la parte llana de Ubrique, la parte baja. La Avenida del Dr. Solís Pascual, flanqueada por árboles centenarios, era la arteria más importante de la ciudad, hasta hace pocos años. En ella se encuentra el cine, la estación de autobuses, la oficina de turismo, las fábricas de pieles, etcétera.

La avenida España, perpendicular a ella, es ahora el centro de Ubrique. Es toda peatonal y concentra el comercio local de esta villa de casi 20.000 habitantes..Es el punto de encuentro de los vecinos y semeja un río de personas.

ubrique

La Oficina Municipal de Turismo se halla en la calle Moreno de Mora, número 19. Atienden en el teléfono 956/46 49 00 y mantienen como página www.ubrique.es. En ella os ofrecerán información sobre lo que querais saber de este pueblo serrano. Como por ejemplo las fiestas locales:

  • El Carnaval de Febrero, donde las agrupaciones ofrecen degustaciones gastronómicas en plena calle.
  • Las Cruces de Mayo, con alfombras florales y la explosión de los «gamones», planta liliácea cuya raíz bulbosa revienta puesta al fuego.
  • La Subida a Ubrique en abril donde la carretera a Málaga, pura curva cuesta arriba se llena de aficionados a los rallies.
  • La Romería de San Isidro a la cañada de los Gamonales.
  • El Día del Petaquero el último lunes de mayo.
  • En septiembre la Velada de la patrona, Los Remedios, con procesión y fuegos artificiales. Y pocos días después la Feria.

Si habéis llegado hasta aquí es hora de parar en alguno de los innumerables bares de Ubrique. Lo típico es tapear, pero si optáis por comer es casi obligatorio pedir salmorejo de primero. Si se trata de desayunar hay que tirar de molletes.

Para comer hay mucho para elegir y todo bueno. Los vecinos salen los fines de semana a llenar las ventas de los alrededores, tenedlo en cuenta.

Hoy Ubrique es una villa floreciente gracias a sus industrias de pieles. No podéis iros sin compraros algún artículo como recuerdo, son los mejores del mundo.

Ubrique es el pueblo de las «tareas por cuenta», los «mandaeros», los «patacabrazos», los «timbraos», los «rebajes», los «boliches» y sus «bolicheros»…, y donde trabaja hasta la «chiburralea». ¡Y las mujeres, en épocas en que, por otros lares, sólo se dedicaban a sus casas y familias! De ahí que, en otros tiempos (y aún hoy), se oyera que «EN UBRIQUE, LAS MUJERES TRABAJAN EN CUEROS». Este humor del doble sentido, tan gaditano y carnavalero, y tan necesario para eludir un poco los sinsabores del día a día, es muy propio de mi localidad, y es por el que, exiliado en Granada, muchos de mis amigos de aquí dicen que cuento chistes malos (su razón tendrán también, no digo que no). La verdad es que los ubriqueños siempre hemos amado-odiado mucho a nuestro pueblo, las dos cosas a la vez, porque es un sitio maravilloso pero donde la vida muchas veces es difícil, por eso siempre hemos dicho: «Ubrique, mala mosca te pique».

Ubrique es mucho más, eso lo descubriréis si os decidís a venir algunos días al corazón de los Pueblos Blancos gaditanos, donde el tiempo transcurre a otro ritmo y vive un pueblo alegre que ha hecho de la hospitalidad su mayor distinción.

Ven a Ubrique, no te sentirás forastero, sino que te enamorarás de una tierra única en el mundo. De una tierra mágica, de Ubrique, Capital mundial de la Piel y la alegría.