De domingo a domingo, toda una semana de Feria es la que tiene Jerez de la Frontera.

La feria de Jerez se celebra en el parque González Hontoria, situado junto a la Urbanización el Bosque, el paseo de la Rosaleda, el salón de exposiciones, la rotonda de los caballos de colores…

Cuando llega la Feria, todos esos alrededores se llenan de puestos donde comprar recuerdos y dulces. Helados y Gofres, e incluso lugares donde tomar esos deliciosos churros que se toman por la madrugada cuando ya ha terminado la Feria y te diriges a casa.

La Feria de Jerez es muy conocida debido a que es una gran Feria donde abundan las casetas públicas, siendo una pequeña minoría las que son privadas con acceso restringido.

Cómo llegar a la Feria de Jerez

Para llegar a la Feria de Jerez, tienes varias opciones:

Ir en tren hasta Jerez y desplazarte andando hasta la Feria, las vías del tren te guiaran hasta ella si las vas siguiendo en un paseo que no durará más de 20 minutos.

Feria del Caballo de Jerez, ¿dónde está?
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Si ya estas en Jerez, puedes acceder a ella desde casi cualquier punto a pie pues está bastante bien situada.

La opción del coche siempre está ahí, aunque no es demasiado recomendable puesto que en los alrededores de la Feria casi nunca encuentras aparcamiento, y no porque no los haya, sino porque están todos ocupados.

Para entrar a al Feria, el parque cuenta con varias entradas, todas abiertas, para poder elegir bien el camino por el que accedes. La puerta principal se encuentra enfrente de la Urbanización el Bosque, cruzando una carretera tan solo te encuentras allí, justo en frente encuentras un restaurante chino y una pizzería.

Tienes que ver y disfrutar

La feria de Jerez, tan sólo una vez al año, es digna de verse y disfrutarse. Abundan las Sevillanas y la música del verano, pero hay varias casetas en las que puedes disfrutar de otro tipo de música si es lo que gustas. Incluso una caseta, la del Cherokee, para gente alternativa, donde podrás oir el más puro rock and roll.

La feria de día alberga trajes de flamenca, comidas con los compañeros de trabajo, y caballos, sobre todo el viernes de Feria, conocido como día del caballo, en el que podrás ver muchos caballos desfilando por el paseo principal de la Feria y por otros rincones donde no te lo esperas.

¿Quieres reservar una guía?

La Feria de Noche nos muestra el alumbrando, saludan a la Feria con Fuegos artificiales y la despiden con los mismos. El alumbrado es tan impresionante que hasta casi te hace creer que aún es de día en todo momento.

En cuanto al precio de las cosas, se trata de una Feria y las ferias nunca han sido baratas, y no porque los precios sean desorbitados, sino porque entre comida, bebida, cacharros y recuerdos, el dinero empieza a fluir de tus manos a otras manos y siempre te gastas más de lo que habías esperado gastarte.

El ambiente es muy bueno en casi todas las casetas, aunque hay algunas que según la hora puedes encontrarte con jaleos, barullos y peleas, pero eso pasa en todos los lugares y acontecimientos y solo hay que saber escoger bien el sitio.

De cara a comer algo, tienes desde una hamburguersa hasta una tortilla de patatas, pasando por los serranitos, las gambas, los dulces y los pimientos fritos. Muchas ofertas de comida puedes encontrar en la feria entre casetas y puestos.

Los niños también disfrutan en la feria, lo mismo o más que los mayores, con gran cantidad de cacharros donde disfrutar tranquilamente o soltar adrenalina, tombolas para todos los gustos y fiesta que a todos gusta.

Un poco de historia de la Feria Jerezana

feria del caballo

Hoy, 19 de mayo, es día de luto en esta ciudad. Muchos niños no han acudido a clase, muchos ordenadores han quedado mudos en las oficinas, muchos trabajadores han tomado el día libre. Toda la ciudad parece adormilada, llena de vacíos, de silencio. Hoy es lunes de resaca. Ha acabado la Feria del Caballo, la fiesta grande de este pueblo jaranero.

Durante toda la semana ha vibrado el aire empujado por frenéticos decibelios, ha brillado la noche salpicada de luces de colores, ha flotado el albero removido por millones de suelas, ha cantado todo un pueblo; días de vino, claveles y familia.

Fue Alfonso X, que por algo le apodaron El Sabio, quien fundo la Feria de Jerez como mercado ganadero que activase la economía de este feudo duramente conquistado. Tras la conquista de la ciudad la repartió entre sus fieles guerreros. A sus fieles erigió dos monasterios en las puertas principales. Y se trajo fieles judíos del Algarbe para que comerciasen (que para venir exigieron estar libres de impuestos, por lo que a la calle donde residían la llamaron Francos). A los no fieles les regalo un corte de cuello.

Y fue su hijo Sancho IV quien en 1282 otorgo un privilegio confirmando el regalo real, dando marco legal a aquel invento.

Pasaron malos años, hasta el final del siglo XIX en que la revitalización de la ganadería exigió mayor afluencia a los mercados. Y todo trato concluido se sellaba compartiendo un buen fino, que para algo es esta la mejor tierra del mundo para el fino (margas calizas que durante muchos años estuvieran sumergidas por el Atlántico, lo que le ha proporcionado un gran riqueza en restos de organismos marinos).

Y fue costumbre realizar esta feria de ganados en primavera en el Hato de la Carne.

Y, cuando el número de asistentes y de chiringuitos creció en demasía, la feria y su charanga se trasladaron a las Playas de San Telmo.

Y, cuando las gentes pueblerinas comenzaron a aficionarse a la feria, no sé si por el ganado o por la bebida, la feria se trasladó a los Llanos de Caulina.

Y, en 1902, el alcalde Julio decidió crear un recinto ferial en los terrenos aledaños al Paseo de Capuchinos, que más tarde recibió su nombre de Parque Ferial González Historia.

Y un alcalde posterior, Miguel Primo de Rivera, la título como Feria del Caballo y creo toda una serie de actos paralelos relacionados con el mundo de este noble bruto.

Hoy, ocho siglos después, la Feria llega a su máximo esplendor.

  • 1.100.000 bombillas de colores. Fuegos artificiales. 219 casetas de dos módulos cada una.
  • 2 millones de personas en solo siete días.
  • 26.000 metros cuadrados de atracciones.
  • 6.000 metros cuadrados de espacios verdes.

Y en este inmenso escenario, un enjambre en movimiento, cantando, riendo, bailando, compartiendo felicidad. Solo de la bodega González Byass se han consumido 336.000 botellas de fino, en una feria donde la cerveza es ya la reina. Y detrás el rebujito.

Y música, a todas horas, desde infinidad de cajas negras. Sevillanas, rumbas y en la calle de casetas juveniles músicas bailonas, modernitas.

Y atracciones todos los días, en diversos sitios. Y un programa paralelo de carrozas, caballos, toros que no tiene parangón en ningún sitio.

Y un estricto cumplimiento de la ley. Aquí nadie se hace el sueco, pues le cuesta el sitio. Quien no cumple no repite. Servicios en todas las casetas, higiene, limpieza, extintores, decoración adecuada.

Y 69 asistentas sociales cuidando los niños de los feriantes, para los que se monta una ciudad paralela dotada de las necesidades básicas.

Y 300 policías locales, y nacionales, y vigilantes jurados, y bomberos, y protección civil, y cruz roja, y otros servicios sanitarios impidiendo la mendicidad y vigilando la seguridad de este entorno pasajero, de cartón.

Hoy, lunes de resaca, recurrimos a lo de siempre:

  • Para ese dolor de cabeza abusamos del tomate (en ensalada, zumo o gazpacho), nos tumbamos en el sofá y nos ponemos sobre frente y nuca una toalla impregnada en agua helada.
  • Para esa garganta irritada, todo un pueblo haciendo gárgaras con un poco de miel y limón en infusión caliente. Algunos, como el actual alcalde, recurriendo a montañas de pastillas de lizipaina.
  • Para esos pies hinchados un barreño de agua templada y sal.
  • Para esa cartera que tenemos vacía, paciencia y a contar lo que queda en la nevera.

Y una inmensa familia, hoy agotada tras una juerga de siete días, y por unos euros cada vez mas euros. Porque eso es una feria, es como si juntásemos un millón de bautizos en un solo recinto. Eso son las ferias, las ferias todas, fiestas familiares. Por ello me encantan, también, las ferias pequeñas.

Porque no se trata de definir qué feria es la mejor. La mejor feria es aquella en que te hallas en familia, por muy pequeño que sea su recinto. Porque una fiesta es compartir una vida, usando el alcohol como elemento desinhibidor.

Por ello no vengas solo a la feria, porque te podrás encontrar solo entre multitudes. Porque es una fiesta para vivir con los amigos, con la familia.

Un saludo y espero que mi opinión os halla informado sobre esta magnifica feria del caballo.