La Plaza de Mina, ese centro donde se desarrollaron los juegos infantiles y los primeros ligues durante el verano, poco tiempo es bien decir pues casi todo el calor lo pasaba en Jerez en casa de la abuela en compañía de quien bien me amó y a quien bien amé y nunca olvidaré; en un lateral de orden neoclásico, con ligueros toques modernistas se encuentra entre milenarios árboles la fachada del Museo de Cádiz.

Bien digo de Cádiz porque así le llamamos en esta ciudad, el Museo donde se guarda la Dama, esa callada imagen que un día apareció en un solar de la calle Ruíz de Alda cuando una excavadora lanzó su pique a la tierra y saltó por los aires un trozo de mármol blanco que hizo eco en toda la ciudad en minutos llevándonos con cámara en ristre emulando a nuestro amado Indiana para dejar eternamente plasmada la imagen de la Dama, la única Dama que se escribe con mayúscula en mi ciudad.

Un paseo por el Museo

Y subimos los escalones de su entrada principal donde la figura rotunda del señor de las columnas llamado Hércules nos dice sin palabras que estamos en tierras deseada por las culturas más importantes de todos los tiempos. Demostrada con hechos y dichos algunas y con mucha imaginación otras que aún duermen en las aguas de la Caleta, el antiguo puerto de mar… el lugar de donde salieron los soldados que murieron contra los ingleses.

En recepción dejamos bolsas y paquetes prohibidos para la visita y que no surjan oportunidades destructivas tan a tono con los tiempos que corren en el país. El mapa y el folleto nos pone en contacto con lo que vamos a visitar. Naturalmente se entra en la sala izquierda; nos encontramos en la planta baja toda la arqueología nuestra, el fondo de nuestra civilización y allí están para demostrarnos que tenemos mucho que contar en nuestros genes. Por algo entraron por estas tierras lo más culto, lo más sabio, la cultura del mediterráneo refinada, instruida y llena de monumentos que adornan las dos orillas del mar cerrado que tiene en su haber siglos de sabiduría. Quizás un guiño a la Atlántida en algunos adornos que se nos antojan curiosos, Púnicos, Fenicios, Romanos y demás derivados, restos visigodos, árabes y mozárabes que refinan el rizo en esta tierra que fue su tierra cuando su cultura era la más sabio del mundo y acaparaban en sus salas de estudios a los hombres sabios venidos de todas las partes conocidas de aquel mundo. Es un orgullo pasear por la gran sala donde nos custodian las estatuas de los emperadores romanos traídos algunos de ellos de las ruinas de Bolonia. Las tumbas y sus distribución de las que tanto conocemos los oriundos de la antigua Gades, descubiertas en su casco antiguo, en solares de la parte comprendida fuera de las murallas de las que tantos cabezazos se dio la escuadra napoleónica.

Joyas bellas de oro y coral rojo, perlas, trabajos de manos finas de artesanos que gustaban adornas los cuellos finos y esmerados de una sociedad en el punto más alto de su civilización.Vasijas para el vino, para el agua, tarritos de cristal para los perfumes, para pintar los ojos de la gaditanas romanas… cuanto tendrían que contar.

Un visión general de todo el tiempo que se esconde por las esquinas del casco antiguo y que enterraban a sus muertos en las afueras de arena y mar… hoy llamado Puerta Tierra. La planta baja es un paseo lleno de luz gracias al acristalamiento de su patio interior y ese aroma de tierra al sol donde el color da paso a las piedras grabadas por dedicatorias, por hechos de los muertos en vida, joyas, mosaicos encontrados en las paredes y suelos de algunas de las casas que se han descubierto también en el suelo gadita.

Museo Provincial de Cádiz, ¿dónde está?
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Tenemos aún en mente el descubrimiento de una casa residencial cerca del lugar del «laboro» como dicen los italianos; una casa de dos pisos que asomó su nariz en unas obras en el suelo para la colocación de las nuevas tuberías de la ciudad y que dio un golpe de efecto con un pequeño mosaico en colores conservados sorpresivamente que nos mostraba a una joven ataviada con vestidos romanos y una expresión que aún recordamos. Ahora se conserva también en el museo pero la historia de su descubrimiento la podemos dar nosotros mismas que fuimos durante tres días afanadas en la exploración «Jones en Cádiz».

Y dejando el apartado arqueológico pasamos a la pintura y por supuesto nos quedamos en la sala de Zurbarán con sus monjes de blanco traídos de La Cartuja de Jerez, donde dormían el sueño de los justos con los monjes trapenses. Renovados con manos expertas nos dejan en éxtasis con sus claro – oscuros magnos.

Las demás salas nos traen la pintura sobretodo romántica y contemporánea bella, que nos presenta una sociedad normal y llena de ganas de relaciones, jarrones con flores de variado colorido y …. cosas que nos llenas de entusiasmo por la verdadera pasión que siento por el arte pictórico.

La Tía Norica ocupa parte del museo para quien le guste. Debo confesar que no he tenido nunca debilidad por estos muñecos y sus historias, pero hay que ver la confección estupenda de estos personajes y el arte de la muñequería pasada.

Otros datos útiles

Museo Provincial de Cadiz

Dirección:

Plaza de Mina, s/n.
Código Postal: 11004
Teléfono: 956 203 368 / 956 203 377
Fax: 956 20 33 81

Horario:

  • Lunes: cerrado.
  • Martes: de 14,30 a 20,30 horas.
  • Miércoles a sábado de 9,00 a 20,30 horas.
  • Domingos: de 9,00 a 14,30 horas.
  • Festivos abiertos: de 9,00 a 14,30 horas

Si vienes por aquí nunca esta de mas escapar del mundanal ruido y sumergirte en el pozo del pasado (aunque sea brevemente). Te aseguro que el relax que produce visitar un buen museo es superior a cualquier pastilla que te tomes para lo mismo. Yo, cuando viajo, siempre, siempre visito el pasado (me ayuda a comprender el presente), y no solo por motivos profesionales.

Mi consejo: cuando vengas por Cadiz, ten en cuenta que Cadiz no es solo salada claridad, playas y carnaval, sino que tiene uno de los pasados mas antiguos de la península (posiblemente sea la ciudad mas antigua de Occidente).