El Castillo de Santa Catalina es una construcción militar que se yergue frente al mar en Cádiz, junto a una de las playas más típicas de la Tacita de Plata, la playa de la Caleta, lugar inigualable en cuanto a encanto y puestas de sol se refiere.

Si algo tiene la historia es que muchas veces juega en favor de ciertos acontecimientos que ocurren en algunas ciudades que la hacen fortalecerse para que nunca vuelva a ocurrir malos avatares del pasado.

Un poco de historia

Quizás esta estampida dentro de la amurallada Cádiz por las tropas anglo-holandesas, tuvo para ciudad el privilegio de verse transformada en una verdadera fortaleza gracias a un rey: Felipe II, quien después del asalto afamado, mandó construir esta maravilla, auténtica y proclamada como joya de la ingeniería militar del siglo XVI cuyo proyecto estuvo en manos de un militar también, el ingeniero Cristobal de Rojas.

Verdadera avanzada en el mar, faro de barcos y navegantes, el castillo se convirtió con su planta poligonal en un vigilante de cuidado para todos aquellos que tuviesen la idea de tomar de nuevo la ciudad de Cádiz. Aquí Napoleón se las vió y deseó, pero no entró.

Con el tiempo, el castillo se fue convirtiendo en una dependencia totalmente militar. Terreno prohibido para el resto de los mortales que con el tiempo llegó a ser la prisión militar más segura de su tiempo. Había que tener familiares influyentes para poder llegar hasta su control situado a 50 metros de la gran puerta de entrada y por supuesto un pase más pesado para poder llegar hasta el castillo o fortaleza – prisión.

En aquello tiempos visitar el Santa Catalina era simplemente visitar un lugar militar. Ejercicios y maniobras, adiestramientos, cantina, dormitorios, jefes y suboficiales y sobretodo un férreo control de los allí encerrados por delitos considerados graves en el entorno militar. Es curioso que la mayoría de aquellos reos venían de su lugar de destino cuando hacían el servicio militar pero que por algún asuntillo que no gustó a sus superiores fue llevado a la fortaleza durante unos meses para que cambiasen de idea o se adaptasen a las normas militares.

Castillo de Santa Catalina, ¿dónde está?
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Estaba en un estado lamentable, aunque pintado en su interior, el mar hacía de las suyas y quizás la imagen que me quedó más profundamente clavada, era aquella de las mazmorras antiguas que eran inundadas por la subida del mar, hasta llegar a la cintura de cualquier mortal.

Después las fuerzas se fueron replegando y la fortaleza pasó de manos en manos hasta que se decidió que el ayuntamiento tomase parte y posición del lugar. Se le lavó la cara, se adecentó, se afianzaron sus cimientos, se le reparó, se le mordenizó y llegó hasta el día de hoy convertido en todo un lujo de visitar.

El Castillo de Santa Catalina actualmente

Los veranos han hecho de este lugar, una cita obligada en las bellas noches de calma eólica para poder cenar en su restaurante, pasear por sus murallas, asombrarse de la ciudad con las luces encendidas y tener un espectáculo variado.

Ahora tras pasar la Puerta de Piedra, llegamos hasta el castillo a pie, con las puertas abiertas nos recibe en su planta blanqueada, con el restaurante a nuestra disposición y una ambientación de lo más acogedora. Dotado de todas las comodidades, se ha convertido, como he mencionado anteriormente, en un lugar especial para pasar las noches estivales.

El castillo está destinado actualmente a ser centro de ocio y actividades culturales.Dispone de tres salas de exposiciones, una de ellas permanente y las otras temporales; talleres de artesanía y salas pedagógicas.

Durante el verano en su patio de armas se ofrecen los ciclos «Santa Catalina con las Puestas de Sol» y «Conciertos Bajo la Luna», durante los cuales es posible asistir a los espectaculares atardeceres de la zona mientras que escuchas música, normalmente conciertos de variadas zonas de la geografía mundial, como boleros cubanos, fados portugueses, música tradicional andalusí, gallega o balcánica, y a los fantásticos conciertos de la Sonora Big Band de Cádiz.

Alrededores

Como he comentado, este castillo se encuentra junto a la playa y el mar, con lo que se disfrutan unas maravillosas vistas desde sus murallas.

Por otro lado está en el centro histórico de Cádiz, con lo que es muy fácil encontrar buenas zonas para comer o tapear muy cercanas al castillo.

Justo a su lado se encuentra el Parador Nacional Hotel Atlántico, muy buen sitio donde alojarse.Y para los más peques, también está cerquísima, no sólo la playa si vais en verano, si no el Parque Genovés, la mayor zona verde de la capital gaditana en la que podréis encontrar columpios, castillos hinchables, un bar y, si la gripe aviar lo permite, patos en el estanque.

Horarios y precios

La entrada es gratuita para cualquiere visitante.Permanece abierto al público de 10:00 a 18:30h de lunes a viernes y de 10:00 a 13.00h los sábados, domingos y festivos. Los días de concierto cierran un poco antes.

Mi opinión sobre el Castillo de Santa Catalina

Castillo de Santa Catalina

A pesar de que el castillo en sí no es una obra espectacular (no esperéis uno de esos típicos castillos medievales altísimos), el sitio merece la pena, sobre todo por las increíbles vistas hacia el mar y la Alameda de Apodaca. Y la contemplación de un atardecer desde sus murallas es inolvidable.

Pero el que hayan tapado las piedras originales de su construcción con cemento le resta un poco de encanto. Además, estoy acostumbrada a ir a sitios turísticos y encontrarme tiendas de souvenirs donde comprar algún recuerdito. Y en este sitio no hay donde encontrar una simple gorra. Para no mentir, en su interior hay talleres de artesanía, pero las dos veces que lo he visitado estaban ¡cerrados!

Por otro lado no hay una sola placa explicativa acerca de su historia o uso, cosa que creo más que conveniente en un lugar tan cargado de historia como éste. Pero aún así, creo que la visita merece la pena.