Alora

En el noroeste de la provincia de Málaga se esconde una comarca singular, ajena a los intensos movimientos turísticos del litoral o de Ronda, a donde sólo llegan los aventureros o algún viajero curioso. En medio de la ancha llanura malacitana se alza un macizo de medio kilómetro de altura donde el río Guadalhorce se estanca de tal forma que el homo modernus construyó un par de embalses unidos entre sí (Conde de Guadalhorce y Guadalleba), hoy foco de atracción de un turismo de calidad (no por el precio sino porque nunca hay masificación).

Al sur de la carretera N-342 Jerez-Antequera, junto al cruce del Saucejo, se divisa esta montaña aislada, tan insólita en estas vistas de lomas invadidas por el cereal y el olivo. Es uno de los lugares más bonitos que he pisado, con más encantos naturales. Porque aquí, en estos parajes olvidados hay recursos de todo tipo para unas vacaciones diferentes.

Por una carretera comarcal, todas las calles asfaltadas de la zona son comarcales, porque aquí aún no llegó el progreso, aún reina se ritmo de vida que tanto echo de menos en la populosa ciudad en que vivo, ahíto de prisas y de estrés, cansado de cemento y semáforos, de coches con prisa y de peatones desconocidos que me miran con miedo cuando me cruzo con ellos al anochecer. Por una carretera comarcal se llega a Teba. Los romanos la llamaron Attegna y emplazaron un castro amurallado para vigilar cualquier llegada desde el norte a la montaña. Lo mismo hicieron los árabes. Casi nada que ver, el típico pueblo de campo de casas bajas blancas, balconadas, calles de piedra, ningún ambiente, una iglesia parroquial del siglo XV y campesinos sencillos.

Subimos la larga empinada cuesta hasta llegar arriba. Bordeamos el río embalsado, cuajado de pescadores, niños remojándose, tiendas de campaña, un cámping bien equipado, el restaurante Kiosko de comida casera, etc. Es un lugar curioso, donde los árboles de media montaña sustituyen al aislado quejigo y al olivo doméstico de la llanura. Enseguida se llega a Ardales, en la cumbre.

Como toda la zona posee yacimiento prehistóricos, algo que ya me esperaba. Os contaré un truco de arqueólogo, cuando buscamos restos paleolíticos siempre miramos en las zonas más altas, porque el sur peninsular en tiempos estuvo sumergido en el océano, por lo que los homo prehistoricus escogían para residir las zonas más altas hoy, las islas entonces.

Incluso se puede visitar la cueva de la Trinidad con pinturas rupestres zoomorfas, 16 salas descubiertas tras el corrimiento de tierras que provocó el terremoto de 1861.

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Ardales es un pueblo alrededor de una peña, donde aún quedan restos de una alcazaba musulmana. Su nombre deriva de Ard Allah (“paraíso de Alá”), por lo que imaginaos cómo debe ser esta comarca para recibir tal nombre.

A sólo 6 kilómetros se hallan las ruinas de Bobastro, el castillo de Omar Ben Hafsun, sempiterno rival del emir cordobés. En el siglo IX se excavó en la roca la ermita de la virgen de Villaverde en estilo mozárabe. El tiempo derribó su techo y la parte superior de las paredes pero aún quedan algunos arcos y varias capillas del ábside.

Siguiendo este camino, a sólo 8 kilómetros, se halla el desfiladero de los Gaitanes (conocido como garganta de El Chorro), un tajo de 400 metros de profundidad y 10 de ancho por el que podrás pasear por una pasarela de madera, el Camino del Rey. Si te atreves, yo no lo hice, porque faltan tramos y el riesgo de rotura es inminente. Es un lugar frecuentado por los amigos a la escalada y al caminar.

Una forma singular de conocer este valle de Abdalajís es coger el tren desde Málaga, pasarás sobre 6 puentes y 11 túneles en sólo siete kilómetros, por este cañón creado por la erosión del Guadalhorce en tierras calizas.

Pero si no te desvías a estos dos curiosos lugares, poco frecuentados hasta el hecho de que junto a la garganta las fondas tienen precios del pasado, si sigues carretera adelante enseguida llegarás a Carratraca, apenas 10 kilómetros (como estarás viendo aquí está todo cerca).

Aquí solemos parar a comer. Pasamos de largo el restaurante Bragueta (nunca nos hemos fiado de él, por el dichoso nombre) y nos metemos en Casa Pepa. Una fonda de 9 habitaciones frente al balneario, comida casera, en plan jartarte y barata.

En las fotos antiguas de su viejo comedor se halla incluso la emperatriz Eugenia de Montijo, que se alojaba aquí cuando venía a tomar las aguas sulfurosas. Otros famosos de los que presumen en papel fueron Fernando VII, Alejandro Dumas y Lord Byron. Si andas corto de información recuerda que aquí hay una Oficina de Turismo.

Y apenas 15 kilómetros después llegamos a nuestro destino: Alora.

A 200 metros de altitud, en una estribación del monte Hacho. Aquí los fenicios construyeron un recinto amurallado, que los romanos reutilizaron en su beneficio como municipium Iluritanum, según reza en una columna exenta en el patio de la parroquia local. Cuando llegaron los árabes construyeron la fortificada medina de Alora.

Con el tiempo llegó el homo modernus y dejó que las murallas, cuidadas durante milenios, se convirtiesen en ruinas. También cambiaron algunas otras cosas. Abajo, colocaron en cerámica un plano de la ciudad y el slogan local de “bien cercada” recordando las muchas veces en que los reyes cristianos fracasaron en intentar conquistar esta villa.

Es la cuna de la mañagueña cunera, cuyo Festival celebran en junio, del baile del zángano, de las coplas del meceero. Son gentes alegres, cantarinas.

Entre 1587 y 1593 aquí vivió Cervantes, ejerciendo como recaudador en la zona.

La economía actual es buena. El paro es escaso por la riqueza natural de estas tierras en parras, vides, cítricos olivos y frutos tropicales. Lamentablemente han descubierto su potencial turístico y están imitando las barbaridades de la costa a base de feos apartamentos y edificios de seis pisos.
Han imitado lo malo, con todo lo que ofrece su entorno para un turismo de interior.

La tradición conserva un gran peso artesanal. Atalabartería, cestería y las típicas castañuelas aptas para los verdiales. En septiembmre se cantan estos fandangos malagueños en la romería de la Virgen de las Flores.

En tiempos de Felipe II un líder local, Fernando de Córdoba, adoptó el nombre de Aben Humeya y lideró la rebelión morisca. La represión en Alora fue feroz, los supervivientes fueron vendidos como esclavos. Con las ganancias se financió la capilla de la Veracruz, aún en pie.

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Cosas por ver

  • la Acazaba árabe (en todo lo alto)
  • la iglesia de la Encarnación (construida sobre una mezquita por los Reyes Católicos)
  • convento de las Flores
  • ermita de Santa Brígida
  • Cruz del Humilladero
  • yacimientos arqueológicos

P.D.- En el valle del Sol, colgados del cielo por una tierra que se levanta orgullosa, se hallan en la cima de Andalucía, sobre llanuras de cereal y olivo. En El Chorro se halla la sede de la Sociedad Andaluza de Montañismo y Escuela de Escalada. Se construye la Ciudad de Vacaciones (albergue, cabañas y otros servicios turísticos)… No tardes, ya le queda poco a esta comarca para perder su encanto. Porque hay de todo.

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