Aquopolis

En esta ocasión vengo con ganas de contaros mi experiencia en el Aquopolis Villanueva de la Cañada, situado en la comunidad autónoma de Madrid. Para que os hagáis una idea y como su propio nombre indica, este parque acuático se encuentra situado en la localidad de Villanueva de la Cañada, una localidad a unos 37 km de la ciudad de Madrid.

Se trata de un parque acuático formado por diversos toboganes de muchas formas, tamaños, colores además de unas piscinas con diversas actividades dentro de las mismas. No teníamos intención de visitar esta zona pero debido a las altas temperaturas y que nos dejamos aconsejar por los dueños de la casa rural donde nos alojamos esa semana, acabamos yendo un día entero a este Aquopolis.

Desde donde estaba nuestro alojamiento, en Santorcaz, hasta allí nos llevo un tiempecito majo en coche. Llegamos más o menos sobre las 11:00, 12:00 del mediodía y aparcamos donde pudimos porque el aparcamiento estaba a rebosar. Encontré una plaza, por llamarla de alguna forma encima de un terreno que no es el propio aparcamiento en sí, pero todo el mundo había aparcado allí, así que allí quedo. Desde donde aparcamos a la entrada no había nada de tiempo andando. Al llegar tuvimos que soportar una pequeña cola para comprar las entradas y ya accedimos al interior. Te recomiendo que la compres por internet desde aquí ya que así te ahorras la cola y te puede salir más barata.

En un principio hay una especie de caminitos con decoración en forma de cascadas y rocas, donde se accede a una zona con la posibilidad de alquiler de colchonetas, para los próximos toboganes del parque acuático.

Nosotros dejamos las toallas y nuestros objetos personales justo en frente de las pistas blandas. Teníamos una visión en primer plano de la gente que se iba tirando por ellas. Cuando llegamos y mucho más a las horas que llegamos, pudimos comprobar que había mucha afluencia de gente, sobre todo niños. Lo primero que probamos fueron las pistas blandas, donde no está permitido utilizar el flotador. Lo que más cuesta es subir hasta arriba andando para poder tirarte. La verdad que no había mucha cola y dispone de cinco pistas blandas por lo que la cosa va rápido. Arriba hay un socorrista con un silbato que va indicando cuando tirarse y de qué forma no tirarse. Estos toboganes me encantaron. Como su propio nombre indica son pistas blandas y no te haces nada de daño y desde que empiezas a bajar hasta que caes a la piscina puedes ir cambiando de posturas que no te haces nada de daño, la sensación es indescriptible y es unas risas. ¡Son tremendamente divertidas!

Después nos fuimos a la piscina de al lado, las cuales se llaman Zig Zag. Aquí hay que subir una buena sesión de escaleras y una vez arriba dispones de cuatro toboganes diferentes llenos de curvas por todos los lados, cada cual diferente al otro. Aquí también bajas como una bala. Puedes tirarte sentado o tumbado boca arriba, no se necesita el flotador. Este me gustó, pero se hace incómoda la separación de piezas en el tobogán, que da cierto dolor a la espalda.

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La siguiente cosa que probamos fue una piscina que teníamos por detrás que ellos llaman el splash. Aquí tampoco se utilizan los flotadores que se alquilan pero sí hay que esperar una cola un poco más elevada que en las camas blandas ya que únicamente hay dos pistas por las cuales tirarse. Es como una especie de trineo que la verdad que pesa un poco más de lo normal, para los niños puede ser un incordio desde que lo cogen hasta que suben arriba del todo. En esta piscina tienes que ir subiendo por una especie de andamio que hay detrás de la piscina, una altura bastante alta y no muy recomendable para los que tienen vértigo. La verdad que esta piscina acojona un poco bastante. Una vez arriba te colocas sentado en esos trineos, por así llamarlos, y el socorrista acciona el mecanismo lanzándote de golpe al vacío. Son dos toboganes con una inclinación bastante elevada por lo que con ese trineo sales disparado a mucha velocidad saltando como una rana por encima del agua hasta que el propio rozamiento acaba por pararte antes de llegar a la orilla, pasando el trineo al próximo en la cola. Aquí es casi inevitable no soltar un buen chillido.

Al lado de éste, hay una piscina muy muy tranquila con poca profundidad y con un decorado en rocas donde poder relajarte. Al otro lado de esta piscina donde estoy comentando, justo al lado del Splash hay una piscina con diferentes alturas de trampolines o tirolinas que acaban en la piscina. Aquí la verdad que no le hicimos mucho caso porque estaba petada de gente.

Después de estar por aquí nos metimos un rato en la piscina que hace olas artificiales. Cuanto más para dentro te metas más altas son las olas, aquí también había mucha gente, sobre todo gente adulta y niños bien pequeños en la orilla de la piscina, donde apenas llegaban las ondulaciones de las olas. No estaban continuamente haciendo olas, iba como por periodos, de tal forma que cuando aquello comenzaba, la gente se volvía como loca. Esta piscina también me gustó un montón.

Tras salir de esta piscina nos fuimos a la toalla a comer un poco. Se puede meter comida al interior y si por algún casual no lleváis comida, hay restaurantes y sitios para comer y máquinas expendedoras de bebidas: agua, refrescos y demás.

Después de respetar un poco la digestión, seguimos con nuestra experiencia en el resto de piscina que nos quedaba por experimentar. En esta ocasión nos fuimos hasta la otra punta, bien por atrás de donde habíamos dejado las toallas a unos toboganes que quitan el hipo a cualquiera. Estos no son aptos para los que tienen miedo a las alturas y a la velocidad. Solo os tenéis que fijar que se llama Kamikaze, con eso creo que lo dice todo. Yo conseguí tirarme un par de veces y lo tuve que dejar porque tenía el corazón a mil. Hay dos tipos de toboganes, uno que tiene un poco más de ondulaciones, que bajas a menos velocidad y otro que bajas del tirón a una velocidad escalofriante. Tanto es así que se te sube el bañador hasta la campanilla. Está muy bien para experimentarlo, pero ya está, porque acabas con un buen dolor de culo con la frenada con el agua.

Después de este fuimos un rato a lo que llaman el Río Rápido. Para estos toboganes sí que hace falta el flotador y no te podrás tirar sin él Tienes dos opciones, o bien el azul, el alquilado por la gente que es personal y no se puede compartir o bien esperar a uno de los amarillos que son los del propio parque que se van entregando a la cola una vez que acabas el recorrido. Estos flotadores son como donuts gigantes donde te sientas en medio y la propia corriente te va llevando río abajo. Este tobogán es para ir bien tranquilo y disfrutando del recorrido. Es muy divertido también pero la larga cola que tuvimos que aguantar fue interminable.

Otro de los toboganes que hay es totalmente opaco y desde que entras hasta que sales no vas a ver absolutamente nada. Este está muy bien porque no te esperas que haya una curva justo ahí o que de repente haya otra curva para allá. Únicamente ves algo de luz cuando estás llegando al final del mismo.

Tras probarlos todos, y repetir en alguno, tengo que decir que este día en este parque acuático me lo pasé de maravilla. Todos los toboganes son distintos entre sí, hay multitud de piscinas por lo que la gente está más repartida y como cada tobogán o zona es distinta, puedes optar por algo más arriesgado o algo más tranquilo disfrutando mientras te refrescas. Durante todo el día prácticamente estuvieron las mochilas y las toallas a solas y no nos desapareció nada, parece que la gente respeta pero nunca hay que fiarse. Comentaros que nosotros nos tumbamos en la hierba, pero que hay hamacas de plástico a disposición de cualquiera y otros colchones con toldos que estos creo recordar que son de pago.

Por lo demás os recomiendo que visitéis esta zona, si es entre familia o entre amigos mucho mejor, mayor será la diversión. Disfrutad y pensároslo bien que el verano está a la vuelta de la esquina.

Segunda visita al Aquopolis

Así es el Aquópolis de Villanueva de la Cañada. Una prueba de supervivencia, de superación personal, de dolor, sufrimiento…, y entre tanto, mucha diversión. Como ir de acampada, como ver una película de terror o como las cosquillas en los pies, ¡que se pasa bien y mal a la vez!

Y es que este Aquópolis es sólo apto para jóvenes aventureros, que buscan emociones fuertes y pasar un día inolvidable, ya sea recordado con odio, o añoranza.

¿Por qué digo todo esto? Porque desde el momento en que decides ir, no hay vuelta atrás. Sabes que lo vas a pasar «reguleramente», pero que días más tarde lo verás como algo maravilloso…, y QUERRÁS VOLVER. Y ese es el secreto del Aquópolis de Villanueva.

Empiezas mirando CÓMO LLEGAR, que sólo es fácil si vives en uno de los chalés de Villanueva de la Cañada y tienes bicicleta, porque el resto de opciones pueden ser mortales. Para ir en coche os dejo abajo, como imagen, un plano con accesos, porque si me pongo a dar explicaciones a mi manera, no llegaréis en la vida… Y qué decir de transportes como tren o metro por aquel extraño y muy, MUY lejano paraje… Nada que no, que no hay…, y que la única opción que nos queda es ir en autobús si no tenemos carné de conducir y/o «padre de amigo, majo y con coche»… Y llegar hasta allí en autobús supone, concretamente desde el lugar en el que yo vivo, cerca de DOS HORAS, para realizar, tan sólo 34’2 kilómetros. Vamos, que sale más rentable ir a Marina D’Or, ciudad de vacaciones, que llegas antes y conoces a Anne Igarituburu jugando al bingo con Carmen Mtnez. Bordiú…xD!

En fin, que desde Fuenlabrada, se debe coger un tren hasta Alcorcón. Una vez allí, después de andar entre fábricas, naves, minas de carbón y varias sedes de la NASA (vale, las dos últimas eran ficción…=P), llegamos a la parada de autobús que debe cogerse cerca del Centro Comercial «Tres Aguas». Esperas allí a que llegue nuestro amigo el autobusero (acérrimo enemigo del malvado taxista), al cabo de una media hora de espera en la parada, subes al vehículo, te agarras a un palo (porque asiento es díficil de encontrar) y tras otro extenso período de tiempo que he preferido olvidar, te deja a unos 900 metros, sino más, y además sin señalizar, del susodicho Aquópolis, fatalmente ubicado.

Pues bien, ya estamos allí, en Villanueva de la Cañada, y sólo nos queda adivinar cómo llegar hasta el parque acuático. El autobusero, que está acostumbrado a que le suban decenas de personas moribundas con toallas, la mayor parte de las veces hará su función de héroe salvador, y avisará a «los del Aquópolis» dónde deben bajarse y cómo llegar hasta su destino. Anunciará algo así: «A ver, los valientes del Aquópolis, bajarse de aquí. Ahora tenéis que bajar to’ esta calle recto, recto, y cuando ya no hay calle, tiráis para un descampado a 1 kilómetro, y por allí es». Y entre las miradas de gente riéndose (veteranos) y gente llorando (novatos), vamos bajando todos y se decide en un pacto no verbal, quién guiará a los demás en el largo camino. O lo que viene siendo lo mismo, que si los primeros van antes a visitar a sus abuelas, les siguen las otras 80 personas que van detrás, y ese día la abuela se pone súpercontenta y hace lentejas para todos.

Una de las veces que fui yo con mis amigos, nos tocó ser los líderes de grupo, y como sabíamos que teníamos el poder, nos dio por empezar a correr, ¡y la gente comenzó a hacer lo mismo…! Si ya alcanzáis cierto nivel de conocimiento del terreno, os lo recomiendo, y más cuando se llega al bosque/descampado, que puedes despistar a todos los de atrás, y así el parque está más vacío para disfrute de los líderes… (Risa malvada)

Bueno, pues después de todo esto, de la calle larga, y haber girado hacia la izquierda atravesando un descampado y un bosque (que alberga a «alegres agrupaciones juveniles» o, en otras palabras, gente que quiere pasta o «un papelillo»), llegamos a nuestro oasis. Y lo primero que se suele ver es… ¡COLAS! Unas colas de metros y metros incluso entresemana. Todos cargados con 2 toallas, bronceador, alpargatas, pelotas (inocentes que no saben que luego te las prohíben), comida, ropa y sobre todo dinero, MUCHO DINERO. Porque los PRECIOS son elevadísimos.

Teniendo en cuenta que ir al Parque de atracciones de Madrid, en el que hay una enorme variedad de atracciones y actividades, buena organización, y que puedes estar mucho más tiempo (en el Aquópolis abren a las 12:00, cierran a eso de las 19:00-20:00 y la variedad se reduce a atracciones acuáticas) no te cuesta más de 25€ por persona, ir a disfrutar del parque de Villanueva, sale caro. Si no, mirad las tarifas de la temporada 2006 (sabiendo que desde entonces habrán subido):

  • Adultos (a partir de 10 años) —> 19 €
  • Infantiles (de 4 a 9 años) y tercera edad —> 14 €
  • Menores de 3 años (incluidos) —> GRATIS

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Y sin hacer comentarios sobre el tema de que ya te consideren adulto a los 10 años, sin tener ni pelo en las piernas, sigo con los precios. Porque no acaba en la taquilla de entrada el atraco, ya que, si quieres evitar que te roben las cosas durante tu estancia en el parque (algo bastante frecuente), tendrás que dejar las cosas en el guardarropa (3’20€), bastante caro para ser una caja de las que hay en las fruterías para mostrar las naranjas. Y aún hay más, porque algunas atracciones como Río Rápido (la mejor del recinto) requieren obligatoriamente el uso de flotador, y ahora hay tres opciones:

  • Flotador propio: que llevas tú desde tu casa pero que debe ser como los que te dan allí para que te dejen subir con él, por lo que tendrá que tener asas para agarrarse, amplitud…
  • Flotador de pobre: de color azul, que los tienen al servicio de todos, pero para los que hay que esperar eternas colas hasta que vayan llegando y poder coger uno…, para después dirigirnos a la cola de la atracción y seguir esperando.
  • Flotador de rico: amarillo, que se alquila en el mismo lugar del guardarropa, pero sablándote esta vez con 4’50€, pero que, evidentemente, teniendo éste, te ahorras las colas de los flotadores gratuitos azules, y vas directamente a la cola de la atracción.

Un ejemplo más de las divisiones «ricos/pobres» de los parques de atracciones como el pase «Correcaminos» en el Warner Bros. Park, con el que no tienes que esperar colas pagando una cantidad considerable de dinero y demás. Como la vida misma.

Bueno, volviendo a nuestro tema de las colas interminables de la entrada, al menos contamos con una ventaja: si tenemos el carné de Bonoparques Reunidos (un bono con el que entras GRATIS* a una serie de parques entre los que se encuentra el Aquópolis), nos ahorramos la cola de los que tienen que pagar, y entramos directamente al recinto.

*El Bonoparques Reunidos cuesta unos 65€ y sirve para Valwo, Selwo, Zoo de Madrid, Parque de atracciones, Teleférico, Aquópolis…, durante un año. Aunque también tiene su letra pequeña, y hay días en los que, aunque tengas Bonoparques, tendrás que pagar parte de la entrada (5€), que son los días festivos y los fines de semana en el caso del Aquópolis de Villanueva de la Cañada.

Y POR FIN, después de todo esto, de horas de viaje, y minutos de cola para entrar, dejar las cosas en taquilla y alquilar, si se desea, un flotador de rico…, ¡LLEGA EL MOMENTO DE DISFRUTAR DEL AGUA!
Ah…, no, aún no, que primero hay que cambiarse en los vestuarios colectivos (pero separados hombres y mujeres, a ver qué os estábais pensando…), que son vestuarios normales, así que no hay nada que decir.

Salimos de allí definitivamente y vamos a la zona libre de impuestos, a buscar un sitio donde dejar la toalla. Con césped a poder ser, o en uno de los merenderos de madera, mucho menos recomendable. Nos ponemos al lado de una buena sombra, y listos para echarnos el bronceador y darnos el primer baño.

Hay atracciones de todo tipo para las pocas posibilidades que en principio permite el agua. De algo que se podría reducir simplemente a «toboganes» y «piscinas» han hecho un parque lleno de variedad y atracciones diferentes, probando con alturas, profundidad, oleaje, soporte, técnica y otros mecanismos, para que cada visitante se dirija a sus preferencias.

Tenemos, por ejemplo, unas actividades y atracciones perfectas para niños con chorros de agua, escalerilla y toboganes pequeños, piscinas con olas, sin olas, el «Río Lento» por el que pueden ir navegando subidos a su flotador, fuentes-cascada y demás, en las que, acompañados o no por sus padres, se lo pasarán estupendamente.

Pero no todo se centra en el mundo de los peques, sino que el mayor atractivo se encuentra en atracciones como el «Super-Slide» (conocido popularmente como el «Kamikaze») en el que te lanzas desde un tobogan elevadísimo y el agua choca directamente contra tu cara (muchas personas han intentado ya bajar con los ojos abiertos, pero nadie lo ha conseguido y/o ha perdido visión en el intento), el «Zig-Zag», con 2 salidas desde arriba que se dividen en 2 toboganes por los que podrás hacer «carreras» contra tus amigos, además de un mini «Zig-Zag» para los que quieran ir evolucionando paulatinamente en altura, el «Black Hole», un elevado tobogán completamente cerrado en el que se está muy calentito porque acumula el calor, del que no podrás ver nada del exterior hasta que choques con la piscina de abajo, y por el que mientras tanto iras viendo lucecitas (no, no son debido a ningún tipo de locura, están ahí, lo sé, me lo dijo un duende morado a la oreja mientras bajaba…), las «Pistas Blandas» que son 4 toboganes rectos, con dirección al agua, el «Río Rápido» (o también llamados «Rápidos» en el plano que os adjunto abajo), que es mi atracción favorita debido a que hace un buen uso de los flotadores y porque puedes ir chocándote con gente según vas bajando por un «río» con distintas «paradas» en las que reposar entre bajada y bajada, el «Boomerang», recién añadido en 2006 (no lo veréis en el mapa que os pongo abajo, pero está en esa zona vacía a la derecha del plano) en el que simularás su efecto subido a un flotador sobre el agua o la atracción que me da miedo a mí, de la cual he preferido olvidar hasta el nombre, que no es más que un par de toboganes muy, MUY altos, desde los cuales debemos lanzarnos con un trineo (¡Sí! ¡Sorprendentemente, es GRATIS!) y dejarnos llevar. Al igual que la otra no aparece en el mapa por el bien de todos, ya que esta última «atracción» (o tortura) me da miedo principalmente por 6 razones:

  1. Es MUY, MUY ALTA.
  2. El suelo/rampa sobre el que hay que pisar hasta llegar a la cumbre es METÁLICO, y con el calor propio del VERANO, ARDE VIVO y nos quema los pies.
  3. El trineo lo tienes que subir tú mismo y pesa más que Mariano Mariano (= MUCHO).
  4. El trineo el 99% de las veces acaba volcándose al agua.
  5. El trineo a veces coge demasiada velocidad y hace que te choques contra la torreta de un socorrista que hay justo en frente de la salida de los toboganes.
  6. Es MUY, MUY ALTA.

Tras esta advertencia, no me hago responsable de los daños que podáis sufrir durante el uso y aprovechamiento de dicha actividad.

Pero bueno, cambiando este tema, no se queda ahí la parte divertida para los atrevidos, sino que además, dentro del parque, nos encontramos con el único, original e irremplazable…: ¡GRAND PRIX DEL VERANO! Sí, sí. Un amplio recinto situado cerca de un merendero, que es una especie de circuito que hemos de pasar sin morir en el intento: argollas a las que agarrarse para cruzar de un lado a otro sin pisar el agua, una red con la misma función, una escalera colocada horizontalmente para lo mismo, tirolinas, cuerdas y lo mejor de todo…: ¡UN TRONCO! De esos que van girando, en los que debes cruzar la distancia entre dos puntos caminando sobre él sin caerte y ahogarte.

Como veis, la sección «Grand Prix» y el «Río Rápido» son mis favoritas. Todo lo contrario a lo que me sucede con alguna atracción nueva y suelta por la que hay que pagar, de las que no hablaré, porque no he probado. Al igual que no diré nada especial en cuanto a una zona de recreativos (fubolín, mesas de air-hockey, camas elásticas, etc.) por la que también hay que pagar a parte. Aunque no creo que a mucha gente le quede todavía más dinero para pagar ese «plus de diversión», y que a la vez goce de tiempo suficiente para entretenerse con esos juegos que hay en cualquier bar o feria de cualquier localidad, después de haber pagado ya demasiado para disfrutar del parque acuático.

Y en cuanto a atracciones, eso es todo, porque hay unas cuantas piscinillas con olas y sin olas más, pero eso ya lo hay en cualquier «Polaris World» que venda Camacho.

Lo peor de todo esto son las interminables colas que encontraréis cualquier día de la temporada (de junio a septiembre), ya sea festivo, fin de semana o laborable. Siempre está a rebosar pese al precio y a pesar de que en la zona en la que está situado, casi todas las viviendas tienen piscina incorporada de fábrica. Vamos, que si llegan a ponerlo en el centro de Madrid, no se podría ni respirar ahí dentro. Y peor aún que las colas, es el calor que se pasa en ellas a las 4 de la tarde con todo el sol dándote de lleno en la espalda. Aunque, al menos, si nos da un chungo al más puro estilo «Consuelo Alcalá en Dolce Vita» podemos estar seguros de que un socorrista nos auxiliará en unos segundos, puesto que hay muchos, muchísimos, algo que se agradece.

Pero lo peor de todo es ir al Aquópolis y adoptar el papel de pobre, teniendo que esperar a que lleguen flotadores de pobre.
Me explico: en las atracciones que requieren el uso de flotador, hay 2 colas, siendo una de ellas para entrar directamente a la atracción y lanzarse por el tobogán hasta el agua fresca, y otra, sólo para pobres en busca de un flotador de pobre, que consiste en esperar a que lleguen otros pobres con su flotador de pobre y que según van saliendo del agua te lo cedan, pues el número de éstos es muy reducido y hay que compartirlos con las demás personas del tercer Estado. Por eso, hasta que no nos llegue uno de esos «donuts» tendremos que esperar en esa primera cola para después pasar a la otra. Que por otra parte, yo, que siempre he sido pobre, le veo alguna ventaja, puesto que si pagas por el alquiler de un flotador de rico (gracias al cual no tendrás que esperar, ya que será tuyo durante toda tu estancia) tendrás que ir agarrado a él a lo largo del día entero si no quieres que un miembro de la población menos adinerada haga pillaje y te lo robe por dejarlo suelto en el césped, lo cual es un engorro, porque pesa lo suyo. Así que en ese aspecto, ¡se impone la dictadura del proletariado!

A la hora de comer hay poca cosa… Bocadillos, pizzas, hamburguesas…, lo típico, pero a un precio muy superior al que veríamos en cualquier otro lugar. Y lo mismo pasa con las bebidas. Lo mejor es llevarse uno mismo su bocadillo o albóndigas con tomate, irse al merendero, y después echarse una partidilla al cinquillo o al mus hasta hacer la digestión. Lo que menos me gusta es que no se pueda comer sobre el césped por no sé qué extraña razón. Las hormigas son bastante majas en comparación con las avispas asesinas del merendero. Pero bueno, si no os ven, siempre podéis haceros los locos y comer en el campito.

Los aseos son bastante cutrecillos, pero hay que reconocer que tienen más uso que cualquiera normal…, que los niños tragan mucha agua y eso se tiene que notar.

Hay fuentes distribuidas por algunas partes del parque, por lo que sed tampoco pasaréis, y si no encontráis sombra por parte de los árboles (es tarea difícil ver huecos libres) siempre podréis ir a las zonas techadas como merenderos o terrazas de los restaurantes/bares (a estos últimos, sólo si pedís algo).

Cuando todo vaya a cerrar, os irán advirtiendo por megafonía de cuánto os queda de vida allí. Una hora, media hora, «que os vayáis ya, leñe»… Así que os tocará ir a recoger vuestras pertenencias, devolver el flotador, cambiaros y lo mejor de todo: OTRAS 2 HORAS de dulce viaje a través de BOSQUE, DESCAMPADO, CALLE RECTA, AUTOBÚS, INDUSTRIA SIDERÚRGICA DE ALCORCÓN Y TREN para regresar finalmente a vuestras casas, tiraros al sofá para poner los pies doloridos y quemados en alto, dejar que vuestras madres os unten crema contra quemaduras, colocaros el ventilador delante de la cara, y poder decir: «PUES YO…, ¡ME HE QUEDADO CON GANAS DE MÁS! ¡A VER CUÁNDO VOLVEMOS!»

Y ese momento…, ese momento es el MÁS GRATIFICANTE DE TODA NUESTRA VIDA… ¡VIVA EL AQUÓPOLIS! =D

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