Jardín botánico Madrid

Hoy voy a hablar de un lugar mágico en Madrid, en pleno corazón de la ciudad, uno de los lugares con más encanto de la ciudad, y que sin embargo la gente suele pasar de largo sin disfrutar de su belleza. Se trata del Jardín Botánico, ese pequeño oasis de paz y de belleza justo al lado del Museo del Prado y que sin embargo es un gran desconocido para la mayoría de los madrileños.

A veces me gusta ir allí a leer o simplemente a pasear y asombrarme de la enorme belleza de las flores, árboles y resto de vegetación de este paradisíaco lugar. Parece mentira, cuando te encuentras entre sus muros, que la ciudad esté allí al lado, a escasos metros.

Es como si estuvieras en otro mundo, como si el tráfico, el ruido, las prisas, los cientos de personas por las calles… quedaran a cientos de kilómetros y tú estuvieras en plena naturaleza, muy lejos de la ciudad; cuando en realidad estás a escasos metros de la metrópoli.

Historia del jardín botánico de Madrid

Lo primero que puedes leer al llegar es que no se trata de un parque público, de ahí que te cobren entrada por acceder al mismo. Pero la historia del Jardín Botánico se remonta ya a unos cuantos siglos atrás. Su primera instalación fue cerca de la Puerta de Hierro y fue obra del rey Fernando VI, que quiso dotar a Madrid de un Jardín Botánico.

Posteriormente el rey-alcalde, Carlos III, ordenó que su emplazamiento fuese trasladado hasta el centro de la ciudad, en el lugar que hoy ocupa. El proyecto fue encargado a Sabatini, que también hizo los Jardines del Campo del Moro, y a Juan de Villanueva, creador de su vecino Museo del Prado.

La enseñanza de la botánica fue el punto central para la creación de este jardín, siendo muy ppopular el estudio de esta rama de la ciencia dentro de la Casa Real. Sin embargo en la época de la invasion francesa, en 1808 el Jardín Botánico cae en sus años más negros. No obstante, medio siglo después, el Jardín Botánico volvió a obrar su importancia anterior y se realizan diversas ampliaciones y remodelaciones.

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A finales de ese siglose produce otra época negra: parte de sus terrenos serán destinados a la construcción del Ministerio de Agricultura, justo detrás de él, por lo que perderá parte de su belleza, y un ciclón devasta medio jardín.

En el siglo XX, a pesar de algunas épocas oscuras, el Jardín Botánico ha recobrado su importancia.

¿Dónde está y cómo llegar?

El Real Jardín Botánico está situado justo al lado del lateral derecho del Museo del Prado, muy cerca de los Jerónimos y de la Glorieta de Atocha. La dirección exacta es Plaza de Murillo número 2.

Para llegar se puede coger la línea 1 de metro hasta Atocha o Atocha Renfe, el cercanías hasta Atocha Renfe o las líneas de autobuses: 10,14, 19, 24, 26, 27, 32, 34, 45, 57, 140 y el circular. Personalmente yo siempre utilizo el 27 para bajar desde Plaza Castilla, y lo recomiendo especialmente porque puedes bajar toda la castellana en poco tiempo y a la vez sirve de visita turística por la ciudad, ya que atraviesas lugares como Colón, Recoletos, La Cibeles, el Paseo del Prado, e incluso el Bernabeu, para los amantes del fútbol.HORARIOS Y TARIFAS

Como dije antes el Jardín Botánico no es un parque público, por lo que si queremos entrar hay que pagar por ello, pero la verdad es que de vez en cuando, y especialmente en primavera, merece la pena ir a verlo. Esta época es la mejor para ver el Botánico, todos los árboles y flores han explotado en miles de colores y en un profundo olor a vida. Además, lograréis instantáneas realmente bonitas, por lo que os recomiendo que vayáis ahora o en otoño, que a mi gusto son las dos épocas más bonitas para visitar este lugar.

Los horarios son amplios todo el año, coincidiendo básicamente con la luz solar. Siempre abre a las 10 de la mañana y durante los meses de enero, febrero, noviembre y diciembre permanece abierto hasta las 18 horas; durante marzo y octubre hasta las 19 horas; en abril y septiembre hasta las 20 horas, y en el período estival, entendiendo por tal de mayo a agosto, que permanece abierto hasta las 21 horas.

En cuanto a las tarifas, es más un pequeño donativo a la institución que otra cosa. La entrada normal para los adultos es de 2€, existe reducción a 1€ para los estudiantes con carnet, y a 0,50€ para los grupos de más de 10 personas. Asimismo, es gratuito para mayores de 65 años, menores de 10 años, profesores acreditados y grupos de estudiantes de enseñanza obligatoria.

Estructura del jardín botánico

El Botánico se divide en diversas terrazas. Os hago un breve resumen de las principales:

  • Terraza de los cuadros: Creo que es la terraza con más color y luminosidad, la que más llama la atención. Además es la primera según entras y la que te da la bienvenida al botánico; en ella están las principales plantas y flores, desde rosales hasta los maravillosos tulipanes que se pueden encontrar en estos días. Es una auténtica explosión de colorido, y aunque suene un poco cursi, un auténtico goce para los sentidos.
  • Terraza de las escuelas botánicas: si la primera destaca por sus flores, la segunda lo hace por sus plantas, puedes aprender muchísimo en este lugar, con las plantas de muy diverso tipo y evolución. A lo largo de la terraza hay numerosas fuentes alrededor de las cuales se estructuras las diferentes plazas, lo que le da un aire de jardín de palacio francés o italiano, y es que no hay que olvidar que es obra de Sabatini.
  • Terraza del plano de la flor:  Es la terraza de los árboles. Si la primera parte según entras es la de las flores, la segunda la de las plantas, y subiendo en escala, la última es la de los árboles. Aquí podemos ver ejemplares preciosos de árboles, mi preferido es el Árbol del Amor, que en estos días está precioso con sus hojas verdes y sus flores de color lila, una auténtica belleza.
  • Terraza alta o de los Laureles: alberga colecciones especiales, como la de bonsáis. En esta terraza se pueden visitar también las exposiciones temporales que organizan (la última que visité fue una sobre ikebana, arte floral japonés, muy interesante).

En la parte final izquierda están los invernaderos.

Aparte de todo lo anterior, al lado de la entrada, hay una pequeña habitación que utilizan como tienda. En ella se pueden comprar postales, algunos objetos decorativos y sobre todo decenas de semillas de las distintas especies de flores, plantas y árboles que podemos ver en el jardín.

La verdad es que merece la pena visitar este sitio, no sólo porque nos interese el mundo de la botánica, sino también por la posibilidad de pasar un rato de lo más agradable (y sólo por 2 euros). A pesar de que el Jardín Botánico está en todo el centro de Madrid, una vez que estás allí dentro hay tanta tranquilidad que te resulta imposible acordarte de que estás en esta ciudad tan caótica y escandalosa.

Sólo recuerdo que, la última vez que estuve por allí, hubo un señor que llevaba unos imanes (no sé cómo se llaman) de esos que venden los chinos por la calle, que los lanzas hacia arriba y ellos solos se juntan en el aire haciendo un ruido como de carraca; pues en fin, el buen señor estuvo tooooooooooooodo el rato lanzando los puñeteros imanes al aire, que me tenía tan desesperada que me faltó poco para acercarme a él y hacérselos tragar, jolín… Pero vamos, quitando ese pequeño detalle, el sitio está fenomenal.

Pros y contras del jardín botánico

Personalmente es un lugar que me encanta, por la sensación que comenté antes de sentirte tan lejos de la ciudad y sin embargo estar en el corazón de la misma. Pasear por el Botánico y especialmente en primavera es un verdadero lujo para los sentidos, si uno decide pasar allí unas horas es una auténtica terapia de relajación.

Hay que ir sin ideas previas, dispuestos a dejarse invadir por la belleza del jardín, sus colores y sus olores. Podemos ir solos con la compañía de un buen libro o acompañados con un buen amigo con el que disfrutar de una agradable conversación. Para eso y mucho más puedo aseguraros que el Botánico es el lugar ideal.

Pero también le veo algunos peros. Por ejemplo, hay pocos bancos y los que hay suelen ser de piedra, por lo que no resultan cómodos si lo que queremos es estar varias horas disfrutando de un buen libro. Pero la principal pega que puedo oponer a este sitio es que te dejan un poco a libre albedrío. Eso en sí es bueno y es malo.

Es bueno porque te permite tener tu libertad, disfrutar de las flores, disfrutar del paseo… pero es malo porque lo único que te dan es un folleto en el que te pone el mapa del botánico y algunas características sueltas del lugar, por lo que noto un poco de falta de información en general. No me refiero a la visita guiada, que sin duda existe, me refiero a tener un poco de información previa y poder hacerte una idea. Otra de las cosas malas que supone esto es que aunque está prohibido cortar flores, tocar los árboles y demás normas a la hora de la verdad hay gente que lo hace, sobre todo niños, y como prácticamente no hay vigilancia, ahí se queda.

La biblioteca es una pena que sólo esté accesible para investigadores, porque yo tuve la suerte de poder visitarla de casualidad (la directora de la biblioteca es suegra de un amiguete mío) y salí de allí encantada. Tiene una pequeña sala de lectura con ordenadores para hacer búsquedas, los despachos de la gente que trabaja allí, el depósito y un taller de restauración.

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Por desgracia, cuando visité la biblioteca no llevaba encima la cámara de fotos, así que no puedo poner ninguna. Pero vamos, la emoción que sentí cuando Piedad (la directora) me enseñó y me dejó (h)ojear libros de los siglos XV, XVI y XVII no la puedo explicar con palabras… 😀

Eso sí, indicar que en la web del botánico, se encuentra todo tipo de información sobre las plantas y flores que ver especialmente, e incluso dependiendo del mes o la temporada en que vayamos.

De todas formas, como dije, y a pesar de todas las pequeñas pegas me parece una auténtica joya que es un gran desconocido en Madrid. Hay muchísimos madrileños que no solamente no han ido nunca sino que ni siquiera se lo han planteado.

Espero que si tenéis la oportunidad, vayáis un día al botánico, y especialmente en estas fechas, que está realmente precioso. Os puedo decir que el domingo pasado, con ese día de sol brillante y armonioso, todos los colores del universo se reflejaban en los miles de hermosas flores. Y uno entre los jardines recordaba el valor de la vida y la necesidad de vivirla intensamente.

Supongo que, después de todo esto, no os quedará ninguna duda de que os recomiendo visitar el Jardín Botánico. Sólo aclarar que, por supuesto, la mejor época para visitarlo es en primavera, cuando prácticamente todo está en flor. Pero yo he ido en todas las épocas del año y merece la pena de cualquier forma; eso sí, todos los caminitos por los que hay que andar son de tierra, así que si os atrevéis a ir en un día de lluvia, os recomiendo unas buenas botas de agua. 😉

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