Los madrileños (entre los que me incluyo) cuando salimos de viaje en plan turista, no nos dejamos un monumento o un museo por visitar en los pueblos a los que vamos, aunque sea el museo de chapas de la localidad

En cambio Madrid sigue siendo toda una asignatura pendiente. Ciudad llena de museos y exposiciones, son más visitadas por los turistas que vienen a la ciudad que por sus propios habitantes.

Esta es una situación que poco a poco estoy intentando arreglar en la medida de mis posibilidades de tiempo y ocupaciones, sin esperar a llegar a jubilado para poder realizarlas.

Y una de esas asignaturas pendientes era la visita al Museo Sorolla de nuestra capital. Lo cual por otra parte no tiene ninguna justificación pues se trata de un pintor y un tipo de pintura que realmente me gusta, nada que ver con pinturas que parecen hechas por niños y que vete a saber lo que son.

Museo que se encuentra en una zona céntrica de la capital, muy cerca de la Plaza de Emilio Cautelar, junto al Paseo de la Castellana.

Lo primero que te llama la atención, es que en un museo esperas ver un gran edificio para alojarlo y aquí en la práctica desde la calle ves una gran tapia, con un cartel eso sí sobre el museo, pero nada más.

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Traspasas la puerta de entrada y te encuentras con un jardín, el jardín de la casa de Sorolla, que ya es de por sí un monumento que no esperas ver, pues yo creía que lo que iba a ver eran pinturas.

Visitar un museo que a la vez fue vivienda nos permite acercarnos aún más a un pintor. Sorolla tenía la casa ideal para su trabajo y su pasión, un jardín estilo andaluz, lleno de estatuas y fuentecillas, un gran salón muy amplio y con mucha luz, y una gran familia a al cual retratar. Todos esos elementos siguen en la casa: el jardín, el salón lleno de cuadros y los retratos de todos los miembros de la familia, en especial de su mujer Clotilde. Estos cuadros eran los que Sorolla no vendía por ser personales, y por ello pasaron a su viuda después de su muerte y de ahí a la casa-museo.

Pero Sorolla era todo un artista y el jardín era para él una parte muy importante de su casa, que diseñó con distintas zonas y ambientes, algunas de ellas imitando a los jardines andaluces.

Jardín que adquiere un carácter muy romántico al visitarlo en otoño y con las hojas pardas y amarillas de los árboles cayendo sobre él, sobre los pequeños estanques que tiene, con las estatuas que lo adornan.
No es exactamente el diseño de plantas que se pusieron en su día, porque los edificios que han crecido alrededor, no permiten que tengan la suficiente luz para el desarrollo de las originales.

Accedes por fin después de este breve paseo al interior de la casa. La entrada si es domingo es gratuita, pero si no, te va a costar solamente 2,40 €. Vamos, que un desayuno en una cafetería próxima te puede salir más caro.

El Museo fue una donación de la familia y en él se encuentran las pinturas de las que Sorolla no quiso desprenderse. Pinturas a las que tenía cariño pues la mayoría son de su propia familia, de su mujer y de sus hijos.

Este caserón tiene tres alturas, en la principal está la taquilla, y se pasa por unos salones con muchos cuadros, hasta llegar al gran salón que mantiene gran parte del mobiliario original. Por las escaleras se llega a las habitaciones a otro saloncito, también a una capilla y a una cocina que no se puede visitar. Las habitaciones tienen más cuadros familiares y las escenas costumbristas que fue plasmando por toda España. La calidad de las obras presentes es impresionante, estando algunas de las más representativas de Sorolla, además de grabados, acuarelas y dibujos, junto con los pinceles, caballete y demás enseres del pintor.

El museo está dividido en distintas salas que podrás recorrer:

  • SALA I: La primera sala no es la más espectacular, pues es una estancia casi vacía con cuadros colgados en las paredes. Eso sí, vas abriendo ya la boca con algunos de los grandes cuadros del autor que en ella se exponen, como uno en el que representa a su mujer.
  • SALA II: En la siguiente sala ya podemos ver alguno de esos cuadros de niños y mar que tan famoso le hicieron y que tanto me gustan por su colorido, por esa luz especial que brilla en los cuerpos y ese color de las aguas que solamente en los cuadros de Sorolla he podido contemplar. Así «El balandrito», con un niño agachado en la orilla con un barco en las manos. También me gustó de esta sala «Clotilde en la playa», retrato de su mujer en la playa con una sombrilla. Esta sala tenía diversas funciones en su época, entre otras la de servir de exposición a cuadros tanto viejos como los más recientes.
  • SALA III: Lo que te deja realmente impresionado es esta sala, que era el estudio del pintor, no solamente por la gran cantidad de cuadros que en ella hay expuestos, sino por el mobiliario. Sorolla era un gran coleccionista de arte y aquí ya puedes contemplar no solo sus cuadros, sino gran parte del material que él mismo fue coleccionando. Dos cuadros me gustaron especialmente: «Paseo a orillas del mar», con dos mujeres caminando por la playa y «Clotilde con traje gris», otro retrato de su mujer. Por una escalera accederemos a la segunda planta, donde se encontraban las habitaciones de la familia. A mitad de subida podremos pararnos para echar un vistazo a la sala que hemos dejado, pues desde aquí, la vista y la perspectiva de los cuadros es preciosa.
  • SALA IV: El cuadro que más me gusta de esta sala es «Los guitarristas, costumbres valencianas», en que el nombre del cuadro ya lo dice todo.
  • SALA V. Una pequeña salita en el que hay un cuadro muy distinto a todo lo que había visto de Sorolla: «La siesta», con una amplísima y coloridísima gama de verdes.
  • SALA VI: Pinturas muy distintas a las vistas hasta ahora son las que se reunen en esta sala, con cuadros costumbristas de gran colorido.
  • SALA VII: La última sala de esta planta, por lo que bajaremos de nuevo a la planta baja, pues aún nos quedan muchas cosas que ver.
  • SALONES: Esta fue para mí la parte más sorprendente de la visita. Porque encontrarte en un museo de un pintor multitud de cuadros, es lo que te esperas. Pero que el resto del museo sea en sí mismo otro museo, fue para mí una sorpresa.

El resto de la planta baja son los distintos salones de los que constaba la vivienda. Comentaba que en la parte superior se hallaban los dormitorios, pero no he relatado de quién era cada cual, porque para tu visita no tiene mayor trascendencia, pues no dejan de ser habitaciones con distintos cuadros.

En cambio en el resto de la planta baja, (tres primeras salas al margen), apenas hallarás cuadros colgados. Verás en cambio el antiguo mobiliario de la casa, con un poco de todo, así como los numerosos objetos que fue coleccionando durante su vida. Más que objetos, tendría que hablar de obras de arte.

Podrás ver así su colección de pilas benditeras (esas pequeñas pilas que se clavan en la pared), la Imagen de la Virgen con el niño, etc.

También está el antiguo comedor, con los frisos pintados por el pintor, con su gran mesa y parte de la vajilla.

Tras este recorrido hemos llegado al vestíbulo y podemos salir al exterior, pero aún no hemos acabado, pues hay una dependencia aneja: El Patio andaluz, en el que no solo verás un precioso patio con sus plantas, sino que podremos disfrutar de la colección de piezas de cerámica que reunión Sorolla.
En una última sala podremos ver una selección de dibujos, gouaches y acuarelas de Sorolla, presentados con una iluminación baja

Y ahora si, ya has terminado tu visita que espero que hayas disfrutado tanto como yo.

Cómo llegar al Museo Sorolla

museo sorolla

Dirección:

Paseo de General Martínez Campos, 37
28010 Madrid

Si vas en transporte público:

Autobús:

  • Líneas: 5, 7, 14, 16, 27, 45, 61, 147, 150

Metro:

  • Gregorio Maraón (Líneas 7 y 10)
  • Iglesia (línea 1)
  • Rubén Darío (Línea 5)

Horario de visitas:

  • Martes a sábados de 10.00 a 15.00 hotas
  • Miércoles hasta las 18.00 horas.
  • Festivos y domingos de 10.00 a 15.00 horas
  • Lunes cerrado